La Cena del Señor


Este día domingo, como cada primer domingo de mes, nos disponemos a celebrar la Cena del Señor. Pero qué importancia tiene este momento en la vida de los creyentes, en el crecimiento espiritual o incluso en el culto ordinario.

De la Cena del Señor, decía uno de los reformadores que es “un banquete espiritual, en el cual Cristo asegura que es el pan de vida, con el que nuestras almas son sustentadas para la bienaventurada inmortalidad” (Juan Calvino). Por su parte un libro de instrucción doctrinal protestante explica que Jesucristo “alimenta mi alma para la vida eterna con su cuerpo crucificado y con su sangre derramada” y esto es tan cierto “como yo recibo con la boca corporal de la mano del ministro el pan y el vino, símbolos del cuerpo y de la sangre del Señor” (Catecismo de Heidelberg).

Tanto el uno como el otro nos muestran que la Cena que el Señor ha instaurado en su iglesia, es un medio por el cual somos alimentados espiritualmente. Agustín de Hipona decía que la Cena del Señor eran las “palabras visibles” de Dios para nuestras vidas. Cuando nos acercamos a la mesa del Señor a participar del pan y de la copa, no lo hacemos como si se tratase de recordar lo bueno que era el difunto. La cena del Señor es un momento en el cual Jesucristo se da a nosotros espiritualmente, de lo cual el pan y el vino son ese símbolo visual.

“El único sustento de nuestras almas es Cristo; y por eso nuestro Padre celestial nos convida a que vayamos a Él, para que alimentados con este sustento, cobremos de día en día mayor vigor, hasta llegar por fin a la inmortalidad del cielo” (Juan Calvino). La Cena del Señor puede ser tergiversada, mal usada o simplemente desaprovechada, cuando no comprendemos que nuestro Dios esta obrando en nuestras vidas espiritualmente durante aquel momento solemne.

Quizás la razón por la cual en muchas ocasiones no le damos el debido interés a la Cena del Señor sea porque estamos acostumbrados a obrar o vivir en base a nuestras emociones. Los tiempos de alabanza, tocan nuestras emociones y por ello estamos convencidos de que Dios ha obrado en nuestras vidas durante aquel momento. La predica, en ocasiones, es evaluada en base al nivel de impacto que tuvo el predicador en nuestra emotividad. Según esta manera de pensar, una buena prédica no es aquella que me ayuda a ser más fiel a Jesucristo sino aquella que me hace llorar o reír. Lo que suele buscarse en los cultos, muy a menudo -lastimosamente-, no es a Jesucristo y su Palabra sino “poder sentir” algo especial.

Lo cierto es que Dios obra en nuestras vidas aunque no lo podamos sentir. Es su promesa: Porque allí donde dos o tres de ustedes se reúnan en mi nombre, allí estaré yo. No dice: donde dos o tres sientan algo especial, allí estaré yo. Durante la Cena del Señor, Dios mismo nos alimenta con su Palabra. Esto no depende de que nos sintamos diferentes o de que lloremos durante aquel espacio. Depende de su Palabra y sabemos que esta es fiel.

Preparemos nuestra mente y corazón para este tiempo tan especial en el cual Dios nos dará su alimento espiritual para nuestras vidas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s