La eternidad


En primera instancia, cuando buscamos en la fe cristiana una esperanza en medio de las dificultades cotidianas, poco pensamos en el más allá. Nos basta con saber que seremos librados del Infierno y que seremos llevados al cielo. El resto, optamos por no preguntarlo.

La vida eterna, es uno de los postulados principales del cristianismo. Dice el credo: creo en la resurrección de la carne y la vida eterna. Sin embargo, el materialismo actual hace que muchos se interesen cada vez menos por el más allá. Con que Dios nos ayude en el aquí y ahora, lo que pase después parece no tener mucha importancia.

Si meditamos un poco más, nos hallamos con un par de problemas que cada vez parecen ser más preocupantes para la mente inquisitiva moderna. El escritor argentino Jorge Luis Borges planteó los problemas de la eternidad en un cuento llamado “El Inmortal. En un párrafo de dicho cuento dice lo siguiente:

La muerte hace preciosos y patéticos a los hombres… cada acto que ejecutan puede ser el último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los Inmortales, en cambio, cada acto (y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo.

De hecho, el final del cuento llega cuando El Inmortal es salvado de su eternidad. La redención es para él la muerte. Como este hay muchos que han indagado sobre los problemas de la inmortalidad. En cierto modo, las inquietudes se reducen a una sola: ¿No terminará siendo aburrida la eternidad?

Lo primero es tratar de entender el significado de la vida eterna. Aunque estamos acostumbrados a entender la vida eterna como una prolongación infinita del tiempo, este no es el único sentido que tiene dicha frase.  La vida es en la Biblia algo más que signos vitales, es dicha, paz y seguridad que vienen de Dios. Vida eterna tiene también el sentido de vida plena, óptima, cabal. La Vida eterna se contrapone en la Biblia a la vida cotidiana pues esta última se halla marcada por las adversidades propias de nuestra finitud.

La vida eterna es más que una sucesión infinita de días, es plenitud de vida. En cierto modo, la frase está insinuando que la vida que vivimos no es la vida en plenitud  que Dios tiene pensado para nosotros. Sólo con la resurrección empezaremos a vivir a plenitud.En definitiva, vida eterna apunta, más que a la sucesión infinita de años -aunque esta se halla incluida- a la plenitud con que viviremos aquel tiempo.

Por otro lado, cuando tratamos de hacernos una idea del más allá, del paraíso o del cielo, nos tropezamos con un inconveniente. Ningún mortal ha estado allá y ha vuelto, por lo que no podemos saber cómo es. Pero aún si alguien llegase a aquel lugar,  no es sólo el lugar sino la condición de nosotros como seres inmortales la que debe ser transformada para poder entenderlo. Al volver se le haría prácticamente imposible explicarnos cómo es ese sitio pues trataría de explicar la tercera dimensión a un mundo que sólo conoce dos dimensiones.

El texto bíblico, al buscar la manera de explicar la eternidad a los mortales opta por hacerlo por medio de metáforas. Es la única manera de explicar algo incomprensible: El cielo es como… La vida eterna se parece a…

Lo terrible es cuando tratamos de hacer reales lo que no son más que metáforas. Se habla de calles de oro pero si el cielo fuera simplemente así: Una caída sería muy dolorosa en aquel lugar. El anhelo del autor es que tratemos de imaginarnos lo más  hermoso posible: el cielo es mucho mejor. Así, para un pescador se parece a una red que se rompe de tantos peces que han sido recogidos, para un mercader es semejante a una gran perla de valor inestimable, etc. Muchos textos tratan de mostrarnos cómo será el cielo, pero tan sólo a través de metáforas que nos permitan comprender la hermosura y la dicha del paraíso.

En definitiva, del cielo sólo podemos decir que será un lugar de dicha. El resto no lo podemos conocer aún.

Incluso, cómo hará Dios para vencer con nuestra propensión al aburrimiento, es algo que no sabemos. Pero en definitiva, seremos transformados -esto es algo que insiste el apóstol Pablo muchas veces- y llevados a ese lugar de dicha eterna.

Hay quienes plantean que, de hecho la creación no ha sido terminada y que nosotros nos hallamos en ese proceso y que seremos perfeccionados en la resurrección. Dicen estos teólogos que de hecho, nos hallamos en una especie de transición del sexto al séptimo día descritos en el relato del Génesis. El anhelo de Dios es perfeccionar su creación y nosotros somos parte de la misma. Ser mortales, o ser seres para la muerte no es el objetivo final de Dios. Su objetivo es que cada uno de nosotros llegue a esa glorificación de la que habla


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