La Calumnia


Salmo 7

La calumnia.

Jehová, Dios mío, en ti he confiado; sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame, no sea que desgarren mi alma cual león y me destrocen sin que haya quien me libre. 

No son las oraciones perfectas, llenas de modismos o estilismos las que agradan al Señor, son los clamores titubeantes, las palabras entrecortadas, las ideas incompletas o quizás las sacudidas emocionales que dejan entrever un corazón que se debate entre la duda y la confianza aquellos que escucha nuestro Dios. Los primeros son tan sólo escudos y barreras que buscan esconder nuestro ser del Creador. Los últimos son un anhelo vehemente de quedar desnudos ante Dios, de ser libres de racionalismos que de antemano pretenden justificar nuestras faltas. La oración sincera, no necesariamente es correcta teológicamente hablando.

El caso de la oración que leemos en el salmo 7 nos da qué pensar por las afirmaciones que el autor propone. Al igual que en muchos otros salmos, su composición no refleja una estructura teológica finamente elaborada sino el clamor de un ser humano que abre su corazón al Creador.

Lo que lo angustia es la calumnia de la que está siendo objeto. Se trata de uno de aquello usos de la lengua de los que habla Santiago, que son capaces de producir grandes incendios. La calumnia, encubre, vela, tapa y oscurece todo aquello de bueno que puede haber en una persona. Mentiras, e injurias cubren a la víctima endosándole una culpa que no le es propia. En muchos casos, deberá pasar un buen tiempo antes de que la persona se vea libre de las consecuencias de una calumnia.

Quienes se deleitan en la calumnia suelen ser personas que, no teniendo otro modo de sobresalir, lo hacen hundiendo a los demás. Decía el dramaturgo español Jacinto Benavente “la calumnia no puede ser otra cosa que la venganza de los cobardes”.

Adecuado sería que no prestásemos atención a ningún rumor. Estos inciden “profundamente a la reputación de una persona y condicionan el comportamiento de los demás hacia ella por encima de la información objetiva”. Un estudio realizado por la universidad de Viena comprobó hasta qué punto puede ser nocivo un rumor para el buen desempeño de nuestras relaciones. Incluso, concluyo el investigador, si se demostrara que la información presentada por el rumor era falsa, la gente mantendrá cierta predisposición negativa contra la persona víctima del rumor. Lo cierto es que muchas veces nosotros mismos nos volvemos cómplices o generadores de rumores debido a nuestra falta de atención a la fiabilidad de la fuente.

El autor del salmo es víctima de la calumnia y comprende que aún sus más cercanos pueden dejarse influir por aquel rumor, así que decide levantar su clamor al único que puede mantener imparcial su perspectiva respecto de los hombres: Dios. Suplica a Dios ser liberado de los calumniadores. Tan voraz puede llegar a ser el ataque de los calumniadores que bien hace el autor en compararlo con el ataque de los leones.

Expone su situación ante Dios, y confía en su veredicto como juez justo. El salmista sabe que Dios no hará caso de rumores al momento de juzgarlo.

Cuando los calumniadores callan es que algo estamos haciendo mal, cuando sueltan su lengua es porque algo debemos estar haciendo bien. No deberíamos dejar que los calumniadores logren su propósito. Es decir, no deberíamos dejar que nos afecte su veneno. No dejemos que sus mentiras nos hagan descender al mismo nivel al que aquellos, voluntariamente han decidido bajar. El salmista no se considera culpable de ninguna de las cosas de que se le acusa. Lo más importante, sin embargo, es que el salmista no considera siquiera como una posibilidad el dejar su integridad a causa de la injusticia de que es víctima.

La calumnia ha logrado su objetivo el momento en que empezamos a actuar en insjustica como se ha actuado con nosotros.

La victoria es nuestra cuando, en lugar de lo anterior, alabamos al Señor conforme a su justicia.

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