SE PUEDE TENER ESPERANZA

Un extracto de nuestra reflexión del día Jueves de Semana Santa.


Desde los confines de la tierra a ti he clamado, al abatirse mi corazón. Sobre la roca me pusiste; me guiaste y te hiciste esperanza mía, torre y fortaleza ante mis enemigos.

Salmos 61:2-3

Esperanza. Según el diccionario es esa disposición del espíritu humano que le hace aguardar por el bien deseado y que cree se realizará. La esperanza, dicen otros, es esa virtud de unir en un solo estado de ánimo la espera por el bien deseado y la andanza en dirección de aquello anhelado.

La esperanza requiere paciencia, fe, constancia y trabajo abnegado para ser alimentada. La esperanza se alimenta del pasado y nos hace proyectar metas, sueños y deseos hacia el futuro. La esperanza mira los sueños cumplidos y confía en que en el futuro nuevos sueños podrán ser realizados.

La esperanza, decía Khahil Gibran es reconocer que “por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”.

La esperanza es además, recordar que “en el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente”.

La desesperanza puede amenazar nuestras vidas pero que es esta sino la falta de aquella. Si la esperanza era recordar los sueños cumplidos, la desesperanza es olvidar aquellos sueños realizados y centrar nuestra atención en aquellos sueños rotos.

Qué puede hacer el hombre sin esperanza. No es tan falso aquello de que lo último que se pierde es la esperanza. Qué puede quedarnos una vez perdida la esperanza.

Es cierto que para muchos la esperanza es un atajo al esfuerzo. Si esperamos el mañana, pensarán algunos es porque nada se puede hacer hoy. Lo cierto es que la esperanza no nos deja sentados cruzados de brazos. La esperanza nos impulsa a luchar por aquel sueño que guardamos en lo íntimo del corazón.

El defensor de los derechos de los afroamericanos, Martin Luther King Jr., decía: Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol. La esperanza no llama a la espera pasiva, sino al trabajo confiado. Aun cuando en ocasiones nuestra confianza se vea defraudada. Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustada, pues la misma esperanza constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que la extinción de toda esperanza.

El temor a ser defraudados nos hace cortar las alas, cerrar los ojos del corazón y negarnos a escuchar el susurro de la esperanza pero ¿qué esperanza es tal sin el temor de ser defraudados? Decía en este sentido François de Rochefoucauldt: La esperanza y el temor son inseparables y no hay temor sin esperanza, ni esperanza sin temor.

Es verdad que muchas esperanzas terminan volviéndose meras ilusiones con el pasar del tiempo. Pero hay una esperanza que se muestra firme a lo largo de los años. Una esperanza que se basa, no tanto en nuestros anhelos de días mejores sino en la promesa de un Dios fiel. Dice el Apóstol Pablo a sus amigos en una carta: Que el Dios de toda esperanza los colme de gozo y paz en el camino de la fe y haga crecer en ustedes la esperanza por el poder del Espíritu Santo. Romanos 15:13

Aquella esperanza, es valedera, es sólida, es real. Otro libro de la Biblia dice: Aferrémonos a la firme esperanza que nos ha sido anunciada, pues quien nos la dio es Dios y él nunca incumple sus promesas. Hebreos 10:23

Hay esperanzas que nos llevan tras fantasmas y espejismos, hay esperanzas que se cumplen y nos dan una alegría pasajera, pero hay una esperanza que es a toda prueba y es la esperanza de vida plena que nos propone Dios mismo. Regocíjense en la esperanza que Dios les ha dado, soporten con paciencia la adversidad y sean constantes en la oración. Romanos 12:12  Su promesa no es estar libres de problemas, su promesa es un Dios que se halla tan cerca de nosotros que ni nosotros mismos podríamos estar tan cerca. Su promesa es que alcancemos la plenitud para la cual fuimos creados. Esa promesa la hemos visto en Cristo.

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PASCUA

La pascua es celebrada por las comunidades judías, mientras la semana santa reúne al pueblo cristiano. Ambas celebraciones se hallan vinculadas por el trasfondo común del relato del Éxodo. No cabe duda que los evangelios dan una gran importancia al hecho de que haya sido durante la pascua la muerte de Jesucristo. Tanto el uno como el otro relato apuntan a la visión de un Dios liberador, un Dios que no apuesta por los opresores pero se une a los oprimidos. En el caso del Éxodo, aquellos oprimidos por Egipto, en el caso de Jesús aquellos oprimidos por el poder político y religioso de su tiempo. Son precisamente estos poderes los que dan muerte al Mesías.

Hoy en día, tristemente debemos reconocer que Israel ha dejado de ser el oprimido para volverse el opresor. De todos modos, el relato del Éxodo debe ser leído por nosotros, no como un relato nacionalista, sino como un canto de liberación que brota de la relación de un pueblo con Dios.

Así como guardó a los hebreos y los guió hacia la libertad, podemos hallar a Dios guiando a diferentes pueblos que no hallan sino una opción en medio de su angustia: clamar al cielo.

El escritor húngaro-judío Eliezer Wiesel describe en uno de sus relatos autobiográficos, “La noche”, relacionado con los campo de concentración Nazi, esa presencia única de Dios en medio de los oprimidos de la tierra

La SS colgó a dos hombres judíos y a un joven delante de todos los internados en el campo. Los hombres murieron rápidamente, la agonía del joven duró media hora. ‘¿Dónde está Dios? ¿Dónde está Dios?’ preguntó uno detrás de mí. Cuando después de largo tiempo el joven seguía sufriendo, colgado del lazo, oí otra vez al hombre decir: ‘¿Dónde está Dios ahora?’ Y en mí mismo escuché la respuesta: Aquí… Está allí colgado del patíbulo”

Muchos pensadores actuales han visto en este relato y en la masacre Nazi en general, un llamado de atención a nuestras muy elaboradas teologías: Hablamos de la omnipotencia de Dios, de la omniciencia de Dios, pero qué de su misericordia, qué de su amor. No se ha escuchado decir que Dios sea omnimisericordioso u omniamoroso. Como si lo único realmente importante de Él fuese su poder y sabiduría. Todo el Antiguo Testamento y aún el Nuevo nos hablan, más que de un Dios omnipotente -término más bien griego que hebreo- de un Dios misericordioso.

La Pascua es una muestra de esa misericordia divina. La Cruz es otra muestra de ese Dios de misericordia. Y qué es la cruz sino el ejemplo más crudo de la maldad humana. “La cruz, dice Dorothee Söelle se halla en la muchachita que vive durante años en el silencio de la abnegación. La cruz significa la violencia despiadada que unas personas ejercen sobre otras, los fuertes sobre los débiles, los ricos sobre los pobres, los listos sobre los desmañados, los hombres sobre las mujeres, las mujeres sobre los hijos, las enfermeras sobre los enfermos, los poderosos sobre los impotentes”.

Qué es pascua y qué es semana santa sino un clamor humano/divino contra la opresión… Un llamado a Dios y al hombre a parar con tanto sufrimiento en nuestra tierra.

Va, pensiero, sull’ali dorate,

va, ti posa sui clivi, sui colli,

ore olezzano tepide e molli

l’aure dolci del suolo natal!

o t’inspiri il Signore un concento

che ne infonda al patire virtù!

¡Vuela pensamiento! con alas doradas

Pósate en las praderas y en las cimas

Donde exhala su suave fragancia

El aire dulce de la tierra natal

Oh! te inspire el Señor una melodía

que nos ayude a soportar este nuestro sufrimiento…