CONSULTA POPULAR


Busquen el bien de la nación adonde yo os he puesto y rueguen por ella al Señor, porque su prosperidad será también la vuestra.

Jeremías 29:7

 Estamos en el Ecuador próximos a una consulta popular. No tomemos a la ligera este hecho. Se trata de un gran desafío para cada creyente. Lastimosamente, muchas veces la respuesta “soy a-político” parecería solucionar el problema y facilitar el desentendernos de la responsabilidad que tenemos. En los tiempo bíblicos, bajo gobiernos estrictamente jerárquicos, el pueblo poco o nada tenía que decir respecto de las decisiones que tomaba el gobernante. De todos modos, vemos a los profetas indagando, cuestionando y denunciando las decisiones políticas de su tiempo. Hoy en día, la democracia, en la medida de sus posibilidades, busca que cada uno de nosotros pueda dar su opinión acerca de las decisiones que han de tomar nuestros gobernantes. Nuestro voto se une al de muchos más en favor de uno u otro camino para nuestro país. En este sentido, la dirección que tomemos dependerá en gran medida de cada ciudadano. Si en los tiempos bíblicos, toda la responsabilidad recaía sobre el rey y sus asesores, ahora, cada ciudadano asume en democracia cierto grado de responsabilidad respecto del futuro de la nación.

Nuestro voto no puede ser tomado a la ligera. Dios demandará de su pueblo respuestas respecto del destino que tomó la nación en la que fue puesto.

Una recomendación muy importante que podemos dar en este momento es que cada creyente determine su voto con cabeza fría y no en base a emociones. Tanto quienes proponen el sí como quienes demandan el no, apelan a la promoción de sus respectivas posiciones en base a la promoción mediática. Debemos estar atentos, pues por lo general este tipo de promoción no apela a las razones sino a las emociones. Lo podemos ver en las propagandas de cualquier producto que se promociona en televisión u otro medio. Exaltar el resentimiento, la discordia o la confrontación es uno de los ejes que se ha podido percibir en este sentido en los medios. Con serenidad y sabiduría reflexionemos sobre las consecuencias que traerá el voto afirmativo o negativo de cada pregunta. Escuchemos a quienes proponen el sí y a quienes apoyan el no en cada pregunta. No tanto en medio de la euforia televisiva gobiernista u opositora, sino en medios que inviten a la reflexión y al análisis. Busquemos en los exponentes razones, no discursos, ideas, no palabras, argumentos, no improperios.

Finalmente oremos y pidamos dirección a Dios para nuestra decisión. Y que Dios nos guíe, como pueblo suyo en la consulta popular del día 7 de mayo.

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