La fe en busca de felicidad

Es muy habitual escuchar decir en algunas congregaciones: ¡Cuántos esta alegres de estar aquí! Lo cual suele ser seguido por la respuesta estremecedora de los asistentes que exclama: ¡Amén! Se da por sentado, entonces que quienes están allí son felices y quienes no están allí no lo son. Se llega incluso a suponer que en las iglesias donde no se hace dicha pregunta o no se recibe la antes mencionada respuesta, se trata de una “iglesia muerta”

¿Ser cristianos, significa ser felices? o quizás con un poco más de precisión: cuando asistimos a un culto eufórico ¿nos sentiremos más dichosos que cuando no? Un sociólogo de la Universidad de Edimburgo decidió no quedarse en meras suposiciones o con respuestas fáciles e hizo un estudio acerca de la relación entre religión y felicidad.

Jan Eichhorn, la persona que dirigía la investigación, concluyó luego de los análisis que  las personas religiosas pueden tener un mayor grado de felicidad que las personas no religiosas “pero sólo en aquellos casos en los que el grado de religiosidad individual se ajusta al grado de religiosidad de la sociedad“. Esto significa que en aquellas sociedades en las que el grado de religiosidad es bajo, un alto grado de religiosidad personal no necesariamente generará un igual grado de felicidad. El investigador relaciona este hecho con la necesidad humana aceptación y con el deseo de sentirse identificados con grupos que comparten su misma cosmovisión.

De hecho,  los estudios de Jan Eichhorn constan que “la religiosidad personal parece estar asociada con mayores niveles de satisfacción con la vida sólo en las sociedades donde la religiosidad es también mayor en promedio”. De esto se concluye que la felicidad se deriva no tanto de la fuerza intrínseca de la religión tanto como de los mecanismos de conformidad social.

Estas conclusiones, dice la revista “Protestante Digital”, no hacen referencia a nuestra relación personal con Dios, lo cual es cierto. Con todo es un hecho que la sociología no podría inmiscuirse en estos asuntos, en función de los límites de las ciencias. Tal vez un estudio psicológico nos podría dar una visión más exacta del grado de satisfacción con la vida desde una perspectiva más personal.

De todos modos, el informe de la investigación sociológica nos deja algunos elementos para trabajar.

  1. La creación de espacios que faciliten el crecimiento personal integral es importante. Una persona puede no sentirse a gusto en un determinado espacio religioso. Esto no implica rechazo de Dios. Es muy probable que en algunos casos una persona o una familia deban buscar un grupo con el cual puedan compartir sus intereses y en el cual se sientan integrados. Esto, posiblemente implique el traslado a otra iglesia. O si no, tal vez, integrarse a un grupo pequeño. Es muy posible que en esto jueguen un papel importante los grupos de hogar. De todos modos, estos no deben ser simplemente espacios dedicados a atraer nuevos creyentes, sino lugares que permitan a los participantes interactuar, compartir e integrarse de mejor manera. En algunos grupos de hogar he podido constatar el estrés al que se ven sometidos sus integrantes debido a la presión externa que ejercen los líderes en el afán de hacer crecer la célula.  Sin dejar de lado la evangelización, es necesario promover la interacción y el crecimiento personal.
  2. La satisfacción personal a veces es un talón de Aquiles en las iglesias. Entre los movimientos más conservadores se suele enfatizar que no se va a la iglesia a sentirse bien sino a alabar a Dios. Hasta cierto punto, esto es real, pero también lo es que entre los elementos que más promueven el crecimiento integral de los creyentes se encuentran tanto los cultos inspiradores, es decir, que animan a la gente y la hacen salir motivada así como las relaciones significativas dentro de la iglesia. Christian Schwarz analizó y constató este hecho luego de estudiar miles de iglesias alrededor del mundo. No podemos seguir dejando de lado estos elementos porque, o tendremos continuamente gente saliendo de las iglesias o tendremos gente insatisfecha personalmente y malhumorada de manera general.
  3. La relación con Dios es muy importante, pero la relación con los demás también lo es. Es necesario dejar de dicotomizar las prioridades de la iglesia. Suponer que orar es más espiritual que compartir con un grupo de amigos es polarizar la cuestión. Tanto lo uno como lo otro es relevante. Tanto lo uno como lo otro nos ayuda a crecer. Así como se crean espacios para la oración, generemos espacios para la interacción.
  4. Queda pendiente un estudio que analice el grado de satisfacción personal, no tanto en función de la interacción social cuanto en función de la espiritualidad en sí misma. Hace falta trabajar con este tipo de preguntas sin temor a las respuestas. Hace falta cuestionarnos sobre ciertas prácticas que consideramos sagradas pero que ni lo son ni son edificantes para los creyentes. Es necesario promover los estudios teológicos serios en nuestra América Latina.

Referencias:

Oxford Journals: http://esr.oxfordjournals.org/content/early/2011/04/20/esr.jcr027

Ephifenom: The science of religion and non-belief: http://epiphenom.fieldofscience.com/2011/05/religion-only-makes-for-happy-people-if.html

Tendencias 21: http://www.tendencias21.net/La-religion-genera-felicidad-gracias-a-ciertos-factores-sociales_a6549.html

Protestante Digital: http://www.protestantedigital.com/ES/Sociedad/articulo/12846/Las-personas-ue-practican-una-religion-tienden-a

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Primero mis dientes y después mis parientes: nuestra pasada manera de vivir

También ustedes estaban muertos por sus pecados y trasgresiones.
Seguían la conducta de este mundo y los dictados del jefe que manda en el aire, el espíritu que actúa en los rebeldes…
Lo mismo que ellos, también nosotros seguíamos los impulsos de los bajos deseos, obedecíamos los caprichos y pensamientos de nuestras malas inclinaciones, y naturalmente, estábamos destinados al castigo como los demás.

No estaba tan desubicado Sófocles cuando dijo: Siempre se repite la misma historia: cada individuo no piensa más que en sí mismo.

Nuestra sociedad no varía mucho de las sociedades más antiguas. Una de aquellas cosas que parece ser igual hoy como ayer es el egoismo que parece caracterizarnos a los seres humanos. Un refrán popular dice: primero mis dientes y después mis parientes. Quizás no podamos cuestionar el hecho de que se debe velar por la seguirad personal, por el bienestar de la familia más próxima, pero centrar toda nuestra atención sólo en nosotros es lo que paulatinamente va corrompiendo los hilos que mantienen unida a la sociedad.

Pablo en el verso arriba mencionado nos recuerda que así vivíamos también nosotros. Aquí lo importante es que esta descripción sea en pasado. Si en nuestra vida, esta descripción todavía tiene que ver con el presente, es que todavía no hemos conocido verdaderamente a Dios.

Este día domingo hablaremos más en detalle sobre estos versos del libro de Pablo a los Efesios.

El consumismo

La democracia nos plantea -al menos en teoría- la posibilidad de tomar decisiones como sociedad respecto del futuro que queremos para nosotros. Rousseau, al plantearse la posibilidad de dicho sistema de gobierno, también presentó la necesidad de educar adecuadamente a la sociedad. De este modo, las decisiones que tomase cada individuo serían en base a un escrupuloso análisis de las opciones presentadas.

Qué pasa cuando no hay dicha educación. La sociedad empieza a decidir en base a sus emotividades y no en base a un análisis. “Me siento bien con…” “me agrada…” “es simpático…” “me cae mal…” etc.

Cuando esto sucede, es fácil aprovechar las circunstancias para atraer la decisión del ciudadano en base a dichas emotividades por medio de la publicidad. La lógica o la verdad son sepultadas bajo el peso de la simpatía o la empatía con el cliente. Tanto en las decisiones políticas como en la vida diaria, nos volvemos todos clientes a ser conquistados a partir de gustos que deben ser consentidos.

La democracia es, en ese momento, una democracia del consumo. Empezamos a dejar de lado la posibilidad de decidir sobre las cuestiones fundamentales de la sociedad y empezamos decidir solamente en cuestiones referentes al consumo: qué carro comprar, que vestido usar, qué celular va con mi personalidad, etc. De igual manera, qué candidato tiene mejor presencia en los medios, no quien esboza un plan coherente de gobierno.

El consumismo puede infiltrarse en los hogares y llevarnos a entender nuestras relaciones personales como relaciones de costo-beneficio en las que el corte de la relación depende del cese de mi satisfacción  en la misma.

Es necesario ser cuidadoso con nuestra manera de pensar, más cuando las propagandas y el modelo consumista de vida nos empujan a volvernos esclavos de un determinado estereotipo –los hombres de éxito usan este perfume, las mujeres más hermosas llevan estos trajes- y presos de las emotividades caprichosas.

Aquí unas reflexiones de  Víctor Rey acerca del consumismo:

En estos días he estado hojeando dos libros que he leído hace algún tiempo, escritos en dos países diferentes y con un tema común de actualidad.  Los dos autores tienen una formación diferente y su concepción del mundo también lo es, pero el diagnóstico que hacen del tema es coincidente.  Me refiero primeramente al libro, “La Ciudad” del francés Jacques Ellul y a “El Consumo me Consume” del chileno Tomás Moulian.  A partir de estos dos autores quiero esbozar una reflexión sobre el tema del consumo.

Hoy constatamos el crecimiento acelerado del tipo de sociedad de consumo, la cual se inicia en el siglo XVIII.

El fenómeno de las migraciones internas es cómplice del aumento vertiginoso, en todo el mundo, de una civilización urbana cuyo rasgo sobresaliente es la absolutización de los productos de la tecnología.

Prácticamente toda la humanidad hoy participa en la vida de la ciudad.  Como lo ha señalado Jacques Ellul: “Estamos en la ciudad, aunque vivamos en el campo, puesto que hoy el campo es solo un anexo de la ciudad”. (Pág. 147  La Ciudad.  Editorial La Aurora, Buenos Aires. 1972).

Su afirmación percibe el carácter global de la “mentalidad de consumo” que caracteriza a la sociedad urbana, tanto en los países desarrollados como en países subdesarrollados.

La sociedad de consumo es un engendro de la técnica y el capitalismo.  Los medios de comunicación masivos juegan un rol importante en esta situación, ya que son utilizados para condicionar a los consumidores a un estilo de vida en que se trabaja para ganar, se gana para comprar y se compra para valer.  Como vuelve a decir Jacques Ellul, “el estilo de vida es formado por la publicidad”.

La publicidad está controlada por gente cuyos intereses económicos están ligados a aumento de la producción y este a su vez depende de un consumo que solo es posible en una sociedad en la cual vivir es poseer.  La técnica se pone así al servicio del capital para imponer la ideología del consumo.  Esta al servicio del capital, no al servicio de los hombres y las mujeres.

En consecuencia, los hombres y mujeres se convierten en seres unidimensionales- un tornillo de una gran maquinaria que funciona según las leyes de la oferta y la demanda-, es la causa principal de la contaminación ambiental y crea una inmensa brecha entre los que tienen y los que no tienen a nivel nacional y entre los países ricos y los países pobres a nivel internacional.  Esta brecha continúa creciendo.  Pese a los avances tecnológicos y una expansión industrial que no tiene precedentes en la historia humana.  Hoy el mundo subdesarrollado está más lejos que nunca de la solución a sus problemas.

La sociedad de consumo ha impuesto un estilo de vida que hace de la propiedad privada un derecho absoluto y coloca el dinero por encima de los hombres y las mujeres y la producción por encima de la naturaleza.  Esta es la forma que hoy toma donde el sistema en el cual la vida humana ha sido organizada por los poderes de destrucción.  El peligro de la mundanalidad es este: el peligro de un acomodamiento a las formas de este mundo malo con todo su materialismo, su obsesión por el éxito individual, su egoísmo enceguecedor.

Aquí vale la advertencia del apóstol Pablo en Romanos 12:2, “No vivan ya de acuerdo con los reglas de este mundo, al contrario, cambien de pensamientos para que así cambie toda su vida.  Así llegaran a saber cual es la voluntad de Dios, es decir lo que es bueno, lo que le agrada, y lo que es perfecto”.

Tomado de: http://nacionjuvenil.blogspot.com/2011/05/la-sociedad-de-consumo-por-victor-rey.html