Las adversidades y el plan de Dios


Muchas personas desearían no tener que pasar por los problemas que se encuentran atravesando. Ojalá y todos aquellas adversidades se fueran con un chasquido de dedos. Sin embargo, allí están. Hay quienes buscan de Dios en estos momentos de adversidad con el único propósito de que los libere de todas esas angustias. Sin embargo, no es extraño que dichas adversidades continuen aún después de haber orado y pedido a Dios por aquellos problemas.

Alguien ha dicho que nuestra sociedad actual es la sociedad del analgésico. Esto es, deseamos que todo se resuleva con alguna pastilla. No deseamos pasar penas o dificultades, deseamos pasar siempre por encima de aquellas. Esto, lastimosamente nos ha vuelto insencibles al obrar de Dios por medio de la aflicción.

Uno de los ejemplos más importantes de la Biblia respecto del obrar de Dios en la aflicción es Job. Atribulado por los problemas que se amontonan uno tras otro, puede ver este hombre cómo Dios van obrando y moldeando a través de este tratar especial. Asimismo, vemos en el Nuevo Testamento un Pablo de Tarso que debe pasar tribulación tras tribulación siendo golpeado a cada momento por nuevas adversidades. De todos modos, este hombre, vez tras vez, dice gloriarse en sus tribulaciones.

La adversidad, comprende Pablo es un momento especial en el obrar de Dios. Los problemas nos ayudan a crecer. Las dificultades sacan a relucir aspectos de nuestra vida y de nuestra fe que de otro modo no conoceríamos. Decía un poeta latino de los tiempos de Jesucristo: “En los contratiempos, sobre todo, es en donde conocemos todos nuestros recursos, para hacer uso de ellos”.

No es sino en la adversidad donde podemos aprender a confiar en Dios. En otras circunstancias, Dios sigue siendo la salida de emergencia. En las dificultades, Dios termina siendo, muchas veces, la única salida. Allí en el desierto nuestro corazón no puede aferrarse a los títulos, al dinero, ni a las amistades. Allí en el desierto Dios habla a  nuestro corazón y nos dice: confía en mí yo te sacaré de aquí.

Las adversidades forman parte de la vida y debemos aprender a vivir con ellas. Es más, las adversidades formás parte del proceso de crecimiento espiritual que Dios quiere en nosotros y por ello debemos dejarlo trabajar en nosotros. Un predicador cristiano del siglo XVII decía: “No es bueno que todo suceda como deseamos. Cuando todo nos sonríe en el mundo, nos apegamos a éste muy fácilmente y el encanto es muy fuerte. Por eso, y porque Dios nos ama, no permite que durmamos mucho y muy cómodamente en este lugar de destierro”.

Este día dominago hablaremos un poco más a fondo sobre las adversidades en base a las palabras de Pablo en Efesios 3:1, “por esto yo, Pablo, estoy preso por Cristo Jesús para bien de vosotros, los paganos…” Los esperamos en cualquiera de los dos cultos.

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