El dragón del Apocalipsis no es más que un tigre de papel


Aquí les presentamos el estudio realizado en nuestra iglesia esta semana acerca de Apocalipsis 13:11-18, es decir la bestia que surge de la tierra.

La segunda bestia: la que sale de la tierra.

Tanto el relato de la bestia que surge del mar como de aquella que surge de la tierra se hallan literariamente insertas en entre dos textos muy importantes. Por un lado tenemos la visión de la “mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies y sobre su cabeza una corona de doce estrellas” (Ap.12:1), es decir la visión gloriosa de la iglesia exaltada y por el otro, la visón del Cordero exaltado sobre el monte de Sión con los 144.000 que lo alaban (Ap. 14:1ss).

El paréntesis que se abre entre la iglesia que gesta al Mesías –en la figura de José y María- y la victoria que conquistan los santos, es el período de tiempo que comprende el accionar del dragón -en el cielo- y las dos bestias -en el mar y en la tierra-.

La primera pudimos era una imagen simbólica del Imperio romano en representación de todos aquellos imperios y reinos que reciben poder y autoridad de Dios pero con el único propósito de usarlo para hacer injusticias y para perseguir al Pueblo santo. El poder que le fue otorgado al Dragón por parte de Dios, es conferido a su vez a la bestia, la misma que persigue a la iglesia y busca a toda costa impedir que el mensaje de redención sea proclamado.

Ahora, nos enfrentamos con la segunda bestia, la misma que tiene como objetivo exaltar a la primera bestia e impulsar a todos los moradores de la tierra a adorarla.

Es muy probable que esta segunda bestia tenga que ver con una representación de los sacerdotes del imperio romano que se dedicaban en aquellos tiempos a motivar a todos los hombres a adorar al emperador y a ofrecerle sacrificios sólo a él.

De todos modos, aquella segunda bestia, que de aquí en adelante será llamada el falso profeta (16:13; 19:20; 20:10), no tiene sólo como propósito advertir a los creyentes del Asia menor del siglo I d.C. sino también advertirnos a nosotros a ser prudentes pues, aunque hoy en día, no podamos descubrir un imperio romano poderoso que busca eliminar a los cristianos, ni veamos sacerdotes aupándonos a adorar a su emperador, vemos, de todas formas, la manera cómo nuestra sociedad contemporánea hace promoción de estilos de vida – o quizás deberíamos decir “estilos de muerte”- contrarios al plan de Dios. Día y noche recibimos la propaganda del mundo que siempre esta animándonos a adorar a la Bestia (Satanás) y a olvidarnos del seguimiento de Cristo.

Una vez que pasamos a observar la descripción que se hace de la bestia, vemos que el autor hace lo mismo que con la imagen de la primera bestia. Es decir, nos muestra que el poder del enemigo es prestado y que lo mejor que puede hacer es imitar a Dios. En el caso de la primera bestia habíamos visto que la imagen que se presentaba era un burdo remedo de la figura de Cristo en su muerte y resurrección, ahora, la imagen de la segunda bestia es un monstruoso remedo de la figura de Cristo en tanto Cordero de Dios. De este modo podemos constatar que Satanás busca insistentemente remedar e imitar a Cristo y a Dios, sin dejar de lado nunca su ambición y su maldad. Aparenta ser como Dios, pero no lo es.

Un comentarista dice: “En todo lo que hace, es engañoso, igual que la antigua serpiente. La retórica de su propaganda, el sensacionalismo de sus milagros, y la voz que sale de la boca de la imagen para incentivar al pueblo a matar a los fieles –todo es obra de este príncipe de la mentira” (Juan Stam)

Las características de la bestia son seis:

  • Grandes Señales como las de los profetas del Antiguo Testamento.
  • Engaña a los moradores de la tierra para que adoren a la Bestia.
  • Se le concede dar vida a la imagen de la Bestia.
  • Se le concede dar muerte a los que no adoren a la imagen de la Bestia
  • Marca a los moradores de la tierra con el sello de la Bestia
  • Impide el comercio a los que no poseen el número de la Bestia

Grandes señales

La primera de las características de la bestia es que puede imitar el poder de Dios manifestado en los profetas del Antiguo Testamento. La señal por excelencia era el hacer descender fuego del cielo como lo había hecho Elías. En los tiempos de Moisés también se puede observar cómo los magos del faraón pueden imitar el poder de Dios. Además, la advertencia de Jesús era justamente que los falsos maestros y los falsos cristos harían señales poderosas (Mateo 24:24; 2da Tesalonicenses 2:9). La imitación no es realidad, es sólo ficción realizada para convencer a los hombres.

Engaña a los moradores de la tierra

La labor fundamental que ejerce el falso profeta es la de engañar a las personas para que se inclinen ante la primera bestia y ante el dragón. La advertencia para la iglesia del primer siglo sigue siendo válida para nuestros tiempos: tengan cuidado con aquellos que aparentan hacer milagros pero que en realidad los llevan a la idolatría o a la codicia que es su hermana (Colocenses 3:5). Las posibilidades de la ciencia para el mayor bienestar de la humanidad son innegables, sin embargo, es muy común escuchar a muchos que en base a estos avances empiezan a cuestionar el valor de la fe y de la obra de Dios. La ciencia empieza a ser idolatrada en la actualidad como el emperador lo fue en los tiempos de Juan.

Se le concede dar vida a la imagen de la bestia.

Dice un comentarista respecto de este elemento: “Infundir aliento a la imagen de la bestia implica animación por medio de magia. De nuevo, infundir aliento a una imagen es una parodia de Dios que infundió el aliento de vida a Adán (Génesis 2:7; y véase Apocalipsis. 11:11). Los magos en el mundo antiguo se jactaban de que podían hacer que las estatuas hablaran y se movieran; así, se alega que Simón el mago dijo: ‘Hago que las estatuas se muevan; doy vida a objetos inanimados’”.

Se le concede dar muerte a los que no adoren la imagen de la bestia.

En los tiempos de Juan se había erigido en la ciudad de Éfeso un templo al emperador. Adorar al emperador era entendido como muestra de lealtad mientras que no hacerlo se consideraba alta traición al Imperio y se mandaba a ejecutar a quien no lo adoraba. De todos modos, Juan enfatiza algo, la bestia no tendría poder para matar a los santos si Dios no se lo hubiese dado. Dios, al igual que en muchos otros relatos del Apocalipsis le da a Satanás un límite para su obrar.

Marca a los moradores de la tierra.

Como en tantos otros aspectos, aquí también Satanás es un mero imitador. Dios había marcado a sus hijos para protegerlos de la tribulación. Ahora Satanás manda a marcar a su pueblo como una amenaza al pueblo de Dios. La marca que les es puesta es otro estilo de imitación. Igual que los israelitas que llevaban unas cajitas denominadas filacterias (Mateo 23:5) en el brazo derecho y en la frente, ahora Satanás ordena poner sus señales en la diestra y en la frente. Aquellas cajitas llevaban algún párrafo de la ley de Moisés y eran un símbolo de devoción a Dios (Deuteronomio 6:8). La marca es puesta a seis tipos de personas: (1) pequeños, (2) grandes, (3) ricos (4) pobres, (5) libres y (6) esclavos. Así como el número siete de perfección es el número de la divinidad, el número 6 de la imperfección es asignado a Satanás y su reino.

Impide el comercio a los que no poseen el número de la Bestia

El comercio que se halla en poder de Satanás le queda prohibido al pueblo santo. De todos modos, así como los moradores de la tierra poseen su falso sello que los hace hallar gracia ante la bestia, el pueblo santo posee un sello verdadero que le recuerda siempre que Dios es quien cuida de ellos.

El número de la bestia.

Si bien muchas veces se le ha dado mucha importancia a este número. Lo cierto es que en la Biblia este número no posee tanta importancia. Sólo aparece una vez y en un texto en el cual no se tiene mucha certeza de su significado. En la Biblia, las ideas más importantes son repetidas una y otra vez a lo largo de diversos libros. En el caso del número 666 no aparece más que en este texto lo cual nos advierte sobre el peligro de sobrevalorar un número que Dios mismo no quiso darle tanta importancia como a otros temas: la salvación, el cuidado de Dios, etc.

El número, en el contexto que hemos estado analizando es una repetición recurrente de la imperfección: 6. El número 6 repetido recurrentemente es un ejemplo de la imperfección absoluta del mal. El número seis repetido siempre trata de alcanzar el siete pero nunca lo logra: 6.666666…

El número 666 parece ser una ironía de Juan o de Dios mismo respecto del poder del mal y de quienes obran en maldad esperando ser recompensados por el dragón, Este número parece ser una alusión a la impotencia del Diablo, demostrándonos que “el famoso dragón no es sino un tigre de papel”. (P. Richard)

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