Un libro que cambió el rumbo de la historia


Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (II Timoteo 3:14-17)

Introducción

En una Biblia que siempre andaba a llevar, Gabriela Mistral escribió las siguientes líneas:

Libro mío, libro en cualquier tiempo y en cualquier hora, bueno y amigo para mi corazón, fuerte, poderoso compañero. Tú me has enseñado la fuerte belleza y el sencillo candor, la verdad sencilla y terrible en breves cantos. Mis mejores compañeros no han sido gentes de mi tiempo, han sido los que tú me diste: David, Ruth, Job, Raquel, y María. Con los míos éstos son toda mi gente, los que rondan en mi corazón y en mis oraciones, los que me ayudan a amar y a bien padecer. Aventando los tiempos entre vosotros, soy vuestra como uno de los que labraron, padecieron y vivieron vuestro tiempo y vuestra luz.

Te amo todo, desde el nardo de la parábola hasta el adjetivo crudo de Los Números

En frases que nacen del corazón de una poetisa, surge el testimonio sincero de una mujer que halló confort y sosiego en las páginas de la Biblia.

De igual manera hallamos confianza y seguridad en el Libro de Dios en un escritor como Walter Scott. De él se cuenta que cuando estaba para morir, pidió “El Libro”. Uno de los miembros de la familia, pensando que el moribundo se refería a alguno de los muchos volúmenes que había escrito y que guardaba en su biblioteca, preguntó: –¿Cuál libro? Entonces Sir Walter Scott dijo: No hay sino un Libro para un momento como este: Ese libro es la BIBLIA.

Qué hay en este libro que lo hace tan atractivo para estos dos escritores tan aclamados. Qué hizo que éste último lo anhelara con tanto fervor en momentos en que la muerte se acercaba.

De igual manera el apóstol Pablo, cuando ve que su muerte es inminente escribe a Timoteo pidiéndole que por favor le traiga un capote, que seguramente le serviría para el frío invierno en prisión y unos libros y pergaminos, que no son sino algunos fragmentos de la Biblia.  Nada quiere sino la Biblia para sus últimos momentos.

Martín Lutero, confrontado contra el poder del Emperador Carlos V y con una sentencia de muerte sobre él, reta al Imperio diciendo: “Mi conciencia es prisionera de la Palabra de Dios…” Qué halló Lutero en aquel libro para que pusiera en juego su vida para defenderla.

Qué hace que la Biblia sea el libro más vendido de la historia con más de 6 mil millones de ejemplares.

Quizás algunos hayan descubierto lo que Charles Dickens sobre el Nuevo Testamento es decir, que era el mejor libro que el mundo ha conocido o conocerá. Quizás algún otro esté de acuerdo con la capacidad que tiene este libro de transformar las vidas de las personas que lo han leído. William Gladstone, primer ministro de Inglaterra en cuatro ocasiones dijo en este sentido: He conocido noventa y cinco grandes hombres en mi vida, y de ellos, ochenta y siete eran seguidores de la Biblia. O como Thomas Jefferson, pensarán muchos que “el estudio de la Biblia hará mejores ciudadanos, mejores padres y mejores esposos.” Y estos mismos asentirán a las palabras de George Washington quien dijo: “Es imposible gobernar rectamente al mundo sin Dios y sin la Biblia

Es imposible gobernar rectamente al mundo sin Dios y sin la Biblia

Sin embargo, sigue latente la pregunta: ¿qué hay en ella que la hace tan grandiosa para nosotros? ¿Qué tiene la Biblia que es capaz de formar hombres y mujeres con las virtudes que conocieron Thomas Jefferson o William Gladstone?

El texto bíblico de II Timoteo 3:15-17 nos da una luz respecto a este contenido tan especial de aquel libro. Es necesario pues que indaguemos sobre su propósito y tema central.

I.              Tiempos de Crisis

Antes de tratar de lleno respecto de la importancia de las Sagradas Escrituras, Pablo nos advierte sobre la realidad del mundo en que estamos viviendo. Nuestros tiempos son peligrosos, nos dice el apóstol.  Son peligrosos cuando se trata de mantener en firme nuestra fe. Los postreros días a los que hace referencia Pablo son los que nos hallamos viviendo desde la venida de Cristo. Hay tiempos en los cuales ser creyente es difícil debido a la persecución, sin embargo, hay momentos en los cuales ser creyentes es aún más duro debido a que el mundo, de manera sutil, intenta entrar en la iglesia y guiar a los creyentes hacia sus propios objetivos. Hoy en día nos hallamos ante esos peligros. Hoy en día hallamos cierta libertad para profesar nuestra fe en Cristo, sin embargo, vemos que muchos son creyentes nominales. Se deja de lado la fidelidad a Dios y se busca simplemente la mejor relación costo-beneficio entre la iglesia y el creyente. Lo que alaba el mundo, como por ejemplo la avaricia es vista con buenos ojos entre ciertos creyentes que santifican su pecado diciendo que se trata de la aceptación de las promesas de Dios. La preocupación más fuerte no es el seguimiento al señorío de Cristo sino la búsqueda de ciertas comodidades para alabar a Dios. Ser cristianos sin compromiso alguno con el Señor es no ser cristianos.

Este egoísmo se halla en todas las esferas de la sociedad. Desde los hogares en los cuales cada uno jala para su lado hasta la asistencia a las iglesias ya que lo que determina en muchos casos la elección de una congregación en la cual quedarse no se encuentra mediado por el interés en alimentarse de la sana doctrina sino por: a) un buen grupo de alabanza, b) un predicador ameno, c) una serie de comodidades para mí y mi familia, d) un grupo social con el cual me pueda identificar. Ninguna de estas consideraciones nos abre la posibilidad de establecer una verdadera comunión con Dios. No importa cuán sincera sea nuestra fe, si no se halla adecuadamente cimentada en Cristo, no servirá de nada.

  1. Egoísmo
  2. Religiosidades vacías
  3. Culto al escepticismo

II.            Es inspirada por Dios

Frente a un mundo que corre frenéticamente sin saber su fin, Pablo recuerda el origen divino de la Biblia. Las enseñanza que hallamos en este libro son un soplo de Dios para nuestras vidas. Son una luz en medio de la oscuridad. Son una dirección, un consejo y un aliento para el camino.

III.           Útil para enseñar

Pablo dice en dos ocasiones sucesivas que el objetivo de las Escrituras es el de enseñar. En el verso 16 nos dice que las Escrituras son útiles para enseñar. Sin embargo, el verso 15 es más concreto al explicarnos aquello que las escrituras quieren enseñarnos. Ellas nos hacen sabios para la salvación. Timoteo era pastor, llevaba años siguiendo a Cristo y predicando el evangelio, sin embargo Pablo le insta a seguir meditando en las Sagradas Escrituras debido a que estas lo pueden hacer aún más sabio en cuanto a la salvación. Debemos recordar que nuestra relación personal con Jesucristo inició el momento que lo recibimos en nuestro corazón, sin embargo, el verdadero sello de nuestra salvación es la perseverancia en nuestro andar con Cristo. En el día a día, mientras andamos con Cristo y nos volvemos imitadores suyos, vamos revistiéndonos de aquella salvación que nos ofrece nuestro salvador. La Palabra nos dice que el nos perfeccionará hasta el día de su venida. Si somos discípulos de Cristo, es menester que procuremos ser perfeccionados por aquella palabra que nos ha dejado con este fin.

De hecho, la Palabra no tiene otro fin que el perfeccionamiento de los santos. No busca descubrirnos misterios ocultos sobre el verdadero paradero de Osama Bin Laden ni está puesta para que juguemos a poner fechas al fin del mundo. Se halla allí para enseñarnos aquello que nos sirve para la Salvación, en definitiva nos muestra a Cristo y nos invita a ser imitadores suyos.

IV.           Útil para poner al descubierto nuestro pecado.

Nos permite darnos cuenta de la maldición que pesa sobre cada uno de nosotros. Literalmente, la frase dice para poner al descubierto… Sólo hay una forma de ser verdaderamente libres de las ataduras de nuestros pecados y de la opresión del diablo y esta es descubrir aquellos pecados que se hallan en lo íntimo de nuestro corazón, reconocerlos como ofensa a Dios y confesarlos con un espíritu de arrepentimiento.

Nuestro adversario conoce que la manera más eficaz de mantenernos lejos de Dios es ocultando nuestro pecado. Unos lo hacen porque piensan que es demasiado hermoso para abandonarlo. Vivimos así atados a nuestro pecado y tenemos temor de dejarlo. Somos como Gollum, uno de los personajes del Señor de los Anillos quien se halla atado al anillo que lo oprime, lo desfigura y lo mata, sin embargo, teme deshacerse de él porque cree que lo perderá todo si lo deja.

La Biblia tiene ese poder para descubrir nuestro pecado y de ese modo permitirnos presentar delante de Dios aquella transgresión y de este modo poder ser verdaderamente libres.

V.            Útil para mostrarnos el camino correcto.

La Biblia no solamente nos muestra el error en el que vivíamos sino que además nos muestra cuál es el camino recto por el que debemos seguir. “Una noche oscura en un bosque de Sicilia un bandolero detuvo a un colportor a punta de revólver. Le ordenó que encendiera una hoguera y quemara sus libros. Encendió el fuego y entonces preguntó si podía leer un poco de cada libro antes de arrojarlo a las llamas. Leyó el Salmo 23 para empezar; luego, de otro libro, la parábola del Buen Samaritano; de otro, el Sermón del Monte; de otro, 1 Corintios 13. Al final de cada lectura, el bandolero decía: «Ése es un buen libro; no lo quemaremos; dámelo.» Por último, no se quemó ni un sólo libro; el bandolero dejó al colportor y se internó en la oscuridad con los libros. Años más tarde apareció otra vez en escena aquel mismo bandolero, pero ya no era el mismo. Esta vez era un pastor cristiano, y era a aquella lectura de los libros a lo que atribuía su cambio.”

VI.           Es útil para instruirnos disciplinariamente en la justicia.

La Biblia no está de acuerdo en lo más mínimo con la idea de que la salvación sea un ticket entregado a los creyentes para que lo guarden hasta su muerte y lo presenten al encargado del cielo. Dios nos muestra en su Palabra que su anhelo es que vayamos santificándonos paulatinamente durante nuestra vida. No hacerlo es negar la gracia que nos salvó. Por ello, Dios nos da en la Biblia todo lo necesario para obrar el bien en todo lo que hagamos. Si hacemos lo malo, pecamos dos veces delante de Dios. Primero por haber hecho lo malo y segundo por no haber meditado en la Palabra la cual nos da dirección para no caer.

La Biblia nos enseña que “renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, mientras aguardamos la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.” Nos permite descubrir el pecado oculto en nuestro corazón, nos muestra el camino correcto a seguir y nos enseña todo lo necesario para vivir en santidad.

Juan Wesley dijo que Juan Fletcher era el hombre más santo que había conocido en Europa y en América; y que lo era porque diariamente se examinaba para saber si su proceder estaba de acuerdo  con los planes de Dios, para lo cual se hacía las siguientes preguntas:

  • ¿Desperté espiritualmente y tuve cuidado de guardar mi mente de pensamientos errantes, cuando me levanté esta mañana?
  • ¿Me he acercado a Dios en oración o he dado lugar a la pereza y a la desidia espiritual?
  • ¿Se ha debilitado mi fe por no haber velado, o ha sido avivada por haberla puesto en actividad hoy?
  • ¿He andado hoy por fe, y he procurado ver a Dios en todas las cosas?
  • ¿Me he negado a mí mismo al usar palabras y al expresar pensamientos poco bondadosos? ¿Me he debilitado espiritualmente al ver que prefieren a otros en mi lugar?
  • ¿He aprovechado mi tiempo precioso, mis fuerzas y mis oportunidades según la luz que Dios me ha dado?
  • ¿He guardado mi corazón en un ambiente de gracia, de modo que haya sacado provecho?
  • ¿Qué he hecho hoy por los cuerpos y por las almas de los santos?
  • ¿He derrochado cualquier cosa por agradarme a mí mismo, cuando podía hacer guardado el dinero para la casa de Dios?
  • ¿He gobernado bien mi lengua, recordando que en la multitud de palabras no falta pecado?
  • ¿En cuántas ocasiones me he negado a mí mismo hoy?
  • ¿Mi vida y mis palabras han honrado el evangelio de Cristo?

Cuáles serían tus respuestas a estas preguntas…

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