¿Leer o ver televisión?


Hace varios meses la revista Vistazo publicó un artículo donde mostraba la pobre cultura literaria de nuestro país (Ecuador). “El ecuatoriano -decía-, en promedio, lee tres horas a la semana. Muy poco si se toma en cuenta que ve televisión 10 horas y escucha radio seis horas, en el mismo tiempo”. Es una triste realidad que cobra factura cuando vemos los niveles de desarrollo de nuestro país.

México tiene una media de lectura de 1,2 libros por año y es común encontrar en la web, estudios y páginas que llaman la atención sobre este hecho “vergonzoso”[1]. Pero si consideramos la situación de nuestro país, vemos que “el promedio de lectura de los ecuatorianos es apenas de medio libro al año, según datos actuales de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco)”[2]. La misma organización (Unesco) “recomienda la lectura de por lo menos cuatro [libros] para garantizar cierto desarrollo de la sociedad en la cultura”[3]. Así pues, si bien no es la única razón, es una de las más importantes del lento desarrollo de nuestra nación.

El mínimo interés en la lectura enfocada en temas científicos o culturales disminuye drásticamente el nivel cultural e intelectual de nuestro país[4]. Esto, a su vez limita las posibilidades del desarrollo económico. Salvando las obligaciones académicas, muchos ecuatorianos simplemente no leen.

Según una encuesta realizada por el CONSEP en el 2005 acerca del uso del tiempo libre entre jóvenes de 12 a 17 años, casi la mitad (47,7%) dedica su tiempo libre a mirar televisión. Mientras tanto, sólo un 7,5% dedica su tiempo libre a la lectura o a la escritura[5].

Se ha hablado de que nuestro sistema educativo no propicia el amor a la lectura y quizás sea importante recordarlo. De hecho, si quienes instruyen no leen, en poco o nada pueden promover la lectura entre los alumnos. Pero además, el alto costo de los libros aminora ese “amor” en muchos de los casos. Finalmente, las limitaciones en lo referente a la presencia de bibliotecas en los barrios hacen aun mayor dicho problema.

De todos modos, las anteriores pueden no ser si no excusas personales para no dedicar nuestro tiempo a la lectura. Si bien la falta de preocupación por la lectura es un mal nacional, esto no implica que con ello podamos calmar nuestras conciencias. El hábito de leer buena literatura es algo que poco a poco se puede ir ejercitando y que en definitiva terminará beneficiándonos particularmente.

Caso contrario y según los datos mencionados (según la revista Vistazo y según la encuesta del CONSEP) quienes nos están formando son los canales de televisión. En el primer caso, nuestro razonamiento se ve modelado en periodo de tiempo casi tres veces mayor por la televisión que por la lectura. Es más, de acuerdo a diversos estudios, la exposición continua a la televisión reduce la capacidad de interacción social, disminuye la agilidad mental así como la memoria y la atención[6].

Es mejor invertir esas diez horas semanales de televisión en la lectura pues entrega mejores beneficios a largo plazo.

A continuación tienen un video muy adecuado respecto al tema de la televisión. Verán algunas frases subidas de tono, pero en general, me ha parecido muy adecuado.


[3] Raymundo León: op. cit.

[4] Evidentemente, existen grupos sociales con mayor preocupación por la cultura y las ciencias, pero a nivel general, la pobreza en estos ámbitos es clara.

[5] SIISE 2010

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