Una meditación sobre el diezmo

Compartimos a continuación una reflexión del Pastor Pablo Jiménez de la Iglesia “Discípulos de Cristo”, acerca del diezmo.

Cuando llegué a la fe, aprendí muchos conceptos y disciplinas nuevas. El concepto “fe” era nuevo para mi, que no practicaba religión alguna. La “oración” y el “estudio bíblico” fueron disciplinas que aprendí temprano en mi vida cristiana. Otra disciplina peculiar que aprendí cuando comencé a visitar la Iglesia regularmente fue el diezmo. Mi pastor me enseñó que “diezmar” significa separar, dedicar, y presentar a Dios como una ofrenda el 10 por ciento de nuestro ingreso económico neto. Puesto que toda ofrenda es una expresión de adoración, el diezmo es también una forma de honrar y de adorar a Dios. Claro está, el diezmo es entregado a la congregación a la cual uno pertenece, y debe ser usado solamente para propósitos religiosos, tales como el avance de la misión cristiana y el sostén de los programas de la congregación. “Diezmar” es sólo una de las muchas maneras de ofrendar. Aprendí que uno puede dar cualquier cantidad de dinero como ofrenda; que uno puede comprometerse a dar una cantidad de dinero dentro de un período de tiempo dado; y que uno hasta puede donar a la congregación artículos para el uso o la venta. A pesar de mi ingreso limitado, decidí practicar la disciplina del diezmo. Mi decisión se fortaleció cuando encontré que la práctica del diezmo tiene raíces bíblicas. Pronto encontré una referencia al diezmo en Génesis 14:17-20, la historia donde Abraham presenta diezmos a un sacerdote llamado Melquisedec. Esta fue sólo una de las muchas referencias al diezmo en las Escrituras. Me fascinó el hecho de que el diezmo era un complejo sistema por medio del cual las distintas tribus de Israel sostenían al sacerdocio (Lv. 27.30; Dt. 14:22-23), ¡quien a su vez diezmaba del diezmo (Nm. 18:21-28)! En el Nuevo Testamento, hay muchas referencias a la ofrenda, pero pocas al diezmo. Jesús nunca criticó la práctica de diezmar, aunque sí criticó a los líderes religiosos y cívicos que daban diezmos en público, aunque practicaban la injusticia en privado (Mt. 23.23; Lc. 11.42). Jesús también criticó a los que daban como ofrenda el dinero que debía ser usado para sostener a sus padres (Mr. 7.9-13). Diezmar es una práctica muy importante en las congregaciones hispanas y bilingües. Para muchos Hispanos, diezmar es una señal de madurez en la fe. Algunas congregaciones hasta designan el “diezmo del diezmo” para el Fondo Básico Misionero, Reconciliación, la Semana de la Compasión, y otras expresiones regionales o generales de nuestra Iglesia. Vamos, pues, a “traer los diezmos al alfolí” (Mal. 3:10) como nos enseña la Palabra de Dios.

Tomado de http://www.drpablojimenez.com/ser_diezmo.htm

 

Los principios de la Prosperidad

El texto bíblico plantea ciertos principios importantes para poder desarrollar nuestras finanzas. El texto bíblico no se opone a la prosperidad, sin embargo, muchos han usado de mala manera el texto bíblico con el propósito de enriquecerse a costa de la fe de los creyentes. No obstante, la oposición que se ha hecho de los temas relacionados con la prosperidad han hecho que muchos vayan al extremo opuesto: suponer que la pobreza es una virtud bíblica. Adrian Rogers, un pastor muy conocido por su predicación centrada en la Biblia nos da algunas ideas para la administración de nuestras finanzas.

¿Es pecado ahorrar? ¿Es falta de confianza en Dios? ¿La prosperidad depende solamente de nuestros diezmos? ¿Qué dice la Biblia respecto del trabajo? Fondos de inversión, fondos mutuales, ¿debe un creyente saber acerca de estos temas?

A preguntas como estás da respuesta el Pastor Rogers en esta reflexión.

¿CÓMO ADMINISTRAR NUESTRO DINERO?

Preguntado el predicador inglés Juan Wesley acerca del correcto uso del dinero escribió y predicó el sermón que presentamos a continuación. En tres secciones, Wesley enfatiza que el interés por ganar dinero no es malo. De igual manera, nos recuerda la importancia del ahorro. Sin embargo su mayor énfasis recae sobre nuestra responsabilidad con los que no tienen y con el Señor. En síntesis: Gana todo lo que puedas, ahorra todo lo que puedas y da todo lo que puedas…

Y yo os digo: Haceos amigos de las riquezas de maldad, para que cuando faltareis, os reciban en las moradas eternas (Lucas 16:9).

1.          Habiendo concluido nuestro Señor la hermosa parábola del hijo pródigo, que dirigió especialmente a los que estaban murmurando porque recibía a los publicanos y a los pecadores, pasa a hablar de otro asunto que atañe con particularidad a los hijos de Dios. Y “también a sus discípulos,” no tanto a los escribas y fariseos a quienes había estado hablando. “Había un hombre rico, el cual tenía un mayordomo, y éste fue acusado delante de él como disipador de sus bienes. Y le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo de ti Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo” (vrs. 1-2).

Después de relatar el método que el mayordomo usó de proveerse para el día de la necesidad, añade nuestro Salvador: “Y alabó el señor al mayordomo malo,” es decir, por su discreción tan oportuna, y añade esta sabia reflexión: “Los hijos de este siglo son en su generación más sagaces que los hijos de luz” (v. 8). Los que no buscan otra cosa sino los bienes temporales, son “más sagaces,” no en la acepción completa de la palabra, puesto que todos y cada uno de ellos son los locos más acabados que hay en la tierra, sino “en su generación,” en su modo de ser-son más consecuentes consigo mismos; están más firmes en los principios que afirman; tratan de conseguir su fin con mayor ahínco “que los hijos de luz,” que aquellos que ven “el conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.”

Luego siguen las palabras del texto: “Y yo”-el Hijo unigénito de Dios, el Creador, Señor y Dueño de los cielos y de la tierra y de todas las cosas que hay en ellos, el Juez de todos los que habéis de dar cuenta de vuestra mayordomía, cuando ya no podréis ser mayordomos-“yo os digo,” aprended en este respecto del mayordomo, “haceos amigos de las riquezas de maldad,” sed sagaces, tomad a tiempo vuestras precauciones. “Las riquezas de maldad” significan tesoros, dinero. Se llaman “de maldad” por la frecuencia de los medios ilícitos para obtenerlas, y del mal uso que se hace aun del dinero bien ganado. “Haceos amigos” de estas riquezas, haciendo todo el bien posible, especialmente a los hijos de Dios, “para que cuando faltareis,” cuando volváis al polvo, cuando ya no veáis más la luz del sol, aquellos que se han ido antes de vosotros “os reciban,” os den la bienvenida, “en las moradas eternas.”

2.          Inculca nuestro Señor en estas palabras una excelente enseñanza del cristianismo, a saber: el buen uso del dinero. Este es un asunto muy debatido por los hombres del mundo, según su modo de pensar, pero no por aquellos a quienes Dios ha llamado de entre el mundo. Por lo general, estos no estudian la manera de usar bien el dinero como lo requiere la importancia del asunto, ni saben emplearlo de modo que produzca mayor provecho. La introducción de este conocimiento en el mundo es una muestra admirable de la providencia sabia y misericordiosa de Dios. Los poetas, oradores y filósofos de todas las naciones, han acostumbrado perorar en contra del dinero, llamándole el gran corruptor del mundo, la ruina de la virtud, la peste de la sociedad humana. Con frecuencia se oyen aquellas palabras:

Ferrum, ferroque nocentius aurum:

“El oro hace más daño que el acero más afilado.”

Y aquella queja lamentable:

Effodiuntur opes, irritamenta malorum:

“Se ha encontrado el oro, fuente de todo mal.”

Un famoso escritor exhorta con toda seriedad a sus paisanos a que arrojen todo su dinero al mar, si quieren desterrar el vicio para siempre:

In mare proximum,

Surnmi materiem mali.

Empero, ¿no es éste el lenguaje de energúmenos ¿Tienen acaso la menor razón en lo que dicen De ninguna manera, porque por muy corrompido que esté el mundo, no podemos decir que el oro o la plata tengan la culpa. “El amor del dinero es la raíz de todos los males”-no el dinero. El dinero no tiene la culpa, sino los que no lo usan bien. Se puede usar mal, lo mismo que cualquiera otra cosa. El dinero se puede usar con los mejores fines, y también con los peores que puedan darse. Es de gran utilidad a todas las naciones civilizadas en los pormenores de la vida diaria. Es el instrumento más simple para la transacción de toda clase de negocios y, si lo usamos según la sabiduría cristiana, para hacer toda clase de bien.

Es muy cierto que si el hombre estuviese en el estado de inocencia, si todos los hombres estuvieran llenos del Espíritu Santo, de forma que, semejantes a los miembros de la iglesia naciente de Jerusalén, ninguno dijera ser suyo nada de lo que poseyera sino que todo fuese “repartido a cada uno según que hubiere menester,” dejaríamos de necesitar del dinero, puesto que no podemos concebir la necesidad de usarlo entre los ángeles. En el estado actual del género humano, es un don excelente de Dios que sirve a los fines más nobles. Conviértese en manos de sus hijos, en pan para el hambriento, bebida para el sediento, vestido para el desnudo, posada para el forastero y el peregrino. Con él podemos, hasta cierto punto, suplir la falta que hace el esposo a la viuda; el padre a los huérfanos. Podemos defender a los oprimidos, aliviar a los enfermos, socorrer a los afligidos. Puede ser como vista a los ciegos y pies a los cojos, y como la mano que levanta al que yace a la orilla del sepulcro.

3.          Es de la mayor importancia, por consiguiente, que todos los que temen a Dios sepan emplear este talento; que se les instruya en la manera de llenar estos fines gloriosos, y esto en grado supremo. Pueden reducirse a tres regias claras todas las instrucciones sobre el asunto. Al observarlas al pie de la letra nos convertiremos en mayordomos fieles “de las riquezas de maldad.”

I.          1. La primera regla es: “gana todo lo que puedas.” El que tenga oídos para oír, oiga. Hablamos como hablan los hijos del mundo, estamos en su terreno, como quien dice. Es nuestro deber sagrado ganar todo lo que podamos, sin que esto quiera decir que hemos de comprar oro demasiado caro, pagando más de lo que vale. No debemos ganar dinero a costa de nuestra vida, o lo que es lo mismo, a costa de la salud.

Por consiguiente, por mucho que sea lo que se nos ofrezca, no debemos aceptar ningún empleo ni continuar en destino alguno que lastime nuestra constitución por lo fuerte o las muchas horas de trabajo. Ni debemos seguir en ninguna empresa o negocio que no nos permita tomar nuestros alimentos a sus horas, o dormir lo suficiente. Hay una gran diferencia de empleos: algunos son entera y completamente perjudiciales a la salud, como, por ejemplo, los que obligan a uno a usar mucho arsénico o cualquier otro mineral nocivo, o a respirar el aire cargado de vapor que contiene partículas de plomo derretido, que tarde o temprano tienen que destruir las constituciones más fuertes. Otros sólo lastiman a las personas de una constitución débil, como, por ejemplo, en los que se tiene que escribir muchas horas seguidas, especialmente si el escribiente se encorva mucho o se sienta en una postura incómoda. Sea lo que fuere, si la razón y la experiencia nos dicen que ese empleo destruye la salud o siquiera debilita las fuerzas, no debemos someternos a él. La vida es más que la comida, y el cuerpo es más que el vestido, y si ya estamos en uno de esos empleos, debemos separarnos luego y buscar otro en el que, si bien ganemos menos, no perjudiquemos nuestra salud.

2.          En segundo lugar, debemos ganar lo más que podamos sin lastimar nuestras mentes. Ante todo, tenemos la obligación de conservar el espíritu de una mente sana. Por consiguiente, no debemos emprender un comercio que nos haga pecar, ni permanecer si ya estamos en él. No debemos hacer nada que sea contrario a las leyes de Dios y de la patria.

Hay negocios que defraudan y roban al rey de los derechos legales de aduana. Tan pecaminoso es defraudar al rey como robar a cualquier otro prójimo. El rey tiene tanto derecho a las contribuciones como nosotros a nuestras casas y a nuestros bienes. Hay otros negocios que, si bien son inocentes en sí mismos, no se pueden hacer limpiamente en nuestros días, al menos en Inglaterra. Tales son, por ejemplo, aquellos que no producen lo suficiente para la subsistencia a no ser que uno haga trampas y diga mentiras, o que siga alguna costumbre inconsecuente con una buena conciencia. No se deben buscar estos empleos, por buenas que sean las ganancias, si tenemos que seguir las trácalas del ramo-no debemos perder nuestras almas por ganar dinero.

Hay negocios que muchos hombres pueden hacer sin lastimar sus cuerpos ni sus mentes, y que tal vez tú no puedas hacer. Puede ser que te rodeen de personas cuya amistad arruine tu alma; a pesar de haber hecho la prueba varias veces, no se puede hacer ese negocio sin tratar con ciertos individuos. O quizá haya en ti alguna idiosincrasia, alguna índole del temperamento o carácter de tu alma, como las que hay en la constitución física de muchos, por razón de la cual ese negocio que otra persona puede hacer sin correr el menor peligro, sea mortífero para ti. Después de haber hecho la prueba infinidad de veces, estoy convencido de que no puedo estudiar con alguna profundidad las matemáticas sin correr el peligro de volverme un deísta, si no es que ateo. Y sin embargo, hay otros que pueden estudiarlas sin el menor riesgo. Nadie puede decidir lo que le conviene o no le conviene a otro individuo. Cada hombre debe juzgar por sí mismo, y abstenerse de lo que sea nocivo a su alma en particular.

3.          En tercer lugar, debemos ganar lo más que podamos sin perjudicar a nuestro prójimo. Naturalmente que si amamos a nuestros prójimos como a nosotros mismos, no les haremos ningún mal; no podremos robarles el fruto de sus tierras, ni sus casas ni terrenos en el juego, ni con cuentas exorbitantes, ya sea por servicios como médico, abogado o cualquier otro, tomando o exigiendo réditos prohibidos por la ley del país. Los empeños de prendas, por ejemplo, no deberían existir, puesto que si hacen algún bien, es mucho mayor el mal que causan. No podemos ser consecuentes con el amor fraternal y al mismo tiempo vender nuestros efectos a un precio más bajo que el del mercado. No es justo arruinar el comercio de nuestro prójimo por tal de mejorar el nuestro. Mucho menos debemos sonsacar a los empleados o sirvientes que necesita. Nada se puede ganar con robar el sustento del prójimo, fuera de la condenación eterna.

4.          No es justo ganar perjudicando la salud del prójimo. No debemos venderle nada que le haga daño-ese líquido lleno de fuego, por ejemplo, que se llama bebida o licor espirituoso. Es muy cierto que algunas veces hay que tomarlo como medicina; que sirve para curar ciertos males del cuerpo, si bien esto sucede rara vez y quizás debido a la impericia de ciertos curanderos. Por consiguiente, tranquilicen su conciencia los que preparan y venden licores con este fin. Empero, ¿dónde están ¿Quiénes son los que preparan licores sólo para remedio ¿Conocéis siquiera a diez en toda Inglaterra Si los conocéis, decidles que son excepciones a la regla. Todos los demás, todos los que venden licores a cualquiera persona que quiera comprar, son envenenadores; están matando, sin piedad ni remordimiento, a multitudes de los súbditos de su majestad; los están arreando al infierno como a otras tantas ovejas. Y ¿qué ganan La sangre de estas víctimas. ¿Quién envidiará sus grandes posesiones y suntuosos palacios La maldición de Dios mora en medio de ellos. La maldición de Dios está en las piedras de sus paredes, en las vigas de sus techos, en sus muebles, en sus jardines, en sus veredas, en sus bosques. Esa maldición es un fuego que quema desde lo más profundo del infierno. ¡Sangre, sangre! Los cimientos, los pisos, las paredes, el techo, están manchados de sangre. ¿Y crees, oh hombre sanguinario que estás vestido de “púrpura y lino fino,” y que haces “banquete cada día,” que dejarás en herencia a la tercera generación estos campos de sangre Ciertamente que no, porque hay un Dios en los cielos. Por consiguiente, tu nombre será desarraigado y, semejante a los que has destruido en cuerpo y alma “tu memoria perecerá contigo.”

5.          ¿No son igualmente culpables, si bien en menor grado, los cirujanos, boticarios y médicos que juegan con la salud y la vida de los hombres a fin de aumentar sus ganancias; quienes a propósito alargan la enfermedad que pudieran cortar luego, a fin de robarle su dinero, cobrándole más de lo que deberían ¿Tendrá Dios por inocente a un hombre que no acorta cualquier desorden lo más pronto y cura la enfermedad luego que puede No lo tendrá Dios por inocente, puesto que nada es tan claro como que ese hombre no “ama a su prójimo como a sí mismo;” que no hace a los otros como quisiera que los otros hicieran con él.

6.          Caro cuesta esta ganancia, lo mismo que todo aquello que se obtiene haciendo mal a las almas de los prójimos; sirviendo bien directa o indirectamente a su lujuria o a su intemperancia-lo que ciertamente ninguno que tenga el amor de Dios, o que sienta verdaderos deseos de agradarle, puede hacer. Esto atañe muy especialmente a los que tienen tabernas, fondas, teatros, casas de juego o lugares públicos de diversión. Si en vuestras casas aprovechan las almas de los hombres, limpios estáis; vuestro negocio es bueno, e inocente vuestra ganancia; mas si son pecaminosos en sí mismos o conducen a pecados de varias clases, mucho me temo entonces que tengáis que dar una cuenta terrible. Mirad, no sea que Dios diga en aquel día: Estos han muerto “por su maldad, mas su sangre demandaré de tu mano.”

7.          Es deber de todos los que estén interesados en negocios temporales, seguir esta primera gran regla de la sabiduría cristiana: “Gana todo lo que puedas”-con tal que no se olviden de estas advertencias y observaciones. Ganad lo más que podáis por medio de vuestra industria honrada. Sed diligentes en vuestras vocaciones. No perdáis el tiempo. Si comprendéis vuestros deberes para con Dios y para con los hombres, sabéis que no hay tiempo que desperdiciar; si sabéis desempeñar vuestro trabajo como debéis, no tendréis lugar de estar ociosos. Todas las vocaciones de la vida dan suficiente trabajo para estar uno ocupado todos los días y a todas horas. Donde quiera que os encontréis, si cumplís con vuestro deber no tendréis tiempo que desperdiciar en diversiones tontas o sin provecho. Siempre tendréis algo mejor que hacer; alguna cosa que os aprovechará poco más o menos, y “todo lo que te viniere a la mano por hacer, hazlo según tus fuerzas.” Hazlo luego que puedas sin demora alguna; no lo dejes para el día de mañana, ni para otra hora. Nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy mismo. Y hazlo lo mejor que puedas. No te duermas ni estés bostezando al trabajar. Pon tus cinco sentidos en lo que haces. No ahorres las molestias, ni hagas nada a medias o con indiferencia. No dejes nada por hacer en tus negocios, si se puede conseguir con trabajo y paciencia.

8.          Gana todo lo que puedas usando en tus negocios tu sentido común y toda la inteligencia que Dios te ha dado. Causa verdadera sorpresa ver cuán pocos son los que hacen esto-cómo siguen los hombres en la rutina de sus antepasados. Empero sea cual fuere la conducta de los hombres que no conocen a Dios, no es regla que debéis seguir. Es una vergüenza que los cristianos no adelanten en la manera de desempeñar el trabajo. Debes procurar aprender de la experiencia de otros o de la tuya propia, en los libros que lees y en tus meditaciones, a hacer las cosas hoy día mejor de lo que las hiciste ayer. Mira que practiques lo que hayas aprendido, que hagas las cosas lo mejor que puedas.

II.         1. Habiendo ganado lo más que puedas por medio de tu honradez, juicio e incansable diligencia, sigue la segunda regla: “Guarda todo lo que puedas.” No eches al mar el metal más valioso; deja que los filósofos paganos cometan esa tontera. No lo tires en gastos inútiles, que es lo mismo que si lo arrojases al mar. No gastes nada solamente por satisfacer los apetitos de la carne, los deseos de la vista o la soberbia de la vida.

2.          No desperdicies nada de tu dinero sólo por satisfacer los deseos materiales, en procurarte los placeres de los sentidos, cualesquiera que sean, especialmente el sentido del gusto. No quiero decir que cortes sólo la glotonería y la borrachera-un pagano honrado condenaría estos vicios-sino esa sensualidad bien querida en la sociedad, ese epicureismo elegante que no causa ningún desarreglo del estómago, al menos no inmediatamente, ni debilita la inteligencia, pero que no puede sostenerse sin hacer gastos muy considerables. Reduce estos gastos. Desdeña los platillos delicados y variados, y conténtate con el alimento sencillo que pide la naturaleza.

3.          No desperdicies nada de tus haberes en satisfacer los deseos de los ojos, en vestidos superfluos y costosos, en adornos que no necesitas. No desperdicies nada en comprar curiosidades; en muebles caros y superfluos; en cuadros costosos, en pinturas, en adornos dorados, en libros, en jardines más bien de gusto que de utilidad. Deja que lo hagan tus vecinos que no tienen la luz que tú tienes. “Deja que los muertos entierren a sus muertos.” Pero “¿qué se te da a ti” dice el Señor, “Sígueme tú.” ¿Estás listo Entonces podrás seguirle.

4.          No gastes nada en satisfacer la soberbia de la vida, la admiración o alabanza de los hombres. Este es el motivo que los impulsa muy a menudo a desperdiciar su dinero de los modos descritos en los dos párrafos anteriores. Gastan demasiado en su mesa, en su vestido, o en amueblar su casa, no sólo por satisfacer el apetito, la vista o la imaginación, sino también su vanidad. Mientras te des buen trato, los hombres hablarán bien de ti. Mientras te vistas de púrpura y lino fino, y hagas banquete cada día, indudablemente que aplaudirán tu elegancia, buen gusto, generosidad y hospitalidad. No compres aplausos tan caros, conténtate más bien con la honra que viene de Dios.

5.          ¿Quién querrá gastar en satisfacer estos deseos si reflexiona que al hacerlo, los aguza Y sin embargo, no hay nada más evidente que esto. La experiencia diaria nos enseña que mientras más los satisfacemos, más aumentan. Por consiguiente, siempre que gastas en satisfacer tu gusto o cualquier otro sentido, compras más sensualidad. Al gastar en satisfacer la vista, compras curiosidad-un apego mayor a esas cosas que perecen en el uso. Al gastar en cualquiera cosa que las gentes acostumbran aplaudir, compras más vanidad. ¿Qué ¿No tienes bastante curiosidad, sensualidad y vanidad ¿Necesitas todavía más ¿Y quieres comprarla ¿Qué clase de sabiduría es esta ¿No sería menos malo y perjudicial que materialmente tomases tu dinero y lo echases en la mar

6.          ¿Y qué razón hay para que desperdicies el dinero en alimentos delicados, vestidos elegantes y costosos, en cosas superficiales para tus hijos ¿Será justo que les compres más soberbia, lujuria, vanidad, deseos torpes y nocivos No necesitan más, ya tienen de sobra. La naturaleza les ha dado bastante. ¿Qué necesidad hay de que gastes más en aumentar sus tentaciones, multiplicar los ardides y traspasar sus corazones con más dolores

7.          Empero no se los dejes para que lo tiren. Si tienes buenas razones para creer que desperdiciarían lo que ahora tienes, en satisfacer, y, por consiguiente, en aumentar, los deseos de la carne, de la vista o la soberbia de la vida poniendo en peligro sus almas y la tuya, no les prepares esa red. No ofrezcas tus hijos a Belial ni a Moloc. Apiádate de ellos y quítales del camino todo lo que creas que ha de coadyuvar a multiplicar sus pecados, y a echarlos, por consiguiente, en la perdición eterna. ¡Qué torpeza tan grande la de aquellos padres que nunca creen bastante lo que dejan para sus hijos! ¿Qué ¿No les dejáis bastantes chispas de fuego que pueden destruirlos, bastante soberbia, lujuria, ambición, vanidad, quemazón eterna ¡Desgraciado! Temes lo que no deberías temer. Puedes estar seguro de que tanto tú como ellos, cuando estéis en el infierno, sentiréis “el gusano que no muere,” y “el fuego que nunca se apaga.”

8.          “¿Qué haría usted si estuviera en mi lugar, si tuviese una fortuna considerable que dejar” No sé si lo haría o no, pero sé muy bien lo que debería hacer, y de ello no me cabe la menor duda. Si uno de mis hijos, ya fuera el mayor o uno de los menores, supiese apreciar el dinero y hacer buen uso de él, creería yo de mi deber absoluto e indispensable dejarle la mayor parte de mi fortuna, y a los demás les daría yo para vivir como están acostumbrados. “Pero, ¿qué haría usted si ninguno de sus hijos supiera apreciar el dinero en su debido valor” Entonces sólo les daría yo lo necesario para vivir, por muy duro que parezca esto. Lo demás lo daría como creyese yo más conducente a la gloria de Dios.

III.        1. Que ninguno se figure que con ganar y guardar todo lo que pueda, lo ha hecho todo. De nada vale esto, si no se va más adelante, si no persigue otro fin. A la verdad que amontonar dinero no es ahorrar en la verdadera acepción de la palabra. Mejor sería arrojar el dinero al mar que enterrarlo; y depositarlo en un baúl o en el Banco de Inglaterra, es tanto como enterrarlo. Si efectivamente queréis haceros “amigos de las riquezas de maldad,” añadid a las dos reglas anteriores esta tercera: Después de ganar y guardar todo lo que puedas, “da todo lo que puedas.”

2.          A fin de apreciar debidamente la justicia de esta regla, reflexiona que cuando te creó el Señor de los cielos y de la tierra, te puso en el mundo no como un propietario, sino como mayordomo. Como tal, te encargó por un tiempo de varios bienes, mas la propiedad de dichos bienes es suya y nadie podrá jamás disputársela. Así como tú mismo no te perteneces, sino que eres de El, así todas las cosas que tienes son suyas. Tu alma y tu cuerpo no son tuyos, sino de Dios, y lo mismo se puede decir de tus propiedades. Te ha dicho de la manera más clara y en los términos más explícitos, el modo de usar esa propiedad para que sea un sacrificio santo y aceptable por medio de Jesucristo. Ha prometido premiar este servicio fácil y ligero con la gloria eterna.

3.          Pueden compendiarse en las sentencias siguientes las direcciones que el Señor nos da respecto del uso de nuestros bienes. Si quieres ser un mayordomo fiel y prudente de los bienes que el Señor te ha puesto en sus manos, pero que son suyos y que, por consiguiente, puede reclamarlos a cualquiera hora, provee primeramente a todas tus necesidades: qué comer, qué vestir, todo lo necesario para preservar el cuerpo bueno y sano. En segundo lugar, provee para tu mujer, tus hijos, tus criados y todos los que viven contigo. Si después de hacer esto sobra algo, haz bien a aquellos que son de la casa de la fe. Si todavía queda alguna cosa, haz bien a todos los hombres, según se presente la oportunidad. Al hacerlo así, das lo más que puedes, y, en cierto sentido, todo lo que tienes, puesto que todo lo que se usa de este modo verdaderamente se da a Dios. Das “a Dios lo que es de Dios,” no sólo al dar a los pobres, sino al proveer lo necesario para ti y para tu familia.

4.          Si alguna vez tienes dudas respecto de si haces bien o no en comprar tal o cual cosa para ti y para tu familia, hay una manera muy fácil de resolverlas. Pregúntate con toda calma y seriedad: (1) Al comprar esto, ¿obro como debería, no como propietario, sino como mayordomo de los bienes del Señor (2) ¿Hago esto por obedecer su palabra o ¿en qué parte de la Escritura me pide que lo haga (3) ¿Puedo ofrecer este gasto, esta acción, como un sacrificio a Dios por medio de Jesucristo (4) ¿Me asiste alguna razón para creer que esta acción me atraerá un premio en la resurrección de los justos Rara vez necesitarás más para resolver cualquiera duda que se presente sobre el particular, y al meditar sobre estos cuatro puntos, recibirás abundante luz en el camino por donde debes ir.

5.          Si después de esto quedase aun la menor duda, ora y medita sobre esos cuatro puntos. Prueba a ver si puedes en conciencia decir a Aquel que escudriña los corazones: “Señor, ves que voy a gastar este dinero en alimentos, ropa y muebles. Sabes que lo hago con sencillez, como mayordomo que soy de tus bienes, y que tomo una parte de ellos para llenar el fin que te propusiste al confiármelos. Sabes que lo hago en obediencia de tu santa Palabra, como tú lo mandas, y porque tú lo mandas. Recibe esto, te lo ruego, como un sacrificio aceptable por medio de Jesucristo, y dame la conciencia, el testimonio interior, de que en pago de esta obra recibiré una recompensa cuando des a cada uno conforme a sus obras.” Si tu conciencia y el testimonio del Espíritu Santo te dicen que esta oración es agradable a Dios, no dudes de que ese gasto está bien hecho y será provechoso; que jamás te avergonzarás de haber incurrido en él.

6.          Ya veis, pues, lo que quiere decir “haceos amigos de las riquezas de maldad,” y los medios de conseguir que “cuando faltareis os reciban en las moradas eternas.” Ya veis en qué consiste y hasta dónde llega la prudencia verdaderamente cristiana en lo que se refiere al uso de ese gran medio, el dinero. Ganad todo lo que podáis sin hacer mal a vuestros prójimos ni a vosotros mismos, en cuerpo o alma, usando toda diligencia y el entendimiento que os ha dado Dios. Ahorrad todo lo que podáis, evitando todo gasto que sólo tienda a satisfacer deseos torpes: los deseos de la carne o de la vista, y la soberbia de la vida. No desperdiciéis nada en vida o en muerte, en pecado o en torpeza, bien para vosotros o bien para vuestros hijos. Dad a Dios todo lo que podáis, o en otras palabras, todo lo que tenéis. No os privéis de lo necesario semejantes a un judío avaro más bien que a un cristiano. Dad a Dios no un diezmo, ni la tercera parte, ni la mitad, sino todo lo que es de Dios, ni más ni menos. Y dádselo gastando en vuestras personas, en vuestras familias, en los que son de la casa de la fe y en todo el mundo, de tal manera que rindáis cuentas como buenos mayordomos, cuando ya no podáis más ser mayordomos. Dad como mandan los Oráculos de Dios directa e indirectamente, de manera que lo que hagáis sea “sacrificio a Dios en olor suave,” para que todas vuestras acciones reciban su recompensa en aquel día cuando Dios ha de venir con todos sus santos.

7.          ¿Podremos acaso, hermanos, ser mayordomos prudentes y fieles si manejamos de otra manera los bienes del Señor Ciertamente que no, si hemos de guiamos por lo que nos dicen los Oráculos de Dios y nuestras conciencias. ¿Por qué demoramos, pues ¿Qué necesidad hay de consultar con carne y sangre, con los hombres del mundo Nuestro reino, nuestra prudencia, no son de este mundo. Nada tenemos que ver con las costumbres paganas. No seguimos a los hombres que no siguen a Cristo. Escuchadle ahora mismo, hoy día, mientras que es de día. Oíd y obedeced su voz. ¡En este momento y desde este instante haced su voluntad, cumplid su palabra en esta y en todas las cosas! Os ruego en el nombre del Señor Jesús, obrad como conviene a la dignidad de vuestro llamamiento. Ya no más pereza. Todo lo que tu mano encuentre por hacer, hazlo con todas tus fuerzas. Ya no desperdicies nada. Suprime todo gasto que exijan el lujo, el capricho o la vanidad. ¡Que se acabe la avaricia! Usa todo lo que Dios te haya dado en hacer bien, haz todo el bien que puedas, de toda clase y grado, a los que son de la casa de la fe, a todos los hombres. Esta es parte, y no pequeña, de la “sabiduría de los justos.” Dad todo lo que tengáis, daos a vosotros mismos como un sacrificio espiritual a Aquel que no se negó a dar por vosotros a su Hijo, su unigénito Hijo, “atesorando para sí buen fundamento para lo por venir,” echad mano a la vida eterna.

Orientaciones prácticas para interpretar el Apocalipsis

Luego de una vida dedicada al estudio del Apocalipsis, Juan Stam es uno de los más importantes pensadores cristianos en relación con el mensaje de este enigmático libro. En una entrevista realizada en Paraguay, expone de manera breve lo que para él son las claves que nos permiten interpretar el Apocalipsis de manera adecuada.

ENTREVISTA AL TEÓLOGO JUAN STAM La Fuente (Paraguay)

3:31 marzo 2008

“Quién entra al mundo del Apocalipsis tiene que estar preparado para muchas sorpresas”

Juan Stam (78), oriundo de Paterson, Nueva Jersey, es uno de los teólogos evangélicos «latinoamericanos» más pertinentes de la actualidad. Aunque es estadounidense de nacimiento, se nacionalizó costarricense como parte de un proceso de identificación con América Latina que lleva más de cincuenta años. Está casado con Doris y tienen 3 hijos y 5 nietos. Juan es Dr. en teología, por la Universidad de Basilea, Suiza. Es docente y escritor de libros, artículos y del Comentario Biblico Iberoamericano de Apocalipsis.

¿Cómo se inició su ministerio en Latinoamérica?

Luego de estudiar en Wheaton y Fuller estudiamos castellano, y aunque hacían falta profesores en el Seminario Bíblico de San José, nuestra misión muy sabiamente decidió enviarnos a realizar

un pastorado rural en el noroeste de Costa Rica, en el pueblo de Santa Cruz, esto ya hace más de 50 años. Esta experiencia fue extraordinariamente formativa para nosotros. En realidad, lo fue

mucho más que los años de estudio en el aula. Allí aprendimos los dichos, disfrutamos los chistes y escuchamos las historias de los campesinos, nos enamoramos de la gente y de todo lo latinoamericano, y con eso también más de Jesucristo y de su evangelio. Desde entonces siento que llevo adentro un pastor campesino, mucho más que sólo un profesor académico.

¿Qué métodos de estudio de la Biblia Ud. recomienda a los pastores Latinoamericanos?

Me gusta recomendar tres herramientas para el estudio bíblico, porque he visto a través de muchos años lo valiosas que son. La primera de mis herramientas para estudiar bien la Biblia es una lupa. La lupa nos servirá para examinar cada pasaje con el debido cuidado, o sea, “escudriñar las escrituras” como lo hacían los Bereanos. Eso nos ayudará a ver mucho mejor lo que realmente está en el texto que el Espíritu Santo inspiró y lo que no está, porque no aparece bajo la lupa. Y sin duda, habrá sorpresas. Una segunda herramienta indispensable para el bueno estudio bíblico es un borrador (de pizarra y lo más grande posible). Un problema mayor en el estudio bíblico es que no queremos que la Biblia cambie nuestras ideas y nuestra vida. Es demasiado incómodo, y nos pone nerviosos. Claro, esos cambios tienen que estar sujetos a la Palabra; la lupa tiene que ir antes del borrador.

Finalmente, la tercera herramienta es un par de audífonos, para sintonizar la voz de Dios. No estudiamos las escrituras sólo para ser expertos en conocimiento bíblico, sino para escuchar al Señor, ser discípulos fieles y obedecer su voluntad. No bastan la lupa y el borrador; necesitamos también audífonos espirituales.

¿Cómo debería ser estudiado el libro de Apocalipsis?

¡Quién entra al mundo del Apocalipsis tiene que estar preparado para muchas sorpresas! El Apocalipsis es un libro realmente único dentro del canon bíblico y aún en la literatura universal. En primer lugar los lectores modernos del Apocalipsis deben tratar de comprender el mensaje que el libro tenía para los creyentes del Asia Menor, en tiempos de Juan. Estudiar el trasfondo histórico, las claves hermenéuticas y el mensaje del Apocalipsis es un trabajo de toda una vida.

A pesar de la dificultad del paso de casi dos milenios desde que el libro salió a la luz, abundan los datos que ayudan a entender el mensaje central de todos los pasajes e incluso la inmensa mayoría de los detalles. A veces, sin embargo, es necesario simplemente confesar nuestra actual ignorancia ante ciertas frases del texto. Para otros detalles hay una o más interpretaciones posibles pero ninguna segura.

A menudo el trabajo de averiguar las diversas alternativas de interpretación, los pro y los contra de cada una, es arduo y lento. El Apocalipsis es para los valientes que se animan a buscar en el texto con la lupa; pero también es para humildes, para los que desean escuchar con suficiente respeto lo que realmente dice el texto inspirado.

Muchos creen entender este libro y tienen sensacionales explicaciones para casi todos sus detalles. Eso puede impresionarnos y hasta deslumbrarnos, pero surge un pequeño problema; cuando examinamos cuidadosamente el texto del Apocalipsis, muchas veces resulta difícil o imposible corroborar las interpretaciones espectaculares que pretenden dársele al libro. Algunas “profecías” (Hitler como el anticristo, Moscú como Magog, la Naciones Unidas como el caballo blanco) han resultado claramente equivocadas.

¿Cómo inició Ud. sus estudios del Apocalipsis?

El libro del Apocalipsis me ha inspirado durante más de medio siglo. Tanto personalmente como en los cursos del Seminario fui enfocando mi visión en este maravilloso libro. Una congregación rural de Costa Rica, me rogó a fines de la década del sesenta que les diera un mes de estudios del Apocalipsis. Fue el primero de muchos centenares de sermones y clases sobre este libro y sobre escatología, en la mayoría de los países de América Latina.

He aprendido lecciones valiosas de los hermanos, los estudiantes de seminario con los cuales estudiamos este libro, y de mi esposa Doris, compañera fiel en nuestro peregrinaje compartido. Fue una aventura muy desafiante la de preparar el Comentario Bíblico Iberoamericano, editado por ediciones Kairos.

¿Es posible entender hoy en día el Apocalipsis, Dr. Stam?

En contraste con el libro de Daniel, Apocalipsis es un libro abierto. El Cordero desató los sellos. Los creyentes que tienen sabiduría pueden entender el mensaje de esta profecía. Pero en este libro no debemos buscar sentidos futuros que el mismo Juan no hubiera entendido. Es bastante distinto de la impresión que muchos tienen hoy en día, y de la forma en que muchos suelen leerlo, como si el libro fuera un rompecabezas esotérico y como si la bendición prometida se dirigiera a los que fuesen capaces de resolver el crucigrama futurista, y poner en orden cronológico todos los eventos venideros para hacer un cuadro gráfico de todo el porvenir.

Lamentablemente la mayoría de los lectores modernos se acercan al Apocalipsis con muchos presupuestos equivocados que obstaculizan el entendimiento fiel de su mensaje. Muchas veces le hacemos al libro preguntas que el autor y los lectores no planteaban.

A menudo insistimos en ver cosas que no están en el texto y, por concentrarnos en esas cosas que creemos ver pero no están, no percibimos las enseñanzas que sí están escritas. El Apocalipsis fue escrito para ser entendido precisamente por los fieles comunes y corrientes de Asia Menor. No fue escrito para especialistas ni eruditos, quienes tendrían que explicárselo a la iglesia. Su sitio original no era el escritorio del experto sino la congregación en su lectura comunitaria. Muchos ven en el Apocalipsis solo catástrofes.

¿Cuál es el verdadero mensaje presentado por Juan?

Algo raro ha pasado con este libro. Fue escrito para quitarles el miedo a los cristianos de Asia Menor del siglo I, pero ahora tiene el efecto opuesto: llena de miedo a muchos lectores. Ellos, que vivían amenazados, lo recibían como esperanza; nosotros que vivimos tranquilos, lo recibimos a menudo como amenazante. Algunos hasta sufren pesadillas con las dantescas imágenes de Juan, y predicadores oportunistas las explotan para ejercitar un terrorismo apocalíptico. ¡Al contrario: el Apocalipsis es un mensaje de esperanza en Cristo que debe llenarnos de gozo!

Pero, ¿Tiene el Apocalipsis algo que decirnos referente al futuro?

Es cierto que el Apocalipsis anuncia muchas cosas venideras que se extienden hasta el mismo fin del mundo. Habla de algunas cosas futuras que Juan no parece concebir como de su propia época, como por ejemplo una confrontación final que se llama Armagedón, la venida del Hijo del hombre, el juicio final y la nueva creación. Negar todos estos elementos de escatología futura sería negar el claro mensaje bíblico del libro.

Pero también es cierto que esas enseñanzas futuras, por muy importantes que sean, no agotan el mensaje del Apocalipsis. De hecho, ni siquiera constituyen el mensaje central del libro. Si analizamos el Apocalipsis cuidadosamente, sin presupuestos que no surgen del texto mismo, descubriremos que la principal concentración del libro se enfoca sobre la situación inmediata en que las congregaciones del Asia Menor se hallan inmersas. En ningún momento deja atrás la realidad sociohistorica de su época.

Todo el libro de Apocalipsis es un mensaje directo para sus primeros lectores. Juan describe acontecimientos futuros, pero en términos comprensibles para los lectores de su época. Nunca les hace entender que está vaticinando cosas que ellos no podrían comprender, tales como aviones, bombas, cohetes, petróleo, explosiones atómicas, computadoras, códigos de barras o microchips.

Les habla claramente de temas y objetos que entienden, aun cuando describe realidades venideras.

Por lo tanto interpretar el Apocalipsis en términos de cosas que ni Juan ni sus lectores hubieran entendido, y que tampoco señalan las palabras del texto, es caer en un error grave.

Algunas recomendaciones para interpretar el Apocalipsis:

-Interpretar el Apocalipsis exegéticamente: Ser fiel al texto, y a lo que está escrito. No quitar, ni añadir.

-Interpretar el Apocalipsis históricamente: Conocer el contexto histórico de lo que ocurría en la época de Juan.

-Interpretar el Apocalipsis Cristocéntricamente: El tema central de todo el Apocalipsis es Cristo, el Señor. No las bestias ni el anticristo.

-Interpretar el Apocalipsis imaginativamente: Utilizar los ojos de la imaginación y todos los sentidos físicos para entender la riqueza de su simbología.

-Interpretar el Apocalipsis pastoralmente: El mensaje debe ser para orientar y fortalecer a la congregación, especialmente para infundir gozo, y esperanza en medio de crisis.

-Interpretar el Apocalipsis prácticamente: Para orientar la conducta ética de la vida de la iglesia. El mensaje tiene mucho que decir también a la comunidad a través de la voz profética de la iglesia sobre la justicia social y económica.

La Prudencia

 

Un ejemplo claro de una persona que no supo tener dominio propio y se dejó dominar por sus emociones es Alejandro magno. En la película que hace poco se realizó sobre la vida de este hombre, podemos ver cómo el mismo, consiguió construir el imperio más grande de su tiempo, constituyéndose casi en toda la tierra conocida en ese entonces por los mediterráneos.

Sin embargo, mientras en lo externo, las conquistas se sucedían una tras otra, en lo interno, Alejandro perdía las batallas contra sí mismo. Al final dejó un gran imperio y murió dominado por sus impulsos, sin poder disfrutar nunca de lo que había logrado.

Es que como dice la Biblia, más vale dominarse a sí mismo que dominar un imperio.

Los ejemplos como el de Alejandro se suceden vez tras vez, enseñándonos la importancia de saber dominar sobre nuestras emociones y nuestras pasiones antes de que las mismas nos dominen a nosotros.

En la Biblia se nos habla del dominio propio o de la capacidad de controlarnos a nosotros mismos. He seleccionado siete versículos para que analicemos este término. En el griego, la palabra para dominio tiene varias traducciones.

La primera es prudencia. El diccionario dice de esta palabra: Prudencia es una de las cuatro virtudes principales, que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o huir de ello.

La prudencia me indica si debo o no debo beber licor, la prudencia me indica si debo o no debo tener amistades que me instan a fumar, a beber o a usar un lenguaje soez. La prudencia me lleva a buscar de Dios, a leer su Palabra, a asistir a la iglesia, a prepararme para el futuro. En definitiva, la prudencia es tener la sensatez de distinguir que es bueno para mí a largo plazo y que es nocivo para mi vida, aunque a primera vista se vea seguro. Si nadie te ve, no hay problema, dirán algunos. Todo el mundo lo hace, dirán otros, lo importante es que te sientas bien dirán unos terceros. Sin embargo, puedes medir las consecuencias de una actividad determinada a partir de estos parámetros, la verdad es que no.

La segunda acepción es Templanza. En este caso el diccionario nos dice que la templanza es una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en moderar los apetitos y el uso excesivo de los sentidos, sujetándolos a la razón. Si el anterior se refería a saber distinguir entre lo bueno y lo malo, este más bien se refiere a cuestiones de cantidad. Es decir, saber en qué medida es adecuado realizar una actividad determinada. Todo lo que se hace sin moderación, se sale de la templanza. Sea la comida, los juegos, etc., si abusamos de ellos, estamos cayendo en falta de dominio propio, es decir, eso que usamos se ha vuelto nuestro amo y nos domina. Pablo decía, para dar un ejemplo, Airaos pero no pequéis, no se ponga el sol sobre vuestra cabeza. Es decir que aun la ira se debe saber controlar, antes de que la misma nos controle a nosotros.

Otro tema muy relacionado con la templanza es las relaciones sexuales.  Dios bendijo al ser humano con la sexualidad, sin embargo esta está destinada para el matrimonio. Dejarse llevar por las pasiones desenfrenadas, es nocivo para nosotros.

Finalmente esta el ya mencionado dominio propio. En el diccionario, se dice de dominio: Poder que alguien tiene de usar y disponer de lo suyo. Aquí es importante hacer notar la diferencia con lo que hoy se entiende por libertad. Libertad se dice que es la capacidad de hacer lo que yo quiero. No obstante, vemos jóvenes esclavos de alcohol que no saben divertirse si no están borrachos. Hombres y mujeres esclavos de un estereotipo de belleza que los manipula y los obliga a comer o a deja de comer según su antojo. Gente que es capaz de gastar miles de dólares en operaciones para verse como dice el modelo que deben verse. Esto no es libertad, sino esclavitud.

La verdadera libertad está en la capacidad de tener dominio sobre aquello que hago, sin que lo mismo me domine. En este sentido, el dominio propio me da libertad para decir no cuando me quieren imponer una cierta cadena al alcohol, al cigarrillo, y tantos tipos de autoeliminación que ha desarrollado la sociedad contemporánea.

Con esto que hemos venido diciendo se hace más que evidente la importancia que tiene el dominio propio para nuestras vidas. Jefferson Pérez, atleta ecuatoriano dijo lo siguiente en cierta ocasión cuando le preguntaron porqué marchaba: “Marcho porque cuando lo hago se que estoy vivo. Y veo las plantas, y escucho los pájaros, los ríos, siento el sol, el viento, el frío. Y al final cuando llego a la cima digo gracias Dios por permitirme conquistar al rival más fuerte que tú inventaste… ese rival soy yo, mis miedos, mis debilidades, mis angustias y mis alegrías”.

Sólo sabiendo dominarnos a nosotros mismos podremos llegar lejos y nadie podrá quitarnos el fruto de nuestro esfuerzo. Un cantante decía: Pelea esta guerra porque la calle esta llena de rendidos… Y continua en diciendo: La batalla está dentro de ti y eres tu propio enemigo es de valiente saber combatir, yo te lo digo… Las personas que han sabido salir adelante son aquellas que supieron dominarse a sí mismos, es decir que supieron vencer sobre el desánimo, sobre la pereza, sobre la ira, sobre el resentimiento, sobre el miedo de quedarse solos, de no ser comprendidos, sobre el miedo de la burla de los demás y sobre tantos otros enemigos que están dentro de nosotros.

Sobre Alex Aguinaga y Jéfferson Pérez, el primero futbolista y el segundo marchista, dice Santiago Roldós: Más importante que los campeonatos del Necaxa fueron los meses en que Aguinaga jugaba partido sí, partido no; más importante que la celebración en Helsinki son los días de reflexión que tuvo que tomarse (Jéfferson) cuando las cosas no salían como quería. Ambos son campeones también del pensamiento: en un país donde el ejercicio intelectual está vilipendiado, casi estigmatizado como algo inconveniente o digno de vagos, nuestros campeones más admirados han sustentado sus sucesos deportivos en una mente fuerte, dispuesta, ante todo, al cambio.

Así estos dos campeones del deporte ecuatoriano nos enseñan una gran lección y esta es que cualquier victoria empieza venciéndonos a nosotros mismos. Sin embargo, cómo hacer para vivir con Dominio propio. La respuesta la hallamos en la misma Palabra de Dios. En Hechos 24:25 dice: Al disertar Pablo sobre la justicia, el dominio propio y el juicio venidero, Félix tuvo miedo y le dijo: “¡Basta por ahora! Puedes retirarte. Cuando sea oportuno te mandaré llamar otra vez.” Y en 2 de Pedro 1:5-7 dice: Precisamente por eso, esfuércense por añadir a su fe, virtud; a su virtud, entendimiento; al entendimiento, dominio propio; al dominio propio, constancia; a la constancia, devoción a Dios; a la devoción a Dios, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.

Ambos textos nos señalan que el dominio propio viene luego de la palabra de Justicia, es decir el evangelio. Sólo en la medida en que nos nutramos debidamente de la Palabra de Dios y la pongamos en práctica, podremos empezar a fortalecernos en el dominio propio. La razón por la cual muchos cristianos no tienen dominio propio es porque no leen la Palabra de Dios y si la leen no la ponen en práctica en sus vidas.

Podemos vivir una vida de esclavitud, si así lo queremos, pero Dios nos llamó a la libertad y esta se conquista a través del domino propio.

Los cinco lenguajes del amor

La taza de divorcios a nivel mundial se halla en alrededor de uno por cada cuatro matrimonios. Hay lugares donde la taza de divorcios sube hasta ser uno de cada dos matrimonios. En el Ecuador el índice de divorcios se sitúa en el orden del 22%, mientras que en el 2000 era del 14%. El incremento en el porcentaje de divorcios que borde el 60% es para muchos un indicativo de la fragilidad de la institución del matrimonio.

Lejos de suponer esta crisis de la institución matrimonial,debemos considerar las bases sobre las cuales paulatinamente se van asentando los matrimonios contemporáneos. El amor romántico, bastión sobre el cual se quiere sostener una institución que se dice para toda la vida, evidencia ser el más endeble de los soportes, aunque sea el más usado.

El amor romántico es un tema muy explotado en las salas de cine para atraer a la gente. El final feliz al cual apuntan todas aquellas películas hacen suponer a quienes salen de mirar aquellas películas que la película de sus vidas, la lucha por el amor de su vida, finaliza cuano pasan la barrera del matrimonio. De aquí en adelante, todo es cuesta abajo.

Cuando empiezan a descubrir que el matrimonio se halla lleno de dificultades y que el amor romántico se esfuma en cuestión de un par de meses, la decepción embarga a la pareja.

¿Es posible tener un matrimonio para toda la vida? Esa es la inquietud que muchos jóvenes se hacen hoy en día. ¿Es posible que ese matrimonio se fundamente en el amor y no en la costumbre? es otra inquietud que acompaña a otros.

Los cierto es que es posible hacer perdurar una relación matrimonial más allá de los primeros 7 años (fecha donde se da la mayor cantidad de divorcios). Además, es posible hacer pervivir sobre la base del amor.

De todos modos, es necesario aclarar que hablamos del amor en tanto acción y no del amor en tanto sentimiento.

El segundo, el que fundamente muchos matrimonios, es pasajero y no soporta las adversidades. Va y viene sin más. El primero, es una decisión que tomamos y en base a la cual nos esforzamos por alimentar la relación, por consolidar el compromiso, por desarrollarnos como pareja.

Los griegos sabía perfectamente acerca de las diferencias que existen entre uno y otro amor. Sabían que el amor romántico era ardoroso pero poco constante. Por el contrario, sabían que el amor que nos vincula de por vida era sereno, paciente, constante y tenaz. Sabían que el amor romántico crecían como la hierba mala, abruptamente, sin que nadie lo siembre. Al igual que a la maleza, eran conscientes de que a aquel amor engañoso había que saberlo controlar. Saberlo reconocer e ignorar. Sabía que el amor verdadero no era el fruto de un encuentro casual sino que como un fuerte roble era el resultado del paciente trabajo de siembra, riego, abono y cosecha.

Hoy en día, es posible consolidar el matrimonio pero esto sólo es posible cuando dejamos de lado las fantasías hollywoodenses acerca del amor romántico y nos enfocamos, como pareja en fortalecer el amor real, el amor que significa autoentrega y crecimiento continuo de los dos.

El amor, decía Erich Fromm, no son dos personas que se miran a los ojos, son dos personas que miran juntos al horizonte…

Talleres para parejas
En nuestra congregación nos hallamos realizando talleres con el propósito de fortalecer las relaciones de pareja. Cada 15 días nos reunimos en la iglesia para estudiar “los cinco lenguajes del amor” y reflexionar juntos acerca de nuestras relaciones.

Horario: Este sábado a las 19h00

Lugar: Iglesia Alianza Cristiana y Misionera de Carcelén

 

Objetivos Espirituales del Milenio

Hemos escuchado hablar mucho de los objetivos del milenio que viene promocionando la ONU. Sabemos la importancia que los mismos tienen para nuestro planeta. El creyente no puede verse desvinculado de aquellos desafíos que ha lanzado esta organización mundial con el fin de lograr que nuestro planeta sea mejor para todos y no sólo para unos.

De todos modos, los creyentes tenemos ciertos desafíos y objetivos a los cuales somos convocados por Dios, incluso, estos objetivos nos mueven a ser aún más responsables con la situación de crisis que vive nuestro mundo en la actualidad. Estos objetivos que ha propuesto Dios para su iglesia tienen que ver con el crecimiento, pero no con el “engorde” de los hijos de Dios. El objetivo de nuestro crecimiento espiritual es, dice Efesios 4:12, para la obra del ministerio, es decir, Dios nos ha vinculado a una tarea para la cual con capacita. Analicemos estos objetivos que Dios propuso para su iglesia hace dos milenios. Los objetivos espirituales del milenio.

El objetivo de Dios para la iglesia es:

Perfeccionar a los santos para la obra del ministerio

Con el fin de lograr esto, Dios se propone:

Edificar al cuerpo de Cristo,

Esto sólo se puede hacer sí: A lo largo de su vida en Cristo los creyentes son capaces de:

·         Vivir en una armonía su fe

·         Conocer y anhelar conocer más cada vez acerca del Hijo de Dios

·         Asemejarse a Cristo en su manera de pensar y actuar, dentro de la  iglesia y fuera de ella.

De no participar del perfeccionamiento continúo de los creyentes, corremos los siguientes riesgos:

·         Ser como niños fluctuantes, es decir, vivir la fe de acuerdo a nuestras emociones

·         Cualquier falsa doctrina nos parecerá convincente

·         Cualquier persona que sabe hablar bien nos persuadirá de abandonar la fe.

Este día domingo 21 de agosto estaremos meditando sobre cada uno de estos objetivos. No te pierdas.