La confianza abre más puertas de las que te imaginas


Por lo cual, dejada la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.

Hoy en día se ha puesto de moda la compra y venta vía internet. Entre los muchos modelos que se ha desarrollado esta uno según el cual se puede anunciar un producto con su respectivo precio en la red, el mismo puede recibir contrapropuestas. Una vez establecido el monto se procede a presionar el link que lo lleva al comprador a una página donde podrá encontrar los datos del vendedor para que pueda comunicarse con el mismo y pueda efectivizar la compra.

En vista de la gran cantidad de compradores y vendedores que hay en este tipo de mercados, una de las preguntas que una puede formularse es si la persona que me va a vender determinado producto es confiable. Para ello uno puede revisar las evaluaciones y comentarios que anteriores compradores han dejado respecto del vendedor.

El mercado que pueda tener un vendedor depende en gran medida de la reputación que adquiera a partir de dichos comentarios.

Esto que hoy en día se pone de manifiesto por medio de estas evaluaciones y comentarios, es algo que siempre ha estado presente en las sociedades. La reputación juega en gran medida en favor o en contra de una persona.

Pero más aún, cualquier transacción que desee realizar buscará en primera instancia como contraparte una reputación específica.

Si pensamos en los siglos XVI al XVIII podemos hallar la importancia de esta reputación en frase como esta que era muy común: Que muera yo pero que viva mi honor. Se sabía que una persona cuya reputación se ha visto manchada tenía pocas posibilidades de seguir adelante en aquella sociedad. De igual manera, es interesante observar la solidez que tenía un contrato hecho de palabra. No era cuestionada esta última. Si alguien con honor daba su palabra, esta bastaba para hacer cualquier negociación.

La solidez y el fortalecimiento de muchas sociedades se ha basado en la confianza de la cual es digna su población. Cuando una sociedad mostraba que era incapaz de cumplir sus compromisos, que era amiga de las trampas y los engaños, paulatinamente era segregada del resto. Más aún, cuando una sociedad se halla constituida por trampas, mentiras y demás, lo más común es que ella misma empiece a fragmentarse desde dentro.

La sociedad se fundamente en la confianza, en la capacidad de dar fe del quehacer del otro. Cuando esta confianza básica falta, lo más común es que a la larga, aquella sociedad termine desintegrándose. La falsedad es una virus que va destruyendo nuestras relaciones desde adentro hasta dejarnos solos contra el mundo.

Cuando Pablo nos invita a dejar de lado la falsedad como pedido primario de la nueva vida en Cristo lo hace consciente de las consecuencias nefastas que pueden ocasionar las mentiras sobre las sociedades, las comunidades y los hogares. No hay relación que no corra peligro cuando nuestro hablar se vuelve dudoso. Todos cuantos nos rodean pueden llegar a desestimar nuestras palabras cuando estas necesitan de juramentos, papeles y otros ardides para ser avaladas. Aun los amigos más cercanos pueden considerar nuestras palabras más honestas como inciertas cuando han sido testigos de nuestras mentiras, de nuestros engaños y de nuestras falsedades.

La familia es la primera y más afectada de todas nuestras relaciones por causa de la mentira. Es el vínculo más íntimo en nuestra vida. Es la relación con quien más contacto tenemos y con quienes más lazos nos unen. Si en su interior nuestra confianza se ve disminuida paulatinamente a causa de nuestras mentiras, lo más seguro es que nuestro hogar sea cada vez un lugar menos tolerable para vivir. Si no somos capaces de generar confianza en nuestros seres más queridos, lo más seguro es que todos actuarán con suspicacia frente a nuestras palabras y alegatos. Frente a esto, muchos preferiremos estar en otro sitio donde no nos conozcan antes que en nuestra propia casa. El problema no son los demás. Es nuestra actitud inconsistente la que ha ocasionado dicho malestar generalizado.

Un hogar en el cual la confianza no ha podido gestarse adecuadamente corre el riesgo de destruirse. Muchos hemos aprendido desde pequeños a vivir detrás de una máscara, engañando a los demás con el propósito de guardarnos a nosotros mismos. El resultado obvio es que no somos capaces de creer a los demás. Dicen que cada ladrón juzga por su condición y hasta cierto punto esto es cierto. No hay personas más suspicaz, más desconfiada que aquella que ha actuado con falsedad toda su vida.

Pablo advierte los desastres emocionales y espirituales que puede ocasionar la falsedad, el obrar con engaños y por ello, sus advertencias a la nueva comunidad en Cristo empiezan directamente advirtiendo acerca de nuestra honestidad, nuestra veracidad, nuestra confiabilidad.

Sólo en la medida en que logremos construir una inquebrantable reputación de ser personas inamovibles en nuestros principios, lograremos verdaderas amistades, sólidas relaciones y aún gran confianza laboral.

El mentiroso, con su reputación pierde a su familia, a sus amistades, y aún sus posibilidades laborales.

Ser veraces es algo que se va construyendo día a día. No podemos ser veraces en el trabajo y falaces en el hogar. La persona que tal cosa intenta simplemente está poniéndose una máscara en el trabajo. Tarde o temprano dicha máscara caerá y mostrará la verdad que buscaba ocultar.

La cualidad de ser confiables es una forma de ser y no tan sólo una máscara que nos ponemos para determinadas actividades.

Pablo es consciente de la amenaza que es en sí misma la falsedad. Por ello usa una manera de hablar que nos hace pensar en un delincuente peligroso que hay que apresar, atar de pies y manos y echarlo muy lejos de nosotros. Cuando para el estado algún personaje público era muy peligroso y no se lo podía matar, optaban por el destierro. Se buscaba un lugar muy lejano del imperio donde pudiese permanecer incomunicado e incapaz de hacer nada en contra del imperio. Así, Pablo piensa que con la falsedad se debe hacer de igual manera. No basta con moderarla. No es suficiente con amenazarla. La misma presencia de todo vestigio de falsedad en nuestras vidas es una seria amenaza a todo nuestro ser. Por ello, es preferible desterrarla por completo de nuestras vidas.

Hablando con la verdad somos entes de transformación en nuestras sociedades. A esto nos llamo Dios. Hablemos siempre con la verdad. Seamos sinceros, transparentes, dignos de confianza.

3 comentarios en “La confianza abre más puertas de las que te imaginas

  1. Es algo que a muchos cristianos nos falta aprender. Hemos dejado de lado muchos malos hábitos pero no hemos hecho nada por cambiar la mentira. Con el cuento de la mentirita blanca dejamos que el pecado reine en nuestros corazones

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