El que robaba, no robe más…


Hay muchas y muy variadas formas de robar al prójimo, así como hay gran diverisdad de modos de robar a Dios. Pero quizás hemos meidtado poco sobre las formas en que nos robamos a nosotros mismos.

Una mala administración de nuestros recursos puede llevarnos a entregar nuestro dinero alegremente sin darnos cuenta. Es común escuchar a muchas personas decir que se niega a dar el diezmo a Dios porque es un robo desvergonzado, sin embargo, esas mismas personas cuando compran cosas a  crédito entregan mucho más del diez por ciento a las tarjetas. En el caso de Ecuador, una de las tarjetas de crédito más populares entre las clases media y baja y que se precia de haber sido hecha para hacer más fácil la vida de aquellos estratos, cobra un interés del 18% desde el segundo mes, aunque muchos creen que tienen “3 meses sin intereses”.

Esta misma tarjeta requiere un monto de alrededor de 35 dólares al año para poder ser renobada. Por cada compra en gasolineras cobra una comisión de cerca de 0,30 centavos y un 5% de los gastos que realizamos en ciertos locales asociados.

Muchas tarjetas juegas al monto mínimo, con lo que las personas son impulsadas a pagar mensualmente solo una cantidad pequeña mensualmente (10%) a la tarjeta, dejando el resto de la deuda para luego. Lo que no advierten es que aquello que queda da intereses al banco y que los intereses sobre los intereses van haciendo de la deuda una ciclo acumulativo que cada vez se vuelve más difícil de pagar.

En la Biblia encontramos serias restricciones al endeudamiento. De hecho, hasta la edad media, era mal visto el hombre que prestaba con intereses. Hoy en día, sin embargo, nuestra economía se sostiene sobre la base del préstamo y los intereses. Per además, y cada vez con mayor énfasis, sobre la base del consumo. No podemos salir a la calle sin sentirnos invadidos de publicidad que nos impulsa a comprar cosas que no necesitamos.

Dios insistentemente nos lleva a cuidar nuestras finanzas. Nos advierte que somos administradores o mayordomos de lo que recibimos de su gracia y que debemos saber utilizarlo sabiamente para el bienestar personal, de nuestra familia y de nuestro prójimo.

El hecho de que no podamos ayudar a otros, o que no seamos capaces de dar nuestros diezmos conforme a lo que dice las Escrituras porque no alcanza el dinero (es lo que muchas veces escucho), parte del hecho de que no somos buenos administradores de los dones que hemos recibido.

El primer paso para no robar a nuestro prójimo ni robar a Dios es no robarnos a nosotros mismos por medio de gastos innecesarios, pagos a crédito que comen nuestros recursos falta del hábito de la buena administración financiera.

Antes que una acción emotiva un domingo por la mañana en la cual me decido a dar un gran cantidad excepcional para la iglesia, lo que Dios requiere de nosotros es que administremos bien nuestros recursos y que destinemos una cantidad porcentual a Dios así como a nuestro prójimo.

Dios nos guíe siempre a ser buenos administradores de los dones que recibimos de él.

 

Este día domingo estaremos meditando un poco más detenidamente acerca del texto de Efesios. Tres tipos de robos: robarnos a nostros mismos, robar a nuestro prójimo y robar a Dios.

Los esperamos.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s