EL DESAFÍO DE CRECER

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.

Dice un experto en viñedos:

La vid es una planta domesticada que difícilmente se adaptaría a la vida salvaje. Son frecuentes los casos en que viñas sin cuidados enferman, se secan y mueren cuando parecería natural que sin poda ni cultivo la viña se convirtiera en una frondosa maraña de hojas y sarmientos. Por esta razón, una viña abandonada es una viña muerta a pesar de disponer de suelo y sol.

El trabajo empieza ya con la preparación del suelo. Se lo prepara arándolo para que se airee. La planta en invierno ha perdido todas sus flores y frutos. Se aprecia solamente el tronco árido. Se cortan los sarmientos que quedaron de la cosecha anterior. Se deja tan solo el tronco principal y unos cuantos sarmientos. Durante la primavera empiezan a brotar las primeras hojas y flores. Se procede a realizar entonces la espergura. Esto es, se eliminan casi todos los brotes que van surgiendo alrededor del tronco viejo y que solamente absorben alimento sin producir ninguno o casi ningún fruto. Esto se realiza con el fin de permitir que todo el alimento de la planta se dirija a aquellas ramas que en el futuro darán fruto.

En la casa de mis suegros pude ver este proceso hace varios meses. Un familiar de Australia que había trabajado en estas labores se dio al trabajo de espergurar la vid que tiene ellos. Luego de este trabajo, la planta quedó sin una sola hoja. Mis suegros se inquietaron pensando que habían matado a la planta.

Varias semanas más tarde empezaron a brotar nuevas hojas, tres y cuatro veces más grandes que las anteriores y lo que es más importante, los nuevos retoños llevaban fruto. Me causó admiración ver cómo ese trabajo que parecía de muerte resultó dar nueva vida a aquella planta.

De todos modos, el trabajo con la planta no termina allí. Un poco más tarde, cuando las hojas y los frutos se hallan un poco más grandes se realiza lo que se llama el desniete, es decir, se eliminan todas aquellas hojas que se hallan más cerca de los frutos para evitar que lo sofoquen impidiendo que la luz del sol y el aire llegue hasta ellos. Además se busca de esta manera que los nutrientes del suelo sean plenamente aprovechados por los frutos.

De igual manera se vigila el desarrollo de las ramas. En caso de que una rama que no produce mucho fruto o no produce ninguno en absoluto, se hallase obstaculizando el crecimiento de otra que sí está dándolo, se procede a cortarla. Todo este proceso lo realiza el labrador antes de que llegue el tiempo de la cosecha.

Es interesante acercarnos al texto bíblico de Juan 15:1ss con esto en mente. Jesucristo se considera a sí mismo como la vid, la cepa o el tronco del cual brotan los sarmientos que somos nosotros. Hay brotes que se apresuran a salir. Les agrada la idea de unirse a un grupo cristiano. Sin embargo, no llevan fruto alguno. Su vida no evidencia un cambio de vida. Es entonces que viene Dios como labrador y empieza a quitar aquellas hojas y sarmientos que parecían muy dinámicos pero que no evidencian ningún fruto. Luego, a medida que avanza el desarrollo de la iglesia, surgen nuevos sarmientos. Estos si llevan frutos. No obstante, es necesario limpiarlos. Impedir que su fruto muera asfixiado. Esto obliga al labrador a cortar ciertas hojas de los sarmientos. No siempre esto es fácil para nosotros. A veces, son cosas que nos gustan. Son personas que apreciábamos. Son proyectos que atesorábamos. El labrador ve que aquellos pueden impedir el buen desarrollo del fruto que estamos madurando y decide cortarlos de nosotros.

Aun puede suceder que algunos sarmientos se conformen con algunos pocos frutos y decidan, por vergüenza de su pobre desarrollo, impedir el mismo en los demás. El labrador entonces, debe cortar dichas ramas que no crecen ni desean dejar crecer a los demás.

Jesucristo nos dio este ejemplo de la vid pensando muy cuidadosamente en las relaciones. No es la única vez en que la iglesia es comparada con un organismo vivo. Pablo dice que es el cuerpo de Cristo y que debe crecer hasta llegar a la altura de la plenitud de Cristo. De igual manera en otra ocasión dice que la iglesia es un edificio, sin embargo, por ilógico que suene, Pablo vuelve a referir que dicho edificio debe crecer.

El crecimiento no es una opción de los creyentes: es su esencia. Así como cualquier organismo vivo se desarrolla, los creyentes debemos desarrollarnos y crecer. Cuando no lo hacemos estancamos el crecimiento de los demás y nos vemos enfrentados a la posibilidad -según Juan 15:1- se ser desechados.

De todos modos, nuestro crecimiento va íntimamente vinculado a nuestro cimiento que es Cristo. No podemos crecer ni dar fruto lejos de Él. Quien nos nutre y fortalece es Cristo por medio de su Espíritu. Esta idea vuelve a repetirse en Efesios 2:19-21 donde dice:

Por eso, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo. En él todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; (Efe 2:19-21)

Podemos pretender crecer alejados de Cristo, cuando buscamos ser alimentados por otra vid que no sea la vid verdadera. Esto sucede cuando nuestro cimiento deja de ser Cristo para volverse nuestra ambición, una pareja, un trabajo, etc. Cuando lo que define nuestras metas y proyectos para el futuro no es Dios ni la gratitud a él, ni la obediencia a su Palabra, sino otra razón mucho más egoísta estamos buscando otra cepa sobre la cual crecer. Es por ello que Pablo recalca que Cristo es la cepa en la cual hemos sido injertados para dar frutos.

Ahora, los sarmientos deben ser alimentados por la vid y ese alimento es, según el apóstol Pedro, la Palabra de Dios.

Desechad, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias y toda maledicencia, y desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación (1 Pedro 2:1-2)

La Biblia de las Américas traduce este texto así: desead como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra. Es la Palabra de Dios aquella leche espiritual que nos ayuda a crecer. Al venir a los pies de Cristo, somos como niños. Debemos aprender todo lo concerniente al modo de vida que agrada a Dios. Es por esto que debemos empezar a aprender cuál es ese modo de vida que le agrada. Pero si no nos alimentamos podemos morir espiritualmente.

Nuestro crecimiento debe ser en lo concerniente al conocimiento de Dios y de la obra que ha hecho por nosotros. Y ese crecimiento sólo puede darse cuando nos nutrimos adecuadamente.

Aprendí

Al primer año de nacido aprendí lo importante que es un juguete. sobre todo si sabe rico.                                                                                                                                          A los 2 años, aprendí que caerse duele.
A los 3 años, aprendí que duele más una palabra que un golpe.
A los 4 años aprendí lo interesante que puede ser un rompecabezas.
A los 5 años, aprendí que a los pececitos dorados no les gustaba la gelatina…
A los 6 años, aprendí que bañar a las tortugas con agua caliente las mata aunque huelan feo.
A los 7 años, aprendí lo confortante que se siente un abraso de papá o mamá cuando me daba miedo o simplemente cuando sentía que necesitaba sentirme amado.
A los 8 años, aprendí que no todo se puede arreglar con un berrinche.
A los 9 años, aprendí que mi profesora sólo me preguntaba cuando yo no sabía la respuesta.
A los 10 años, aprendí que era posible estar enamorado de cuatro chicas al mismo tiempo.
A los 12 años, aprendí que, si tenía problemas en la escuela, los tenía más grandes en casa
A los 13 años, aprendí que, cuando mi cuarto quedaba del modo que yo quería; mi madre me mandaba a ordenarlo
A los 15 años, aprendí que no debía descargar mis frustraciones en mi hermano, porque mi padre tenía frustraciones mayores… y la mano más pesada.
A los 16 años, aprendí que mi hermana no era mi mayor enemiga. y que podía ser mi mejor confidente.
A los 17 años, aprendí que emborracharte no siempre es el mejor sentimiento, (menos al otro día) y que no es la mejor forma de solucionar los problemas.
A los 18 años, aprendí que no valía la pena discutir con mi madre.
A los 19 años aprendí lo que duele dejar a alguien que amas.
A los 20 años, aprendí que los grandes problemas siempre empiezan pequeños.
A los 21 años, aprendí que un libro puede llegar a ser una buena compañía.
A los 22 años, aprendí que si encuentras a la mujer adecuada te puede enseñar a amar.
A los 23 años, aprendí lo que es extrañar a alguien y lo grato que es volverlo a encontrar.
A los 24 años, aprendí que con el tiempo las cosas se miran de una forma diferente.
A los 25 años, aprendí que aunque me quería comer el mundo aun me faltaba mucha experiencia.
A los 26 años, aprendí que no importa lo lejos que viajes cuando quieras huir de algo, tus problemas siempre te acompañaran a lo largo de toda la travesía.
A los 27 años, aprendí que él titulo obtenido no era la meta soñada.
A los 28 años, aprendí que se puede hacer, en un instante, algo que te va a hacer doler la cabeza la vida entera.


A los 30 años, aprendí que se necesita mucho amor, paciencia e inteligencia para vivir con alguien.
A los 31 años, aprendí lo que es ser padre y me empecé a dar cuenta de lo que eso significa.
A los 32 años, me di cuenta lo que me falto platicar y convivir con mi padre. Y lo mucho que me falto aprender de él.
A los 33 años, aprendí que a las mujeres les gusta recibir flores, especialmente sin ningún motivo.
A los 34 años, aprendí que no se cometen muchos errores con la boca cerrada.
A los 35 años, aprendí que puedes deprimirte como cuando tenias 17 años y eso no esta mal. solo significa que estas empezando a pensar en ti mismo.
A los 36 años, entendí que mi madre no va cambiar y sigue siendo inútil discutir con ella.
A los 37 años, comprendí lo lejos que estaba de saber quien era.
A los 38 años, aprendí que a veces la vida se repite y duele igual que la primera vez.
A los 39 años, aprendí que ser buen amigo no se trata solo de recibir.
A los 40 años, aprendí que, si estás llevando una vida sin fracasos, no estás corriendo los suficientes riesgos.

Luego, al pasar de los años aprendí.
Que puedes hacer a alguien disfrutar el día con solo con un pequeño detalle que casi siempre no cuesta nada.
Que niños y abuelos son aliados naturales.
Que ver una buena película puede darme una tarde agradable.
Que aprender a aceptarme como soy me puede ayudar a no sentirme tan solo.
Que es absolutamente imposible tomar vacaciones sin engordar cinco kilos.
Que no puedo cambiar lo que pasó pero puedo dejarlo atrás.
Que las cosas que te pasan y que te duelen siempre te dejan una enseñanza. y esta en ti aprender de ella.
Que nunca es tarde para decir lo siento y perdón.
Que puede doler pero sé que después me voy a sentir mejor.
Que nunca es tarde para decir la verdad (por mas dura que esta sea) y que tampoco es tarde para enfrentar a quien le hice daño si aquélla persona te quiere te sabrá entender y perdonar.
Que pedir ayuda puede dar mucha vergüenza y miedo, pero que a veces es necesario y hay que sacar fuerzas y valor para hacerlo.
Que la mayoría de las cosas por las cuales me he preocupado nunca suceden.
Que esperar a los hijos despierto cuando salen de noche no va a hacer que lleguen mas temprano.
Que si esperas a jubilarte para disfrutar de la vida, esperaste demasiado tiempo.
Que nunca se debe ir a la cama sin resolver una pelea.
Que me hubiera gustado tener la experiencia que tengo ahora cuando era mas joven, seguramente no habría dejado pasar muchas oportunidades.
Y que ahora entiendo que eso es imposible y que solo me queda aplicar mis experiencias y no perder la oportunidad de encontrar a un amigo.
Que si las cosas van mal, yo no tengo por qué ir con ellas.
Aprendí que envejecer es importante.
Aprendí que amé menos de lo que hubiera debido.
Y hoy me doy cuenta que todavía…
Tengo mucho para aprender. Que no importa la edad que tengas, aun estás a tiempo de cambiar las cosas y ser feliz

Tomado de: http://www.leonismoargentino.com.ar/RefAprendi2.htm

EXAMINANDO NUESTRO CRECIMIENTO

Hagamos un alto en el camino. Meditemos en lo que hemos hecho durante este año. Hagamos un examen que nos permita descubrir cuánto hemos avanzado en nuestro crecimiento espiritual.

Respondamos de manera personal a estas preguntas y meditemos en las respuestas que damos a cada pregunta.

¿Cuánto tiempo diario he dedicado a la oración durante este año? _____

¿Cuánto tiempo diario he dedicado a la lectura de la Palabra de Dios? _____

¿Cuántos libros de edificación espiritual he leído durante este año? _____

¿Cuánto tiempo he invertido en mi capacitación cristiana? _____

¿Qué cantidad de mis recursos he invertido en mi capacitación? (%) _____

¿Me he involucrado en algún ministerio para servir a Dios y a los demás? _____

¿A cuántas personas he compartido mi fe en Jesucristo? _____

¿Cuántas personas han sido impactadas por mi testimonio de fe sin palabras? _____

¿He usado mis recursos económicos para ayudar a los que no tienen? (Ef. 4:28) _____

¿He sabido dominar la ira? _____

¿He logrado controlar mi vocabulario? _____

¿He dejado de lado el chisme? _____

¿He sido fiel a Dios en la administración de mis recursos? _____

¿He aprendido a ser ejemplo a los miembros de mi familia? _____

¿He desviado mis ojos y mi corazón de todo lo que me desvíe hacia la lujuria? _____

¿Se administrar sabiamente y conforme a la voluntad de Dios el tiempo? _____

¿En comparación de inicios de este año, puedo decir que he crecido espiritualmente? _____

Este es mi compromiso con Dios para este nuevo año:

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Att. ________________

Depresiones navideñas y “verdaderos sentidos de la navidad”

Es uno de los males que ataca en estas últimas fechas del año. Las estadísticas dicen que el consumo de antidepresivos aumenta en un 3% en estas fechas. Así también las consultas psicológicas y psiquiátricas son mayores al acercarse la navidad.

Depresión, nostalgia y melancolía son los principales problemas tratados durante estas épocas por los especialistas.

Las razones varían desde el distanciamiento de uno o varios seres queridos a la angustia por no poder dar un regalo e incluso la frustración por ver cercano el fin de año sin haber logrado los objetivos propuestos el año anterior. Como decía Charles Dickens: “El recuerdo como la vela, brilla más en navidad.” Si los recuerdos dolorosos nos lastiman por su propio contenido, los recuerdos más hermosos nos hacen añorar los tiempos pasados llenándonos muchas veces de melancolía.

Los medios de comunicación agudizan este problema al bombardear a los televidentes con anuncios acerca de los regalos que podríamos -y deberíamos- regalar a nuestros seres queridos. La mayoría de las propagandas y películas que se presentan durante esta época del año enfatizan el vínculo familiar, el calor del hogar y el reencuentro con seres queridos. Para muchos, este tipo de anuncios son como volver a abrir la herida una y otra vez.

El ideal de navidad, el “verdadero sentido de la navidad” como se acostumbra llamarlo hoy en día, tiene que ver únicamente con el poder pasar con nuestra familia, poder darles un regalo, aunque no sea muy costoso. En una página leía que navidad es: “una palabra de aliento para un amigo, o estar en completa paz con tu familia, o hablar con esa persona que tanto amas” El problema es cuando por diversos motivos no podemos lograr esto. Y allí la tenemos: la depresión navideña.

A medida que nuestro mundo se vuelve más lejano a Dios y más “independiente”, es mayor la pérdida de sentido de una fecha como Navidad. Tal vez podamos afirmar en este caso las palabras de Efesios 2:12, es decir, donde no hay Dios, la esperanza va perdiéndose. La búsqueda por el “verdadero sentido de la navidad” cuando excluimos a Dios de nuestro panorama se asemeja al hombre que buscaba sus llaves debajo de un farol porque allí hay más luz aún cuando no es allí donde las ha perdido.

No importa los sentidos que haya tenido esta fecha antes del nacimiento del cristianismo, lo cierto es que desde que los primeros creyentes decidieron festejar el nacimiento de Cristo un 25 de diciembre, esta fecha quedo firmemente vinculada al regalo de Dios.

Si buscamos el sentido de la navidad en el pesebre de Belén veremos que la Navidad es mucho más que regalos, muchos más que pasar en familia, mucho más que un árbol o un “nacimiento” en la sala. Navidad es el recuerdo imborrable del más grandioso regalo que jamás hubiésemos podido recibir: Dios entregándose a sí mismo por amor a nosotros.

El recuerdo de Navidad debería ser el recuerdo de lo que ya hemos recibido: Emanuel, es decir, Dios está con nosotros.

Es posible que pasemos estas fechas con nuestros familiares como también es posible que no. Es posibles que consigamos el dinero necesario para unos cuantos regalos o tal vez no. Con todo, Navidad es mucho más que eso. Navidad es el recuerdo del regalo inmerecido que Dios le ha dado a la humanidad.

En la vida de Jesús hay un momento en el que se menciona la profunda soledad que debe pasar. Cuando se aproxima la cruz y todos lo abandonan. Dice el texto: Pronto, muy pronto, todos ustedes huirán, cada uno por su lado, y me dejarán solo…

Ese sentimiento de abandono y soledad que en ocasiones puede consumirnos, también se acerco a Jesús. Con todo, él también recuerda la promesa de nuestro Dios de estar con nosotros en el valle de sombra y de muerte y termina la frase diciendo: Pero no estaré solo, porque Dios mi Padre está conmigo.

Navidad es el recuerdo del Dios que camina con nosotros. Avanza cuando avanzamos y se detiene a nuestro lado cuando nos detenemos. En palabras de Taylor Caldwell:

No estoy sola en absoluto, pensé. Nunca he estado sola. Y ese, por supuesto, es el mensaje de la Navidad. Nunca estamos solos. No lo estamos cuando la noche es más oscura, el viento es más frío y el mundo asemeja más indiferente. Por esto sigue siendo el tiempo en que Dios decide”

Feliz Navidad.

No tengan miedo. Les traigo una buena noticia que los dejará muy contentos:

¡Su Salvador acaba de nacer en Belén! ¡Es el Mesías, el Señor!

De cómo la limpieza de ciertas vasijas puede producir un gozo eterno

Una parábola

Empecemos con una parábola. Un copero se hallaba al servicio del rey. Su labor era muy codiciada por muchos pues se hallaba cerca del rey y lo tenía todo. Cada día debía inspeccionar que la vasija de vino que había en el palacio estuviese muy bien resguardada. Que su contenido estuviese muy bien protegido y que el vino fuese de la mejor calidad.

Por hacer ello, tenía el privilegio de vivir en el palacio del rey y disfrutar de los grandes festines que se daba allí.

Cuando empezó a trabajar como copero fue muy meticuloso. No sólo que revisaba el vino y la vasija sino que además inspeccionaba y enviaba a asear la bodega donde se hallaban las vasijas de vino.

No obstante, conforme pasó el tiempo, el copero empezó a volverse más y más descuidado. Ya no enviaba a limpiar la bodega. La vasija era revisada sólo un par de minutos antes de las comidas y la copa, a veces quedaba sucia desde la comida anterior.

Con el paso del tiempo, el desaseo de la bodega llegó a ser tal, que tan solo al caminar se levantaba el polvo. Cuando se quitaba la tapa de la vasija, las manos se tornaban negras. De todos modos, el vino parecía bueno pues permanecía tapado.

Un día el copero se hallaba llevando la copa delante del rey y de pronto se dio cuenta de que una mancha grande de grasa se hallaba en el fondo de ella. El día anterior había hecho una pequeña fiesta con sus amigos y habían usado la copa del rey. En medio de aquella algarabía había colocado una porción grasosa de carne dentro de la copa entre las carcajadas de sus amigos.

Al notar el inconveniente se agachó como si tuviese un dolor muy fuerte en el estómago y, arrumado en el suelo, limpió lo mejor que pudo la copa con su ropa. El rey no lo notó. El copero dio un gran suspiro.

Un amigo que lo apreciaba mucho y que sabía de sus descuidos, le advirtió que si seguía así sería apartado del palacio y ya nunca volvería a disfrutar de la bendición del rey y de su presencia.

El copero no hizo caso de la advertencia y dejó que las cosas siguieran su rumbo.

Un día, la suciedad de la bodega atrajo a una rata que hizo su nido en aquel lugar. En otra ocasión, en medio de su habitual descuido, el copero olvidó tapar la vasija del vino. La rata curiosa se acercó para mirar dentro con tal mala suerte que resbaló al interior y murió ahogada en el vino. Al siguiente día, nuevamente, el copero sin cuidado alguno tomó la copa sin lavar, tomó un poco del vino de la jarra sin revisarla, la llevó al rey y puso la copa a lado de la comida del rey.

Este estuvo a punto de beber cuando observo algunas pelusas en la superficie de la copa. Reclamó entonces al copero su descuido y mandó a revisar la vasija hallándose con la sorpresa. Al siguiente día el copero fue decapitado como ejemplo para todo el pueblo para que sepan ser diligentes con sus labores.

Esta breve historia ha querido ser una parábola de lo que dice esta frase de Jesús. Nosotros somos aquel copero y nuestros corazones son aquella copa. Dios nos ha dado la responsabilidad de mantener limpia nuestra copa para su servicio, sin embargo en muchas ocasiones descuidamos esta responsabilidad y queremos servir a Dios con nuestros corazones aún sin limpiar.

¿Qué es el corazón?

Quizá sea necesario que tengamos más claro lo que era el corazón para los israelitas para que entendamos nuestra responsabilidad.

El corazón era según el pensamiento antiguo, como una vasija en la cual uno podía poner sentimientos, pensamientos o decisiones.

Ensuciando el corazón

El corazón podía llenarse con la palabra de Dios, pero también podía llenarse con homicidios, amarguras, mentiras o adulterios.

Lo que entra

En Mateo 5:28 vemos que en nuestro corazón puede albergarse el adulterio. De igual manera, en Mateo 6:21 vemos que la codicia arrastra al hombre como si fuera un títere y se halla también en el corazón. Estos dos son como aquella rata de la parábola que ha hecho un nido dentro de la vasija.

Aún, la pereza espiritual, cuando no limpiamos nuestro corazón constantemente, ingresa y nos domina. Esto lo hallamos en Lucas 12:45 donde el mayordomo deja que sea vertida en su corazón la idea de acomodarse pues lo más seguro era que el amo se demore en su regreso.

Es muy habitual que nos permitamos un par de excusas para dejar de servir al Señor creyendo que tarda. Algún momento llegará Jesús y hallará que en nuestra copa hay suciedades que le impiden tomarnos como copas de honra.

De igual manera dice Jesús que en el corazón, si nosotros lo permitimos, puede introducirse la glotonería, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida (Lucas 21:34). Pero no solo esto, sino que además pueden anidar en el corazón los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lujuria, la envidia, la calumnia, el orgullo y la insensatez, etc., etc., etc. (Marcos 7:20-21)

Lo que sale

Si no sabemos hacer una limpieza diaria de nuestro corazón, al cabo de algún tiempo, no sólo que nuestro corazón tendrá algunas suciedades sino que será un verdadero basurero. Y ese basurero se hace evidente en nuestras actitudes. No importa cuánto intentemos esconderlos, es como tener basura en la casa pudriéndose por años, el olor es demasiado evidente. En palabras de Jesús diríamos “¿Cómo podéis hablar lo bueno siendo malos?, porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34)

Hay muchos que vienen a Cristo con un basurero en su corazón y no piensan en limpiar su corazón para dejar entrar a Cristo, sino que exigen que Cristo se acomode y empiece a vivir en aquel basurero.

De hecho, la suciedad de nuestro corazón puede endurecernos negándonos a reconocer nuestro pecado y nuestra necesidad de Dios. Romanos 2:5 dice que “por la dureza y la impenitencia de tu corazón vas atesorando contra ti cólera para el día de la cólera y de la revelación del justo juicio de Dios

El Diablo

Quién más interesado se halla en nuestro corazón, después de Dios, es Satanás. El es el que siempre se halla vertiendo su veneno en nuestros corazones. En Juan 13:2 vemos que el Diablo “vierte” una idea en el corazón de Judas. Dice el texto: Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle. Si nuestro corazón se halla vacío de la Palabra de Dios, o quizás lleno sólo hasta la mitad, él buscará llenar lo que falte con su veneno.

De igual manera, Ananías y Safira dejan que Satanás llene hasta el borde su corazón con malos pensamientos. En Hechos 5:3 Pedro dice: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieras al Espíritu Santo y sustrajeras del producto de la venta de la heredad?

Ahora, hay que tener cuidado con pensar que el Diablo tiene la culpa de lo que hacemos. Aquel vertió la idea, pero nosotros la aceptamos y dimos la orden de “ejecútese”. Inmediatamente después de lo que hemos leído vemos en el verso 4 que el apóstol dice a Ananías: ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? La responsabilidad es de Ananías. De hecho la palabra que usa Pedro podría traducirse mejor como “acomodar”. Ananías recibió la idea del Diablo y se encargó de acomodarla en su corazón y de ponerla en práctica a su debido tiempo.

Disimulando el contenido del corazón

Puede darse también que ante la situación tan deplorable en la que se halla nuestro corazón pensemos en ocultar lo que en él se halla. Puede ser que seamos tan buenos para actuar que logremos que nadie o casi nadie noten la impureza en nuestro corazón. Puede ser incluso que logre ser un cristiano ejemplar en la iglesia a base de mis simulaciones. Es inútil tratar de ocultar la impureza de nuestro corazón pues Dios no mira nuestro obrar ejemplar sino las motivaciones del corazón.

En el Antiguo Testamento ya advertía Dios que Él no se fija en lo exterior. En 1ra Samuel 16:7 le dice a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón

Y en el Nuevo Testamento se vuelve a repetir que Dios mira el corazón y no las obras de los hombres. En Lucas 16:15 Jesús dice: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones, pues lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.

Aquellos hombres creían que con recibir las alabanzas de sus hermanos en la fe bastaba. Jesús les dice lo que para ustedes es sublime, para Dios es abominación. Sus actos ejemplares no eran fruto de un corazón limpio sino fruto de celos envidias y rivalidades. Esto no lo podemos esconder de Dios quien el día del juicio -dice Pablo- “manifestará las intenciones de los corazones”.

Pablo decía que “con el corazón se cree para justicia y con la boca se confiesa para salvación”. Es decir, si no hay en primer lugar una limpieza del corazón, no puede haber una verdadera conversión. Una oración de fe que no nazca de un deseo de limpiar el corazón no sirve de nada.

Cómo limpiar verdaderamente el corazón

La Palabra de Dios nos presenta la manera en la que podemos limpiar diariamente nuestro corazón del pecado y los malos deseos.

La fe limpia nuestros corazones

Dice Hechos 15:9 que Dios “purificó sus corazones con la fe”. El primer paso para empezar a limpiar nuestro corazón es por medio de la fe en Cristo Jesús. Cuando realmente le abrimos el corazón a Jesús por medio de la fe, Él empieza a obrar y a limpiar en nuestro interior. Cuando en fe dejamos cosas que nos eran preciosas pero que Jesucristo por medio de su Palabra nos dice que son nocivas para nosotros, logramos que Jesucristo limpie profundamente nuestro corazón.

La Palabra de Dios

Dice Lucas 24:32: Se dijeron uno a otro: « ¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras? ». El segundo paso para empezar a limpiar nuestro corazón es alimentarse por medio de la Palabra de Dios. La predicación, la meditación bíblica, etc., son formas de hacer que habite en abundancia en nosotros la Palabra de Dios de modo que vaya desalojando poco a poco aquello que ensucia nuestros corazones.

Sin embargo, lo primero es la fe. De otro modo, al leer el texto bíblico, un velo cubrirá nuestros corazones por no querer volvernos a Jesucristo. Esto lo podemos encontrar en 2da Corintios 3:15

Meditar en las obras de Dios

Lo tercero es meditar y guardar en el corazón el obrar de Dios de tal modo que cuando tengamos inquietudes sobre las circunstancias que estemos pasando podamos recordar cómo actuó Dios en otras ocasiones. María es ejemplo de esto pues dice Lucas 2: 51 que ella “conservaba cuidadosamente todas las cosas [referentes a Jesús] en su corazón” y en el verso 19 dice: “María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón”.

Contentamiento

Vimos que, entre las ideas que el enemigo pone en nuestro corazón se hallan los hurtos, las envidias y las avaricias. La mejor manera de de combatir esto es por medio del contentamiento. Pablo nos recuerda en 1ra Timoteo 6:7 que nada hemos traído a este mundo y, sin duda, nada podremos sacar. Por lo tanto sentencia: teniendo sustento y abrigo, estemos ya satisfechos.

Debemos aclarar, con todo, que tener contentamiento no es lo mismo que ser conformistas. Trabajando duro, como para el Señor, haciendo nuestras actividades con honradez y sabiendo ser buenos administradores de los dones y riquezas que el Señor nos da, cumpliremos con la palabra y además seremos prosperados.

Perdón

Otros venenos que suelen acostumbrar hacer nido en nuestros corazones son el rencor, el resentimiento y la amargura. La mejor manera de echarlos del corazón es aprendiendo a perdonar.

Llenar el corazón de todo lo puro

Pablo les recomienda a los Filipenses en el capítulo 4, verso 8 de su carta lo siguiente: “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Desechemos todo pensamiento impuro; quitemos de nuestra mente y corazón todo chiste de mal sentido; desarraiguemos de nuestra boca todo vocabulario obsceno; quitemos de nuestra mente todo aquello que daña nuestro corazón. Por el contrario acostumbremos a nuestro corazón a pensar en lo bueno, en lo puro, en lo que es de buen nombre. Es de esta manera cómo podemos lograr que nuestro corazón sea limpio y permanezca limpio.

Los frutos de un corazón limpio

Es conforme al corazón de Dios

No hay interferencias. Hace la voluntad del Padre.

Es generoso

Sabe que todo lo que tiene se lo debe a Dios. No es mezquino. Sabe dar con alegría siendo consciente de lo que Dios ha hecho por él. (2da Corintios 9:7)

Es agradecido

Reconoce que todo don perfecto viene de Dios y por ellos vive en gratitud por lo recibido. (2da Corintios 9:7)

Verán a Dios

La promesa que hace el texto bíblico es que quienes conservan su corazón puro podrán ver a Dios. Esto se entiende de dos maneras:

Ser librado de la aflicción

En el salmo 31:16 vemos que existe una analogía entre ver la faz de Dios y ser salvado por Él. Dice el texto: “Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; ¡sálvame por tu misericordia!”. De igual manera, en el Salmo 13:1 vemos que el salmista se halla pasando por una gran aflicción y la expresa diciendo que Dios ha escondido su rostro de él. Finalmente en el Salmo 11:6-7 se puede apreciar que los malos recibirán castigo mientras los rectos verán el rostro del Señor, es decir recibirán misericordia.

Esto no sólo es recibir una que otra petición de parte de Dios. De hecho es vivir cada día en la presencia de Dios. Este privilegio es más grande de lo que a veces nos lo imaginamos. Tomás de Aquino lo notó y dijo: “así como en la corte de un rey están más elevados los que le ven la cara que aquellos que sólo comen de sus tesoros”, así son más elevados los limpios de corazón.

Estarán en presencia de Dios al final de los tiempos.

Al final de los tiempos cuando Dios lleve a su presencia a todos sus santos, quienes han permanecido buscando mantener limpio su corazón verán a Dios. Aquel día ya “no habrá más maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en [en medo de ellos], sus siervos lo servirán, verán su rostro y su nombre estará en sus frentes”.

Ministerio de refrescar a otros

Compartimos a continuación una prédica del pastor D. Wilkerson.

Algunos cristianos tienden a pensar que el apóstol Pablo era un súper humano a causa de sus poderosos escritos y su maravilloso ministerio. Sin embargo, si Pablo no fuera hecho de la misma carne y sangre que nosotros – si él no estuvo sujeto a las mismas tentaciones y pruebas – él no tendría nada que decirle a la iglesia. Todas sus epístolas hubieran sido escritas en vano.

La verdad es, que Pablo escribió muchas de sus cartas durante los tiempos más difíciles de su vida. Él confeso abiertamente a la iglesia en Corinto que él experimentaba tiempos de profundos problemas y angustia mental. “… sino que en todo fuimos atribulados: de fuera, conflictos, y de dentro, temores. (2 Corintios 7:5). Cuando él escribió esto, el gran apóstol estaba en Macedonia, donde el se sentía abatido, ineficaz y totalmente rechazado por la iglesia.

¿Como había llegado Pablo a este punto? Miremos el fondo de su situación. Pablo acababa de escribir su primera epístola a los corintios, una picante reprobación para corregir una situación inmoral en la iglesia. A pesar de que su carta contenía un mensaje difícil, Pablo la había escrito a través de lágrimas y angustia de corazón.

La ocasión para esta carta era por un acto vergonzoso de fornicación que estaba siendo pasado por alto. Pablo le escribió a los corintios: “Ustedes están henchidos de orgullo, rehusando dolerse por ese pecado abierto en sus medios. Ustedes no han juzgado esta situación rectamente. Ustedes debieron poner al perpetrado fuera de su reunión, hasta que vieran verdadero arrepentimiento.” Pablo entonces los instruyo “el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.” (1 Corintios 5:5).

Fue un mensaje fuerte y duro. Y por un tiempo después, Pablo se arrepintió de haberlo enviado (vea 2 Corintios 7:8). Ciertamente, desde ese día Pablo se contristo, preocupándose como los corintios responderían. ¿Mal interpretarían su motivación? O sabrían que él lo escribió en amor, con una preocupación profunda por la dirección que tomaba la iglesia? Mas tarde él les escribió, “No lo digo para condenaros…’ (7:3).

Yo sé como Pablo se sintió. A través de los años, tuve que dar lo que algunos llamarían mensajes duros por instrucción del Señor a través de su Palabra. Después caí sobre mi rostro en angustia, orando, “Dios, ¿me pase de la raya? Tu Palabra dice que no debemos reprender a los justos ni bendecir a los malos. Dime, ¿herí a tus justos con este mensaje?”

Pablo también supo que falsos profetas estaban entrando a la iglesia de los corintios y haciendo que otros ‘despreciaran” sus sufrimientos. De hecho, esta gente estaba diciendo de él, “Si Dios verdaderamente esta con este hombre, entonces ¿por qué todo este reproche vergonzoso se acumula sobre él? ¿Por qué Pablo esta en la prisión? Y ¿como puede cualquier hombre de Dios decir que él ‘desespero de vivir’? No entendemos como un hombre de oración puede ser atacado tan a menudo y llevado tan bajo. Si Pablo tuviera fe de verdad, él no estaría experimentando estos problemas.”

Tales acusaciones todavía son lanzadas a siervos piadosos quienes soportan sufrimientos y reproche. Cuantas veces ha escuchado a un cristiano decir de otro, “¿Debe haber algo malo en su vida para que pase tanto sufrimiento”? En el caso de Pablo, era cuestión de que sus críticos querían cortar su autoridad espiritual.

Aun así, Pablo dijo que no se arrepentía de enviar la carta a los corintios. Al contrario, él instruyó a Tito, su hijo espiritual, a ir a Corinto y explicar el propósito detrás de su mensaje: “Dile al pueblo que los amo y que no deseé dañarlos, sino que esta situación debe ser enfrentada. Entonces encuéntrate conmigo en Troas y dime que tipo de efecto tuvo mi carta.”

Después de enviar a Tito en su misión, Pablo partió para Troas, deteniéndose de paso en Éfeso. Dios se movió poderosamente a través de Pablo allí, y su predica ungida conmovió a multitudes. Muchos de los que escucharon su mensaje corrieron a su casa para buscar sus libros de ocultismo, luego se reunieron en el centro de la ciudad para quemarlos en una enorme fogata.

Esto molestó a los plateros de Efeso, quienes ganaban la mayor parte de sus ingresos de idear ídolos de la diosa Diana. Repentinamente, ellos vieron su vida hacerse en humo ante sus ojos. Así que se levantaron iracundos contra Pablo, acusándolo de fanatismo religioso y diciendo que él quería destruir su forma de adoración. Las acusaciones incendiaron un disturbio masivo, y Pablo apenas escapo con su vida. Cuando él después escribió que “desesperaba por la vida,” el estaba diciendo de este incidente, “Pensé que me iban a matar.”

No podemos estar seguros de que otra cosa paso en Efeso, porque Pablo no nos cuenta. Todo lo que sabemos es que su experiencia allí le hizo estar “abrumado en gran manera mas allá … que perdimos la esperanza de conservar la vida” (2 Corintios 1:8). Ciertamente, Pablo hablo de ser perseguido, perplejo, abatido en espíritu. Ahora, mientras se dirigía a Troas, el ansiaba ver a Tito, su piadoso hijo en Cristo, quien podía levantar su animo. Pablo podía aliviar su corazón con Tito y conocer el impacto de su carta.

Sin embargo, cuando Pablo llego a Troas, Tito no estaba allí. El espero que su hijo espiritual regresara, pero Tito no llegaba. Mientras tanto, puertas de ministerio se abrieron para Pablo en Troas, pero para este tiempo el corazón del apóstol estaba cansado. Pablo escribe de la experiencia, “Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, aunque se me abrió puerta en el Señor, no tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito. Por eso, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia.” (2:12-13).

Pablo hizo algo que nunca había hecho en su vida, algo contrario a todo lo que predicaba. A pesar de estar ministrando cuando las puertas se abrieron, Pablo se retiro. En lugar de eso, el deambuló inquieto hacia Macedonia. Qué imagen de un soldado de la Cruz herido, el gran apóstol estaba golpeado, desmayando e incapacitado, cayendo en debilidad mental, corporal y espiritual. ¿Por qué? ¿Qué había llevado a Pablo a tal punto? El apóstol mismo explica: “No tuve descanso en mi espíritu, porque no encontré a mi hermano Tito.” El estaba solo, y desesperadamente necesitaba consuelo de alguien.

Escucho al enemigo susurrando: “Ya Dios no esta contigo, Pablo. Has sido rechazado por todos en Asia. No queda uno que te respalde. Hasta tu hijo espiritual, Tito ha sido infestado con dudas por tus oponentes en Corinto.

“Acéptalo, Pablo, has perdido tu unción. Considera a Apolos, las predicas del cual atraen a grandes muchedumbres. Todos hacen alarde de cuan efectivo es su ministerio, mientras que tu solo alcanzas a pequeños números. Has comenzado disturbios cuando predicas, y los avivamientos que diriges terminan cerrándose, tal como en Efeso. No eres amado, Pablo, y ya no eres necesitado. Es claro que estas siendo castigado por el Señor. Has contristado al Espíritu Santo de alguna manera, y Dios ha levantado su mano de sobre ti.”

Si has caminado con el Señor en intimidad, tú sabes muy bien lo que Pablo estaba enfrentando. Satanás es el padre de mentiras, y de hecho ahora mismo puede estar mandándote las mismas mentiras que lanzo sobre Pablo: “Eres rechazado por todos. No tienes ministerio, ningún lugar en la obra del reino de Dios. Solo estas tomando espacio.” Eso es del fondo del infierno.

David sabía lo que era ser abrumado por mentiras demoníacas. En el Salmo 140, el escribe de estar en un “tiempo de guerra” tanto físico como espiritual. Este piadoso hombre oro al Señor, “Los malos están reuniéndose continuamente contra mi para hacer guerra. Ellos afilan sus lenguas como una serpiente y se han propuesto derrocar mis caminos. Ellos han puesto una trampa para mi, buscando atraparme” (Salmo 140:1-5, parafraseado).

Pero, a pesar de esta situación, David se regocijo, “Jehová, Señor, potente salvador mío, tu pusiste a cubierto mi cabeza en el día de batalla.” (140:7). Aquí esta el testimonio de David, en esencia, “Dios, has cubierto mi mente, protegiéndome de mentiras demoníacas. Poderes infernales han afilado sus lenguas contra mí. Pero tu has cubierto mis pensamientos para que las mentiras de Satanás no derroquen mis entradas y salidas.”

¿Cómo trajo el Espíritu Santo consuelo a Pablo? El apóstol mismo nos cuenta: “Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito,” (2 Corintios 7:6). Tito llegó a Macedonia con un espíritu refrescante, y de repente el corazón de Pablo se animo. Mientras los dos hombres compartían, una inundación de gozo fluyó por el cuerpo, mente y espíritu de Pablo, y el apóstol escribió, “Estoy lleno de consuelo y sobreabundo de gozo en medio de todas nuestras tribulaciones. (7:4). Pablo estaba declarando, “Aun enfrento problemas, pero el Señor me ha dado lo que necesito para la batalla. El me ha refrescado a través de Tito.”

A través de mis años de ministerio, he visto a hombres y mujeres de Dios llegar a los finales de su fuerza, abatidos y completamente confundidos. Me he angustiado por estos amados hermanos y hermanas en su dolor, pidiéndole al Señor, “Padre, ¿cómo podrán estos siervos tuyos salir alguna vez del hoyo del sufrimiento? ¿Dónde esta el poder que los sacara? ¿Qué puedo decir o hacer para ayudarlos?”

Yo creo que la respuesta se encuentra aquí mismo, en el testimonio de Pablo. Aquí tenemos a un hombre profundamente agotado que ya no era el mismo. Pablo estaba en el momento mas oscuro de su ministerio, tan abatido como nunca estuvo. Pero dentro de cortas horas, el estuvo completamente fuera de ese hoyo oscuro y deleitándose en gozo y alegría. Una vez más, el amado apóstol se sintió amado y necesitado.

¿Cómo sucedió todo esto? Primero, miremos lo que sucedió en Corinto. Cuando Tito llego allí a reunirse con los lideres de la iglesia, el recibió su propio refrigerio glorioso. Un despertar estaba tomando lugar en la iglesia porque ellos habían escuchado la instrucción de Pablo, y ahora Dios los estaba bendiciendo poderosamente.

Si el Señor tan solo hubiera corrido la cortina en ese momento, y le hubiese mostrado a Pablo lo que realmente estaba pasando. Si tan solo el hubiera sido testigo del avivamiento que estaba tomando lugar a causa de su mensaje. El hubiera visto las mentiras de Satanás expuestas y se hubiera recordado que los pensamientos de Dios hacia el eran buenos, que todo era parte de su plan.

Ahora Tito llega a Macedonia con noticias de animo: “¡Pablo, los hermanos en Corinto te mandan su amor! Han quitado el pecado que estaba en sus medios y trataron con los falsos profetas. Ya ellos no desprecian tus sufrimientos sino que se regocijan en tu testimonio.”

Esta palabra refrescante, traída por un querido hermano en el Señor, inmediatamente levanto a Pablo de su hoyo: “Pero Dios, que consuela a los humildes, nos [me] consoló con la venida de Tito,” (2 Corintios 7:6). ¿Puedes ver los ejemplos aquí? Dios usa gente para refrescar gente. El no mando un ángel para que refrescara a Pablo. El consuelo que este hombre recibió vino a través del refrigerio del espíritu de Tito, quien a cambio refresco el espíritu de Pablo

En Hechos 27, Pablo estaba en un barco camino a Roma cuando la nave se detuvo en Sidón. Pablo le pidió permiso al centurión encargado para visitar algunos amigos en la ciudad, y “Julio, tratando humanamente a Pablo, le permitió que fuera a los amigos para ser atendido por ellos.” (Hechos 27:3). Aquí tenemos aun otra instancia donde Dios usa a creyentes para refrescar a otros creyentes.

También vemos esto en 2 Timoteo, donde Pablo le escribe a cierto creyente: “Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó y no se avergonzó de mis cadenas, sino que, cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me halló.” (2 Timoteo 1:16-17).

Onesíforo también fue uno de los hijos espirituales de Pablo, y amaba a Pablo tan profundamente e incondicionalmente que lo busco en sus sufrimientos. Una vez, cuando Pablo estuvo encarcelado, Onesíforo camino por toda la ciudad hasta que lo encontró. Su única motivación era, “mi hermano esta dolido. El ha sufrido los terrores de un naufragio, y ahora esta siendo zarandeado por Satanás. Tengo que animarlo.”

El ministerio de refrigerio claramente incluye buscar al que esta herido. Escuchamos mucho acerca de poder en la iglesia estos días: poder para sanar a los enfermos, poder para ganarse a los perdidos, poder para vencer el pecado. Pero yo digo que hay gran poder de sanidad que fluye de una persona refrescada y renovada. Depresión, angustia mental o un espíritu atribulado puede causar toda clase de enfermedades físicas, pero un espíritu refrescado y animado – uno que se hace sentir aceptado, amado y necesitado – es el bálsamo sanador necesitado por la mayoría.

Encontramos este ministerio de refrigerio en el Antiguo Testamento también. Cuando David era cazado por el Rey Saúl, el estaba agotado y dolido, forzado a correr día y noche. Durante ese tiempo, el se sintió rechazado por los lideres de Dios y su pueblo. Entonces, en un momento crucial, el amigo de David, Jonatan vino a el: “Jonatan hijo de Saúl se levantó y vino adonde estaba David, en Hores, y lo reconfortó en Dios diciéndole: –No temas, pues no te hallará la mano de Saúl, mi padre; tú reinarás sobre Israel y yo seré tu segundo.” (1 Samuel 23:16-17).

Esta palabra de refrigerio no pudo haber llegado a mejor tiempo para David. Acababa de soportar un horrendo rechazo después de hacer un acto de bondad. David y sus hombres habían arriesgado sus vidas para salvar al pueblo de Keilah, y por un tiempo tomaron refugio allí. No obstante, después, cuando Saúl estaba al acecho, David oro, “Señor, me entregaran esta gente a Saúl?” Dios le contesto, “Si, te rechazaran. Vete del pueblo ahora.”

Los Salmos revelan cuan baja estaba la condición de David en ese tiempo. Su alma estaba abatida y lloraba continuamente, “Dios, ¿dónde estas?” Considera también la dolorosa prueba de Jonatan por su padre malo y poseído. Sin embargo, este piadoso amigo “fortaleció la mano de David en el Señor,” diciéndole, “El Señor esta contigo, David, y aun eres amado en Israel. Quizá no lo sientas así ahora, pero tú vas a ser rey. Tu trabajo solo ha comenzado.”

Eso era todo lo que David necesitaba escuchar – “Dios aun esta contigo” – e inmediatamente su espíritu fue refrescado para seguir adelante. Vemos este ejemplo vez tras vez en las Escrituras: Dios no envía un Ángel ni una visión, sino a un creyente para refrescar a sus amados.

Es posible que en medio de nuestras tribulaciones giremos a un vacío sin fe, perdiendo toda esperanza y dándonos por vencidos. Si esto sucede, terminaras amargado y con corazón endurecido, a no ser que enfrentes tu situación con verdad. En efecto, nunca saldremos de nuestros tiempos de confusión y sentimientos de rechazo a no ser que entendamos por que Dios permite estos problemas en nuestras vidas. Estoy convencido que para muchos lectores, esta es la palabra de Dios de sanidad.

Cuando Pablo se sentó a escribir su segunda carta a los corintios, el vio ante el una multitud que enfrentaba las mismas clases de sufrimientos que el. El les dijo, “Yo quiero que sepan, estas aflicciones que estoy soportando tienen todo que ver con ustedes y sus propios tiempos de tribulación.”

“Pero si somos atribulados es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados es para vuestra consolación y salvación, la cual se realiza en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos.” (2 Corintios 1:6). Pablo estaba diciéndoles, “Dios esta usando mis pruebas para enseñarme los caminos del consuelo. Así que cuando enfrenten sus propias aflicciones, ustedes sabrán que mis palabras a ustedes tienen poder, porque yo lo he pasado también.”

Fue una maravillosa revelación del Espíritu Santo. Pablo se dio cuento, “Por eso es que Dios ha permitido este zarandeo. El Espíritu Santo va a callar mi alma y me va a sanar a través de esto, para que yo pueda salir a consolar y refrescar a otros en sus tribulaciones. El nos consuela en nuestras tribulaciones, para que podamos consolar y refrescar aquellos que también están soportando tribulaciones, con el consuelo con el cual nosotros también fuimos consolados.”

Hoy hay una avalancha de libros, casettes, y videos acerca de “como enfrentar.” Este mensaje es muy necesitado y muchos materiales hacen cierto bien cuando son enseñados por ministros sinceros y rectos. Pero yo creo que Pablo nos esta tratando de decir: “Las únicas palabras que traen verdadero refrigerio y sanidad perdurable vienen de lo que se ha aprendido de muchas aflicciones y tribulaciones.

Recibí una carta no hace mucho tiempo de una mujer que fue monja quien hoy es una ministro ordenada. Esta mujer tiene 59 años de edad, y después de sufrir un infarto recientemente, cayo en una profunda depresión. Mirando sobre su vida, ella decidió planear su funeral y escribió el siguiente obituario de si misma:

La esposa de nadie. La madre de nadie. Apartada de su familia a partir de su salvación. No ha logrado nada de importancia con su vida. Vivió en pobreza. Una verdadera perdedora ha muerto.” Mi corazón se quebranto cuando leí esto, mientras pensaba sobre lo triste de ir a mi Señor sin nada. Pero un pastor le dio a esta mujer una copia de mi mensaje, “He trabajado en vano,” y ella me escribió, “Hermano David, sus palabras me animaron y refrescaron.”

No se equivoque: Dios usa a la gente para refrescar a otra gente. El ama tanto esta clase de ministerio que el movió al profeta Malaquías a hablar de el como la obra mas necesitada en los últimos días. Malaquías describió como, en su día, el pueblo de Dios se levantaba a través de edificación mutua. “Entonces los que temían a Jehová hablaron entre sí.” (Malaquías 3:16).

¿Cuando sucedió esto exactamente? Las palabras de Malaquías llegaron durante un tiempo de impiedad desenfrenada, cuando el “devorador” había destruido mucho fruto en la tierra. El pueblo de Dios estaba cansado y comenzó a dudar si caminar con el Señor valía la pena. Ellos pensaron: “Nos dijeron que vale la pena servir al Señor, obedecer su Palabra y llevar sus cargas. Pero miramos a nuestro alrededor a los orgullosos y los que están en compromiso, y ellos son los que parecen felices. Ellos persiguen la prosperidad, viven descuidadamente, y disfrutando la vida al máximo.”

El Espíritu Santo comenzó a moverse en Israel, y pronto el temor del Señor vino sobre un pueblo hambriento de Dios. Repentinamente, todos en Israel, joven y viejo, se convirtieron en misioneros de uno a otro. Por el mover del Espíritu, la gente se abrió una a otra, edificándose mutuamente y consolando aquellos a su alrededor.

Estoy convencido que la palabra de Malaquías acerca de este ministerio es una imagen que refleja el día presente. El nos ha dado una imagen del derramamiento del Espíritu Santo en los últimos días, cuando el pueblo de Dios deja de chismosear y quejarse y en vez de eso ministra refrigerio. Esta sucediendo por teléfono, por carta, por email, y cara a cara. Y Dios esta tan complacido con este ministerio, que nos dicen que el esta tomando nota de esto.

Cada palabra pronunciada, cada llamada, cada carta escrita, cada esfuerzo por consolar a los caídos es grabada en un “libro de recuerdos.” Y la Biblia dice que cada uno de nosotros por quien la obra ha sido escrita será precioso para el: “Serán para mí especial tesoro,” (Malaquías 3:17).

Dios ayude a aquellos que se quejan diciendo que no tienen un ministerio o no tienen puertas abiertas al ministerio. Yo digo a tal persona: Quita tus ojos de tu situación y deja de preocuparte de ser acosado. Deja de tratar de agradar a Dios planeando alguna gran obra de sacrificio. En vez de eso, levántate, busca y refresca a tu hermano o hermana.

Se un Tito a alguien que esta abatido en espíritu. Ora para tener un espíritu de Onesíforo, quien busco al herido para llevarle sanidad. Piénsalo: se te ha dado todo el poder del cielo para refrescar a un creyente herido, alguien que necesita la consolación que Dios te ha dado a ti en forma extraordinaria. Si, hay gente que te necesita, y la intención del Señor es que tus consolaciones pasadas lleven refrigerio a otros. Llame a ese alguien y diga: “Hermano/a, quiero orar por ti y animarte. Tengo una buena palabra para ti.”

Tomado de: http://www.tscpulpitseries.org/spanish/ts060501.htm

Buenos imitadores

El arte de la imitación

La Pantomima es un estilo de arte que ha existido desde los tiempo de la Grecia clásica. El objetivo de mimo es el de darse a entender si la necesidad de sonidos o palabras. Los gestos y expresiones por medio de los cuales se quiere dar a entender deben ser imitaciones que perciban hasta el más mínimo detalle de la expresión imitada de tal modo que sea inconfundible la idea que se quiere expresar.

La palabra “pantomima”, de igual manera viene del griego “pantomimos” que quiere decir “que todo lo imita”. En la actualidad, este estilo de arte se ha popularizado en las avenidas y plazas de las grandes capitales. Con su singular vestimenta y su maquillaje blanco en todo el rostro, muchos mimos callejeros se instalan en alguna intersección para imitar espontáneamente a los transeúntes.

De todos modos, los grandes mimos como Marcel Marceau siguen siendo el referente obligado de la pantomima y del mimo corporal en tanto arte escénico.

Es imposible lograr una buena imitación, y con ello, la risa del público, si no se tiene la capacidad de advertir todos los detalles del caminar, del vestir, del modo de mirar, etc., de la persona imitada. El mimo que logra descubrir esos detalles y enfatizarlos adecuadamente logra que los espectadores pongan su atención no sólo en su imitación sino en la persona imitada para descubrir en ella las facciones que, cotidianamente, pasan inadvertidas.

Así, el mimo debe combinar en sí la habilidad de observar detenidamente así como la de copiar creativamente los rasgos observados. Falencias en cualquiera de estas dos características pueden hacer fracasar una imitación.

Algo más que es importante advertir. El mimo es consciente de que su obra magna es la imitación de otro. Sabe que su éxito consiste en su capacidad de imitar. No se engaña creyendo que son suyas aquellas expresiones que ha tomado de otros. Mientras mayor es su capacidad para imitar creativamente, mayor es su éxito.

El arte de la imitación en la Biblia (?)

Si bien es cierto, la imitación es algo propio del arte, al parecer, en algunas ocasiones, esta parece introducirse en el texto bíblico como una de las piedras fundamentales de la ética cristiana. En varios textos (1 Corintios 4:16; 1Corintios 11:1; Efesios 5:1; 1 Tesalonicenses 1:6; 1 Tesalonicenses 2:14) el apóstol Pablo nos anima a ser imitadores suyos, como él lo es de Cristo; ser imitadores de Dios, como hijos amados; o ser imitadores de Cristo directamente. En otra ocasión, se nos pide que seamos imitadores de aquellos creyentes ejemplares de otras épocas que han sabido vivir en obediencia a Cristo (Hebreos 6:12). En otro pasaje, finalmente nos dice, según una versión “¿Quién les hará daño si ustedes llegan a ser imitadores de Aquel que es Bueno?” (1 Pedro 3:13). En todos estos casos, el énfasis está en saber imitar y además, en saber a quién imitar.

En lo referente a saber a quién imitar, el centro se halla finalmente en Dios Padre y en Aquel que nos lo revela: el Hijo. Todos se vuelven dignos de imitar sólo en la medida en que nos llevan a Cristo.

En lo referente a saberlo imitar, debemos señalar una diferencia con el arte de la pantomima. Aquí el objetivo final no está en la jocosidad de los aspectos imitados cuanto en la posibilidad de resaltar los aspectos más importantes del personaje imitado, es decir Dios. En todo lo demás podemos seguir sus reglas.

  1. Conocer los rasgos característicos que hemos de imitar del Padre. Debemos descubrir, qué es lo que se nos invita a imitar. Debemos identificar adecuadamente los elementos imitables del Padre por el ser humano. Debemos precavernos de reconocer bien dichos elementos de modo que no seamos una burda copia del original sino una elegante imitación que resalta siempre la dignidad del original.
  2. Aprender a imitarlos de tal modo que reflejemos esos rasgos característicos de Dios. Si somos capaces de imitar a Dios adecuadamente seremos capaces de mostrar al mundo lo a que Dios es según su Palabra, llegando nosotros mismos a ser Biblias humanas que manifiestas la Palabra de Dios en sus vidas. Debemos recordar que algo importante de la pantomima es la creatividad en el imitación. Esto es importante por cuanto no somos iguales los unos a los otros y nuestra manera de expresar nuestra imitación de Cristo será muy diferente en unos y en otros. Seamos creativos al imitar a Dios, pero no olvidemos que somos imitadores de Dios.
  3. Recordar que sólo somos imitadores del Maestro. La obra maestra de nuestra vida es, a decir verdad, una imitación de lo que es Dios en sí mismo. No somos originales en esto. Sólo seguimos las pisadas de Jesús. Seremos grandes en el reino en la medida en que seamos capaces de seguir las pisadas del maestro a la perfección.

El arte de la imitación es difícil. Más cuando el personaje al que debemos imitar es Dios mismo. Sin embargo, nada nos pide el Padre que no seamos capaces de cumplir. Seamos imitadores del Maestro y seámoslo con excelencia. Es es ser un verdadero cristiano, es decir, un verdadero seguidor de Cristo.

Este día domingo (04/12/2011) estaremos meditando en nuestros dos cultos acerca de ser buenos imitadores del Padre, como nos lo pide nuestro texto de Efesios 5:1

Bendiciones


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