Buenos imitadores


El arte de la imitación

La Pantomima es un estilo de arte que ha existido desde los tiempo de la Grecia clásica. El objetivo de mimo es el de darse a entender si la necesidad de sonidos o palabras. Los gestos y expresiones por medio de los cuales se quiere dar a entender deben ser imitaciones que perciban hasta el más mínimo detalle de la expresión imitada de tal modo que sea inconfundible la idea que se quiere expresar.

La palabra “pantomima”, de igual manera viene del griego “pantomimos” que quiere decir “que todo lo imita”. En la actualidad, este estilo de arte se ha popularizado en las avenidas y plazas de las grandes capitales. Con su singular vestimenta y su maquillaje blanco en todo el rostro, muchos mimos callejeros se instalan en alguna intersección para imitar espontáneamente a los transeúntes.

De todos modos, los grandes mimos como Marcel Marceau siguen siendo el referente obligado de la pantomima y del mimo corporal en tanto arte escénico.

Es imposible lograr una buena imitación, y con ello, la risa del público, si no se tiene la capacidad de advertir todos los detalles del caminar, del vestir, del modo de mirar, etc., de la persona imitada. El mimo que logra descubrir esos detalles y enfatizarlos adecuadamente logra que los espectadores pongan su atención no sólo en su imitación sino en la persona imitada para descubrir en ella las facciones que, cotidianamente, pasan inadvertidas.

Así, el mimo debe combinar en sí la habilidad de observar detenidamente así como la de copiar creativamente los rasgos observados. Falencias en cualquiera de estas dos características pueden hacer fracasar una imitación.

Algo más que es importante advertir. El mimo es consciente de que su obra magna es la imitación de otro. Sabe que su éxito consiste en su capacidad de imitar. No se engaña creyendo que son suyas aquellas expresiones que ha tomado de otros. Mientras mayor es su capacidad para imitar creativamente, mayor es su éxito.

El arte de la imitación en la Biblia (?)

Si bien es cierto, la imitación es algo propio del arte, al parecer, en algunas ocasiones, esta parece introducirse en el texto bíblico como una de las piedras fundamentales de la ética cristiana. En varios textos (1 Corintios 4:16; 1Corintios 11:1; Efesios 5:1; 1 Tesalonicenses 1:6; 1 Tesalonicenses 2:14) el apóstol Pablo nos anima a ser imitadores suyos, como él lo es de Cristo; ser imitadores de Dios, como hijos amados; o ser imitadores de Cristo directamente. En otra ocasión, se nos pide que seamos imitadores de aquellos creyentes ejemplares de otras épocas que han sabido vivir en obediencia a Cristo (Hebreos 6:12). En otro pasaje, finalmente nos dice, según una versión “¿Quién les hará daño si ustedes llegan a ser imitadores de Aquel que es Bueno?” (1 Pedro 3:13). En todos estos casos, el énfasis está en saber imitar y además, en saber a quién imitar.

En lo referente a saber a quién imitar, el centro se halla finalmente en Dios Padre y en Aquel que nos lo revela: el Hijo. Todos se vuelven dignos de imitar sólo en la medida en que nos llevan a Cristo.

En lo referente a saberlo imitar, debemos señalar una diferencia con el arte de la pantomima. Aquí el objetivo final no está en la jocosidad de los aspectos imitados cuanto en la posibilidad de resaltar los aspectos más importantes del personaje imitado, es decir Dios. En todo lo demás podemos seguir sus reglas.

  1. Conocer los rasgos característicos que hemos de imitar del Padre. Debemos descubrir, qué es lo que se nos invita a imitar. Debemos identificar adecuadamente los elementos imitables del Padre por el ser humano. Debemos precavernos de reconocer bien dichos elementos de modo que no seamos una burda copia del original sino una elegante imitación que resalta siempre la dignidad del original.
  2. Aprender a imitarlos de tal modo que reflejemos esos rasgos característicos de Dios. Si somos capaces de imitar a Dios adecuadamente seremos capaces de mostrar al mundo lo a que Dios es según su Palabra, llegando nosotros mismos a ser Biblias humanas que manifiestas la Palabra de Dios en sus vidas. Debemos recordar que algo importante de la pantomima es la creatividad en el imitación. Esto es importante por cuanto no somos iguales los unos a los otros y nuestra manera de expresar nuestra imitación de Cristo será muy diferente en unos y en otros. Seamos creativos al imitar a Dios, pero no olvidemos que somos imitadores de Dios.
  3. Recordar que sólo somos imitadores del Maestro. La obra maestra de nuestra vida es, a decir verdad, una imitación de lo que es Dios en sí mismo. No somos originales en esto. Sólo seguimos las pisadas de Jesús. Seremos grandes en el reino en la medida en que seamos capaces de seguir las pisadas del maestro a la perfección.

El arte de la imitación es difícil. Más cuando el personaje al que debemos imitar es Dios mismo. Sin embargo, nada nos pide el Padre que no seamos capaces de cumplir. Seamos imitadores del Maestro y seámoslo con excelencia. Es es ser un verdadero cristiano, es decir, un verdadero seguidor de Cristo.

Este día domingo (04/12/2011) estaremos meditando en nuestros dos cultos acerca de ser buenos imitadores del Padre, como nos lo pide nuestro texto de Efesios 5:1

Bendiciones


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