De cómo la limpieza de ciertas vasijas puede producir un gozo eterno

Una parábola

Empecemos con una parábola. Un copero se hallaba al servicio del rey. Su labor era muy codiciada por muchos pues se hallaba cerca del rey y lo tenía todo. Cada día debía inspeccionar que la vasija de vino que había en el palacio estuviese muy bien resguardada. Que su contenido estuviese muy bien protegido y que el vino fuese de la mejor calidad.

Por hacer ello, tenía el privilegio de vivir en el palacio del rey y disfrutar de los grandes festines que se daba allí.

Cuando empezó a trabajar como copero fue muy meticuloso. No sólo que revisaba el vino y la vasija sino que además inspeccionaba y enviaba a asear la bodega donde se hallaban las vasijas de vino.

No obstante, conforme pasó el tiempo, el copero empezó a volverse más y más descuidado. Ya no enviaba a limpiar la bodega. La vasija era revisada sólo un par de minutos antes de las comidas y la copa, a veces quedaba sucia desde la comida anterior.

Con el paso del tiempo, el desaseo de la bodega llegó a ser tal, que tan solo al caminar se levantaba el polvo. Cuando se quitaba la tapa de la vasija, las manos se tornaban negras. De todos modos, el vino parecía bueno pues permanecía tapado.

Un día el copero se hallaba llevando la copa delante del rey y de pronto se dio cuenta de que una mancha grande de grasa se hallaba en el fondo de ella. El día anterior había hecho una pequeña fiesta con sus amigos y habían usado la copa del rey. En medio de aquella algarabía había colocado una porción grasosa de carne dentro de la copa entre las carcajadas de sus amigos.

Al notar el inconveniente se agachó como si tuviese un dolor muy fuerte en el estómago y, arrumado en el suelo, limpió lo mejor que pudo la copa con su ropa. El rey no lo notó. El copero dio un gran suspiro.

Un amigo que lo apreciaba mucho y que sabía de sus descuidos, le advirtió que si seguía así sería apartado del palacio y ya nunca volvería a disfrutar de la bendición del rey y de su presencia.

El copero no hizo caso de la advertencia y dejó que las cosas siguieran su rumbo.

Un día, la suciedad de la bodega atrajo a una rata que hizo su nido en aquel lugar. En otra ocasión, en medio de su habitual descuido, el copero olvidó tapar la vasija del vino. La rata curiosa se acercó para mirar dentro con tal mala suerte que resbaló al interior y murió ahogada en el vino. Al siguiente día, nuevamente, el copero sin cuidado alguno tomó la copa sin lavar, tomó un poco del vino de la jarra sin revisarla, la llevó al rey y puso la copa a lado de la comida del rey.

Este estuvo a punto de beber cuando observo algunas pelusas en la superficie de la copa. Reclamó entonces al copero su descuido y mandó a revisar la vasija hallándose con la sorpresa. Al siguiente día el copero fue decapitado como ejemplo para todo el pueblo para que sepan ser diligentes con sus labores.

Esta breve historia ha querido ser una parábola de lo que dice esta frase de Jesús. Nosotros somos aquel copero y nuestros corazones son aquella copa. Dios nos ha dado la responsabilidad de mantener limpia nuestra copa para su servicio, sin embargo en muchas ocasiones descuidamos esta responsabilidad y queremos servir a Dios con nuestros corazones aún sin limpiar.

¿Qué es el corazón?

Quizá sea necesario que tengamos más claro lo que era el corazón para los israelitas para que entendamos nuestra responsabilidad.

El corazón era según el pensamiento antiguo, como una vasija en la cual uno podía poner sentimientos, pensamientos o decisiones.

Ensuciando el corazón

El corazón podía llenarse con la palabra de Dios, pero también podía llenarse con homicidios, amarguras, mentiras o adulterios.

Lo que entra

En Mateo 5:28 vemos que en nuestro corazón puede albergarse el adulterio. De igual manera, en Mateo 6:21 vemos que la codicia arrastra al hombre como si fuera un títere y se halla también en el corazón. Estos dos son como aquella rata de la parábola que ha hecho un nido dentro de la vasija.

Aún, la pereza espiritual, cuando no limpiamos nuestro corazón constantemente, ingresa y nos domina. Esto lo hallamos en Lucas 12:45 donde el mayordomo deja que sea vertida en su corazón la idea de acomodarse pues lo más seguro era que el amo se demore en su regreso.

Es muy habitual que nos permitamos un par de excusas para dejar de servir al Señor creyendo que tarda. Algún momento llegará Jesús y hallará que en nuestra copa hay suciedades que le impiden tomarnos como copas de honra.

De igual manera dice Jesús que en el corazón, si nosotros lo permitimos, puede introducirse la glotonería, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida (Lucas 21:34). Pero no solo esto, sino que además pueden anidar en el corazón los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lujuria, la envidia, la calumnia, el orgullo y la insensatez, etc., etc., etc. (Marcos 7:20-21)

Lo que sale

Si no sabemos hacer una limpieza diaria de nuestro corazón, al cabo de algún tiempo, no sólo que nuestro corazón tendrá algunas suciedades sino que será un verdadero basurero. Y ese basurero se hace evidente en nuestras actitudes. No importa cuánto intentemos esconderlos, es como tener basura en la casa pudriéndose por años, el olor es demasiado evidente. En palabras de Jesús diríamos “¿Cómo podéis hablar lo bueno siendo malos?, porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34)

Hay muchos que vienen a Cristo con un basurero en su corazón y no piensan en limpiar su corazón para dejar entrar a Cristo, sino que exigen que Cristo se acomode y empiece a vivir en aquel basurero.

De hecho, la suciedad de nuestro corazón puede endurecernos negándonos a reconocer nuestro pecado y nuestra necesidad de Dios. Romanos 2:5 dice que “por la dureza y la impenitencia de tu corazón vas atesorando contra ti cólera para el día de la cólera y de la revelación del justo juicio de Dios

El Diablo

Quién más interesado se halla en nuestro corazón, después de Dios, es Satanás. El es el que siempre se halla vertiendo su veneno en nuestros corazones. En Juan 13:2 vemos que el Diablo “vierte” una idea en el corazón de Judas. Dice el texto: Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle. Si nuestro corazón se halla vacío de la Palabra de Dios, o quizás lleno sólo hasta la mitad, él buscará llenar lo que falte con su veneno.

De igual manera, Ananías y Safira dejan que Satanás llene hasta el borde su corazón con malos pensamientos. En Hechos 5:3 Pedro dice: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieras al Espíritu Santo y sustrajeras del producto de la venta de la heredad?

Ahora, hay que tener cuidado con pensar que el Diablo tiene la culpa de lo que hacemos. Aquel vertió la idea, pero nosotros la aceptamos y dimos la orden de “ejecútese”. Inmediatamente después de lo que hemos leído vemos en el verso 4 que el apóstol dice a Ananías: ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? La responsabilidad es de Ananías. De hecho la palabra que usa Pedro podría traducirse mejor como “acomodar”. Ananías recibió la idea del Diablo y se encargó de acomodarla en su corazón y de ponerla en práctica a su debido tiempo.

Disimulando el contenido del corazón

Puede darse también que ante la situación tan deplorable en la que se halla nuestro corazón pensemos en ocultar lo que en él se halla. Puede ser que seamos tan buenos para actuar que logremos que nadie o casi nadie noten la impureza en nuestro corazón. Puede ser incluso que logre ser un cristiano ejemplar en la iglesia a base de mis simulaciones. Es inútil tratar de ocultar la impureza de nuestro corazón pues Dios no mira nuestro obrar ejemplar sino las motivaciones del corazón.

En el Antiguo Testamento ya advertía Dios que Él no se fija en lo exterior. En 1ra Samuel 16:7 le dice a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón

Y en el Nuevo Testamento se vuelve a repetir que Dios mira el corazón y no las obras de los hombres. En Lucas 16:15 Jesús dice: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones, pues lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.

Aquellos hombres creían que con recibir las alabanzas de sus hermanos en la fe bastaba. Jesús les dice lo que para ustedes es sublime, para Dios es abominación. Sus actos ejemplares no eran fruto de un corazón limpio sino fruto de celos envidias y rivalidades. Esto no lo podemos esconder de Dios quien el día del juicio -dice Pablo- “manifestará las intenciones de los corazones”.

Pablo decía que “con el corazón se cree para justicia y con la boca se confiesa para salvación”. Es decir, si no hay en primer lugar una limpieza del corazón, no puede haber una verdadera conversión. Una oración de fe que no nazca de un deseo de limpiar el corazón no sirve de nada.

Cómo limpiar verdaderamente el corazón

La Palabra de Dios nos presenta la manera en la que podemos limpiar diariamente nuestro corazón del pecado y los malos deseos.

La fe limpia nuestros corazones

Dice Hechos 15:9 que Dios “purificó sus corazones con la fe”. El primer paso para empezar a limpiar nuestro corazón es por medio de la fe en Cristo Jesús. Cuando realmente le abrimos el corazón a Jesús por medio de la fe, Él empieza a obrar y a limpiar en nuestro interior. Cuando en fe dejamos cosas que nos eran preciosas pero que Jesucristo por medio de su Palabra nos dice que son nocivas para nosotros, logramos que Jesucristo limpie profundamente nuestro corazón.

La Palabra de Dios

Dice Lucas 24:32: Se dijeron uno a otro: « ¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras? ». El segundo paso para empezar a limpiar nuestro corazón es alimentarse por medio de la Palabra de Dios. La predicación, la meditación bíblica, etc., son formas de hacer que habite en abundancia en nosotros la Palabra de Dios de modo que vaya desalojando poco a poco aquello que ensucia nuestros corazones.

Sin embargo, lo primero es la fe. De otro modo, al leer el texto bíblico, un velo cubrirá nuestros corazones por no querer volvernos a Jesucristo. Esto lo podemos encontrar en 2da Corintios 3:15

Meditar en las obras de Dios

Lo tercero es meditar y guardar en el corazón el obrar de Dios de tal modo que cuando tengamos inquietudes sobre las circunstancias que estemos pasando podamos recordar cómo actuó Dios en otras ocasiones. María es ejemplo de esto pues dice Lucas 2: 51 que ella “conservaba cuidadosamente todas las cosas [referentes a Jesús] en su corazón” y en el verso 19 dice: “María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón”.

Contentamiento

Vimos que, entre las ideas que el enemigo pone en nuestro corazón se hallan los hurtos, las envidias y las avaricias. La mejor manera de de combatir esto es por medio del contentamiento. Pablo nos recuerda en 1ra Timoteo 6:7 que nada hemos traído a este mundo y, sin duda, nada podremos sacar. Por lo tanto sentencia: teniendo sustento y abrigo, estemos ya satisfechos.

Debemos aclarar, con todo, que tener contentamiento no es lo mismo que ser conformistas. Trabajando duro, como para el Señor, haciendo nuestras actividades con honradez y sabiendo ser buenos administradores de los dones y riquezas que el Señor nos da, cumpliremos con la palabra y además seremos prosperados.

Perdón

Otros venenos que suelen acostumbrar hacer nido en nuestros corazones son el rencor, el resentimiento y la amargura. La mejor manera de echarlos del corazón es aprendiendo a perdonar.

Llenar el corazón de todo lo puro

Pablo les recomienda a los Filipenses en el capítulo 4, verso 8 de su carta lo siguiente: “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Desechemos todo pensamiento impuro; quitemos de nuestra mente y corazón todo chiste de mal sentido; desarraiguemos de nuestra boca todo vocabulario obsceno; quitemos de nuestra mente todo aquello que daña nuestro corazón. Por el contrario acostumbremos a nuestro corazón a pensar en lo bueno, en lo puro, en lo que es de buen nombre. Es de esta manera cómo podemos lograr que nuestro corazón sea limpio y permanezca limpio.

Los frutos de un corazón limpio

Es conforme al corazón de Dios

No hay interferencias. Hace la voluntad del Padre.

Es generoso

Sabe que todo lo que tiene se lo debe a Dios. No es mezquino. Sabe dar con alegría siendo consciente de lo que Dios ha hecho por él. (2da Corintios 9:7)

Es agradecido

Reconoce que todo don perfecto viene de Dios y por ellos vive en gratitud por lo recibido. (2da Corintios 9:7)

Verán a Dios

La promesa que hace el texto bíblico es que quienes conservan su corazón puro podrán ver a Dios. Esto se entiende de dos maneras:

Ser librado de la aflicción

En el salmo 31:16 vemos que existe una analogía entre ver la faz de Dios y ser salvado por Él. Dice el texto: “Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; ¡sálvame por tu misericordia!”. De igual manera, en el Salmo 13:1 vemos que el salmista se halla pasando por una gran aflicción y la expresa diciendo que Dios ha escondido su rostro de él. Finalmente en el Salmo 11:6-7 se puede apreciar que los malos recibirán castigo mientras los rectos verán el rostro del Señor, es decir recibirán misericordia.

Esto no sólo es recibir una que otra petición de parte de Dios. De hecho es vivir cada día en la presencia de Dios. Este privilegio es más grande de lo que a veces nos lo imaginamos. Tomás de Aquino lo notó y dijo: “así como en la corte de un rey están más elevados los que le ven la cara que aquellos que sólo comen de sus tesoros”, así son más elevados los limpios de corazón.

Estarán en presencia de Dios al final de los tiempos.

Al final de los tiempos cuando Dios lleve a su presencia a todos sus santos, quienes han permanecido buscando mantener limpio su corazón verán a Dios. Aquel día ya “no habrá más maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en [en medo de ellos], sus siervos lo servirán, verán su rostro y su nombre estará en sus frentes”.

Ministerio de refrescar a otros

Compartimos a continuación una prédica del pastor D. Wilkerson.

Algunos cristianos tienden a pensar que el apóstol Pablo era un súper humano a causa de sus poderosos escritos y su maravilloso ministerio. Sin embargo, si Pablo no fuera hecho de la misma carne y sangre que nosotros – si él no estuvo sujeto a las mismas tentaciones y pruebas – él no tendría nada que decirle a la iglesia. Todas sus epístolas hubieran sido escritas en vano.

La verdad es, que Pablo escribió muchas de sus cartas durante los tiempos más difíciles de su vida. Él confeso abiertamente a la iglesia en Corinto que él experimentaba tiempos de profundos problemas y angustia mental. “… sino que en todo fuimos atribulados: de fuera, conflictos, y de dentro, temores. (2 Corintios 7:5). Cuando él escribió esto, el gran apóstol estaba en Macedonia, donde el se sentía abatido, ineficaz y totalmente rechazado por la iglesia.

¿Como había llegado Pablo a este punto? Miremos el fondo de su situación. Pablo acababa de escribir su primera epístola a los corintios, una picante reprobación para corregir una situación inmoral en la iglesia. A pesar de que su carta contenía un mensaje difícil, Pablo la había escrito a través de lágrimas y angustia de corazón.

La ocasión para esta carta era por un acto vergonzoso de fornicación que estaba siendo pasado por alto. Pablo le escribió a los corintios: “Ustedes están henchidos de orgullo, rehusando dolerse por ese pecado abierto en sus medios. Ustedes no han juzgado esta situación rectamente. Ustedes debieron poner al perpetrado fuera de su reunión, hasta que vieran verdadero arrepentimiento.” Pablo entonces los instruyo “el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.” (1 Corintios 5:5).

Fue un mensaje fuerte y duro. Y por un tiempo después, Pablo se arrepintió de haberlo enviado (vea 2 Corintios 7:8). Ciertamente, desde ese día Pablo se contristo, preocupándose como los corintios responderían. ¿Mal interpretarían su motivación? O sabrían que él lo escribió en amor, con una preocupación profunda por la dirección que tomaba la iglesia? Mas tarde él les escribió, “No lo digo para condenaros…’ (7:3).

Yo sé como Pablo se sintió. A través de los años, tuve que dar lo que algunos llamarían mensajes duros por instrucción del Señor a través de su Palabra. Después caí sobre mi rostro en angustia, orando, “Dios, ¿me pase de la raya? Tu Palabra dice que no debemos reprender a los justos ni bendecir a los malos. Dime, ¿herí a tus justos con este mensaje?”

Pablo también supo que falsos profetas estaban entrando a la iglesia de los corintios y haciendo que otros ‘despreciaran” sus sufrimientos. De hecho, esta gente estaba diciendo de él, “Si Dios verdaderamente esta con este hombre, entonces ¿por qué todo este reproche vergonzoso se acumula sobre él? ¿Por qué Pablo esta en la prisión? Y ¿como puede cualquier hombre de Dios decir que él ‘desespero de vivir’? No entendemos como un hombre de oración puede ser atacado tan a menudo y llevado tan bajo. Si Pablo tuviera fe de verdad, él no estaría experimentando estos problemas.”

Tales acusaciones todavía son lanzadas a siervos piadosos quienes soportan sufrimientos y reproche. Cuantas veces ha escuchado a un cristiano decir de otro, “¿Debe haber algo malo en su vida para que pase tanto sufrimiento”? En el caso de Pablo, era cuestión de que sus críticos querían cortar su autoridad espiritual.

Aun así, Pablo dijo que no se arrepentía de enviar la carta a los corintios. Al contrario, él instruyó a Tito, su hijo espiritual, a ir a Corinto y explicar el propósito detrás de su mensaje: “Dile al pueblo que los amo y que no deseé dañarlos, sino que esta situación debe ser enfrentada. Entonces encuéntrate conmigo en Troas y dime que tipo de efecto tuvo mi carta.”

Después de enviar a Tito en su misión, Pablo partió para Troas, deteniéndose de paso en Éfeso. Dios se movió poderosamente a través de Pablo allí, y su predica ungida conmovió a multitudes. Muchos de los que escucharon su mensaje corrieron a su casa para buscar sus libros de ocultismo, luego se reunieron en el centro de la ciudad para quemarlos en una enorme fogata.

Esto molestó a los plateros de Efeso, quienes ganaban la mayor parte de sus ingresos de idear ídolos de la diosa Diana. Repentinamente, ellos vieron su vida hacerse en humo ante sus ojos. Así que se levantaron iracundos contra Pablo, acusándolo de fanatismo religioso y diciendo que él quería destruir su forma de adoración. Las acusaciones incendiaron un disturbio masivo, y Pablo apenas escapo con su vida. Cuando él después escribió que “desesperaba por la vida,” el estaba diciendo de este incidente, “Pensé que me iban a matar.”

No podemos estar seguros de que otra cosa paso en Efeso, porque Pablo no nos cuenta. Todo lo que sabemos es que su experiencia allí le hizo estar “abrumado en gran manera mas allá … que perdimos la esperanza de conservar la vida” (2 Corintios 1:8). Ciertamente, Pablo hablo de ser perseguido, perplejo, abatido en espíritu. Ahora, mientras se dirigía a Troas, el ansiaba ver a Tito, su piadoso hijo en Cristo, quien podía levantar su animo. Pablo podía aliviar su corazón con Tito y conocer el impacto de su carta.

Sin embargo, cuando Pablo llego a Troas, Tito no estaba allí. El espero que su hijo espiritual regresara, pero Tito no llegaba. Mientras tanto, puertas de ministerio se abrieron para Pablo en Troas, pero para este tiempo el corazón del apóstol estaba cansado. Pablo escribe de la experiencia, “Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, aunque se me abrió puerta en el Señor, no tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito. Por eso, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia.” (2:12-13).

Pablo hizo algo que nunca había hecho en su vida, algo contrario a todo lo que predicaba. A pesar de estar ministrando cuando las puertas se abrieron, Pablo se retiro. En lugar de eso, el deambuló inquieto hacia Macedonia. Qué imagen de un soldado de la Cruz herido, el gran apóstol estaba golpeado, desmayando e incapacitado, cayendo en debilidad mental, corporal y espiritual. ¿Por qué? ¿Qué había llevado a Pablo a tal punto? El apóstol mismo explica: “No tuve descanso en mi espíritu, porque no encontré a mi hermano Tito.” El estaba solo, y desesperadamente necesitaba consuelo de alguien.

Escucho al enemigo susurrando: “Ya Dios no esta contigo, Pablo. Has sido rechazado por todos en Asia. No queda uno que te respalde. Hasta tu hijo espiritual, Tito ha sido infestado con dudas por tus oponentes en Corinto.

“Acéptalo, Pablo, has perdido tu unción. Considera a Apolos, las predicas del cual atraen a grandes muchedumbres. Todos hacen alarde de cuan efectivo es su ministerio, mientras que tu solo alcanzas a pequeños números. Has comenzado disturbios cuando predicas, y los avivamientos que diriges terminan cerrándose, tal como en Efeso. No eres amado, Pablo, y ya no eres necesitado. Es claro que estas siendo castigado por el Señor. Has contristado al Espíritu Santo de alguna manera, y Dios ha levantado su mano de sobre ti.”

Si has caminado con el Señor en intimidad, tú sabes muy bien lo que Pablo estaba enfrentando. Satanás es el padre de mentiras, y de hecho ahora mismo puede estar mandándote las mismas mentiras que lanzo sobre Pablo: “Eres rechazado por todos. No tienes ministerio, ningún lugar en la obra del reino de Dios. Solo estas tomando espacio.” Eso es del fondo del infierno.

David sabía lo que era ser abrumado por mentiras demoníacas. En el Salmo 140, el escribe de estar en un “tiempo de guerra” tanto físico como espiritual. Este piadoso hombre oro al Señor, “Los malos están reuniéndose continuamente contra mi para hacer guerra. Ellos afilan sus lenguas como una serpiente y se han propuesto derrocar mis caminos. Ellos han puesto una trampa para mi, buscando atraparme” (Salmo 140:1-5, parafraseado).

Pero, a pesar de esta situación, David se regocijo, “Jehová, Señor, potente salvador mío, tu pusiste a cubierto mi cabeza en el día de batalla.” (140:7). Aquí esta el testimonio de David, en esencia, “Dios, has cubierto mi mente, protegiéndome de mentiras demoníacas. Poderes infernales han afilado sus lenguas contra mí. Pero tu has cubierto mis pensamientos para que las mentiras de Satanás no derroquen mis entradas y salidas.”

¿Cómo trajo el Espíritu Santo consuelo a Pablo? El apóstol mismo nos cuenta: “Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito,” (2 Corintios 7:6). Tito llegó a Macedonia con un espíritu refrescante, y de repente el corazón de Pablo se animo. Mientras los dos hombres compartían, una inundación de gozo fluyó por el cuerpo, mente y espíritu de Pablo, y el apóstol escribió, “Estoy lleno de consuelo y sobreabundo de gozo en medio de todas nuestras tribulaciones. (7:4). Pablo estaba declarando, “Aun enfrento problemas, pero el Señor me ha dado lo que necesito para la batalla. El me ha refrescado a través de Tito.”

A través de mis años de ministerio, he visto a hombres y mujeres de Dios llegar a los finales de su fuerza, abatidos y completamente confundidos. Me he angustiado por estos amados hermanos y hermanas en su dolor, pidiéndole al Señor, “Padre, ¿cómo podrán estos siervos tuyos salir alguna vez del hoyo del sufrimiento? ¿Dónde esta el poder que los sacara? ¿Qué puedo decir o hacer para ayudarlos?”

Yo creo que la respuesta se encuentra aquí mismo, en el testimonio de Pablo. Aquí tenemos a un hombre profundamente agotado que ya no era el mismo. Pablo estaba en el momento mas oscuro de su ministerio, tan abatido como nunca estuvo. Pero dentro de cortas horas, el estuvo completamente fuera de ese hoyo oscuro y deleitándose en gozo y alegría. Una vez más, el amado apóstol se sintió amado y necesitado.

¿Cómo sucedió todo esto? Primero, miremos lo que sucedió en Corinto. Cuando Tito llego allí a reunirse con los lideres de la iglesia, el recibió su propio refrigerio glorioso. Un despertar estaba tomando lugar en la iglesia porque ellos habían escuchado la instrucción de Pablo, y ahora Dios los estaba bendiciendo poderosamente.

Si el Señor tan solo hubiera corrido la cortina en ese momento, y le hubiese mostrado a Pablo lo que realmente estaba pasando. Si tan solo el hubiera sido testigo del avivamiento que estaba tomando lugar a causa de su mensaje. El hubiera visto las mentiras de Satanás expuestas y se hubiera recordado que los pensamientos de Dios hacia el eran buenos, que todo era parte de su plan.

Ahora Tito llega a Macedonia con noticias de animo: “¡Pablo, los hermanos en Corinto te mandan su amor! Han quitado el pecado que estaba en sus medios y trataron con los falsos profetas. Ya ellos no desprecian tus sufrimientos sino que se regocijan en tu testimonio.”

Esta palabra refrescante, traída por un querido hermano en el Señor, inmediatamente levanto a Pablo de su hoyo: “Pero Dios, que consuela a los humildes, nos [me] consoló con la venida de Tito,” (2 Corintios 7:6). ¿Puedes ver los ejemplos aquí? Dios usa gente para refrescar gente. El no mando un ángel para que refrescara a Pablo. El consuelo que este hombre recibió vino a través del refrigerio del espíritu de Tito, quien a cambio refresco el espíritu de Pablo

En Hechos 27, Pablo estaba en un barco camino a Roma cuando la nave se detuvo en Sidón. Pablo le pidió permiso al centurión encargado para visitar algunos amigos en la ciudad, y “Julio, tratando humanamente a Pablo, le permitió que fuera a los amigos para ser atendido por ellos.” (Hechos 27:3). Aquí tenemos aun otra instancia donde Dios usa a creyentes para refrescar a otros creyentes.

También vemos esto en 2 Timoteo, donde Pablo le escribe a cierto creyente: “Tenga el Señor misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó y no se avergonzó de mis cadenas, sino que, cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me halló.” (2 Timoteo 1:16-17).

Onesíforo también fue uno de los hijos espirituales de Pablo, y amaba a Pablo tan profundamente e incondicionalmente que lo busco en sus sufrimientos. Una vez, cuando Pablo estuvo encarcelado, Onesíforo camino por toda la ciudad hasta que lo encontró. Su única motivación era, “mi hermano esta dolido. El ha sufrido los terrores de un naufragio, y ahora esta siendo zarandeado por Satanás. Tengo que animarlo.”

El ministerio de refrigerio claramente incluye buscar al que esta herido. Escuchamos mucho acerca de poder en la iglesia estos días: poder para sanar a los enfermos, poder para ganarse a los perdidos, poder para vencer el pecado. Pero yo digo que hay gran poder de sanidad que fluye de una persona refrescada y renovada. Depresión, angustia mental o un espíritu atribulado puede causar toda clase de enfermedades físicas, pero un espíritu refrescado y animado – uno que se hace sentir aceptado, amado y necesitado – es el bálsamo sanador necesitado por la mayoría.

Encontramos este ministerio de refrigerio en el Antiguo Testamento también. Cuando David era cazado por el Rey Saúl, el estaba agotado y dolido, forzado a correr día y noche. Durante ese tiempo, el se sintió rechazado por los lideres de Dios y su pueblo. Entonces, en un momento crucial, el amigo de David, Jonatan vino a el: “Jonatan hijo de Saúl se levantó y vino adonde estaba David, en Hores, y lo reconfortó en Dios diciéndole: –No temas, pues no te hallará la mano de Saúl, mi padre; tú reinarás sobre Israel y yo seré tu segundo.” (1 Samuel 23:16-17).

Esta palabra de refrigerio no pudo haber llegado a mejor tiempo para David. Acababa de soportar un horrendo rechazo después de hacer un acto de bondad. David y sus hombres habían arriesgado sus vidas para salvar al pueblo de Keilah, y por un tiempo tomaron refugio allí. No obstante, después, cuando Saúl estaba al acecho, David oro, “Señor, me entregaran esta gente a Saúl?” Dios le contesto, “Si, te rechazaran. Vete del pueblo ahora.”

Los Salmos revelan cuan baja estaba la condición de David en ese tiempo. Su alma estaba abatida y lloraba continuamente, “Dios, ¿dónde estas?” Considera también la dolorosa prueba de Jonatan por su padre malo y poseído. Sin embargo, este piadoso amigo “fortaleció la mano de David en el Señor,” diciéndole, “El Señor esta contigo, David, y aun eres amado en Israel. Quizá no lo sientas así ahora, pero tú vas a ser rey. Tu trabajo solo ha comenzado.”

Eso era todo lo que David necesitaba escuchar – “Dios aun esta contigo” – e inmediatamente su espíritu fue refrescado para seguir adelante. Vemos este ejemplo vez tras vez en las Escrituras: Dios no envía un Ángel ni una visión, sino a un creyente para refrescar a sus amados.

Es posible que en medio de nuestras tribulaciones giremos a un vacío sin fe, perdiendo toda esperanza y dándonos por vencidos. Si esto sucede, terminaras amargado y con corazón endurecido, a no ser que enfrentes tu situación con verdad. En efecto, nunca saldremos de nuestros tiempos de confusión y sentimientos de rechazo a no ser que entendamos por que Dios permite estos problemas en nuestras vidas. Estoy convencido que para muchos lectores, esta es la palabra de Dios de sanidad.

Cuando Pablo se sentó a escribir su segunda carta a los corintios, el vio ante el una multitud que enfrentaba las mismas clases de sufrimientos que el. El les dijo, “Yo quiero que sepan, estas aflicciones que estoy soportando tienen todo que ver con ustedes y sus propios tiempos de tribulación.”

“Pero si somos atribulados es para vuestra consolación y salvación; o si somos consolados es para vuestra consolación y salvación, la cual se realiza en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos.” (2 Corintios 1:6). Pablo estaba diciéndoles, “Dios esta usando mis pruebas para enseñarme los caminos del consuelo. Así que cuando enfrenten sus propias aflicciones, ustedes sabrán que mis palabras a ustedes tienen poder, porque yo lo he pasado también.”

Fue una maravillosa revelación del Espíritu Santo. Pablo se dio cuento, “Por eso es que Dios ha permitido este zarandeo. El Espíritu Santo va a callar mi alma y me va a sanar a través de esto, para que yo pueda salir a consolar y refrescar a otros en sus tribulaciones. El nos consuela en nuestras tribulaciones, para que podamos consolar y refrescar aquellos que también están soportando tribulaciones, con el consuelo con el cual nosotros también fuimos consolados.”

Hoy hay una avalancha de libros, casettes, y videos acerca de “como enfrentar.” Este mensaje es muy necesitado y muchos materiales hacen cierto bien cuando son enseñados por ministros sinceros y rectos. Pero yo creo que Pablo nos esta tratando de decir: “Las únicas palabras que traen verdadero refrigerio y sanidad perdurable vienen de lo que se ha aprendido de muchas aflicciones y tribulaciones.

Recibí una carta no hace mucho tiempo de una mujer que fue monja quien hoy es una ministro ordenada. Esta mujer tiene 59 años de edad, y después de sufrir un infarto recientemente, cayo en una profunda depresión. Mirando sobre su vida, ella decidió planear su funeral y escribió el siguiente obituario de si misma:

La esposa de nadie. La madre de nadie. Apartada de su familia a partir de su salvación. No ha logrado nada de importancia con su vida. Vivió en pobreza. Una verdadera perdedora ha muerto.” Mi corazón se quebranto cuando leí esto, mientras pensaba sobre lo triste de ir a mi Señor sin nada. Pero un pastor le dio a esta mujer una copia de mi mensaje, “He trabajado en vano,” y ella me escribió, “Hermano David, sus palabras me animaron y refrescaron.”

No se equivoque: Dios usa a la gente para refrescar a otra gente. El ama tanto esta clase de ministerio que el movió al profeta Malaquías a hablar de el como la obra mas necesitada en los últimos días. Malaquías describió como, en su día, el pueblo de Dios se levantaba a través de edificación mutua. “Entonces los que temían a Jehová hablaron entre sí.” (Malaquías 3:16).

¿Cuando sucedió esto exactamente? Las palabras de Malaquías llegaron durante un tiempo de impiedad desenfrenada, cuando el “devorador” había destruido mucho fruto en la tierra. El pueblo de Dios estaba cansado y comenzó a dudar si caminar con el Señor valía la pena. Ellos pensaron: “Nos dijeron que vale la pena servir al Señor, obedecer su Palabra y llevar sus cargas. Pero miramos a nuestro alrededor a los orgullosos y los que están en compromiso, y ellos son los que parecen felices. Ellos persiguen la prosperidad, viven descuidadamente, y disfrutando la vida al máximo.”

El Espíritu Santo comenzó a moverse en Israel, y pronto el temor del Señor vino sobre un pueblo hambriento de Dios. Repentinamente, todos en Israel, joven y viejo, se convirtieron en misioneros de uno a otro. Por el mover del Espíritu, la gente se abrió una a otra, edificándose mutuamente y consolando aquellos a su alrededor.

Estoy convencido que la palabra de Malaquías acerca de este ministerio es una imagen que refleja el día presente. El nos ha dado una imagen del derramamiento del Espíritu Santo en los últimos días, cuando el pueblo de Dios deja de chismosear y quejarse y en vez de eso ministra refrigerio. Esta sucediendo por teléfono, por carta, por email, y cara a cara. Y Dios esta tan complacido con este ministerio, que nos dicen que el esta tomando nota de esto.

Cada palabra pronunciada, cada llamada, cada carta escrita, cada esfuerzo por consolar a los caídos es grabada en un “libro de recuerdos.” Y la Biblia dice que cada uno de nosotros por quien la obra ha sido escrita será precioso para el: “Serán para mí especial tesoro,” (Malaquías 3:17).

Dios ayude a aquellos que se quejan diciendo que no tienen un ministerio o no tienen puertas abiertas al ministerio. Yo digo a tal persona: Quita tus ojos de tu situación y deja de preocuparte de ser acosado. Deja de tratar de agradar a Dios planeando alguna gran obra de sacrificio. En vez de eso, levántate, busca y refresca a tu hermano o hermana.

Se un Tito a alguien que esta abatido en espíritu. Ora para tener un espíritu de Onesíforo, quien busco al herido para llevarle sanidad. Piénsalo: se te ha dado todo el poder del cielo para refrescar a un creyente herido, alguien que necesita la consolación que Dios te ha dado a ti en forma extraordinaria. Si, hay gente que te necesita, y la intención del Señor es que tus consolaciones pasadas lleven refrigerio a otros. Llame a ese alguien y diga: “Hermano/a, quiero orar por ti y animarte. Tengo una buena palabra para ti.”

Tomado de: http://www.tscpulpitseries.org/spanish/ts060501.htm