Entre exisitir y vivir a plenitud


A fin de cuentas lo que vale no son los años de vida que tengamos sino lo que hemos vivido en aquellos años1. Mucho depende de nosotros el fruto que aquellos años dejen en nosotros. Ahora que nos hallamos añadiendo un año más a nuestro calendario, debemos considerar si los años idos han dejado o no algún fruto.

Pueden pasar muchos días en nuestra vida sin que aprendamos mucho de ellos . Podemos estar tan ocupados haciendo “cosas”, que de un momento a otro vemos cómo repentinamente los años se han esfumado y cuán poco hemos avanzado en alguna dirección. Como decía una canción de Jhonny Halliday que popularizó en español Julio Iglesias: me olvidé de vivir…

De tanto correr por la vida sin freno

me olvidé que la vida se vive un momento

de tanto querer ser en todo el primero

me olvide de vivir los detalles pequeños.

Hay quienes después de varios años llegan a la conclusión de que su vida ha sido desperdiciada. No es algo que notan inmediatamente. Poco a poco van pasando los años y descubren que el saldo que les deja el tiempo vivido es negativo. Es como si en nuestra juventud poseyésemos una gran fortuna que creemos eterna y que despilfarramos inmisericordemente hasta que de pronto vemos que aquel tiempo era valioso y que cada vez parece acortarse más rápidamente.

Charles Aznavour lo expresó de manera magistral en su canción: hier encore:

Ayer aún tenía veinte años

y acariciaba el tiempo

y jugaba con la vida

como se juega al amor…

Vivía por la noche

sin contar los días

que huían con el tiempo…

Ayer aún tenía veinte años

yo despilfarraba el tiempo

creyendo que lo podía retener

Nuestra vida es corta y la Biblia lo expresa de manera recurrente. En Job 7:7, el personaje principal clama diciendo: Acuérdate, Dios mío, que mi vida es como un suspiro… Salmo 39:5 dice: Me has dado una vida muy breve, ¡tan breve que no es nada para ti! ¡Nadie dura más que un suspiro! Salmo 144:4 dice: El hombre es como un soplo; sus días son como la sombra que pasa. Santiago 4:14 dice: Nuestra vida es como neblina que aparece por un corto tiempo y luego desaparece.

El llamado de atención de la Biblia respecto de la brevedad de la vida no tiene como objetivo deprimirnos sino enseñarnos a vivir adecuadamente esos años que nos quedan. Si es cierto lo que dijo Oscar Wilde: “Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo”, entonces el objetivo de los textos bíblicos que nos anuncian lo efímero de la vida es enseñarnos a vivir a plenitud esos cortos años que tenemos.

Existir es andar sin rumbo alguno por la vida. Existir es ocupar un lugar en el espacio y no ser capaces de transformarlo para bien. Vivir es sufrir y también gozar. Vivir es crear y también soñar, vivir es transformar nuestro mundo de manera positiva. Vivir es dar vida, trascender, dejar algo a los demás. Esto es el llamado de Dios para cada creyente. Cuando hablamos de la vida eterna, no hablamos simplemente de aquella vida que nos espera después de la muerte. Hablamos de esa vida que empezamos a vivir aquí en el instante en que empezamos a conocer a Dios y a vivir como Dios. Jesús decía: Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado (Juan 17: 3). La vida eterna no sólo es una existencia prolongada por los siglos de los siglos. La vida eterna es la posibilidad de vivir a plenitud. La vida eterna es la posibilidad de ser como Dios. Recordemos que esta fue la promesa de la serpiente a Eva. El anhelo de los hombres siempre ha sido ser como Dios. La promesa de Dios es que seremos como dioses. Pero lo seremos conforme a Su Voluntad y no como un atributo robado a Dios. Jesús cita al salmo 82:6 al decir en Juan 10:34: Yo dije: sois dioses.

Que vivamos a plenitud, ese es el anhelo de Dios. En Juan 10:10 dice Jesucristo: Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia. En otra versión dice: Yo he venido para que todos ustedes tengan vida, y para que la vivan plenamente. No es el anhelo de Dios que existamos simplemente. No somos llamados a sobrevivir. Hemos sido llamados a vivir en cada instante de nuestra vida el poder de Dios. Hemos sido llamados a vivir sobrenaturalmente en el sentido de ser capaces de crear una nueva realidad a partir del poder de Dios en nuestras vidas.

Dios es capaz de hacer milagros en nuestras vidas pero no desea que vivamos de milagro, por el contrario quiere que nuestra vida sea un punto de quiebre en la historia de la humanidad. Que en el mundo, en nuestro país, a nuestro alrededor se cree un antes y un después de nosotros. Que seamos capaces de transformar nuestro medio, que dejemos una huella en este mundo.

Nuestra vida es corta. Pero así mismo, es suficientemente larga para que seamos capaces de lograr ese cambio. Aquí también puede tener razón Oscar Wilde al decir que “A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante”.

Moisés se preparó durante ochenta años para guiar al pueblo de Dios a la tierra prometida. Nehemías vivió cómodamente en el palacio sin contratiempos ni sobresaltos. Parecía esperar el momento oportuno para hacer ese cambio necesario para la humanidad. Un día llegó un compatriota suyo con la noticia de que la ciudad santa estaba olvidada y nadie hacía nada por restaurarla. Nehemías sintió que ese era el momento que esta esperando. Puso manos a la obra y empezó a trabajar en aquella ciudad. Hoy en día más de dos milenios más tarde se siguen escribiendo cientos de libros acerca de la vida de ese hombre. Jerusalén no hubiese sido lo que fue de no haber sido por Nehemías. Muchos líderes actuales no serían lo que son ni hubiesen logrado lo que lograron de no ser por la inspiración que fue Nehemías para sus vidas.

Débora fue una mujer que quiso marcar la diferencia en su tiempo. Alentó al jefe del ejército israelí a defender al pueblo. Aquel hombre sintió temor y Débora comprendió que era la oportunidad que estaba esperando para lograr un cambio importante para Israel y aceptó el desafío.

William Wilberforce vio durante el siglo XIX la esclavitud a la que eran sometidos los africanos y vio en ello la oportunidad de Dios para cambiar su mundo. Aceptó el reto. Contra todo pronóstico logró que el parlamento inglés aboliera la esclavitud. Su lucha duró alrededor de 20 años hasta que fue abolida la esclavitud en todos los dominios del Imperio británico. Él marcó la diferencia en su sociedad.

Decía Tocqueville que en los tiempos modernos estaremos más preocupados por vivir cómodos y alargar los días de nuestra existencia, pero esto nos quitará la pasión por vivir. El temía que los hombres prefiriesen una existencia tranquila antes que una vida a plenitud.

La posibilidad de hacer algo que revolucione nuestra sociedad, nuestro contexto, nuestra familia no tiene que ver con la edad que tengamos. Tiene que ver con estar preparados para cuando Dios nos llame al frente de batalla y saber esperar hasta el momento oportuno.

Saber prepararnos es importante, saber esperar lo es aún más, pero la esencia de la vida consiste en aprovechar la oportunidad que Dios nos da2.

La vejez no tiene que ver con los años que tenemos. La vejez tiene que ver con la inutilidad que nos endosamos. La canción del chavo del ocho, aunque infantil, tiene mucho de real:

Jóvenes hay de ochenta y tantos años,

y viejos hay que tienen dieciséis,

porque vejez no significa arrugas,

y juventud no implica candidez….

Un joven es aquel que vive limpio,

con un ideal y metas que alcanzar;

anciano es quien pierde la pureza,

anciano es quien deja de estudiar…

Los viejos no resisten los fracasos,

no pueden ya volver a comenzar;

el joven que tropieza en el camino,

con prontitud se vuelve a levantar…

La vida es realmente corta, pero si sabemos vivirla descubriremos que se halla llena de ventanas a la eternidad. Cuando estamos viviendo a plenitud y conforme a la voluntad de Dios, transformando el entorno que Dios nos ha dado de acuerdo a su voluntad, estaremos demasiado ocupados disfrutando el gozo de vivir en Dios como para deprimirnos por lo corto de la vida. En cierto modo, la transición entre esta vida y la vida eterna será casi imperceptible pues será como seguir trabajando en los planes de Dios pero ahora en un nivel más alto.

Nunca es tarde para comenzar a soñar, a proyectar, a trabajar para Dios. Si Moisés empezó a sus ochenta, no vemos porqué debamos suponer que alguien es demasiado viejo para empezar a proyectar planes y sueños para Dios.

Claro que mientras más temprano empecemos a prepararnos para servir a Dios muchos más frutos podremos traer a sus pies. Nunca es demasiado tarde para vivir y nunca es demasiado pronto para empezarnos a preparar. No vivamos por vivir, vivamos a plenitud la vida que Dios nos ha regalado.

1Parafrasis de Abraham Lincoln

2Paráfrasis de Arthur Schnitzler

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