Nuestra espiritualidad debe ser luz para los demás

Cuando era joven y decidí seguir la pastoral, una de las razones que entonces fue para mí una justificación para hacerlo fue el suponer que siendo pastor y rodeado de creyentes sería más fácil ser cristiano. Cuando sea pastor, pensaba en ocasiones, podré ser un buen cristiano porque las tentaciones estarán muy lejanas.

En las iglesias muchas veces hay quienes tienen una forma de pensar muy similar. Creen que mientras más grande sea su círculo de amigos cristianos y más espirituales serán. En ocasiones, al cabo de unos pocos años todas sus amistades no cristianas son relegadas por amistades creyentes. En vista de que este cambio de relaciones y de actividades relacionadas cambian, muchos ya dan por sentado que su espiritualidad se a enriquecido. Concierto cristianos, reuniones de célula, cultos de oración, etc., son los que ocupan ahora el lugar que antes ocupaban las discotecas, los bares y otro tipo de encuentros. El viejo hombre, piensan, está muriendo en mí.

Estas actitudes, en lugar de fortalecer nuestra espiritualidad lo que hace es darle una hálito eclesial a nuestro pecado. La mentira, el robo, la lujuria, la hipocresía o la avaricia se mantienen en nuestro corazón sólo que ahora tienen otra apariencia.

No es alejándonos del mundo como logramos ser más espirituales. De hecho, se puede ver gente que en medio de grupos de no creyentes son capaces de hacer crecer su fe y su devoción por Dios. La manera como muchas veces el contexto supuestamente espiritual no logra hacer crecer nuestra fe mientras que los espacios supuestamente paganos sí lo logran lo pude ver cuando seguí el seminario a la par de la universidad. Mientras en el seminario, la reflexión y la crítica a que eran sometidas nuestras doctrinas más preciadas me hacían sentir poco valor por la espiritualidad o por los mandamientos bíblicos, por otro lado, los continuos cuestionamientos y críticas que recibía en la universidad (en Sociología) me hacían sentir más anhelos de fortalecer mi fe y mi relación con Dios.

En el caso bíblico hay muchos ejemplos, pero el que quisiéramos mencionar es el de la iglesia de Corinto. La ciudad en la que se hallaba aquella iglesia era uno de los más paganos del mundo antiguo. Tal vez Pablo hubiese podido buscar otro lugar más espiritual para fundar una iglesia, sin embargo, es en medio de una ciudad llena de pecado donde funda una iglesia. De igual manera, los Corintios cristianos hubiesen podido apartarse de la ciudad al ver que los templos idolátricos se hallaban por todos lados y que, de hecho, en el centro de la ciudad se hallaba uno de los más importantes prostíbulos del Imperio Romano. Lo cierto es que no lo hicieron. Buscaron ser creyentes fieles a Jesucristo en ese lugar. Tuvieron muchos errores y aún en ocasiones el pecado entró en la iglesia, pero persistieron en ser una iglesia de Cristo en un jugar adverso.

No es, pues, el apartarnos de la sociedad, de los amigos no creyentes lo que nos hace más espirituales. Es sólo cuando aprendemos a modelar nuestra vida de acuerdo al modelo de Cristo cuando empezamos a fortalecer nuestra espiritualidad.

Si Cristo hubiese pensado que es mejor alejarse del pecado y la maldad de este mundo, no hubiese venido por nosotros. Su encarnación nos enseña a ser creyentes en contracorriente. Es preferible hundirse porque se ha sido capaz de salir de la barca que simplemente criticar la falta de fe del otro desde dentro de la barca. Al final de cuentas, Pedro pudo probar el poder de Dios mientras caminaba por el agua y Jesús sostuvo a Pedro con su mano y no a los once que se quedaron en la barca.

No te pido que los saques del mundo, oraba Jesús, sino que los guardes del mundo. No vivamos enclaustrados, seamos luz donde el pecado va ganando terreno sobre nuestro mundo.

Escudriñar las Escrituras

Es muy común entre muchos creyentes el acercarse a la Biblia a seleccionar alguno que otro texto para el día a día. Es menos común el acercarnos a escudriñar las Escrituras. Para muchos la palabra escudriñar en sí mismo no es muy conocida. No es usada con frecuencia en nuestras conversaciones diarias y aún en la Biblia aparece contadas ocasiones. En toda la Biblia (RV1960) aparece apenas en 23 ocasiones. De estas, en la mayoría de las veces se trata del escudriñar de Dios en los corazones de los hombres.

De todos modos, en las veces en que aparece dicha palabra, trae luz a nuestra manera de leer la Biblia, y aún, de adquirir sabiduría. Veamos algunos ejemplos.

Escudriñar es el primer paso para la sabiduría

En Proverbios 2:4 se habla de la necesidad buscar (escudriñar) la sabiduría como quien busca y rebusca un tesoro. En Proverbios 25:2 se menciona que la excelencia de los reyes es inquirir, investigar, tratar de descubrir (escudriñar) el designio oculto de Dios. Proverbios 28:11 habla de la posibilidad que tienen los pobres de aventajar a los ricos por medio de la investigación que produce sabiduría. Eclesiastés 12:9 nos habla de la riqueza de saber investigar, buscar o escudriñar con el ánimo de alcanzar sabiduría. Es común atribuir este libro a Salomón, el hombre más sabio de la tierra. Lo interesante es ver que, según este versículo, dicha sabiduría le fue dada, no por vivir distraídamente sino por ser atento y estudioso (escudriñador). Al parecer, el regalo de Dios de la sabiduría de Salomón fue de hecho, el regalo de una mente despierta y dispuesta a investigar.

Escudriñar es la base de una correcta confesión de pecados

Lamentaciones 3:4 advierte sobre la importancia de saber reflexionar, examinar las propias faltas como paso previo para volverse a Dios. La confesión de pecados, carece de fuerza si no hemos examinado nuestra vida en busca del pecado que anida en nuestro corazón, oculto a la mirada distraída.

Escudriñar las Escrituras es la manera más apropiada de conocer a Cristo

A los dirigentes judíos que ponían pero a todas las cosas que Jesús hacía les dice en Juan 5:39 que investiguen, indaguen, escudriñen las Escrituras pues ellas son la principal fuente de información acerca de la venida, el propósito y la misión de Jesucristo. Nosotros, no podemos darnos el lujo de dejar de lado el testimonio de Cristo que se manifiesta en todas las Escrituras. Al contrario, si realmente queremos conocerlo a Él, es menester que nos adentremos en las Escrituras, que las estudiemos pacientemente como quien anhela descubrir un tesoro. Es allí donde se halla expuesta la manera de seguir a Cristo y la razón por la cual debemos hacerlo. En definitiva, no se puede ser cristiano completamente mientras no se conozca de Cristo y de él sólo podemos saber indagando, investigando y escudriñando en las Escrituras.

Escudriñar las Escrituras nos cuida de las herejías y falsas doctrinas

Escudriñar las Escrituras es lo que hacen los discípulos de Berea después de escuchar el mensaje de Pablo (Hechos 17:11). Es una lección que nos da la Biblia a todos los creyentes. La falta de cuidado en el estudio profundo de las Escrituras es lo que ha permitido que muchos predicadores inescrupulosos hagan de las suyas fundando iglesias, sectas y movimientos religiosos a partir de mal-interpretaciones de la Palabra de Dios. Los creyentes que los siguen, no han tenido el cuidado de examinar por sí mismos lo que dicen las Escrituras y se han dejado llevar por las palabras lisonjeras de aquellos maestros que predican a la gente conforme a sus propias pasiones (2 Timoteo 4:3).

Es sólo en la medida en que empecemos a escudriñar las Escrituras que podremos profundizar nuestra fe, adquirir sabiduría, conocer más acerca de Cristo y librarnos de las falsas doctrinas. No sólo leamos la Biblia, investiguemos, indaguemos, preguntemos, escudriñemos las Escrituras.

Decisiones que tomar

Cada día tenemos una serie de decisiones que debemos tomar. Son decisiones tan sencillas como que ropa podemos usar o que desayunaremos hasta decisiones complejas como si comprar un carro, una casa o invertir en un negocio.

Desde nuestra juventud empieza la toma de decisiones. A medida que nos vamos desvinculando de nuestros padres y vamos aprendiendo a tomar decisiones por nosotros mismos establecemos nuestro camino por medio de las decisiones correctas o incorrectas que tomamos. Decisiones como estudiar o no hacerlo. Seguir la universidad o empezar a trabajar inmediatamente acabada la educación secundaria. Escoger si nos casaremos pronto o esperaremos algún tiempo antes de hacerlo. Decidir con quién casarnos. Decidir cuántos hijos tener o decidir si dejaremos eso a la suerte.

Cada momento nos enfrentamos a una gran cantidad de opciones. Cuando vamos a un supermercado podemos encontrarnos con una cantidad increíble de opciones para un mismo producto y de entre todos ellos debemos escoger uno. Cuando decidimos salir a comer fuera debemos optar por las cientos de posibilidades que nos presenta la ciudad. Alguna eventualidad puede enfrentarnos a la decisión de quedarnos con un dinero o una pertenencia ajena cuando nadie sabrá que cayó en nuestras manos. Otras circunstancias nos pueden invitar a la mentira como modo de evadir una responsabilidad.

Muchos frente a este tipo de incertidumbres sienten la premura de decidir adecuadamente. En ocasiones, el temor de Dios nos lleva a buscar alguna manera de asegurar divinamente nuestras decisiones. Alguna señal, alguna corazonada o algún sentimiento o algún supuesto “oráculo cristiano” que nos diga que estamos haciendo lo correcto y que debamos seguir por allí.

Las decisiones entre los cristianos suelen hacer uso de ciertas estrategias que en ocasiones rayan con la adivinanza o la magia. Tomar un versículo bíblico al azar, soltar la biblia para que se abra en alguna parte que nos ilumine sobre nuestra decisión, esperar que alguien adivine nuestra situación y que emita un oráculo misterioso que se convierte en la respuesta del Señor para nuestras vidas. De igual manera hay muchos líderes cristianos que se prestan a estos juegos usando frases estereotipadas como: Es Señor conoce tu aflicción y te dice ve, porque su diestra de poder te acompañará.

Otras ocasiones las decisiones se toman en base a emociones. Tal es el caso de aquellos que deciden en función de si sienten o no sienten “paz en el corazón”. Esto se asemeja mucho a las prácticas ancestrales de abrir un animal para escudriñar el hígado del mismo pues este era el centro de las emociones. Las decisiones no se toman en base a una adecuada reflexión sino en base a las sensaciones que se tiene en el momento. Debemos recordar cuán frecuente es encontrarnos con creyentes que han sido descubiertos en pecado y que frente a su falta “sienten paz en su corazón”.

Tomar decisiones en base a corazonadas, oráculos pseudo-divinos o versículos sueltos de la Biblia es precisamente a lo que la Biblia define como vivir como necios. Por el contrario, la palabra de Dios nos llama a vivir sabiamente.

La sabiduría, en la Biblia tiene que ver con la capacidad de tomar decisiones adecuadamente. Una persona sabia es aquella que evalúa correctamente las opciones y, en base a la Palabra de Dios, decide por la opción más adecuada. La Biblia nos permite tomar buenas decisiones, pero estas no son el fruto de la selección azarosa de algunos textos bíblicos sino la reflexión y conocimiento adecuado de la voluntad de Dios expresada en la totalidad de la misma.

Tomar decisiones correctamente es algo que aprendemos a hacer en función de las decisiones que tomamos (correctas o incorrectas) y la reflexión que hacemos de las mismas en función de la Palabra de Dios.

Si en algún texto dice algo que medio se acerca a nuestra situación y, por ello decidimos tomar el camino que parece estar definido allí es un error. Lo correcto es comprender los principios bíblicos y en base a ellos dirigir nuestra vida. Aquellos principios no nos permitirán robar, o mentir o cometer adulterio o alejarnos de Dios. Cosa que sí ha pasado en ocasiones con quienes deciden en base a emociones o lecturas sueltas de la Palabra. Luego, cuando alguien les inquiere el porqué de su alejamiento de Dios, aducen que fue la voluntad divina abandonar tal o cual iglesia y empezar ellos mismos a estudiar por su cuenta la Palabra o incluso iniciar un nuevo movimiento religioso. Quien guía estos pensamientos no es Dios sino Satanás que es el más interesado en dividir y desvirtuar a la Iglesia de Cristo.

Si hay divisiones en nuestras iglesia, muchas veces es simplemente el desconocimiento de la Palabra de Dios lo que los genera.

Aprendamos a dirigir nuestro caminar en función de la sabiduría divina, esto nos permitirá tomar decisiones adecuadas en todo momento.

Este día domingo seguiremos profundizando sobre este tema de las decisiones, el propósito de Dios y la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas. No te lo pierdas.

Domingo 4 de Febrero de 2012

08h00 – 0930

11h00 – 12h30

 

EL REINO DE DIOS (VS) EL REINO DE LOS HOMBRES

Compartimos con ustedes esta reflexión preparada por la pastora Nelly Ávila.

Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.

Marcos 8:34-35

Durante muchos años el pueblo judío esperaba a un Rey que con mano fuerte les traería igualdad y justicia. En aquel entonces había mucha pobreza, desigualdad social y el pueblo era dominado por el imperio romano. Pero la esperanza estaba siempre presente: el Mesías, el Cristo, un Rey enviado por Dios redimiría al pueblo y les devolvería a la gloria de los tiempos del rey Salomón. Esta era la esperanza mesiánica del pueblo judío.

La venida de Jesús no llenó las expectativas del pueblo judío. Era un hombre de apariencia común y que constantemente predicaba acerca del arrepentimiento por los pecados, y los milagros que realizaba evidenciaban que Dios estaba con Él.

-¿Quién dice la gente que soy yo?- pregunta Jesús a sus discípulos. Y nuevamente cabe preguntarnos ¿quién es Jesús hoy en día para el mundo?… para algunos un profeta más, un sabio, un hombre bueno que ayudó a mucha gente…

– Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?, pregunta Jesús a Pedro, y con él nos pregunta también a nosotros. Pedro declara a Jesús como Mesías y nosotros también, como cristianos, afirmamos que es nuestro Señor y Salvador…

La afirmación de que Jesús era el tan esperado Mesías trajo gran alegría al corazón de Pedro y los discípulos, sus expectativas aumentaron, pues estaban junto al Maestro. Sin embargo con la siguiente enseñanza de Jesús quedaron muy confundidos, Jesús señaló que lo iban a matar, que esto era necesario y que a los tres días iba a resucitar.

¿Qué significaba la cruz para Pedro?, Al igual que para cualquier judío, el resultado de una derrota. ¿Qué significa la cruz para nosotros hoy?

Los valores del reino de los hombres son opuestos a los valores del Reino de Dios…

  • En el reino de los hombres la seguridad esta puesta en las posesiones materiales, en la seguridad económica, el buen trabajo…; en el Reino de Dios la seguridad está puesta en Dios…

  • En el reino de los hombres el éxito es tener conocimiento, títulos académicos, poder político…; En el reino de Dios no soy yo, sino Cristo el centro de mi vida.

  • En el reino de los hombres se busca reconocimiento social…; En el Reino de Dios podemos ser rechazados a causa del evangelio.

  • En el reino de los hombres justicia es igual a venganza… En el reino de Dios justicia es misericordia y amor.

Con la frase “Apártate de mi Satanás” Jesús no acusa a Pedro de ser satánico, sino de hacer la función del tentador, es decir, tratar de apartar a Jesús de su camino hacia la Cruz. Con la misma intención Satanás tentó a Jesús en el desierto.

El apartarse del camino de la Cruz es una tentación presente cada día en la vida del creyente. Por ejemplo, cuando somos tentados a optar por un evangelio “light”, un evangelio en el que no hay cruz, sólo sentirse bien con las “promesas” a las que uno puede acogerse, sin compromiso con Cristo; con un evangelio que profesa prosperidad sin sometimiento a Cristo; un evangelio que profesa perdón de pecados sin arrepentimiento ni obediencia. Esto no es el evangelio de Cristo, es guardar una apariencia y engañarnos a nosotros mismos.

En 1 Juan 2:15-17 dice:

No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre. Porque nada de lo que hay en el mundo —los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida—proviene del Padre sino del mundo. El mundo se acaba con sus malos deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”

Negarnos a nosotros mismos es negar nuestros deseos egoístas. Egoísmo que en ocasiones está escondido en lo profundo del corazón humano. Seguir a Cristo implica dejar de lado la naturaleza humana de pecado y someterme a la voluntad de Dios, esto es el Reino de Dios.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: