Los indignos entran al Reino


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¿Y si la iglesia fuera la que se excusa de participar en el banquete del Reino de Dios? Sabemos que la parábola que Jesús narra con motivo de un banquete tiene como trasfondo el rechazo del pueblo de Israel la llamado de Jesús a volverse a Dios ahora que el Reino se ha acercado. De todos modos, parece como si la historia se volviese a repetir con la Iglesia.

Jesús inicia su alegato luego de que uno de los convidados manifiesta su regocijo diciendo que realmente debe sentirse gozoso el que vaya a estar en el banquete del Reino de Dios. La idea que aquel hombre tiene en mente era una que compartían todos los judíos. Aquel día de la victoria del Señor, un gran banquete sería celebrado y estarían listos para el festejo aquellos que formaban parte del pueblo santo.

Jesús toma la palabra y menciona a tres individuos a los cuales les ha sido dada una invitación a un banquete. Los tres se excusan luego de haber dado su palabra de estar allí, en aquel banquete. La idea que plantea Jesús es la de un pueblo convocado a participar de la victoria de Dios y la manera cómo este decide rechazarlo.

La similitud la encontramos con el presente en aquellas circunstancias en las que los creyentes son convocados a participar de la vida en plenitud que implica servir a Dios y ser transformados por su Espíritu. La victoria ha sido dada por medio de Jesucristo, y nosotros hemos sido invitados a formar para de ese pueblo victorioso que es la iglesia, sin embargo, al igual que aquello tres que menciona el texto bíblico, muchos de nosotros optamos por excusarnos. Hay cosas que preferimos no dejar en este mundo y por las cuales estamos dispuestos a sacrificar la promesa de la vida eterna.

El primero en excusarse es el que ha comprado una finca y quiere ir a verla. Son los negocios los que retienen a este hombre al punto de preferirlos antes que a Dios. Hasta el día de hoy, los negocios siguen siendo un gran obstáculo para que muchos hombres y mujeres se comprometan con el Señor. Desde un negocio pequeño hasta un trabajo o una empresa, poco a poco nos dejamos absorber por las preocupaciones de dichas actividades y terminamos por despreocuparnos por nuestro crecimiento espiritual, por nuestro servicio al Señor, por nuestro seguimiento de Cristo. Estoy dispuesto a seguirte Señor, parece ser nuestro pensamiento, pero por el momento tengo otros asuntos que atender. Señor. Que otro te sirva. Para eso está el pastor. Que se vea a alguien que sirva, yo pago para que lo contraten. Todas estas no son sino evasiones para no querer reconocer que los negocios nos tienen atrapados y que no estamos dispuestos a ponerlos a una lado para seguir al Señor.

El segundo en excusarse es el que le dice que tiene cinco yuntas de bueyes que acaba de comprar y que desea ir a probarlas. En este caso, el aspecto en que se asemeja a nuestros tiempos es en la manera cómo las novelerías pueden distraernos del seguimiento de Cristo. En aquel tiempo era una nueva yunta de bueyes, hoy en día podría ser un carro, una casa, un partido de fútbol u otra cosa que nos distraen de nuestra necesidad de crecer espiritualmente. Nuestra sociedad actual se ha especializado en explotar la novelería de las personas, y muchos de nosotros caemos sin darnos cuenta de que esa novelería nos está apartando del Señor. Más importante que la adquisición de un nuevo vehículo, que un partido de fútbol o que cualquier otra novelería, es nuestro Señor y a Él debemos darle nuestro tiempo. No estamos planteando que pasemos todo el día en la iglesia. Sin embargo, si tan solo estamos acercándonos a la iglesia los domingos para el culto general, hay muchos que debemos empezar a corregir.

El tercero en excusarse es el que plantea que se acaba de casar. Este último justifica su inasistencia por medio de una ley que le permitía quedar exento de toda reunión durante el primer año de matrimonio. Este es el caso de aquellos que incluso buscan citas bíblicas que los excuse de servir al Señor. Que encontremos algún texto que nos justifique en nuestro descuido en el servicio, no significa que estamos exentos ante Dios. De hecho, cuánto no será la indignación de Dios al ver que alguien utiliza su palabra para justificar la pereza espiritual. Aún algo pequeño, o de algún modo, pero debemos velar porque nuestro espíritu siga creciendo por medio de servicio. Recordemos que sólo poniendo en práctica lo que aprendemos es que crecemos, no oyendo y oyendo y nada haciendo.

Frente a la actitud indignante de estos tres el dueño de la casa decide invitar a pobres, cojos, mancos y ciegos. La invitación que se hace a este grupo de personas no es en vano. Son aquellos de los qe se decía que no eran dignos del reino de Dios. Los judíos tenían una manera equivocada de entender la relación entre el pecado y la calamidad. Ellos daban por sentado que si una persona se encuentra enferma o en pobreza se debe a su pecado. En el relato de Juan 9:1ss vemos que Jesús rechaza esta manera de pensar. Mientras que los discípulos preguntan “quién pecó este o sus padres para que naciera así (ciego)”, Jesús les responde “ni este ni sus padres sino para que la gloria de Dios se manifieste en él”. No siempre se da una relación tan simple entre el pecado y la enfermedad. Y eso es algo que debemos recordar siempre.

De todos modos, para los convidados que habían rechazado la invitación al banquete, el grupo que se menciona era justamente el grupo menos digno de ser aceptado en el banquete. Y es justamente a ellos a quienes el amo de la casa decide invitar. Ya empieza a notarse aquí que lo importante, para Dios, no es que tengan su carnet de membresía sino que estén prestos para el Señor.

Que el mundo consideren que son indignos del Reino de Dios, le tiene sin cuidado. Es de mayor importancia ser siervos dispuestos para el cumplimiento de la justicia del reino que invitados de honor.

Una vez que han sido invitados estos primeros, el sirvo advierte que el lugar todavía no se ha llenado así que el Señor lo envía de regresos por más individuos que puedan ingresar al banquete.

Con todo, en esta segunda ocasión, el siervo debe ir a los campos a buscar personas que duerman a la intemperie. El siervo debe buscar vagabundos, ladrones, leprosos, etc. Personas que no entrarían a la ciudad y que deben resignarse a vivir como fugitivos. Ellos son llamados en lugar de los invitados del principio. Y al parecer, ellos están más dispuestos a volverse al Señor.

De cuál grupo somos, de los acomodados cristianos, que piensan que por asistir a la iglesia ya no es necesario obedecer al Señor o de aquellos indignos que sienten cómo la gracia de Dios se derrama sobre ellos y deciden ser obedientes en todo.

Ojalá y seamos indignos según el mundo pero acogidos por el Padre.

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