Vivo sin vivir en mí (Teresa de Ávila)

Vivo sin vivir en mi

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.
Vivo ya fuera de mí
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí;
cuando el corazón le di
puse en él este letrero:
que muero porque no muero.
Esta divina prisión
del amor con que yo vivo
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.
¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.
¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga.
Quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.
Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo, el vivir
me asegura mi esperanza.
Muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.
Mira que el amor es fuerte,
vida, no me seas molesta;
mira que sólo te resta,
para ganarte, perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero,
que muero porque no muero.
Aquella vida de arriba
es la vida verdadera;
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva.
Muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.
Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios, que vive en mí,
si no es el perderte a ti
para mejor a Él gozarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.

La necesidad de orar

Este día domingo (26/04/2015) tuvimos un tiempo especial para alabar al Señor y meditar en su Palabra.

Estuvimos reflexionando sobre la oración y pudimos ver que la base de la oración respondida es el amor de nuestro Padre Celestial.

Dios responde a nuestra oraciones, no por que las hagamos de determinado manera (declarando, decretando, arrebatando, describiendo nuestros deseos específicamente, etc.). El responde a nuestras oraciones porque nos ama y responde principalmente en función de nuestras necesidades.

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Lo que Dios pide de nosotros es que seamos persistentes en nuestras oraciones. Que no desfallezcamos al primer intento de oración.

La razón de esto es que Dios anhela nuestra comunión no Él. No es que Dios se haga rogar, o que Dios requiere nuestra insistencia para poder responder. Sólo que busca nuestro bien y nada mejor que fortalecer nuestra comunión con Él para poder fortalecernos en su gracia.

  WP_20150426_08_27_51_ProNo dejemos de orar pues Dios tiene preparada su gracia y amor para nosotros cuando persistimos en la oración

Bendiciones.

¿Toda enfermedad es producto del Diablo o un castigo de Dios?

Muy a menudo hemos escuchado que las enfermedades son castigo de parte de Dios como consecuencia de algún pecado que hemos cometido. En muchas iglesias incluso se predica diciendo que si estamos con enfermedad en nuestro cuerpo es debido a maldiciones que arrastramos por dejar entrar a Satanás en nuestras vidas. Esto hace que muchos creyentes añadan a la aflicción física que están padeciendo otra más de carácter espiritual producto de la culpa que les imponen otros creyentes.

Enfermedad

¿Qué dice la Biblia al respecto?

En los tiempos bíblicos esta manera de pensar era igualmente común. Muchas personas que creían en Dios estaban también convencidos de que Dios premiaba con salud a los justos y castigaba con enfermedad a los pecadores.

Un ejemplo de esto lo tenemos en el relato de la vida de Job. Los amigos de Job están sumamente convencidos de que si su amigo está en calamidad es debido a algún pecado oculto que no ha declarado a Dios y por el cual le ha venido toda serie de aflicciones. Así por ejemplo Elifaz le dice a Job en el capítulo cuatro, versos siete al nueve:

¡Detente a pensar! ¿Mueren los inocentes? ¿Cuándo han sido destruidos los justos? La experiencia me dice que los que siembran problemas y cultivan el mal, eso cosecharán. Un soplo de Dios los destruye y se desvanecen con una ráfaga de su enojo.

De igual manera el otro amigo de Job, Zofar, le reclama por la testarudez con la que se niega a aceptar que por causa de un pecado se encuentra pasando aflicción diciéndole en el capítulo once, versos cuatro al seis:

Tú afirmas: “Mis creencias son puras” y “estoy limpio a los ojos de Dios”. Si tan sólo Dios hablara; ¡si tan sólo te dijera lo que piensa! Si tan sólo te declarara los secretos de la sabiduría, porque la verdadera sabiduría no es un asunto sencillo. ¡Escucha! ¡Sin duda Dios te está castigando mucho menos de lo que mereces!

Y a lo largo de todo el libro de Job se expande el debate sobre porqué un hombre justo recibe tanto daño. Sus amigos pretenden demostrarle que es pecador y que por eso está siendo castigado y Job se mantiene en que no ha hecho nada digno de recibir tan terrible mal.

La idea que defienden los amigos de Job es la de que una enfermedad o una tribulación son productos de la maldad de los mismos hombres que las sufren. La idea que sale airosa en el libro de Job es que no siempre es así. En ocasiones la enfermedad y la aflicción no tienen una relación tan directa con el pecado.

De igual manera en el Evangelio de Juan en el capítulo nueve, verso uno en adelante dice:

Vio, al pasar, a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?

La idea que tienen los discípulos es que la ceguera de aquel hombre es producto del pecado. Esto está para ellos fuera de duda. La curiosidad de los discípulos más bien se encuentra en el sentido de si el pecado es de los padres y que debido a su pecado el niño nació ciego, o si el pecado es del niño cuando aún se hallaba en el seno materno.

jesus-cura-ciegoLos discípulos no escapan pues a esta manera de pensar según la cual la enfermedad de un hombre es producto directo de su pecado.

La respuesta de Jesús les saca de esa mentalidad:

Respondió Jesús: Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios

No es producto del pecado aquella enfermedad sino que es un instrumento en manos de Dios para enseñar a los hombres a glorificar a Dios. Jesús confronta directamente esta manera de pensar en este relato con sus palabras. Nos advierte sobre considerar toda enfermedad como producto del pecado o como obra de Satanás.

En otra ocasión también Jesús confronta esta manera de pensar. Se trata de una ocasión en la que llega un grupo que le llevan un rumor a Jesús acerca de unos galileos que habían sido asesinados y ofrecida su sangre en el altar de los sacrificios. En Lucas 13:1ss dice:

En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos.

Los que traen la noticia parecen auto complacerse con la noticia suponiendo que se a ellos les pasó eso es porque ellos han sido malos y pecadores y por ello han recibido semejante castigo. Pero Jesús les responde de la siguiente manera:

Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.

Jesús pone el énfasis sobre la necesidad de arrepentimiento de todos pues todos pueden pasar esa tragedia, nadie está por encima de los demás como para decir que es mejor que los otros por no tener enfermedades o aflicciones.

Así también podemos ver que el apóstol Pablo menciona una enfermedad que lo obligó a pasar por la tierra de los gálatas. En el capítulo cuatro, verso 13 de Gálatas podemos ver esa alusión:

Pues vosotros sabéis que a causa de una enfermedad del cuerpo os anuncié el evangelio al principio;

De igual manera en Filipenses 2:27 se menciona la enfermedad de Epafrodito en los siguientes términos:

Pues en verdad estuvo enfermo, a punto de morir; pero Dios tuvo misericordia de él, y no solamente de él, sino también de mí, para que yo no tuviese tristeza sobre tristeza.

De hecho lo poco que nos menciona Pablo de Epafrodito nos da una visión de este hombre muy positiva. No era malo, ni codicioso, ni desleal. De hecho es un hermano muy amado por toda la iglesia. La alusión hecha por Pablo a su enfermedad no permite ver que haya sido producto de algún pecado ni tampoco nos dice nada acerca de que Pablo haya reclamado sanidad para la vida de Epafrodito. Simplemente Dios en su misericordia permitió que se recuperara.

De igual manera se menciona la enfermedad de Trófimo en 2 Timoteo 4:20 y de la del mismo Timoteo en 1 Timoteo 5:23. Pablo dice como algo lógico en 2 Corintios 11:29 “¿Quién enferma y yo no enfermo?” Mostrando que la enfermedad no es algo que sólo pueda sucederles a los pecadores mas no más a los creyentes.

No nos erijamos en jueces de nuestros hermanos que se encuentran en enfermedad. Más bien oremos por ellos y si está en los planes de Dios, Él les dará la sanidad.

Las maldiciones generacionales

maldiciones1Muy a menudo se escucha de las maldiciones generacionales en muchas iglesias. Se supone que a pesar de haber recibido a Cristo, algunas maldiciones que pesaban sobre nuestros antepasados pueden caer sobre nosotros debido a que se debe cumplir lo que dice en los diez mandamientos:

… porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen.

De acuerdo a la interpretación que se hace de este texto, la maldición que recibió un abuelo puede caer sobre el nieto si este no hace algo para cortar con esa maldición. De este modo, pues, vemos a muchos cristianos luchando con maldiciones generacionales que pseudoprofetas les vaticinan luego de años de haber aceptado a Cristo como su Señor.

Para poder entender el texto que se menciona en los diez mandamientos debemos alcarar algunas cosas sobre el contexto en el que se dicta estos mandamientos.

El pueblo israelita estaba acostumbrado, como prácticamente todos los pueblos nómadas y seminómadas, a vivir en carpas rodeados de todos sus familiares. Lo más común era que las nueras se pasaran a vivir al clan del esposo. Es decir se levantaba una nueva carpa cerca de la carpa del padre, la cual estaba cerca de la del abuelo. Cuando se movilizaban todos levantaban sus carpas y se movían en la misma dirección. Todo les pertenecía a todos y todos seguían la dirección del hombre más viejo del clan. A su vez, este hombre podía recibir el consejo de sus hijos y nietos antes de tomar grandes decisiones que les afectasen a todos.

Así pues si el abuelo tomaba la decisión de servir a un determinado Dios, era toda la tribu la que se volcaba sobre ese nuevo Dios. Los hijos y los nietos, si no ponían ninguna objeción, debían obedecer la decisión del abuelo.

Cuando el texto bíblico nos habla de la visitación de la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación, está haciendo alusión a que el juicio de Dios caería sobre toda la tribu allí reunida. Por cuanto todos habían aprobado la decisión tribal, todos eran culpables de la mala decisión.

Más adelante, cuando el pueblo de Israel se asiente y haya más independencia entre las diferentes familias, este versículo de los diez mandamientos causó molestia en el pueblo. Tal es así que Dios por medio de dos profetas diferentes y en dos ocasiones distintas advierte que tal idea no debe ser aflicción para el pueblo pues Dios disciplina de acuerdo a los actos de cada uno y no de acuerdo a las acciones de los padres, los abuelos o los tatarabuelos. En primer lugar en los tiempos del profeta Jeremías viene por primera vez la corrección:

En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera. (Jer 31:29-30)

Ante el pesar por la idea de que el pecado de los padres cayese sobre los hijos, Jeremías en nombre de Dios dice que no será así sino que quien peca debe pagar por su pecado. Quita así, ya en tiempos del Antiguo testamento esa idea de que quien peca atrae una maldición sobre sus hijos de la cual estos no saben y sin embargo deben pagar.

team74-spanEn una segunda ocasión se vuelve a decir esto en los tiempos del profeta Ezequiel, cuando en su libro dice:

Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿Qué pensáis vosotros, los que usáis este refrán sobre la tierra de Israel, que dice: Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera? Vivo yo, dice Jehová el Señor, que nunca más tendréis por qué usar este refrán en Israel. He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá. (Ez 18:1-4)

Así pues por segunda ocasión se advierte que no hay tal cosa como consecuencias generacionales de los pecados de una persona. Quienes pretenden que Dios actúe por medio de pecados que se traspasan de una persona a su descendencia, de manera casi genética, están haciendo del pecado una cuestión mágica que nada tiene que ver con el texto bíblico. Siempre el texto bíblico nos llamará a ser responsables de nuestros actos. La idea de maldiciones generacionales hace suponer que no somos culpables de nuestros pecados, que los hemos heredado y que por lo tanto con declarar, atar, etc., ya hemos conseguido deshacernos de las consecuencias de un pecado. Lo cierto que es que debemos asumir nuestra responsabilidad por los actos que realizamos, esa es la actitud de un creyente fiel al Señor.

No tendrás otros dioses delante de mí, ni siquiera el dinero

En los diez mandamientos, el primero de ellos dice: no tendrás dioses ajenos delante de mí. Con esta declaración Dios exige a su pueblo un trato exclusivo. Sólo Él y nadie más será su Dios.

¿Qué es lo que quiere decir este texto?

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Acuérdate de lo que Dios ha hecho por ti.

Vez tras vez se le recuerda a Israel lo que Dios ha hecho por ellos para luego decirles que no vayan tras dioses ajenos. Por ejemplo en Deuteronomio 6:10-14 dice:

“Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob que te daría, en ciudades grandes y buenas que tú no edificaste, y casas llenas de todo bien, que tú no llenaste, y cisternas cavadas que tú no cavaste, viñas y olivares que no plantaste, y luego que comas y te sacies, cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás, y por su nombre jurarás. No andaréis en pos de dioses ajenos, de los dioses de los pueblos que están en vuestros contornos”.

Sólo un par de capítulos más adelante podemos ver en Éxodo 32:8 que se atribuye a “otros dioses” la obra de Jehová.

Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.

De hecho en Josué 24:16-17 el mismo pueblo afirma esto:

Entonces el pueblo respondió y dijo: Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses; porque Jehová nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre.

La fidelidad que se exige al pueblo para con Dios y el rechazo de otras divinidades se fundamenta en la fidelidad que Dios ha manifestado para con aquel pueblo.

El rechazo de otras divinidades es el rechazo de las costumbres por aquellos dioses incitadas.

En las diferentes ocasiones en que se mencionan los cultos idolátricos que emprendieron los israelitas se hace también alusión a las prácticas idolátricas producto de esos cultos que fueron realizados por los israelitas. Así por ejemplo: Jeremías 19:3-5

Dirás, pues: Oíd palabra de Jehová, oh reyes de Judá, y moradores de Jerusalén. Así dice Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo traigo mal sobre este lugar, tal que a todo el que lo oyere, le retiñan los oídos. Porque me dejaron, y enajenaron este lugar, y ofrecieron en él incienso a dioses ajenos, los cuales no habían conocido ellos, ni sus padres, ni los reyes de Judá; y llenaron este lugar de sangre de inocentes. Y edificaron lugares altos a Baal, para quemar con fuego a sus hijos en holocaustos al mismo Baal; cosa que no les mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento.

En el Nuevo Testamento también se llama a una relación exclusiva con Dios.

En el Nuevo Testamento se reafirma esta idea de la exclusividad de la relación del pueblo con Dios. Yo soy para ti un Dios personal y tú te presentarás ante mí como un pueblo santo.

  • Se llama a reconocer la obra hecha por Dios para con su pueblo por medio de Jesucristo.

La gratitud es entendida en el Nuevo Testamento como la mayor muestra de adoración al Dios único. En todo momento se les enfatiza a los discípulos de Cristo que deben vivir en gratitud a Dios. Se muestra como la mejor prueba de un cambio en el corazón el hecho de que un creyente sepa ser agradecido ante Dios.

  • Las costumbres que realizamos hablan mucho del dios que tenemos.

Así pues se nos llama a actuar con la misma actitud de Dios. Si él ha sido generoso, pues nosotros debemos actuar de la misma manera. Si él ha sabido darse por entero, la mayor muestra de adoración es estar dispuesto a darse por aquellos que nos odian. Finalmente el llamamiento máximo de parte de Dios a su pueblo es la de imitarlo a él. En Efesios 5:1 vemos esto: Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.

La más evidente muestra de falta al primer mandamiento se halla en el amor al dinero.

Mat. 6:24, Col 3:5. Todo tipo de codicia es vinculado con la idolatría. De hecho, así como el resumen de toda la ley es el amor a Dios y al prójimo, la raíz de todos los males es el amor al dinero. 1 Tim 6:10.

Inversiones

En Mateo 6:24 opone a Dios y a las riquezas advirtiendo que el amor del uno puede apartarnos del amor del otro. De igual manera en Colosenses 3:5 menciona a la codicia como una manera de idolatría.

Así pues en el nuevo Testamento se encuentra más especificado cuál es el tipo de idolatría o el otro Dios al cual los creyentes más tentados nos sentimos a seguir: el amor al dinero.