Familia, iglesia y suicidio

Estaba leyendo hace poco una noticia de España en la cual se hace referencia al paulatino crecimiento de la tasa de suicidios en esa región. Desde el 2008 la tasa de muertes por suicidios paso a ser más alta que su par por accidentes de tránsito. En la actualidad, la tasa de suicidio es la principal causa de muerte por causas no naturales.

A nivel mundial vemos que países como Francia, Dinamarca, Noruega y Suecia, con economías sólidas presentan un índice de suicidios superior a la media mundial. De igual manera se puede apreciar que las tres cuartas partes de los suicidios se dan entre jóvenes (menos de 24 años) y ancianos (más de 70 años).

Múltiples son las causas que llevan a una persona al suicidio, sin embargo, debemos reconocer que nuestra sociedad ha ido intensificando cada vez más uno de los aspectos que con más fuerza se hallaba relacionado con este según los estudios del sociólogo francés Emile Durkheim. En sus estudios, este investigador consideró, entre otras causas, el aislamiento de la persona, es decir, su falta de vínculos fuertes con una familia en particular. La fragmentación del hogar que se ha ido dando en las últimas décadas ha incentivado este aislamiento de las personas.

Ayuda

Hoy en día muchos no tienen mayor compañía que la que les brindan las redes sociales o algún podcast. Este aislamiento vinculado a una falta de sentido de propósito es un grave detonante para el suicidio.

Lastimosamente, en las iglesias tendemos a fortalecer este aislamiento por medio de grupos de estudio bíblico dedicados a padres, a madres, a hijos, etc. Si bien, por sus necesidades específicas esto es provechoso, no debemos descuidar el fortalecimiento del núcleo familiar pues, si algún momento deben desplazarse a otro lugar como familia, sentirán que han abandonado su verdadero grupo de apoyo.

El fortalecimiento de los individuos es bueno, pero no a costa de la familia. Esta debe ser el principal espacio de trabajo de las iglesias para fortalecer sus lazos. No sólo hablando de la familia nuclear, sino de la familia extendida. De hecho, debemos reconocer como iglesias que en nuestros tiempos la familia típica (padre, madre, hijos) es muy atípica. En las congregaciones contamos con diversos tipos de familias (padres solteros, madres solteras, abuelos que crían a sus nietos, tíos que hacen la función de padres, etc.) y el discurso que generalmente se maneja puede provocar un nuevo aislamiento en los asistentes. Me refiero al hecho de que al sentir que deben dejar a padre y madre, unirse a su pareja y ser una sola carne puede generar aislamiento en quienes han perdido a su pareja por un divorcio.

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Es evidente que la relación entre esposos se fortalece en la medida en que no hay intromisiones de parte de los padres en el desarrollo de la pareja, de todos modos, cortar de raíz la relación con los padres es otro extremo que puede generar graves consecuencias.

El hogar sigue siendo un espacio de crecimiento y dirección para los miembros de la misma y por ello se nos hace importante fortalecerlo por medio de la pastoral bíblica.

La relación con la familia extendida debe mantenerse (y de hecho alentarse dentro de la pastoral) pues en ese contexto la persona que por razones de sus problemas y depresiones tiende a aislarse encontrará en los padres, en los tíos o en los primos personas dispuestas a escucharlo y a impedir que se encierre en sí mismo.

El vínculo de los hermanos de la iglesia también puede prestar apoyo a la persona que se encuentra pasando por estos estadios de depresión. No obstante, es necesario que nos quitemos de la cabeza ese cliché de que “no puede estar triste un corazón que tiene a Cristo” pues se vuelve una acusación al hermano que atraviesa por ese tipo de angustias, haciéndole creer que a demás de sentirse mal por sus circunstanciasdebe sentirse pecador por su depresion.

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De igual manera, debemos reconocer que la ayuda de un psicólogo también puede aportar orientación a la persona que se encuentra pasando por momentos muy adversos. De hecho, en nuestros tiempos, en nuestras congregaciones podemos hallar varios hermanos que han estudiado psicología y pueden ser un aporte profesional a las dificultades que podemos estar pasando.

La iglesia es una familia extendida y puede ser de gran bendición si trabaja en conjunto con la familia de sangre de los hermanos de la iglesia para fortalecer sus relaciones y vínculos en lugar de aislarlos.

Pablo Morales Arias

Un estudio científico revela la principal causa del divorcio

Son múltiples los aspectos que afectan a un matrimonio, sin embargo la sociedad actual le dio al mismo un papel que no es suyo: el de darnos la plena felicidad. Miremos este reportaje acerca del motivo que se encontraría detrás de las crisis matrimoniales.

Anillo matrimonial

Investigación realizada durante cuatro años con más de cien parejas determinó cuál es el motivo que origina las crisis. Una misma razón puede servir para el éxito o para el fracaso en el matrimonio. Así lo revela una investigación científica realizada en la Universidad de Florida, Estados Unidos, con los casos de más de 130 parejas.

Resulta que las altas expectativas que tienen hombres y mujeres ante la vida que les depara el destino familiar pueden ser la base de una situación plena o de una intensa decepción, lo que lleva –por supuesto- a derroteros diferentes en la vida matrimonial.

El estudio publicado recientemente en la revista ‘Personality and Social Psychology Bulletin’ se basa en una visita semestral al psicólogo durante cuatro años en el que se reportó el nivel de satisfacción con su matrimonio y los problemas que tenían.

La principal conclusión del estudio es que las altas expectativas iniciales del matrimonio sólo constituyen un estímulo en aquellas parejas en los que el vínculo se logra establecer de manera más equilibrada, generando un lazo más fuerte.

Sin embargo, en aquellas parejas en que la relación no logra fortalecerse el tema de las aspiraciones incumpidas se va transformando en un abismo.

Lo que se logra establecer al analizar las respuetsas de los matrimonios es que  “la gente necesita tener una idea de lo que puede obtener de la vida familiar antes de casarse. Obviamente, esto es difícil, lo que puede explicar por qué las parejas experimentan un desajuste entre lo que demandan y lo que realmente pueden lograr”, señala James McNulty, profesor de Psicología en la Universidad Estatal de Florida y autor del estudio.

La investigación logró establecer un indicador medianemente objetivo que puede servir cómo orientación para hacer frente ante una crisis. Como es lógico, todas las pesonas desean alcanzar una buena relación en sus matrimonios, por lo que se generan un discurso en torno a ello.

Sin embargo, son las respuestas más viscerales las que indican si existe un problema. McNulty señala que si las personas “pueden sentir lo que les dice su instinto, más que el discurso racional, verán que hay un problema y entonces podrían beneficiarse de la exploración de eso, quizá incluso con un consejero matrimonial profesional”.

Tomado de: http://lifestyle.americaeconomia.com/articulos/estudio-cientifico-encuentra-la-principal-razon-por-la-que-terminan-los-matrimonios

Desde la perspectiva bíblica podríamos decir que la razón de tantas crisis matrimoniales no es tanto el poner altas expectativas sobre el matrimonio sino más bien, poner las expectativas equivocadas. Es decir, a menudo se pone al matrimonio y a la pareja como aquello que nos va a hacer felices por el resto de nuestras vidas, por lo que, cuando empiezan a surgir los problemas y las discrepancias, quienes han querido ver al matrimonio de este modo se sienten desilusionados y, en muchos casos, optan por separarse.

Pelea matrimonial

No obstante, el texto bíblico no nos muestra al matrimonio como aquello que nos va a dar la felicidad, de hecho el único que puede hacerlo es Dios. El matrimonio, según el texto bíblico tiene como propósito formar una sociedad, un lazo o una comunidad de crecimiento entre dos personas. En el proceso de crecimiento alcanzaremos cierto grado de realización y por lo tanto, de felicidad. Sin embargo, también en el crecimiento sufriremos retrosesos que nos producirán frustración, no obstante, sabemos que estamos para aprender el uno del otro, el uno con el otro y ambos con Dios. Cuando tenemos claro esto, no echamos una carga innecesaria sobre nuestra pareja.

En su punto más radical el matrimonio es concebido por la carta a los Efesios como ese espacio inigualable de santificación de los creyentes y por ello es valiosísimo para la vida cristiana.

Ser felices, no es algo que deberíamos buscar en el matrimonio sino ser compañeros de viaje con virtudes y defectos y con un amor real que va creciendo a medida que avanzamos en nuestro caminar.

Pablo Morales Arias

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