Reprimir nuestras emociones


Una confusión que surge en muchos creyentes cuando empiezan su vida cristiana es en lo referente a las emociones. Debido a que se supone que “enojarse es pecado” o que “no puede estar triste un corazón que tiene a Cristo” muchos empiezan a reprimir sus emociones de tal modo que aun cuando sienten que las adversidades o las actitudes de la gente los defrauda no deben sentirse mal.

En ocasiones he escuchado a creyentes increpar a otros -o a mí mismo- por decir que no se sienten muy bien. Frases como “declara bendición” o “tu boca tiene poder así que confiesa superado ese problema” son muy comunes en muchos al momento de interactuar con personas que no parecen compartir si buen estado de ánimo.

La idea de que un creyente no puede desanimarse, frustrase, entristecerse o indignarse no es bíblica. De hecho, podemos ver casos en los que algunos creyentes pasaron por estas circunstancias. Así por ejemplo Pablo dice haberse abrumado “sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida” (2 Cor. 1:8). No vemos que diga: “pero declaramos bendición sobre nuestras vidas…” o cosas semejantes. Pablo es consciente de sus emociones y las reconoce como parte de su vida cristiana.

En la carta de Santiago podemos leer de igual manera lo que debemos hacer cuando nos sentimos afligidos: orar (Stg. 5:13). El texto no dice que confesemos no estar afligidos sino que hagamos oración por aquello que nos aflige.

Finalmente, el mismo Señor Jesucristo se sintió afligido cuando faltaba poco para subir a la cruz. Dice Marcos 14:34 que Jesús les comentó a sus discípulos más cercano: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad”. No vemos en este texto que ninguno de los discípulos le haya dicho: “cancela esa tristeza y declara gozo en tu vida”. De hecho, el mismo Señor Jesucristo mostró por medio de su petición a ellos que lo más importante en estas circunstancias es la oración y no las confesiones positivas.

Es evidente que en muchas ocasiones y por diversas circunstancias sentiremos esas emociones poco agradables. No es cuestión de reprimirlas, lo cual puede producir amargura en nuestro corazón. Es necesario saberlas expresar. Hay emociones que podremos compartirlas con nuestros seres queridos, de tal modo que, estarán allí para apoyarnos en estos momentos. Pero habrá otras emociones o circunstancias que producen tal molestia o confusión que necesitaremos el apoyo de un pastor o un psicólogo para expresar nuestros problemas. No temamos acudir a aquellas personas que Dios puso cerca de nosotros para sanar nuestro corazón.

Finalmente, debemos recordar que la clave de la enseñanza bíblica no está en reprimir nuestras emociones sino en saberlas controlar. El texto bíblico usa una manera de pensar que era muy común en aquel tiempo que diferencia entre los extremos y el justo medio. Así, por ejemplo, la Pablo exalta la mansedumbre que es el justo medio entre la ira descontrolada y la falta de reacción ante las injusticias. La templanza es el justo medio entre la temeridad y el miedo. En todos los casos, Pablo apela a ese dominio propio que es el control de nuestras emociones, no su represión. Un río caudaloso y crecido puede causar grandes destrozos. Pero un río al que se le ha puesto diques y una represa puede servir para traer luz eléctrica a todo un pueblo. Los diques y la represa no tienen como objetivo suprimir al río sino canalizarlo adecuadamente. Aprovechemos el apoyo de nuestros seres queridos, de un pastor o un psicólogo para saber canalizar esa energía que producen nuestras emociones.

Un comentario sobre “Reprimir nuestras emociones

  1. Muy cierto Pastor, por experiencia propia lo digo, en mi primer mes de ruptura matrimonial, reprimí mis emociones porque no quería sentir …eso fue una bomba de tiempo que luego me pasó factura. Hoy vivo en aceptación y no en negación. Gracias a mi Padre Celestial y li médico de médicos, Jesucristo, que me está sanando.

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