No entristezcan al Espíritu

Sucede en ocasiones que algunas personas, al enamorarse, se centran tanto en su pareja que terminan por olvidar a sus amigos. Cuando la relación a terminado o cuando la intensidad vuelve a la normalidad aquellas personas se ven en la necesidad de hacer un trabajo extra para tratar de recuperar aquellas amistades que se han enfriado. El texto bíblico parece insinuar tanto en el texto de Efesios 4:30 como en el de 1ra tesalonicenses 5.19 que nuestra relación con el Espíritu santo puede terminar por enfriarse en determinadas circunstancias al igual que una amistad descuidada.

No poner atención a nuestro crecimiento espiritual termina por enfriar nuestra relación con el Espíritu de Dios. No debemos permitir que esto suceda. Dios ha permitido que su Espíritu habite en nosotros. Es la garantía que nos ha dado para mantener firme nuestra esperanza en la redención de la que hemos sido hechos partícipes. Ocasiones no faltan en las que el enfriar nuestra relación con el Espíritu se traducen en desconfianza de nuestra salvación, dudas acerca de nuestro futuro eterno.

No hemos perdido nuestra salvación, sin embargo, nuestro corazón apagado siente tan lejano a Dios que empieza a suponer que no está allí, que nunca ha estado o que en realidad nunca he llegado a ser parte del pueblo santo de Dios.

Hemos sido creados para vivir en comunión con Dios, no somos sólo seres materiales sin más, anhelamos tener una comunión espiritual con un ser superior, y el momento en que descuidamos esto, todo nuestro ser sufre las consecuencias.

No apaguéis el Espíritu, es una petición que tiene que ver con la preocupación por nuestro propio ser apartado del Creador.

En medio de la oración, Dios es tan real en nuestras vidas, que nada parece existir fuera de Él, sin embargo, cuando descuidamos esta forma de comunión espiritual llegan momentos en los que aquellas oraciones parecen ilusiones de fanáticos, que en realidad no hay tal Dios ni tal realidad espiritual.

No apaguemos al Espíritu, no lo entristezcamos, no descuidemos nuestra comunión espiritual. Diariamente reavivemos el fuego del Espíritu en nosotros.

Este día domingo (13/11/2011) en nuestros cultos hablaremos acerca de nuestra relación con el Espíritu Santo. Quedas cordialmente invitado.

Bendiciones

El antes y después de todo creyente

La página web http://www.antesydespues.com.ar ofrece miles de ejemplos de actores y actrices que han metamorfoseado su imagen a lo largo de los años. Operaciones de nariz, de busto, etc., son presentados como muestra de aquello grandes cambios que ocurren en el mundo de la fama. Por otro lado, es posible encontrar en la televisión el ejemplo de un programa que se dedica a tomar mujeres de la calle y transformarlas completamente por medio de peinados, maquillaje, vestidos, etc. El resultado final es comparado con la presencia que tuvo la candidata al iniciar su proceso.

Estos esfuerzos por desarrollar cambios sorprendentes en las personas son muy cotizados, y más de uno emula estos cambios siguiendo los pasos que ven en la pantalla.

Este tipo de cambios, evidentemente, llaman la atención, seducen por el impacto que generan en los amigos, pero resultados positivos a largo plazo son prácticamente inexistentes.

El texto bíblico nos plante en Efesios 4: 17ss un cambio radical, una renovación completa, un antes y un después de la persona pero términos más bien integrales que meramente estéticos. La renovación a la cual es invitado todo ser humano no es tan sólo a cumplir ciertos caprichos cosméticos, sino a ver la vida de un modo diferente, a cambiar nuestros propósitos, a trascender nuestros anhelos cuando estos son insignificantes en comparación con los que nos propone Dios.

Lastimosamente, muchos creyentes se quedan con un llamado a formar parte de una iglesia, aprender un par de dogmas y sentirse eufóricos los fines de semana, sin lograr llegar a aquella trasformación que plantea Cristo.

Analicemos adecuadamente nuestra andar con Cristo y  veamos si realmente estamos permitiendo que Dios realice aquella transformación integral que Él desea o si sólo le permitimos, transformar ciertos hábitos de fin de semana y nada más.

La Poderosa Mano de Dios

A continuación compartimos una reflexión del Pastor David Wilkerson. En esta meditación, el autor de “La Cruz y el Puñal”, nos invita a confiar en la provisión de Dios para nuestra lucha contra el pecado. Sin embarga pregunta fundamental: ¿Hay en tu corazón disposición para dejar de lado el pecado y vivir para Dios?

“Tu diestra, Jehová, ha magnificado su poder. Tu diestra, Jehová, ha aplastado al enemigo” (Éxodo 15:6).

Aunque algunos cristianos saben que han sido perdonados y salvos, les falta el contar con el poder para luchar contra la carne. No han llegado al conocimiento de “una completa liberación” de su naturaleza pecaminosa. Cristianos, por su sangre él nos hace salvos y con su poderosa mano rompe el poder del pecado sobre nosotros. Ciertamente el pecado todavía mora en nosotros, ¡pero éste no nos gobierna!

“Librados de la esclavitud por el poder de su mano.” ¡Qué palabra tan alentadora ante estos tiempos de desilusión y de esfuerzo sobre-humano para librarnos del poder del pecado! Sin embargo, aún somos tan reacios a reconocer la obra de la mano de Dios. Va en contra de nuestro orgullo, -nuestro sentido de justicia, nuestra teología- el aceptar la verdad de que nuestra liberación del dominio del pecado viene de un poder que ajeno a nosotros. Observemos como ejemplo a Israel: Israel salió armado, pero todas las batallas fueron del Señor. “Jehová no salva con espada ni con lanza, porque de Jehová es la batalla” (1 Samuel 17:47). Ha sido escrito en Éxodo que “…los hijos de Israel habían salido con mano poderosa” (14:8). Y cantaron alabanzas a Dios después de haber pasado a salvo por el Mar Rojo.

La sangre salvó a Israel del juicio divino, pero la mano poderosa de Dios los libró del poder de la carne. Ellos habían experimentado seguridad y se habían regocijado en ella. ¡Ahora ellos necesitaban poder! Poder para deshacerse de una vez por todas del enemigo de antaño y poder para armarse en contra de los nuevos enemigos que vendrían. Ese poder está en la mano poderosa y sublime del Señor.

Nos han sido dadas preciosas y grandes promesas las cuales han sobrepasado a aquellas que les fueron dadas a Israel. Dios ha prometido librarnos de toda maldad y sentarnos en lugares celestiales en Cristo Jesús, libres del dominio del pecado.

Sin embargo, primero debemos aprender a odiar el pecado – no hacer pactos ni compromiso con él. Mime a su pecado, juegue con él, deje que permanezca, rehúse demolerlo – y un día llegará a ser el objeto más doloroso en su vida.

No ore pidiendo victoria sobre los pecados de la carne hasta que usted haya cultivado un odio hacia ellos. Dios no tolera nuestras excusas ni nuestro apaciguamiento. ¿Está usted esclavizado por un pecado secreto que le causa angustia y agitación tanto física como espiritualmente? ¿Lo odia con pasión? ¿Siente la ira santa de Dios en contra del pecado?
Mientras usted no lo haga, la victoria nunca vendrá.

Tomado de: http://davidwilkersoninspanish.blogspot.com/2011/03/la-poderosa-mano-de-dios.html

Una meditación sobre el diezmo

Compartimos a continuación una reflexión del Pastor Pablo Jiménez de la Iglesia “Discípulos de Cristo”, acerca del diezmo.

Cuando llegué a la fe, aprendí muchos conceptos y disciplinas nuevas. El concepto “fe” era nuevo para mi, que no practicaba religión alguna. La “oración” y el “estudio bíblico” fueron disciplinas que aprendí temprano en mi vida cristiana. Otra disciplina peculiar que aprendí cuando comencé a visitar la Iglesia regularmente fue el diezmo. Mi pastor me enseñó que “diezmar” significa separar, dedicar, y presentar a Dios como una ofrenda el 10 por ciento de nuestro ingreso económico neto. Puesto que toda ofrenda es una expresión de adoración, el diezmo es también una forma de honrar y de adorar a Dios. Claro está, el diezmo es entregado a la congregación a la cual uno pertenece, y debe ser usado solamente para propósitos religiosos, tales como el avance de la misión cristiana y el sostén de los programas de la congregación. “Diezmar” es sólo una de las muchas maneras de ofrendar. Aprendí que uno puede dar cualquier cantidad de dinero como ofrenda; que uno puede comprometerse a dar una cantidad de dinero dentro de un período de tiempo dado; y que uno hasta puede donar a la congregación artículos para el uso o la venta. A pesar de mi ingreso limitado, decidí practicar la disciplina del diezmo. Mi decisión se fortaleció cuando encontré que la práctica del diezmo tiene raíces bíblicas. Pronto encontré una referencia al diezmo en Génesis 14:17-20, la historia donde Abraham presenta diezmos a un sacerdote llamado Melquisedec. Esta fue sólo una de las muchas referencias al diezmo en las Escrituras. Me fascinó el hecho de que el diezmo era un complejo sistema por medio del cual las distintas tribus de Israel sostenían al sacerdocio (Lv. 27.30; Dt. 14:22-23), ¡quien a su vez diezmaba del diezmo (Nm. 18:21-28)! En el Nuevo Testamento, hay muchas referencias a la ofrenda, pero pocas al diezmo. Jesús nunca criticó la práctica de diezmar, aunque sí criticó a los líderes religiosos y cívicos que daban diezmos en público, aunque practicaban la injusticia en privado (Mt. 23.23; Lc. 11.42). Jesús también criticó a los que daban como ofrenda el dinero que debía ser usado para sostener a sus padres (Mr. 7.9-13). Diezmar es una práctica muy importante en las congregaciones hispanas y bilingües. Para muchos Hispanos, diezmar es una señal de madurez en la fe. Algunas congregaciones hasta designan el “diezmo del diezmo” para el Fondo Básico Misionero, Reconciliación, la Semana de la Compasión, y otras expresiones regionales o generales de nuestra Iglesia. Vamos, pues, a “traer los diezmos al alfolí” (Mal. 3:10) como nos enseña la Palabra de Dios.

Tomado de http://www.drpablojimenez.com/ser_diezmo.htm

 

Tómate un tiempo

Empieza una semana de labores. Muchas actividades por realizar. Problemas aún por resolver. Nuevas retos y desafíos que se nos presentan al momento. Tómate un tiempo. No te angusties, pues, aunque la cantidad de actividades que se nos presentan es enorme, nada sacamos angustiándonos. Tómate un tiempo. Revisa todas las actividades por hacer. Ve apuntándolas en una libreta. Organízalas. Mira las más importantes, aquellas que sabes que rendirán un mejor fruto en tu trabajo y en tu vida. A estas últimas dales prioridad. Tómate un tiempo. Escucha a tu corazón mientras todavía te susurra, no esperes a que grite por medio de las enfermedades y el stress. Es mejor sosegar al corazón que acallarlo hasta que explote. Tómate un tiempo y dàselo  a Dios. El tiene una óptica más amplia acerca de las prioridades en tu vida. No es un jefe quisquilloso que quiere todo el tiempo para Él. Anhela que le des un tiempo para llenarte de energías y fortalecer tu espíritu. Anhela advertirte sobre la manera adecuada de llevar tu vida. Anhela ser tu compañero y confidente, tu amigo y tu guía. Dale un tiempo. Verás que una vez que has puesto en oración tus preocupaciones, de una en una te va guiando a la solución. Dale un tiempo pues las cosas que tanto nos ofuscan el día de hoy son pasajeras, mientras que para las que Él quiere prepararte son eternas. Tómate un tiempo… dáselo a Dios.

Un libro que cambió el rumbo de la historia

Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (II Timoteo 3:14-17)

Introducción

En una Biblia que siempre andaba a llevar, Gabriela Mistral escribió las siguientes líneas:

Libro mío, libro en cualquier tiempo y en cualquier hora, bueno y amigo para mi corazón, fuerte, poderoso compañero. Tú me has enseñado la fuerte belleza y el sencillo candor, la verdad sencilla y terrible en breves cantos. Mis mejores compañeros no han sido gentes de mi tiempo, han sido los que tú me diste: David, Ruth, Job, Raquel, y María. Con los míos éstos son toda mi gente, los que rondan en mi corazón y en mis oraciones, los que me ayudan a amar y a bien padecer. Aventando los tiempos entre vosotros, soy vuestra como uno de los que labraron, padecieron y vivieron vuestro tiempo y vuestra luz.

Te amo todo, desde el nardo de la parábola hasta el adjetivo crudo de Los Números

En frases que nacen del corazón de una poetisa, surge el testimonio sincero de una mujer que halló confort y sosiego en las páginas de la Biblia.

De igual manera hallamos confianza y seguridad en el Libro de Dios en un escritor como Walter Scott. De él se cuenta que cuando estaba para morir, pidió “El Libro”. Uno de los miembros de la familia, pensando que el moribundo se refería a alguno de los muchos volúmenes que había escrito y que guardaba en su biblioteca, preguntó: –¿Cuál libro? Entonces Sir Walter Scott dijo: No hay sino un Libro para un momento como este: Ese libro es la BIBLIA.

Qué hay en este libro que lo hace tan atractivo para estos dos escritores tan aclamados. Qué hizo que éste último lo anhelara con tanto fervor en momentos en que la muerte se acercaba.

De igual manera el apóstol Pablo, cuando ve que su muerte es inminente escribe a Timoteo pidiéndole que por favor le traiga un capote, que seguramente le serviría para el frío invierno en prisión y unos libros y pergaminos, que no son sino algunos fragmentos de la Biblia.  Nada quiere sino la Biblia para sus últimos momentos.

Martín Lutero, confrontado contra el poder del Emperador Carlos V y con una sentencia de muerte sobre él, reta al Imperio diciendo: “Mi conciencia es prisionera de la Palabra de Dios…” Qué halló Lutero en aquel libro para que pusiera en juego su vida para defenderla.

Qué hace que la Biblia sea el libro más vendido de la historia con más de 6 mil millones de ejemplares.

Quizás algunos hayan descubierto lo que Charles Dickens sobre el Nuevo Testamento es decir, que era el mejor libro que el mundo ha conocido o conocerá. Quizás algún otro esté de acuerdo con la capacidad que tiene este libro de transformar las vidas de las personas que lo han leído. William Gladstone, primer ministro de Inglaterra en cuatro ocasiones dijo en este sentido: He conocido noventa y cinco grandes hombres en mi vida, y de ellos, ochenta y siete eran seguidores de la Biblia. O como Thomas Jefferson, pensarán muchos que “el estudio de la Biblia hará mejores ciudadanos, mejores padres y mejores esposos.” Y estos mismos asentirán a las palabras de George Washington quien dijo: “Es imposible gobernar rectamente al mundo sin Dios y sin la Biblia

Es imposible gobernar rectamente al mundo sin Dios y sin la Biblia

Sin embargo, sigue latente la pregunta: ¿qué hay en ella que la hace tan grandiosa para nosotros? ¿Qué tiene la Biblia que es capaz de formar hombres y mujeres con las virtudes que conocieron Thomas Jefferson o William Gladstone?

El texto bíblico de II Timoteo 3:15-17 nos da una luz respecto a este contenido tan especial de aquel libro. Es necesario pues que indaguemos sobre su propósito y tema central.

I.              Tiempos de Crisis

Antes de tratar de lleno respecto de la importancia de las Sagradas Escrituras, Pablo nos advierte sobre la realidad del mundo en que estamos viviendo. Nuestros tiempos son peligrosos, nos dice el apóstol.  Son peligrosos cuando se trata de mantener en firme nuestra fe. Los postreros días a los que hace referencia Pablo son los que nos hallamos viviendo desde la venida de Cristo. Hay tiempos en los cuales ser creyente es difícil debido a la persecución, sin embargo, hay momentos en los cuales ser creyentes es aún más duro debido a que el mundo, de manera sutil, intenta entrar en la iglesia y guiar a los creyentes hacia sus propios objetivos. Hoy en día nos hallamos ante esos peligros. Hoy en día hallamos cierta libertad para profesar nuestra fe en Cristo, sin embargo, vemos que muchos son creyentes nominales. Se deja de lado la fidelidad a Dios y se busca simplemente la mejor relación costo-beneficio entre la iglesia y el creyente. Lo que alaba el mundo, como por ejemplo la avaricia es vista con buenos ojos entre ciertos creyentes que santifican su pecado diciendo que se trata de la aceptación de las promesas de Dios. La preocupación más fuerte no es el seguimiento al señorío de Cristo sino la búsqueda de ciertas comodidades para alabar a Dios. Ser cristianos sin compromiso alguno con el Señor es no ser cristianos.

Este egoísmo se halla en todas las esferas de la sociedad. Desde los hogares en los cuales cada uno jala para su lado hasta la asistencia a las iglesias ya que lo que determina en muchos casos la elección de una congregación en la cual quedarse no se encuentra mediado por el interés en alimentarse de la sana doctrina sino por: a) un buen grupo de alabanza, b) un predicador ameno, c) una serie de comodidades para mí y mi familia, d) un grupo social con el cual me pueda identificar. Ninguna de estas consideraciones nos abre la posibilidad de establecer una verdadera comunión con Dios. No importa cuán sincera sea nuestra fe, si no se halla adecuadamente cimentada en Cristo, no servirá de nada.

  1. Egoísmo
  2. Religiosidades vacías
  3. Culto al escepticismo

II.            Es inspirada por Dios

Frente a un mundo que corre frenéticamente sin saber su fin, Pablo recuerda el origen divino de la Biblia. Las enseñanza que hallamos en este libro son un soplo de Dios para nuestras vidas. Son una luz en medio de la oscuridad. Son una dirección, un consejo y un aliento para el camino.

III.           Útil para enseñar

Pablo dice en dos ocasiones sucesivas que el objetivo de las Escrituras es el de enseñar. En el verso 16 nos dice que las Escrituras son útiles para enseñar. Sin embargo, el verso 15 es más concreto al explicarnos aquello que las escrituras quieren enseñarnos. Ellas nos hacen sabios para la salvación. Timoteo era pastor, llevaba años siguiendo a Cristo y predicando el evangelio, sin embargo Pablo le insta a seguir meditando en las Sagradas Escrituras debido a que estas lo pueden hacer aún más sabio en cuanto a la salvación. Debemos recordar que nuestra relación personal con Jesucristo inició el momento que lo recibimos en nuestro corazón, sin embargo, el verdadero sello de nuestra salvación es la perseverancia en nuestro andar con Cristo. En el día a día, mientras andamos con Cristo y nos volvemos imitadores suyos, vamos revistiéndonos de aquella salvación que nos ofrece nuestro salvador. La Palabra nos dice que el nos perfeccionará hasta el día de su venida. Si somos discípulos de Cristo, es menester que procuremos ser perfeccionados por aquella palabra que nos ha dejado con este fin.

De hecho, la Palabra no tiene otro fin que el perfeccionamiento de los santos. No busca descubrirnos misterios ocultos sobre el verdadero paradero de Osama Bin Laden ni está puesta para que juguemos a poner fechas al fin del mundo. Se halla allí para enseñarnos aquello que nos sirve para la Salvación, en definitiva nos muestra a Cristo y nos invita a ser imitadores suyos.

IV.           Útil para poner al descubierto nuestro pecado.

Nos permite darnos cuenta de la maldición que pesa sobre cada uno de nosotros. Literalmente, la frase dice para poner al descubierto… Sólo hay una forma de ser verdaderamente libres de las ataduras de nuestros pecados y de la opresión del diablo y esta es descubrir aquellos pecados que se hallan en lo íntimo de nuestro corazón, reconocerlos como ofensa a Dios y confesarlos con un espíritu de arrepentimiento.

Nuestro adversario conoce que la manera más eficaz de mantenernos lejos de Dios es ocultando nuestro pecado. Unos lo hacen porque piensan que es demasiado hermoso para abandonarlo. Vivimos así atados a nuestro pecado y tenemos temor de dejarlo. Somos como Gollum, uno de los personajes del Señor de los Anillos quien se halla atado al anillo que lo oprime, lo desfigura y lo mata, sin embargo, teme deshacerse de él porque cree que lo perderá todo si lo deja.

La Biblia tiene ese poder para descubrir nuestro pecado y de ese modo permitirnos presentar delante de Dios aquella transgresión y de este modo poder ser verdaderamente libres.

V.            Útil para mostrarnos el camino correcto.

La Biblia no solamente nos muestra el error en el que vivíamos sino que además nos muestra cuál es el camino recto por el que debemos seguir. “Una noche oscura en un bosque de Sicilia un bandolero detuvo a un colportor a punta de revólver. Le ordenó que encendiera una hoguera y quemara sus libros. Encendió el fuego y entonces preguntó si podía leer un poco de cada libro antes de arrojarlo a las llamas. Leyó el Salmo 23 para empezar; luego, de otro libro, la parábola del Buen Samaritano; de otro, el Sermón del Monte; de otro, 1 Corintios 13. Al final de cada lectura, el bandolero decía: «Ése es un buen libro; no lo quemaremos; dámelo.» Por último, no se quemó ni un sólo libro; el bandolero dejó al colportor y se internó en la oscuridad con los libros. Años más tarde apareció otra vez en escena aquel mismo bandolero, pero ya no era el mismo. Esta vez era un pastor cristiano, y era a aquella lectura de los libros a lo que atribuía su cambio.”

VI.           Es útil para instruirnos disciplinariamente en la justicia.

La Biblia no está de acuerdo en lo más mínimo con la idea de que la salvación sea un ticket entregado a los creyentes para que lo guarden hasta su muerte y lo presenten al encargado del cielo. Dios nos muestra en su Palabra que su anhelo es que vayamos santificándonos paulatinamente durante nuestra vida. No hacerlo es negar la gracia que nos salvó. Por ello, Dios nos da en la Biblia todo lo necesario para obrar el bien en todo lo que hagamos. Si hacemos lo malo, pecamos dos veces delante de Dios. Primero por haber hecho lo malo y segundo por no haber meditado en la Palabra la cual nos da dirección para no caer.

La Biblia nos enseña que “renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, mientras aguardamos la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.” Nos permite descubrir el pecado oculto en nuestro corazón, nos muestra el camino correcto a seguir y nos enseña todo lo necesario para vivir en santidad.

Juan Wesley dijo que Juan Fletcher era el hombre más santo que había conocido en Europa y en América; y que lo era porque diariamente se examinaba para saber si su proceder estaba de acuerdo  con los planes de Dios, para lo cual se hacía las siguientes preguntas:

  • ¿Desperté espiritualmente y tuve cuidado de guardar mi mente de pensamientos errantes, cuando me levanté esta mañana?
  • ¿Me he acercado a Dios en oración o he dado lugar a la pereza y a la desidia espiritual?
  • ¿Se ha debilitado mi fe por no haber velado, o ha sido avivada por haberla puesto en actividad hoy?
  • ¿He andado hoy por fe, y he procurado ver a Dios en todas las cosas?
  • ¿Me he negado a mí mismo al usar palabras y al expresar pensamientos poco bondadosos? ¿Me he debilitado espiritualmente al ver que prefieren a otros en mi lugar?
  • ¿He aprovechado mi tiempo precioso, mis fuerzas y mis oportunidades según la luz que Dios me ha dado?
  • ¿He guardado mi corazón en un ambiente de gracia, de modo que haya sacado provecho?
  • ¿Qué he hecho hoy por los cuerpos y por las almas de los santos?
  • ¿He derrochado cualquier cosa por agradarme a mí mismo, cuando podía hacer guardado el dinero para la casa de Dios?
  • ¿He gobernado bien mi lengua, recordando que en la multitud de palabras no falta pecado?
  • ¿En cuántas ocasiones me he negado a mí mismo hoy?
  • ¿Mi vida y mis palabras han honrado el evangelio de Cristo?

Cuáles serían tus respuestas a estas preguntas…

Parábola del zapatero y el mendigo

Dios tomó forma de mendigo y bajó al pueblo, buscó la casa del zapatero y le dijo: Hermano, soy muy pobre, no tengo una sola moneda en la bolsa y éstas son mis únicas sandalias, están rotas, si tu me haces el favor. El zapatero le dijo, estoy cansado de que todos vengan a pedir y nadie a dar. El Señor le dijo, yo puedo darte lo que tú necesitas. El zapatero desconfiado viendo un mendigo le preguntó. ¿Tú podrías darme el millón de dólares que necesito para ser feliz? El Señor le dijo: yo puedo darte diez veces más que eso, pero a cambio de algo. El zapatero preguntó ¿ a cambió de qué? A cambio de tus piernas. El zapatero respondió para qué quiero diez millones de dólares si no puedo caminar. Entonces el Señor le dijo, bueno, puedo darte cien millones de dólares a cambio de tus brazos. El zapatero respondió ¿para qué quiero yo cien millones de dólares si ni siquiera puedo comer solo? Entonces el Señor le dijo, bueno, puedo darte mil millones de dólares a cambio de tus ojos. El zapatero pensó poco ¿para qué quiero mil millones de dólares si no voy a poder ver a mi mujer, a mis hijos, a mis amigos? Entonces el Señor le dijo: ¡ Ah, hermano! Qué fortuna tienes y no te das cuenta.

(Atribuida a Facundo Cabral)