Deseos y decisiones para el nuevo año

propositosEl final del año generalmente es el espacio que dedicamos a realizar una serie de promesas y establecer algunos proyectos que anhelamos cumplir el siguiente año. Muchos de aquellos planes que nos habíamos propuesto el año anterior se quedaron en el camino no llegando a ser más que anhelos bondadosos o deseos piadosos que duraron muy poco.

Para muchos la frustración por los planes propuestos y la facilidad con que los mismos se deshacen, los lleva a cierto cinismo o incredulidad antes la propuesta de nuevos planes para el año que empieza. Hay quienes suponen que el próximo año será igual y que nosotros no cambiaremos en nada, por lo cual afanarnos en hacer una lista de promesas y deseos para el próximo año parece hasta un poco tonto.

Otros cuantos, no obstante no pierden las esperanzas y deciden volver a realizar su serie de promesas y proyectos para el año nuevo. Son muchas las cosas negativas que se quiere dejar del año que acaba y son muchas las metas que se pretende alcanzar en el año que empieza. Sin embargo, hay algo que es importante advertir si realmente queremos que nuestros proyectos para el nuevo año se cumplan. Es sobre aquello que necesitamos para cumplir con nuestros proyectos del nuevo año sobre lo que queremos reflexionar en este momento.

Lo cierto es que las lecciones que saquemos del texto bíblico respecto de la implementación de nuestros proyectos para el nuevo año, sirven, como podremos ir viendo paulatinamente, para cualquier proyecto que nos propongamos.

Para poder reflexionar sobre la manera de poner en marchas nuestros planes y propósitos podemos dar una breve lectura del texto de Daniel 1:1-21. En dicho texto encontramos la puesta marcha de un plan que el personaje principal junto con sus tres amigos.

Se trata de cuatro jóvenes israelitas que van a parar, luego de la destrucción de su ciudad, a la corte del reino enemigo. Allí, se les ubica con otros tantos cautivos y se les dispone a realizar una especie de inducción, es decir, un proceso de asimilación de la cultura y costumbres del pueblo conquistador. Es justamente en este proceso que surge el propósito que tienen los jóvenes, Daniel 1:8 dice: Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey…

Frente a las circunstancias que se hallan afrontando los cuatro jóvenes, Daniel como líder toma la decisión y marca el objetivo del grupo: Mantenerse apartados de las comilonas del rey y sus súbditos. Es allí donde ya Daniel nos da una lección: marcar el objetivo.

Primer paso: Marcar el objetivo

?????????????????La razón por la cual muchos de nuestros planes fracasan es porque primeramente no tenemos claro el objetivo que nos proponemos realizar. Hay quienes se casan y como pareja no tienen claro el objetivo de su matrimonio. Hay quienes ingresan a la universidad sin saber exactamente por qué o para qué. Otro error que podemos cometer es no mantener en nuestra mente y en nuestro corazón el propósito que nos habíamos planteado. Al cabo de uno o dos meses de encontrarnos realizando una determinada actividad, olvidamos el porqué de tal tarea. Nos entretenemos en otras labores o responsabilidad que medianamente se relacionan con lo que nos habíamos propuestos, pero que poco a poco nos van alejando de nuestro objetivo. Necesitamos tener claro nuestro objetivo, y recordarlo constantemente para que nuestro proyecto se llegue a realizar.

Segundo paso: Honrar con nuestros propósitos a Dios

Una segunda cosa que podemos apreciar en este versículo y que es de mucho valor para nosotros es que el objetivo que se plantea Daniel tiene como propósito honrar a Dios. Muchos son los planes que nos proyectamos realizar y que terminan en fracaso simplemente porque los mismos no buscaban honrar a Dios sino traer fama sobre nuestras capacidades, acumular riquezas, quedar bien con los demás o cualquier otra razón menos la gloria de Dios. Antes de poner en marcha cualquier proyecto, hagámonos la pregunta de si lo que nos estamos proponiendo honra efectivamente a Dios. De no ser así, busquemos poner en marcho algún otro proyecto que tenga a nuestro Padre celestial como el centro del mismo. Si nuestros planes nos desvían de Dios, no podemos esperar de Él ayuda para su realización. Por el contrario, Dios velará por el fracaso de nuestros planes pues estos nos alejan de su misericordia.

En varias partes del texto bíblico vemos lo importante que es dar prioridad a Dios en nuestros planes y proyectos, sin embargo, quizás el más importante de ellos sea 1 Corintios 10:31 donde dice que si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.

Antes de ilusionarnos con uno u otro plan pongamos en oración nuestros planes y propósitos y digamos: si Tú así lo quieres Señor, que así sea.

Evidentemente, esperar en la voluntad de Dios no significa atarse de pies y manos y permanecer sin hacer nada hasta que creamos haber visto en algún lado una señal de que avancemos. Debemos poner en manos de Dios nuestros planes y proyectos, y eso significa que hemos estado trabajando arduo en la preparación de aquello que traemos delante de Dios. Con ideas clara y el corazón volcado hacia Dios esperamos su aprobación.

Tercer paso: No decidir en base a nuestras emociones

Lo tercero que podemos apreciar es que el propósito de Daniel no es fruto de la emoción. Daniel ha meditado muy bien en las consecuencias así como en sus propias responsabilidades como parte del pueblo de Dios. En función de todo ello toma una determinación y la pone en marcha. En muchas ocasiones cuando nos proponemos una u otra cosa en nuestra vida, no lo hacemos meditadamente sino que muy a menudo dejamos que las emociones determinen nuestros propósitos. Ya sea la algarabía de un nuevo año, el júbilo del sueldo adquirido o incluso el temor ante lo que pudiera ser. Sea una u otra, las consecuencias de decisiones tomadas sólo en función de nuestras emociones suele ser muy comúnmente catastrófica.

Dice la Palabra de Dios que no debemos apresurarnos a hacer promesas a Dios, no sea que no podamos cumplirlas (Eclesiastes 5:4-5). El texto no tiene la intención de que nosotros, como creyentes, no hagamos promesas a Dios sino que busca que seamos sabios el momento de hacer estas promesas. Que midamos nuestras posibilidades antes de hacer nuestra promesa. De hecho, el texto no puede oponerse al compromiso pues sabemos que Dios honra a aquellos que cumplen con sus compromisos con Él. Sólo es cuestión de saber hasta qué punto debe llegar nuestro compromiso y esto lo hacemos, no con nuestras emociones sino con nuestra razón cuando es guiada por el Espíritu Santo.

Cuarto paso: Elaborar un plan

planificacionLo cuarto que vemos en Daniel es que él no simplemente ha tomado una decisión y ha esperado a ver qué sucede, Daniel ha elaborado un plan, una estrategia. Su plan consta de dos partes. La primera es persuadir al eunuco de que le permita hacer algo diferente de lo que está establecido. Sabe Daniel que esto no es tarea fácil así que le propone un tiempo de prueba para que él mismo se persuada.

La segunda parte del plan tiene que ver con la aplicación de su propósito a lo largo de los tres años que el rey a determinado para Daniel y sus amigos.

Cuando nos proponemos un propósito o cuando hacemos una promesa ante Dios, debemos analizar cuál es la manera en la que nos proponemos poner en práctica dicho proyecto. Las cosas no suceden por arte de magia. Necesitamos avanzar paulatinamente dando pasos pequeños para hacer nuestros logros grandes. Lo más seguro es que si tan sólo nos fijamos una meta a largo plazo y luego esperamos que esta se dé, con el tiempo nuestro entusiasmo se irá agotando y con él nuestros propósitos.

Cuando nuestro proyecto es establecido de tal modo que podamos cumplir con pequeñas tareas a corto plazo, como hizo Daniel quien puso su primer objetivo a 10 días, será para nosotros más fácil cumplir con dichos proyectos.

Quinto paso: Buscar apoyo

Lo quinto que vemos en Daniel es que él sostiene su plan en el apoyo de personas estratégicas que pueden ayudarlo. En este caso es el eunuco a quien Daniel hace “complice”, por decirlo de algún modo, de su plan. El eunuco ni siquiera cree en Dios, sin embargo, se halla en una posición que es muy útil para el propósito de Daniel y por ello, busca la manera de incorporarlo a su plan. Ahora, evidentemente el eunuco, por su propia vida, se opone a la realización del plan, sin embargo, Daniel busca una manera de persuadirlo de unirse a su propósito. Le ofrece algo en lo cual él no puede perder. Diez días, comparados con los tres años al cabo de los cuales el rey hará la evaluación, no son nada. De este modo, el eunuco se convence de apoyar a Daniel.

Hay muchas ocasiones en las cuales necesitaremos del apoyo de otras personas para poder poner en marcha un proyecto, y en esas circunstancias debemos buscar la manera de persuadir a cuantos sea necesario para poner en marcha nuestro proyecto.

Para poder incluir a otros en el cumplimiento de nuestros objetivos debemos buscar la manera de que ellos también ganen o, por lo menos, no pierdan. Evidentemente si conseguimos que aquellos a quienes incluimos ganen con el apoyo que nos brindan, se sentirán mucho más motivados de darnos su ayuda. En el caso del eunuco, ganaba al final al poder presentar a un grupo de siervos diez veces mejores que todos los sabios del reino. El eunuco ganaba en simpatía ante el rey.

Sexto paso: Ser perseverantes.

perseveranciaDaniel fue perseverante. Aún cuando sólo fueron diez días, es muy probable que aquellos diez primeros días estuvieron llenos de tentaciones para los cuatro del equipo, sin embargo, ellos fueron constantes y llegaron a los diez días manteniéndose en su propósito. Esto les dio la primera victoria. De todos modos, esta perseverancia tenía que darse por los próximos tres años para lograr su acometido. Así también, en nuestro caso, es muy probable que nuestros propósitos requieren de persistencia a largo plazo y por ello debemos buscar la manera de mantener el ritmo sin desfallecer.

La mejor manera para poder lograrlo, se ha podido ver en la práctica, es centrar nuestra atención en el día a día y no tanto en las dimensiones del proyecto entero. Es más fácil cumplir un día con nuestro propósito que un mes o un año. Así pues, enfoquémonos en que en el día a día cumplamos con la pequeña porción que nos hemos planteado para el cumplimiento de nuestro proyecto.

Finalmente: Dios honra a los que le honran.

Dios bendice a los que lo honran con sus planes y propósitos y así lo hizo con los cuatro muchachos que lo honraron con su decisión de abstenerse de toda comida contaminada. Los cuatro muchachos obtuvieron inteligencia, fortaleza, y buenos puestos en el Estado, sin embargo, esto no era lo que ellos se proponían, esto sólo fue la manera en que Dios decidió honrar a aquellos que lo honraron con sus propósitos.

Conclusión

No importa si los planes que tenemos en mente son para un año o para más. Pongamos en práctica estos seis pasos y podremos ver cómo el fin al que llegamos es tan honroso como lo fue para Daniel y sus compañeros.

Bendiciones.

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Judas Tadeo y el problema de la mala fama

Judas Tadeo ha pasado muy desapercibido en nuestras meditaciones de la Palabra de Dios. Es que su presencia en los evangelios es muy eventual. De hecho, sólo lo vemos en tres ocasiones.

  1. Cuando es elegido entre los doce. Lucas 6:16

  2. Cuando pregunta por la revelación del Hijo. Juan 14:22

  3. Cuando vemos a la iglesia primitiva en oración. Hechos 1:13

De todos modos, ha pasado a formar parte de las tradiciones populares de la fe como el santo patrono de las causas difíciles o desesperadas. Muchos creyentes católicos apelan a él en oración en fusca de algún favor divino. Evidentemente, no podemos compartir esto, sin embargo, qué sabemos y qué podemos aprender del apóstol Judas Tadeo.

El mismo nombre de este apóstol fue para él una carga muy pesada. Llevar el mismo nombre que aquel que llegaría a ser célebre por haber traicionado al maestro era un problema muy molesto. De hecho, a pesar de que su nombre tenía un significado muy hermoso, para él debió haber sido una carga después de la crucifixión. Judas significa: alabanzas sean dadas a Jehová.

Como en el caso de este apóstol, nosotros podemos llegar a enfrentar ciertas circunstancias que nos llegan, que nos afectan desde afuera y que pueden ser cargas difíciles de sobrellevar. Qué vamos a hacer frente a dichas circunstancias, es una pregunta muy apropiada.

  1. Dejarnos llevar. Resignarnos a ello. Cruzarnos de brazos y dejar que las circunstancias pasen por encima nuestro

  2. Hacerles frente. Cambiar nuestras circunstancias. Hacer que las circunstancias trabajen a nuestro favor.

De hecho, Judas, no dejó que su nombre lo amilanara. Vemos que hasta el final asume ese nombre tan cargado de amenazas, cuando en la carta que escribe a la iglesia en general, se presenta como Judas y no de otra manera. De hecho, ustedes pueden ver cómo otro de los discípulos siente cierto recelo de llamarlo por su nombre de pila y prefiere llamarlo Lebeo, al parecer, su segundo nombre en Mateo 10:3

Es muy común, por ejemplo frente a la mala fama que tiene cierto grupo social, cierta institución educativa o incluso nuestro propio país, que optemos por hacernos al grupo y dejarnos llevar por él. Los ecuatorianos son… y empieza una serie de adjetivos que tratan de describirnos y ante los que asentimos como si su descripción fuera la nuestra. De todos modos, no debería ser así. Al igual que Judas, nuestro afán debería estar puesto en demostrar que por el hecho de que llevemos un nombre que está asociado a la traición, el engaño y las mentiras, no significa que nosotros seamos así. La fama que tienes por lo que otros antes que tú han hecho, no debería ser la que determina tu futuro. Hay quienes determinan cómo debe ser una persona en función de lo que sus padres fueron. No estamos determinados de esta manera. Hay diferencias y nosotros podemos gobernar dichas diferencias. Si nos han heredado una mala fama busquemos sembrar para los demás una buena fama.

Lo segundo que nos llama la atención de este apóstol es la pregunta que hace al maestro según el testimonio que nos queda en el evangelio de Juan.

Judas muestra preocupación por aquellos que no hayan de creer al testimonio de los discípulos acerca de la resurrección. Judas es un tanto práctico y su planteamiento es que Jesucristo se dé a conocer a todo el mundo de tal manera que a nadie le quepa duda alguna de que Jesús realmente resucitó.

Así, Judas, de sobrenombre Lebeo muestra lo amplio de su corazón. Anhela que todos puedan seguir a Cristo de manera incuestionable. Sin embargo, Jesús lo enfrenta, y a nosotros con él, al tema de la fe. Los ojos de la fe se abren por medio de la obediencia y no de la imposición. El Padre de todo lo creado quiere que se lo siga, no por miedo o intimidación sino por amor y en libertad.

Lo que Cristo le dice a Judas Tadeo es que el conocimiento de Dios no es meramente intelectual, sino relacional, vivencial. Es un amor que surge, no de las evidencias empíricas, de los datos comprobables, de las ciencias exactas, sino del corazón que se entrega en amor.

Jecuscristo le plantea a Judas que la relación con Dios parte del amor y de este, surge la obediencia y donde hay obediencia está Dios. Así pues, lo que nos dice Jesucristo es un tanto diferente a una frase que se suele decir con mucha frecuencia: “Donde hay fe hay amor, donde hay amor hay paz, donde hay paz esta Dios y donde está Dios no falta nada.” De hecho, el orden sería donde hay amor, hay obediencia y donde hay obediencia habita Dios y donde habita Dios hay libertad…

De Judas, pues, podemos aprender a no permitir que la mala fama que otros han dejado sobre nosotros no nos afecte. Pero también que no hay otra manera de conocer a Dios que por medio de la fe y esta se manifiesta en la obediencia.

FIDELIDAD

Una de las virtudes que se pide que todo creyente desarrolle por medio del poder del Espíritu Santo es la fidelidad (del griego: pistis). La fidelidad es la cualidad que hace de cada hijo de Dios una persona de fiar. El creyente debe ser alguien con quien no sean necesarios los documentos escritos pues con su palabra basta.

En este mismo sentido va la recomendación de Jesús acerca de los juramentos en Mateo 5: 33-37

Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos.

Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.

Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello.

Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

No es una amenaza contra los que usa palabras relacionadas con el juramento sino una advertencia para aquellos cuyo hablar y su obrar son tan divergentes que se les hace necesario el juramento y otras cosas para ganarse la confianza de los demás.

El creyente debe ser una persona que sabe cumplir con sus promesas y sus compromisos. Es alguien que no se detiene en el cumplimiento de los mismos por el hecho de que tarde se da cuenta de que el pacto le perjudica. Quienes llevan el fruto de Espíritu Santo en su corazón deben manifestarlo cumpliendo todos sus compromisos: con la iglesia, con la familia, con los amigos y aún con el Estado. El hecho de ser nuevas personas es algo que debe salir a relucir, no solamente en la congregación sino aún en nuestros negocios.

Es  evidente, pues, que un requisito para que seamos capaces de cumplir con nuestros compromisos es que seamos sabios al momento de adquirirlos. Una persona que no es guiada por el Espíritu de Dios, actúa atolondradamente. Se hace de compromisos sin considerar si será capaz de cumplirlos. El hecho de que los compromisos sean hechos con la iglesia, no quita el hecho de que la persona no ha actuado con sabiduría si no ha calculado bien si será capaz de cumplir con su compromiso.

Antes de tomar un compromiso, sea en la iglesia, en los negocios o, incluso en lo emocional, meditemos bien y con cabeza fría si seremos capaces de cumplir con nuestros compromisos.

Muchos matrimonios fracasan por falta de fidelidad (y no sólo en el sentido del adulterio) por cuanto no han sido capaces de cumplir con las promesas que se hicieron mutuamente ante el altar. Es allí, en las relaciones de pareja donde podemos descubrir el carácter creativo de la fidelidad. No se trata simplemente de aguantar hasta que la muerte nos separe, sino de recrear, renovar y edificar la relación cada día. Así, pues, en ocasiones, la separación evidencia un poco de flojera por parte de ambos al momento de renovar el lazo conyugal. Se espera que la corriente lleve la barca nupcial. Sin embargo, sucede muy a menudo, que la corriente, o para decirlo más enfáticamente, la costumbre, lleva al matrimonio al fracaso.

Seamos fieles, cumplamos con nuestro compromiso de amar para toda la vida a nuestra pareja. Cumplamos con nuestros compromisos con nuestros hijos. Aprendamos a dar valor a nuestra palabra. Seamos hombres y mujeres que evidencian el fruto del espíritu en su fidelidad.

Usos y costumbres de las tierras bíblicas

Conocer el contexto social y cultural de los relatos bíblicos es muy importante para poder comprender el significado o sentido que tienen los mismos. Para muchos creyentes este contexto se halla velado por el desconocimiento de fuentes adecuadas para adentrarse en el mundo cultural y social de las tierras bíblicas.

Con el propósito de facilitar dicho acercamiento hemos decidido recomendar esta obra ya clásica del estudio del contexto bíblico. Se trata de una obra básica pero suficiente para tener una primera aproximación al contexto bíblico. Esperamos les sea de utilidad.

Sólo es necesario hacer clik sobre el nombre del libro que se halla debajo de la portada siguiente para poder descargarlo.

Usos y Costumbres del mundo bíblico

MANSEDUMBRE

Una de las virtudes que se menciona en Gálatas 5:22-23 es la mansedumbre. El hecho de que el Espíritu Santo se halle morando en nosotros debe manifestarse, dice este texto, en el hecho de que seamos mansos. Sin embargo, en muchas ocasiones, confundimos la mansedumbre con la pasividad y la apatía. Vemos en el Antiguo Testamento que Moisés es catalogado como el hombre más manso de la tierra (Número 12:3). En el Nuevo Testamento Jesús se toma a sí mismo como ejemplo de mansedumbre al decir en Mateo 11:29 Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón.

No obstante sigue siendo para nosotros un concepto un tanto confuso este de la mansedumbre pues, de hecho, vemos que Jesús, al igual que Moisés, se airaron en varias ocasiones y reclamaron en muchas más. Si la mansedumbre es callar frente a la injusticia y no protestar frente a la ofensa, entonces tanto Jesús como Moisés fallaron en este aspecto.

Hay tres textos bíblicos que nos pueden dar un poco más de luz sobre este aspecto:

  • Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.Gálatas 6:1
  • Debes corregir con mansedumbre a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él. 2 Timoteo 2:25
  • ¿Qué queréis? ¿Iré a vosotros con vara, o con amor y espíritu de mansedumbre? 1ra Corintios 4:21

En los tres casos vemos que se trata el tema de la reprensión y en los tres casos se manifiesta que la actitud de quien reprende puede ser de mansedumbre. Entonces, la mansedumbre y la reprensión no se hallan divorciados. En el último caso (1 Cor 4:21) Pablo advierte que su reprensión será o con vara o con mansedumbre, pero no se niega la reprensión que debe ser dada a los creyentes de la iglesia.

Así pues, debemos admitir que la idea que muchas veces nos hacemos de la mansedumbre no es del todo correcta. Aristóteles había indagado varios siglos antes acerca de las virtudes en una de sus obras y conviene en que la mansedumbre es el justo medio entre la irascibilidad y la indiferencia. La persona que sabe dominar su ira pero no de tal modo que cae en la pasividad absoluta es aquella que ha manifestado mansedumbre.

La mansedumbre se manifiesta, pues, como el dominio de la persona sobre la ira. La persona mansa controla su enojo de tal manera que sabe apropiadamente cuándo airarse, contra quién airarse y hasta qué punto airarse. Una persona que no sabe dominar su cólera simplemente se enoja por las razones menos adecuadas, se desquita contra las personas menos apropiadas y guarda un resentimiento permanente que estalla ante cualquier detonante emocional.

La persona pasiva, por el contrario, le da igual lo justo que lo injusto así como lo verdadero o lo falso. Le tiene sin cuidado el pecado y la maldad que a su alrededor puedan estar suscitándose. Simplemente ha optado por no sentir, o aparentar que no siente. Esto es tan peligroso como el dejar a nuestra rabia suelta.

La ira debe ser controlada, ese es el mensaje de la Biblia, no eliminada. De hecho, podemos recordar que Pablo también dice: airaos pero no pequéis (Ef. 4:26). Si meditamos un poco más en la vida de Jesús, vemos que, si bien se enojó, supo controlar su ira. Su reprensión era dura en ocasiones, pero su espíritu jamás perdió el control de la ira que sentía.

Es posible que algunos piensen que la pasividad está justificada por Mateo 5:38-39.

  • Oísteis que fue dicho: “Ojo por ojo y diente por diente.” Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra…

Sin embargo, debemos notar que este texto no habla de la ira sino de la venganza. Toma Jesús, como base para su proposición la antigua ley del talión que servía como un medio para frenar la venganza excesiva que se solía dar en los pueblo antiguos. En lugar de permitir que una persona, llevada por la venganza, acabase con la familia de su enemigo, se le limitaba a exigir sólo aquello que había perdido: ojo por ojo, diente por diente.

Ahora Jesús manifiesta que nosotros como creyentes no debemos exigir la otra mejilla por la mejilla que nos ha sido abofeteada -como sería lo lógico según la ley del Talión- sino que por el contrario, deberíamos estar dispuestos a darla nosotros en lugar de exigirla del prójimo. Lo que pretende Jesús con este juego de palabras es advertirnos de que, como creyentes, no podemos ni debemos exigir venganza o desquite por algún mal que hemos recibido. De hecho la traducción lenguaje actual ya nos da más pistas cuando traduce, en lugar de “no resistáis al que es malo” por “no traten de vengarse”.

La actitud que quiere corregir Jesús en el texto es la venganza más que el reclamo o la molestia por el ultraje recibido y por ello les pide a sus discípulos que estén más dispuestos a dar su otra mejilla antes que a reclamar la del prójimo como venganza.

De hecho, en Juan 18:22-23 vemos que la reacción de Jesús ante una bofetada fue muy distinta de la de ofrecer la otra. Dice el texto:

  • Cuando Jesús dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada, diciendo: —¿Así respondes al sumo sacerdote? Jesús le respondió: —Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; pero si bien, ¿por qué me golpeas?

Jesús no calla ante el ultraje, exige una justificación por el mismo, más no venganza o desquite por lo que le han hecho. Jesús controla su ira aunque no por ello deja de exponer su reclamo. Muchos creyentes fallan en esta área de su vida. En lugar de controlar su ira, dejan que esta sea la que rija sus destinos. El futuro que nos espera cuando no somos dueños de nuestras pasiones es el fracaso.

Algunos grandes pensadores de la historia han visto lo nocivo que puede ser la ira descontrolada. Veamos algunos ejemplos:

  • La cólera es una ráfaga de viento que apaga la lámpara de la inteligencia. Robert Green Ingersoll
  • La ira altera la visión, envenena la sangre: es la causa de enfermedades y de decisiones que conducen al desastre. Florence Scovel
  • La ira, si no es refrenada, es frecuentemente más dañina para nosotros que el daño que nos han provocado. Séneca

En muchos casos la razón por la que no somos capaces de controlar nuestra ira es porque esta ya está desbocada. Le hemos permitido hacer y deshacer en nuestra vida como ella ha querido y ahora no sabemos cómo tomar decisiones sin ella. Es por esto que Dios nos ofrece su Espíritu para que podamos, por medio de él controlar nuestros impulsos negativos. Seamos mansos, dominemos nuestra ira y recordemos que quienes saben hacerlo recibirán la tierra por heredad (Mateo 5:5).

Bendiciones

TEMPLANZA

Hay una palabra en la Biblia, en la versión Reina Valera de 1960 que es muy poco conocida por muchos. Se trata de concupiscencia. Por lo general se cree que se trata de algún especie de pecado sexual, algo así como la lujuria.

Lo cierto es que la concupiscencia es un deseo desordenado de bienes terrenos o un apetito desenfrenado de placeres. Así pues, lo sexual no es el único ámbito en el que se manifiesta la concupiscencia sino que en todo espacio donde el hombre siente la atracción de satisfacer sus deseos puede surgir el desenfreno fruto de la concupiscencia.

Frente a esta manera de actuar, Pablo menciona entre los frutos del Espíritu al que sería justamente el extremo opuesto de la concupiscencia, esto es la templanza.

La templanza es la capacidad que tenemos de dominar nuestras pasiones y de evitar que ellas nos dominen. La templanza era una de las cuatro virtudes cardinales del pueblo griego. Las otras tres eran la fortaleza, la justicia y la prudencia. La Estas tres eran consideradas por este pueblo de la antigüedad como el fundamento del buen vivir en comunidad.

De la templanza, dijo Cicerón, es un gran capital. Y una frase del oráculo de Delfos resumía la esencia de la Templanza en estas palabras: nada en demasía. Confucio aseveraba que el ir un poco lejos es tan malo como no ir todo lo necesario. Y Lucio Apuleyo decía: El primer vaso corresponde a la sed; el segundo, a la alegría; el tercero, al placer; el cuarto, a la insensatez.

Muchos hombres a lo largo de la historia han advertido sobre el peligro de los excesos y las consecuencias de la falta de dominio propio.

La Palabra de Dios no queda exenta de estas advertencias y dice en Proverbios 25:28:Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda. Las pasiones son justamente como un caballo desbocado al cual le falta la rienda y que lleva al que lo monta por donde quiere sin que aquel pueda hacer nada para detenerlo. La templanza no significa ausencia de pasiones, pero sí control de las mismas. Los alimentos, la tristeza, el gozo, la ira, el deseo sexual, etc., son emociones que las llevamos en nuestro interior y que no podemos eliminarlas aunque sí podemos controlarlas. Alguien decía: Hasta las desdichas han de sentirse con moderación1.

El dominio propio es algo que se pide del creyente en varias ocasiones en el texto bíblico y que se lo relaciona con el poder del Espíritu, al menos en dos ocasiones. La primera en Gálatas 5:22-23, donde se lo presenta como fruto del Espíritu (Templanza) y en 2 Timoteo 1:7 donde nos advierte que el Espíritu de Dios no produce en nosotros temor sino que nos reviste de su poder, de su amor y de la capacidad de dominarnos a nosotros mismos.

La posibilidad de controlar nuestras emociones no implica ahogarlas del todo. Siendo parte de nuestra naturaleza, Dios no las desconoce, pero espera de nosotros que sepamos canalizarlas y no permitir que sean un mar embravecido que no podemos controlar.

En la actualidad no enfrentamos a una sociedad que en muchos aspectos desdeña el dominio propio en pro de la libertad. Lo cierto es que la persona que se deja llevar por sus pasiones no es dueña de sí, no hace “lo que le da la gana”, hace lo que las pasiones le ordenan que haga. A medida que dejamos que ellas ganen terreno en nuestra vida se vuelve más y más difícil ser dueños de nosotros mismos. Terminamos siendo esclavos de nuestras pasiones.

Pero no es de hoy que los hombres le temen al dominio propio. En los tiempos de Pablo, este se vio callado por un gobernador cuando empezó a hablar sobre el dominio propio:

Pero cuando Pablo le habló de una vida de rectitud, del dominio propio y del juicio futuro, Félix se asustó y le dijo: —Vete ahora. Te volveré a llamar cuando tenga tiempo.

De todas formas, es un hecho que aquellas personas que no han sabido dominar sus pasiones nunca han llegado demasiado lejos. Alejandro el Grande luego de conquistar un basto imperio no pudo disfrutar del mismo debido a que no fue capaz de conquistar sus propias pasiones. Así pues, es muy cierto lo que dice Proverbios 16:32 Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte, el que domina su espíritu que el conquistador de una ciudad.

Por el contrario, los trescientos espartanos que junto a Leonidas contuvieron al ejército persa conformado por más de 200000 hombres no se dejaron dominar por sus pasiones y ese fue el secreto de su victoria. Los espartanos tenían por costumbre relajarse y sacar de sí todo la ira y el resentimiento que podrían descontrolarlos durante la batalla. Una vez se hallaban con la cabeza fría iban al combate.

Las pasiones desbocadas no son buenas consejaras, no son buenas capitaneando el destino de nuestras vidas. Lo más adecuado y lo que la Biblia nos aconseja es controlar nuestras pasiones cada día no permitiendo que las mismas nos dominen y decidan nuestro futuro.

1Eurípides.

Estudio de Primera de Corintios. Cap. 1-3

Compartimos aquí una síntesis de los estudios que hemos venido realizando de la Carta de Pablo a los Corintios.Esperamos que sea de mucha bendición para uds.

Pablo ha tratado de resolver el problema referente a las divisiones existentes en la iglesia de Corinto. Para ello Pablo ha empezado por realizar un diagnóstico de la situación y ha llegado a la conclusión de que las divisiones no son más que un síntoma del problema. El verdadero mal que está padeciendo la iglesia de Corinto es la jactancia. Es este mal el que el apóstol se propone atacar a lo largo de la carta.

En la primera parte del capítulo primero, Pablo ha demostrado a los Corintios la verdadera evidencia de la madurez espiritual, esta es el amor y su efecto más práctico, el perdón. Pablo no guarda rencores contra los miembros de la iglesia sino que por el contrario ora incesantemente por ellos dando gracias a Dios por ellos.

Luego de esto Pablo se enfoca en el síntoma y de manera muy somera les expone lo inconveniente de las divisiones entre ellos. A continuación Pablo les demuestra que el orgullo que ellos muestran por la elocuencia, las ideas y las discusiones filosóficas no tienen sentido pues aquellos no son más que locura ante la obra de Cristo en la cruz. Aquella sabiduría de la que tanto presumen los corintios no es capaz de guiarnos a Cristo y por ello, no tiene sentido su jactancia.

En el capítulo segundo Pablo les recuerda que su predicación misma evitó el uso de las herramientas de la filosofía griega con el firme propósito de que la fe de ellos no se basara en las palabras sino en el poder de Dios manifestado en la vida de ellos.

Pablo continúa su argumentación exponiendo lo limitado de la sabiduría humana que se queda al nivel meramente humano, a diferencia de la sabiduría que ellos han recibido por la misericordia de Dios a través de la comunión del Espíritu Santo. La verdadera sabiduría, es decir el verdadero conocimiento del propósito de la humanidad, nos ha sido otorgado a los creyentes por medio del Espíritu de Dios en nosotros. Ahora, más que a la profundización del conocimiento de las cosas de este mundo y la consiguiente arrogancia por su descubrimiento, Pablo nos invita a disfrutar del conocimiento de la sabiduría de Dios por medio de la comunión con su Espíritu. Es esta la sabiduría que deberíamos anhelar.

En el siguiente capítulo Pablo hace evidentes las consecuencias de la sabiduría que han decidido adoptar. Aquella les ha llevado a divisiones absurdas y, contrario a lo que ellos creían, les ha hundido en la inmadurez.

Por el contrario, la sabiduría divina nos demuestra que todos somos parte de la obra de Dios y todos útiles para el fin que se propone. Sin embargo, el proyecto sigue siendo de Él y no de Apolos o de Pablo. El crecimiento lo da Dios y el cimiento sigue siendo Cristo. Puede ser que unos decidan andar el camino de Cristo de manera más austera mientras otros deciden añadirle algunos elementos decorativos -como en el caso de los Corintios, la sabiduría y la elocuencia- pero eso no da derecho ni a unos ni a otros a juzgar a los demás. Cada uno debe llevar delante de Dios la obra de sus manos para que él juzgue nuestro obrar en tanto que juez justo.

El mayor riesgo al que se someten quienes por detalles pretenden romper la unidad de la iglesia es al juicio de Dios. Así se puede entender la mención del templo de Dios y la idea de destruir aquel templo. Un comentarista bíblico dice:

Se trata de una grave advertencia a los fautores de los partidos, como diciéndoles: No destruyáis la unidad de esa ‘edificación’, que es la iglesia de Corinto, pues es ‘templo’ de Dios, algo que es ‘santo’, y Dios castigará severamente a los culpables”.

Es por esto que debemos cuidarnos de la sabiduría del este mundo que divide a la iglesia y buscar la sabiduría de Dios que trae unidad.

Ahora, Pablo pasa a tratar acerca de su ministerio, y hace una advertencia para aquellos que se sienten seguros de poder juzgar bajo criterios humanos a los líderes de la comunidad.