Lecciones que nos deja un desastre

Un momento duro ha atravesado la nación ecuatoriana en los últimos nueve días. El terremoto que destruyó casi totalmente una ciudad manabita y dejó con graves daños otras tantas ha sido uno de los golpes de la naturaleza más fuerte que hemos recibido en las últimas décadas.

Reflexionando

Luego de un poco más de una semana cabe hacer una reflexión acerca de lo sucedido y de las lecciones que nos deja a futuro. Si bien, aún nos encontramos realizando el proceso de duelo, es decir, la asimilación de una situación tan dura, nos vemos en la necesidad de mirar atrás para corregir lo que no se hizo apropiadamente.

La negligencia a la larga sale cara.

Es un hecho que ha sido confirmado por diferentes especialistas el hecho de que las construcciones que se desplomaron en las diversas ciudades costeras adolecían de terribles fallos de construcción.

El arquitecto Fausto Cardoso, consultado por la BBC Mundo acerca de las falencias arquitectónicas de los edificios dijo:

Igual este terremoto en cualquier parte del mundo te tiraba casas abajo, pero hay casas que aguantaron porque las construyeron de forma más consciente. Muchas personas, para ahorrar dinero, ahorran materiales. O son inescrupulosos los maestros contratistas y ponen materiales de menor calidad. Eso no es sólo en Manta, sino en todo el Ecuador

Lamentablemente es una cosa muy común que los ecuatorianos buscan ahorrarse unos centavitos construyendo sus casas con materiales de menor calidad, sin la asesoría de algún especialista en el ramo y sin permisos municipales de construcción.

La negligencia en la construcción generó más dolor del que podría haber provocado este terremoto de haber sido construidas las casas y edificios con la debía planificación y vigilancia en el uso delos materiales apropiados.

Algo que caracteriza nuestra idiosincrasia nos ha traído graves consecuencias en el presente. Es un desafío a futuro dejar de lado esta actitud para asumir todas nuestras actividades con la diligencia de se requiere.

La corrupción nos cuesta más que el dinero.

Uno de los inconvenientes con los que nos topamos al momento de realizar los trámites relacionados con la construcción de edificios o casas es con una interminable serie de trámites burocráticos en medio de los cuales poco a poco parece ir empantanándose nuestro anhelo de llevar adelante una construcción.

En estas circunstancias, la opción más adecuada parece ser la de algún tramitador con amigos al interior del gobierno que nos facilite los trámites o, incluso, que “haga de la vista gorda” sobre ciertos aspectos peligrosos e ilegales de la construcción que se quiere realizar.

En primera instancia parecería que el mayor problema que vamos a enfrentar luego de haber hecho uso de la corrupción para acelerar nuestros procesos administrativos es un malestar ético en nuestra conciencia. Lo cierto es que muchos edificios que tal vez pasaron desapercibidos en las oficinas de la administración pública por medio de pequeños subterfugios legales y administrativos terminaron colapsando con un enorme costo de vidas.

¿Se puede ganar más a través de la integridad?

La Biblia misma advierte: “No aceptarás soborno, porque el soborno ciega aun al de vista clara y pervierte las palabras del justo” (Éxodo 23:8). Así como se le pide al sacerdote que no acepte sobornos, la petición al pueblo es implícita: No sobornes a tus autoridades porque los echarás a perder.

Siempre es bueno guardar para los días malos

Una costumbre muy nuestra es la de “vivir al día”. No importa cuál sea el salario, se gasta hasta el último centavo. Se tiene una especie de temor a que, si no lo gastamos hoy, desaparecerá para el día de mañana. Siempre hay una emergencia, un apuro, un imprevisto por el cual no podemos ahorrar. Pero desde el Antiguo Testamento podemos ver que el ahorro en tiempos de vacas gordas es la única manera de estar prevenidos para los tiempos de las vacas flacas.

Pensar que nunca vendrán las catástrofes, que siempre podremos mantener el mismo estilo de gastos sólo es un megáfono llamando a los problemas. Uno de los mayores problemas con que nos enfrentamos cuando no hemos previsto por medio del ahorro para los días malos es que cuando estos llegan, debemos buscar desesperadamente en prestamistas y usureros para que nos socorran a intereses exorbitantes.

Las claves de una buena administración

Quizás más allá de gastarnos lo que tenemos, muchos hemos tomado el mal hábito de endeudarnos sobre el futuro en cosas inservibles, cosas que no generan ganancias sino que sólo se van acumulando en la sala, en el comedor, en la cocina, etc. Tanto endeudamiento nos toma por sorpresa cuando de pronto nos encontramos frente a una crisis como la que se ha tenido que enfrentar.

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¿Gastar hasta endeudarnos y más allá?

Muchas más reflexiones nos quedan de esta catástrofe, y cada uno puede hacer su propio recuento de lo que le ha enseñado este momento duro de nuestra historia, pero sólo anhelamos que estas lecciones las podamos tomar para no ser sorprendidos como país y como individuos en otra ocasión sin nada con qué defendernos.

La Mayordomía

Como un cuarto desordenado donde no se puede encontrar nada y donde vivir parece arriesgado es la vida de una persona que no sabe administrar correctamente los dones que Dios le ha encargado. Cabe advertir al respecto que cada uno de nosotros somos llamados a realizar una adecuada administración de los bienes recibidos.

De Dios, nuestro Padre, no sólo recibimos la vida o la salud. De Él también vienen el tiempo que tenemos, las habilidades y talentos que nos caracterizan y el dinero de que disponemos. De cada uno de ellos deberemos dar cuentas a Dios respecto de la manera cómo los administramos. Uno de los texto más importantes al respecto en la Biblia es este:

Respondió el Señor: —¿Dónde se halla un mayordomo fiel y prudente a quien su señor deja encargado de los siervos para repartirles la comida a su debido tiempo? Dichoso el siervo cuyo señor, al regresar, lo encuentra cumpliendo con su deber.

Les aseguro que lo pondrá a cargo de todos sus bienes. Pero ¡qué tal si ese siervo se pone a pensar: “Mi señor tarda en volver”, y luego comienza a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y emborracharse!

El señor de ese siervo volverá el día en que el siervo menos lo espere y a la hora menos pensada. Entonces lo castigará severamente y le impondrá la condena que reciben los incrédulos.

(Luc 12:42-46)

Analicemos por ahora dos de estos elementos: la administración del tiempo y la administración de los dones recibidos.

1. Administración del tiempo

El tiempo de vida que tenemos, sea corto o largo nos ha sido establecido por el Señor. A cada uno de nosotros nos espera el tiempo que Él en su infinita bondad, considera es el más adecuado. No obstante, cada uno de nosotros, como mayordomos del tiempo recibido, daremos cuenta de lo que hemos hecho con el tiempo que nos fue dado en esta tierra. Es por esta razón que se vuelve importante saber administrar adecuadamente esta área de nuestra vida.

No es cuestión de pasar todo el tiempo en la iglesia o en actividades “espirituales”. De lo que se trata es de saber distribuir adecuadamente nuestro tiempo entre las distintas responsabilidades que tenemos, dándoles prioridad a aquellas que tienen más importancia como son:

  • Nuestro crecimiento espiritual.
  • Nuestra familia.
  • Nuestro trabajo.

Cada uno de nosotros puede añadir unos u otros, pero lo importante es que sepamos distribuir nuestro tiempo de manera óptima entre todas las actividades que debemos realizar. Lo grave es la pérdida de tiempo. Dice un pensador: pierde una hora en la mañana y estarás buscándola todo el día.

2. Administración de nuestros recursos

Por recursos hacemos referencia a las habilidades y talentos que cada uno de nosotros poseemos. Estas habilidades deben ser motivo de gratitud de nuestra parte y, además, motivo de preocupación en el sentido de “cómo estoy aprovechando y administrando mis habilidades”.

En la parábola de los talentos vemos que el Señor exige de cada uno de aquellos a los que les fue dado una determinada cantidad de dinero que le sea devuelto lo que ha dado más alguna ganancia. El primero y el segundo dan el doble de lo que han recibido mientras que el tercero da exactamente lo que ha recibido. Así como podemos aplicar esta parábola para la manera cómo invertimos nuestro tiempo, también podemos usarla para meditar en la manera cómo estamos sacándole provecho a nuestras habilidades.

Cada persona tiene una habilidad, pero estas no son nada si no las sabemos desarrollar y maximizar. Esto sólo lo podemos lograr si aplicamos tres cosas:

Preparación

Es decir, dar a nuestras habilidades las herramientas que provienen de una carrera o de una capacitación específica. Hoy en día, más que nunca, las habilidades no son suficientes pues hay millones de personas que pueden poseer las mismas habilidades que nosotros. Lo que nos hace valiosos es la preparación que le demos a nuestra habilidad por medio de la educación. Decía Benjamin Disraelí: El secreto del éxito en la vida de un hombre está en prepararse para aprovechar la ocasión cuando se presente.

Capacitación

No basta con haberse preparado en el pasado, en el colegio o en la universidad. En un mundo en el cual la tecnología avanza a pasos agigantados, dejar de capacitarse es anularse inmediatamente. Entregar réditos por las habilidades que hemos recibido, en ocasiones también implica seguirse capacitando de manera continua. Dice Edward benjamin: Aprender es como remar contra corriente: en cuanto se deja, se retrocede.

Esfuerzo

La habilidad no hace nada por sí misma. Nosotros, con esfuerzo le sacamos el máximo potencial. Es notable que en el texto de Josué 1:9 Dios mande a Josué a esforzarse para poder cumplir con la tarea que Dios le ha encomendado. Muchas veces nos enfocamos sólo en la última parte de este versículo: yo estaré contigo dondequiera que tú vayas. Esto último es cierto, pero también lo es el llamamiento a esforzarnos. Sólo es cuestión de voluntad. Decía al respecto Albert Einstein: Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad

Preguntas para reflexionar

Haciendo un análisis apropiado, ¿cuántas horas al día pierdo en actividades irrelevantes?

Si reviso mi actual manera de distribuir el tiempo ¿Qué es lo más importante para mí, es decir, a qué le dedico más tiempo?

¿He considerado capacitarme?

¿Qué me ha impedido?

¿Qué pienso hacer para cambiar esta situación?

¡Y las finanzas!

Compartimos con uds. una breve reflexión del Pastor Vicente Vieira acerca de las deudas, el consumo y el presupuesto. Cada vez con mayor desmedida compramos y nos endeudamos pensando que mañana ya tendremos para pagar. ¿Es esto sabio? ¿Hay alguna manera de cambiarlo?

 

¿A quién le sobra dinero?. A nadie, se responde. Sin embargo, en un paìs de 14 millones de habitantes alrededor de medio millón de familias no sólo que han gastado, sino que se han sobre endeudado. Las autoridades financieras afirman que se comprometen hasta el 130% de los ingresos para pagar sus deudas. Una señora de clase media confiesa que su constante y ascendente consumo, con 13 tarjetas de crédito, lo llevó a excederse tanto que tiene que vivir para pagar los créditos durante dos años seguidos. Esta fiebre de obtener créditos fácilmente para consumos, lleva a màs que desencuentros familiares.

Dios que da la vida, las fuerzas para trabajar, las capacitaciones, las fuentes de trabajo, pide  administrar los recursos con responsabilidad y gratitud a El. Desde el inicio de la humanidad el Creador estableciò a los humanos como administradores  “señoreando sobre todo lo creado”, Génesis 1:28-30. Es decir, las cosas, los recursos, el dinero deben estar al servicio del hombre y no éste esclavo de aquellos. Tener para vivir, no vivir para tener.

Y lejos de una vida con ansias de tener y siempre tener más, sino para vivir con dignidad y en paz con Dios y con la familia, el Señor se compromete a no faltar con lo necesario, como da fe un viejo experimentado en creerle a Dios “fui joven y estoy viejo, y en todos mis años jamás vi que el Señor abandonara al hombre que lo ama; tampoco he visto a los hijos de los justos pasar hambre”, Salmo 37:25.

A su vez, el poco o mucho ingreso es mejor administrado haciendo un presupuesto. Juntos la pareja uniendo todos los ingresos, es pràctico y eficiente hacer una lista de gastos permanentes y ocasionales. ajustando los egresos a los ingresos. Y asignando a cada cónyuge las partidas que ha de manejar. Habiendo dos rubros, para ahorros y para compartir con un necesitado acorde a los valores bíblicos de austeridad y de compartir. Llevar una vida sencilla y preocupada por el necesitado, gratifica un dìa a dìa satisfactorio. El lujo derrochador y el egoìsmo, a la final carcomen la existencia.

A cumplir con lo presupuestado, dando gracias a Dios dador de toda buena dàdiva, para que los ingresos familiares sean de bendiciòn y contentamiento y no de peleas y maldiciòn.

Vicente Vieira A., Quito, Ecuador.