La meta de todo creyente es ser maestro

«Acerca de esto tenemos mucho que decir, pero es difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oir. Debiendo ser ya maestros después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales, que tenéis […]

a través de Una progresión natural — Lumbrera

Veo dos caminos

Veo dos flechas. Dos líneas. Dos caminos. Y van en direcciones muy opuestas. No soy profeta ni hijo de profeta; pero dos tipos de fe cristiana se están dando a conocer en nuestros días.

EL PRIMER CAMINO

Por un lado, está la primera flecha, la primera línea y el primer camino. Dentro de este primer grupo veo antes que nada humidad y sobriedad. Veo hermanos y hermanas caracterizados por los valores de las bienaventuranzas: “los pobres en espíritu”, “los que lloran”, “los mansos”, “los que tiene hambre y sed de justicia”, “los misericordiosos”, “los de limpio corazón”, “los pacificadores” y “los que padecen persecución por causa de la justicia”.

a los pies de jesus foto

Son creyentes auténticamente enamorados del Señor Jesús por su grandiosa obra de salvación efectuada en ellos mediante la cruz y la resurrección. No se glorían en nada sino en el bendito Salvador. Dios es su todo. Están satisfechos en Él y por lo tanto guardan su tiempo a solas con Él celosamente. Dada su gran pasión por las cosas divinas, se regocijan en la predicación de la Palabra tal cual está escrita. Se gozan en orar y en congregarse. Se deleitan en la santidad.

En sus rostros veo cicatrices profundas, arrugas y gravedad por todas las aflicciones que han tenido que enfrentar debido a su fidelidad al Dios del Evangelio. Pero luego contemplo su corazón, y bien adentro veo perlas y joyas de inestimable valor. Veo “tesoro en vasos de barro”. Tal tesoro es el Evangelio acompañado de la presencia y el poder del Espíritu del Señor de los ejércitos. Es ese poder inconquistable el que les sostiene en cada momento de dificultad y pelea.

Éstos irán de fe en fe, sometiendo todos sus pensamientos a la voluntad de Cristo. Creen en el Dios de la Biblia; el Jesús de la Biblia; el pecado según está definido en la Biblia; la necesidad de fe y arrepentimiento; y el gran peligro de la perdición eterna. Se ven a sí mismos como simples herramientas de Dios para que Él haga su misteriosa obra a través de ellos. Son el pueblo de Dios. Tienen su contentamiento en el Señor.

Esta primera flecha, esta primera línea y este primer camino es el campo de Dios.

EL SEGUNDO CAMINO

Por el otro lado, está la segunda flecha, la segunda línea y el segundo camino.

Dentro de este segundo grupo veo antes que nada liviandad y ligereza. Veo personas caracterizadas por los valores del ‘camino ancho’: agradan a todos, son afables, graciosos, atractivos y carismáticos, no creen en el tropiezo de la cruz ni en nada que ofenda al hombre natural.

De hecho, son tan majos que hasta parecen ser creyentes verdaderos. Dicen “paz, paz” cuando no hay paz. Sólo hacen mención de un Dios de amor; no toman en serio la doctrina cristiana; y por lo tanto, ningún incrédulo jamás pensaría en oponerse a ellos.

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No obstante, en vez de amar al Jesús bíblico, han creado a otro tipo de Jesús conforme a su imagen y semejanza. Su gloria está en sí mismos. Se postran ante el gran altar del ego e incluso han moldeado al Salvador conforme a este patrón pecaminoso. Sólo toman en serio las palabras de Jesús que sirven para afirmar sus vidas materialistas y ociosas.

Por consiguiente, desechan una gran parte de la Palabra de Dios y se enfocan en las cosas positivas, bonitas, emocionantes y agradables que allí encuentran, torciendo el texto que sea con el fin de salirse con la suya.

En sus rostros veo grandes sonrisas, ropa de última moda y dientes emblanquecidos. Agradan al paladar popular. Nunca se les ocurriría sufrir por el Dios de la Biblia ya que –según ellos- el Señor no les pediría que hagan nada que les perjudiquen en los más mínimo.

Dios sólo quiere que bailen, se rían y se diviertan. Al contemplar su corazón, veo “los deseos de la carne”, “los deseos de los ojos” y “la vanagloria de la vida”. Son nubes sin agua, árboles sin raíces, anclas hechas de lana. ¡Forma sin contenido! ¡Apariencia sin profundidad! ¡Relevancia sin sustancia!

Estos irán de engaño en engaño, deificando sus propios proyectos, planes, ministerios y estrategias dando por sentado que Dios aprueba todo lo que desempeñan, aunque sea según la carne. No creen en el Dios verdadero ni en el Jesús verdadero. La única vez que creen en el pecado es cuando alguien les ofende o refuta sus creencias humanistas. El juicio, el infierno y el castigo son términos que les son desconocidos. De nuevo, no se ven como herramientas de Dios sino que han convertido a Dios en su herramienta y en su títere personal.

Esta segunda flecha, segunda línea y segundo camino es el campo del camino ancho.

CONCLUSIÓN

Veo dos flechas. Dos líneas. Dos caminos. Y van en direcciones muy opuestas. Ahora, la pregunta más importante de todas: ¿en cuál campo estás tú?

Autor: Will Graham

Tomado de: http://protestantedigital.com/magacin/39071/Veo_dos_caminos

 

Nuestra espiritualidad debe ser luz para los demás

Cuando era joven y decidí seguir la pastoral, una de las razones que entonces fue para mí una justificación para hacerlo fue el suponer que siendo pastor y rodeado de creyentes sería más fácil ser cristiano. Cuando sea pastor, pensaba en ocasiones, podré ser un buen cristiano porque las tentaciones estarán muy lejanas.

En las iglesias muchas veces hay quienes tienen una forma de pensar muy similar. Creen que mientras más grande sea su círculo de amigos cristianos y más espirituales serán. En ocasiones, al cabo de unos pocos años todas sus amistades no cristianas son relegadas por amistades creyentes. En vista de que este cambio de relaciones y de actividades relacionadas cambian, muchos ya dan por sentado que su espiritualidad se a enriquecido. Concierto cristianos, reuniones de célula, cultos de oración, etc., son los que ocupan ahora el lugar que antes ocupaban las discotecas, los bares y otro tipo de encuentros. El viejo hombre, piensan, está muriendo en mí.

Estas actitudes, en lugar de fortalecer nuestra espiritualidad lo que hace es darle una hálito eclesial a nuestro pecado. La mentira, el robo, la lujuria, la hipocresía o la avaricia se mantienen en nuestro corazón sólo que ahora tienen otra apariencia.

No es alejándonos del mundo como logramos ser más espirituales. De hecho, se puede ver gente que en medio de grupos de no creyentes son capaces de hacer crecer su fe y su devoción por Dios. La manera como muchas veces el contexto supuestamente espiritual no logra hacer crecer nuestra fe mientras que los espacios supuestamente paganos sí lo logran lo pude ver cuando seguí el seminario a la par de la universidad. Mientras en el seminario, la reflexión y la crítica a que eran sometidas nuestras doctrinas más preciadas me hacían sentir poco valor por la espiritualidad o por los mandamientos bíblicos, por otro lado, los continuos cuestionamientos y críticas que recibía en la universidad (en Sociología) me hacían sentir más anhelos de fortalecer mi fe y mi relación con Dios.

En el caso bíblico hay muchos ejemplos, pero el que quisiéramos mencionar es el de la iglesia de Corinto. La ciudad en la que se hallaba aquella iglesia era uno de los más paganos del mundo antiguo. Tal vez Pablo hubiese podido buscar otro lugar más espiritual para fundar una iglesia, sin embargo, es en medio de una ciudad llena de pecado donde funda una iglesia. De igual manera, los Corintios cristianos hubiesen podido apartarse de la ciudad al ver que los templos idolátricos se hallaban por todos lados y que, de hecho, en el centro de la ciudad se hallaba uno de los más importantes prostíbulos del Imperio Romano. Lo cierto es que no lo hicieron. Buscaron ser creyentes fieles a Jesucristo en ese lugar. Tuvieron muchos errores y aún en ocasiones el pecado entró en la iglesia, pero persistieron en ser una iglesia de Cristo en un jugar adverso.

No es, pues, el apartarnos de la sociedad, de los amigos no creyentes lo que nos hace más espirituales. Es sólo cuando aprendemos a modelar nuestra vida de acuerdo al modelo de Cristo cuando empezamos a fortalecer nuestra espiritualidad.

Si Cristo hubiese pensado que es mejor alejarse del pecado y la maldad de este mundo, no hubiese venido por nosotros. Su encarnación nos enseña a ser creyentes en contracorriente. Es preferible hundirse porque se ha sido capaz de salir de la barca que simplemente criticar la falta de fe del otro desde dentro de la barca. Al final de cuentas, Pedro pudo probar el poder de Dios mientras caminaba por el agua y Jesús sostuvo a Pedro con su mano y no a los once que se quedaron en la barca.

No te pido que los saques del mundo, oraba Jesús, sino que los guardes del mundo. No vivamos enclaustrados, seamos luz donde el pecado va ganando terreno sobre nuestro mundo.

Escudriñar las Escrituras

Es muy común entre muchos creyentes el acercarse a la Biblia a seleccionar alguno que otro texto para el día a día. Es menos común el acercarnos a escudriñar las Escrituras. Para muchos la palabra escudriñar en sí mismo no es muy conocida. No es usada con frecuencia en nuestras conversaciones diarias y aún en la Biblia aparece contadas ocasiones. En toda la Biblia (RV1960) aparece apenas en 23 ocasiones. De estas, en la mayoría de las veces se trata del escudriñar de Dios en los corazones de los hombres.

De todos modos, en las veces en que aparece dicha palabra, trae luz a nuestra manera de leer la Biblia, y aún, de adquirir sabiduría. Veamos algunos ejemplos.

Escudriñar es el primer paso para la sabiduría

En Proverbios 2:4 se habla de la necesidad buscar (escudriñar) la sabiduría como quien busca y rebusca un tesoro. En Proverbios 25:2 se menciona que la excelencia de los reyes es inquirir, investigar, tratar de descubrir (escudriñar) el designio oculto de Dios. Proverbios 28:11 habla de la posibilidad que tienen los pobres de aventajar a los ricos por medio de la investigación que produce sabiduría. Eclesiastés 12:9 nos habla de la riqueza de saber investigar, buscar o escudriñar con el ánimo de alcanzar sabiduría. Es común atribuir este libro a Salomón, el hombre más sabio de la tierra. Lo interesante es ver que, según este versículo, dicha sabiduría le fue dada, no por vivir distraídamente sino por ser atento y estudioso (escudriñador). Al parecer, el regalo de Dios de la sabiduría de Salomón fue de hecho, el regalo de una mente despierta y dispuesta a investigar.

Escudriñar es la base de una correcta confesión de pecados

Lamentaciones 3:4 advierte sobre la importancia de saber reflexionar, examinar las propias faltas como paso previo para volverse a Dios. La confesión de pecados, carece de fuerza si no hemos examinado nuestra vida en busca del pecado que anida en nuestro corazón, oculto a la mirada distraída.

Escudriñar las Escrituras es la manera más apropiada de conocer a Cristo

A los dirigentes judíos que ponían pero a todas las cosas que Jesús hacía les dice en Juan 5:39 que investiguen, indaguen, escudriñen las Escrituras pues ellas son la principal fuente de información acerca de la venida, el propósito y la misión de Jesucristo. Nosotros, no podemos darnos el lujo de dejar de lado el testimonio de Cristo que se manifiesta en todas las Escrituras. Al contrario, si realmente queremos conocerlo a Él, es menester que nos adentremos en las Escrituras, que las estudiemos pacientemente como quien anhela descubrir un tesoro. Es allí donde se halla expuesta la manera de seguir a Cristo y la razón por la cual debemos hacerlo. En definitiva, no se puede ser cristiano completamente mientras no se conozca de Cristo y de él sólo podemos saber indagando, investigando y escudriñando en las Escrituras.

Escudriñar las Escrituras nos cuida de las herejías y falsas doctrinas

Escudriñar las Escrituras es lo que hacen los discípulos de Berea después de escuchar el mensaje de Pablo (Hechos 17:11). Es una lección que nos da la Biblia a todos los creyentes. La falta de cuidado en el estudio profundo de las Escrituras es lo que ha permitido que muchos predicadores inescrupulosos hagan de las suyas fundando iglesias, sectas y movimientos religiosos a partir de mal-interpretaciones de la Palabra de Dios. Los creyentes que los siguen, no han tenido el cuidado de examinar por sí mismos lo que dicen las Escrituras y se han dejado llevar por las palabras lisonjeras de aquellos maestros que predican a la gente conforme a sus propias pasiones (2 Timoteo 4:3).

Es sólo en la medida en que empecemos a escudriñar las Escrituras que podremos profundizar nuestra fe, adquirir sabiduría, conocer más acerca de Cristo y librarnos de las falsas doctrinas. No sólo leamos la Biblia, investiguemos, indaguemos, preguntemos, escudriñemos las Escrituras.

Nuestra oración matutina

Nuestra fe se debilita, nuestros ánimos decaen, nuestra esperanza se desvanece. Todo esto sucede cada vez que abandonamos la oración. La oración no solo es una rutina o costumbre aburrida que realizamos por sentirnos bien con Dios y con nosotros mismos. Sólo por medio de la oración y la lectura constante de la Palabra de Dios nuestro espíritu se ve fortalecido de tal manera que es capaz de proyectarse a lo sobrenatural en lugar de permanecer anclado en las adversidades de este mundo. Solo cuando la oración se ha hecho carne en nosotros, y la mañana parece impensable sin la oración somos capaces de andar por fe y no por vista. Mientras la pereza, las actividades de este mundo, aún la familia o los amigos nos quitan tiempo para la oración lo más seguro es que nuestra fe se verá limitada paulatinamente. Nuestra convicción en el obrar de Dios y aún nuestros ojos espirituales se ven cegados por las adversidades. Como un colirio espiritual para el alma, como un energizante espiritual, como un suplemento vitamínico para nuestra alma son las oración que hacemos durante el día.

Dejarlas de lado es dejar de lado una de las partes más fascinantes de la fe cristiana. Dejarlas de lado nos hacen perder de vista la grandeza del plan de Dios para nuestras vidas para enfocarnos en los problemas del día a día. Dejarlas de lado nos lleva a la monotonía religiosa, al tradicionalismo y finalmente a la apatía. Nada hay más terrible que un cristiano apático. Es aquel que ha dejado de percibir el poder de Dios en su vida y que simplemente vive la vida cristiana como una forma de llenar un hueco en su horario semanal.

La oración nos vincula con el soberano del Universo y nos permite conocer su corazón, su deseo, su propósito para nuestra vida. Cada vez que nos encontramos en oración Dios por medio de su Espíritu va derramando su fortaleza y paz sobre nosotros.

Mientras unos avanzan a tientas, intentando lograr algo en su vida, otros se acomodan pensando que ya nada más pueden pedir de ella. En cambio, los que esperan en Jehová, es decir, los que toman en serio a la oración, renovarán cada mañana sus fuerzas, se elevarán por encima de sus problemas como las águilas. Avanzarán y no decaerán y cada paso que den lo darán en firme porque saben que Dios es su fortaleza.

La oración de cada día es importante pues cada mañana empieza una nueva batalla. Decía Jesús: basta para cada día su propio mal. Creer que el día de hoy no enfrentarás nuevas adversidades es engallarnos a nosotros mismos. Cada día nos depara dificultades, problemas, adversidades y decisiones y por ello, cada día necesita del poder que brota de la oración.

La oración matutina debe ser la llave que abre el día. Antes de presentarnos ante nadie, deberíamos presentarnos ante Dios. Como el salmista, antes de empezar el día tenemos la oportunidad de presentarnos delante de Dios y esperar de él su fortaleza para cada día.

La oración de la mañana debe ser en primer lugar de acción de gracias pues Dios ha guardado de nosotros durante la noche. Una oración antigua decía así: “Vengo ante ti a esta hora de la mañana para agradecerte humildemente porque durante esta noche has sido una defensa para mí y los míos, y otra vez me ha renovado tu bondad y fidelidad.

La gratitud que por la mañana levantamos a Dios nos recuerda siempre que no tenemos comprada la vida. Esta siempre está en manos de Dios. No importa cuantos mecanismos de seguridad pongamos “si Dios no vigila la ciudad, de nada sirve que se desvelen los vigilantes”. Demos siempre gracias a Dios porque pudimos despertar a un nuevo día.

En segundo lugar la oración matutina debe ser visionaria. Cada mañana necesitamos recordar el propósito que Dios tiene para nosotros. Cuál es el plan que Dios tiene para nosotros. En qué parte de ese plan estamos. Cuán nos falta para acabar la obra que nos ha sido encomendada. Si Dios te otorga una tarea, él te proveerá de todo lo que necesites para cumplirla. Sin embargo, a veces, el dejar de lado la oración nos hace que perdamos de vista el objetivo de Dios para nuestra vida. Olvidamos el proyecto, el propósito y la meta hacia la cual nos dirigimos. No hay cosa mejor para retomar nuestra dirección y el plan de Dios para nuestra vida que orar con visión. Esto es, orar con la meta que Dios tiene para nosotros en mente. Orar con visión es orar porque las actividades del día sirvan para cumplir el propósito que Dios tiene para nosotros.

Señor, que el día de hoy, aún el desayuno y la cena, el trabajo que realizo y los descansos que tomen me acerquen cada vez más al propósito que tienes para mi vida. Que nada me desvíe de tu dirección y que todo sea usado por tu gracia para mi crecimiento y para cumplir con tu plan en mi vida.

En tercer lugar nuestra oración debe pedir fortaleza. Hay dificultades de las cuales podemos escapar, pero hay otras de las que no. Si no nos es dado escapar de la adversidad, necesitamos de Dios la fortaleza para seguir adelante en medio de la aflicción. La mañana es el momento más indicado para orar pidiendo por fortaleza.

En cuarto lugar nuestra oración por la mañana debe ser en busca de sabiduría. Las aflicciones que pasamos y aún las oportunidades que se nos presentan en el día a día debe ser vistas a través de la sabiduría de Dios. Sólo él sabe la manera más adecuada de obrar. La oración no es un tiempo para pedir a Dios que decida por nosotros pero sí un tiempo para pedirle que nos dé sabiduría para tomar las decisiones correctas. La sabiduría de Dios, incluso nos ayuda a ver el plan de Dios en medio de las tribulaciones. Muchos, desde fuera pueden ver las aflicciones que pasamos con pena o lástima, pero en nosotros está el convertir esas espinas en rosales, esa lágrimas en risas, ese dolor en crecimiento. El dolor es inevitable, dice un dicho, el sufrimiento es opcional. Aún más, podemos decir nosotros, el dolor, los problemas, la aflicción de este mundo son inevitables, la posibilidad de convertir esas adversidades en bendición es nuestra opción como creyentes.

La oración por la mañana es el entrenamiento que necesitamos cada día para salir victoriosos en medio de la adversidad. Lutero decía: Debemos ver el rostro de Dios cada mañana antes de ver el rostro de los hombres. Si tienes tantas cosas que hacer que no te queda tiempo para orar, créeme, tienes más cosas de las que Dios desea que tengas. Lo primero y más importante es la oración, por ella Dios te dará las instrucción para la carrera que enfrentarás.

Nuestra espiritualidad

Quedan pocos días para el inicio de nuestro taller de estudio bíblico sobre primera de Corintios. Los invitamos a inscribirse en cualquiera de los horarios.

Jueves: 19h00-20h00

Sábado: 18h00-19h00

Domingo: 09h45-10h45

El costo es de $10

Las inscripciones son en las oficinas de nuestra iglesia (Carcelén: Jaime Roldós y Liborio Madera, esquina) O llamando al 3441649

Las promesas de Dios y nuestras oraciones

“Por eso les digo: Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán” Marcos 11:24

Dios ha hecho una serie de promesas a su pueblo en la Bibia. La oración es el modo de acceder a ellas. Sin embargo cometemos dos errores en la oración en lo concerniente a la oración por las promesas divinas. El primero es apropiarnos de promesas que no son para nosotros. Tomamos al azar frases de la Biblia y nos apropiamos de ellas sin considerar los condicionantes que hay alrededor o si dicha promesa ha sido hecha a alguien en particular. En muchos de los textos bíblicos donde se encuentra una promesa de Dios, esta se halla conectada con algún condicionante. Por ejemplo: “Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” es una promesa que lleva dos condicionante: “No se apartará de tu boca este libro de la ley”y “Esfuérzate y se valiente”.

Lo segundo es que debemos advertir que algunas de aquellas promesas son hechas para personas específicas de la historia. Así, la promesa de conquistar Canaan fue hecha a Israel en el siglo XII. Nosotros no podemos tomar esta promesa para nosotros. En ocasiones, Dios toma algunas promesas hechas en el pasado a personas distintas para aplicarlas a nuestras vidas. De todos modos, esto no es una regla y debemos estar alertas a no confiar en promesas que no nos han sido hechas para luego no sentir nuestro corazón desfallecer al ver que dichas promesas no se cumplen.

Es segundo error que podemos cometer ante las promesas bíblicas es no creerlas del todo. Por temor a equivocarnos preferimos no tomar aquellas promesas para nuestra vida. Esto nos hace perder dichas promesas. A continuación compartimos las Palabras de Charles Finney un gran evangelista del siglo XIX que nos exhorta a confiar en las promesas de Dios y pedirlas adecuadamente.

Sin duda la fe es una condición indispensable de la oración que prevalece. Hablo de la clase de  fe que asegura la bendición. Debemos creer que recibimos la bendición específica que pedimos. No debemos pensar que Dios es un ser que si le pedimos un pan nos dará una piedra o si le pedimos un pez nos dará una serpiente, según palabras de Jesús. En el relato de Marcos 11, los discípulos debían tener fe para un milagro, y es claro que se esperaba que creyeran que lo iban a recibir. Esa es la clase de fe que debían tener. Ahora bien, ¿qué deben creer los seres humanos en relación con otras bendiciones?  Es una cosa lógica pensar que si una persona ora por una bendición específica, Dios por algún misterio de su soberanía, le va a dar algo diferente, o se la da a otra persona, en otro lugar. Ese pensamiento no solo es tonto, sino deshonroso para Dios. Debemos creer que recibiremos las cosas que pedimos.
¿Cuando estamos obligados a hacer este tipo de oración? ¿Cuándo debemos creer que recibiremos las cosas que pedimos? Mi respuesta es: Cuando tengamos la evidencia de ello, y la fe siempre tiene esa evidencia. Una persona no puede creer una cosa, a menos que vea algo que considere evidencia. No está obligado a creer, y no tiene el derecho de creer que algo será hecho por alguien, a menos que tenga prueba de ello. La mayor expresión de fanatismo es creer sin tener prueba o evidencia.
Suponga que Dios ha prometido algo de manera especial. Por ejemplo: Él dice que está más listo a dar el Espíritu Santo a quienes se lo pidan, que los padres a dar pan a sus hijos. Aquí debemos creer que lo recibiremos cuando lo pidamos en oración. Usted no tiene del derecho de anteponer un si condicional y decir: “Señor, si es tu voluntad, dame el Espíritu Santo”. Esto es un insulto para Dios. Anteponer un si condicional a la promesa de Dios, donde Él no lo ha puesto, es equivalente a acusarlo de falta de sinceridad. Es como decir: “Señor, se has sido sincero al hacer esta promesa, concédeme la bendición que te estoy pidiendo.”

Padre, que cada vez que pida espere siempre Tu Voluntad, pero además, que el esperar Tu Voluntad no sea un escondite para ocultar mi falta de fe. Tus promesas son veraces y tu palabra se cumple en mi vida. Amén.