EL REINO DE DIOS (VS) EL REINO DE LOS HOMBRES

Compartimos con ustedes esta reflexión preparada por la pastora Nelly Ávila.

Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.

Marcos 8:34-35

Durante muchos años el pueblo judío esperaba a un Rey que con mano fuerte les traería igualdad y justicia. En aquel entonces había mucha pobreza, desigualdad social y el pueblo era dominado por el imperio romano. Pero la esperanza estaba siempre presente: el Mesías, el Cristo, un Rey enviado por Dios redimiría al pueblo y les devolvería a la gloria de los tiempos del rey Salomón. Esta era la esperanza mesiánica del pueblo judío.

La venida de Jesús no llenó las expectativas del pueblo judío. Era un hombre de apariencia común y que constantemente predicaba acerca del arrepentimiento por los pecados, y los milagros que realizaba evidenciaban que Dios estaba con Él.

-¿Quién dice la gente que soy yo?- pregunta Jesús a sus discípulos. Y nuevamente cabe preguntarnos ¿quién es Jesús hoy en día para el mundo?… para algunos un profeta más, un sabio, un hombre bueno que ayudó a mucha gente…

– Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?, pregunta Jesús a Pedro, y con él nos pregunta también a nosotros. Pedro declara a Jesús como Mesías y nosotros también, como cristianos, afirmamos que es nuestro Señor y Salvador…

La afirmación de que Jesús era el tan esperado Mesías trajo gran alegría al corazón de Pedro y los discípulos, sus expectativas aumentaron, pues estaban junto al Maestro. Sin embargo con la siguiente enseñanza de Jesús quedaron muy confundidos, Jesús señaló que lo iban a matar, que esto era necesario y que a los tres días iba a resucitar.

¿Qué significaba la cruz para Pedro?, Al igual que para cualquier judío, el resultado de una derrota. ¿Qué significa la cruz para nosotros hoy?

Los valores del reino de los hombres son opuestos a los valores del Reino de Dios…

  • En el reino de los hombres la seguridad esta puesta en las posesiones materiales, en la seguridad económica, el buen trabajo…; en el Reino de Dios la seguridad está puesta en Dios…

  • En el reino de los hombres el éxito es tener conocimiento, títulos académicos, poder político…; En el reino de Dios no soy yo, sino Cristo el centro de mi vida.

  • En el reino de los hombres se busca reconocimiento social…; En el Reino de Dios podemos ser rechazados a causa del evangelio.

  • En el reino de los hombres justicia es igual a venganza… En el reino de Dios justicia es misericordia y amor.

Con la frase “Apártate de mi Satanás” Jesús no acusa a Pedro de ser satánico, sino de hacer la función del tentador, es decir, tratar de apartar a Jesús de su camino hacia la Cruz. Con la misma intención Satanás tentó a Jesús en el desierto.

El apartarse del camino de la Cruz es una tentación presente cada día en la vida del creyente. Por ejemplo, cuando somos tentados a optar por un evangelio “light”, un evangelio en el que no hay cruz, sólo sentirse bien con las “promesas” a las que uno puede acogerse, sin compromiso con Cristo; con un evangelio que profesa prosperidad sin sometimiento a Cristo; un evangelio que profesa perdón de pecados sin arrepentimiento ni obediencia. Esto no es el evangelio de Cristo, es guardar una apariencia y engañarnos a nosotros mismos.

En 1 Juan 2:15-17 dice:

No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre. Porque nada de lo que hay en el mundo —los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida—proviene del Padre sino del mundo. El mundo se acaba con sus malos deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”

Negarnos a nosotros mismos es negar nuestros deseos egoístas. Egoísmo que en ocasiones está escondido en lo profundo del corazón humano. Seguir a Cristo implica dejar de lado la naturaleza humana de pecado y someterme a la voluntad de Dios, esto es el Reino de Dios.

EXAMINANDO NUESTRO CRECIMIENTO

Hagamos un alto en el camino. Meditemos en lo que hemos hecho durante este año. Hagamos un examen que nos permita descubrir cuánto hemos avanzado en nuestro crecimiento espiritual.

Respondamos de manera personal a estas preguntas y meditemos en las respuestas que damos a cada pregunta.

¿Cuánto tiempo diario he dedicado a la oración durante este año? _____

¿Cuánto tiempo diario he dedicado a la lectura de la Palabra de Dios? _____

¿Cuántos libros de edificación espiritual he leído durante este año? _____

¿Cuánto tiempo he invertido en mi capacitación cristiana? _____

¿Qué cantidad de mis recursos he invertido en mi capacitación? (%) _____

¿Me he involucrado en algún ministerio para servir a Dios y a los demás? _____

¿A cuántas personas he compartido mi fe en Jesucristo? _____

¿Cuántas personas han sido impactadas por mi testimonio de fe sin palabras? _____

¿He usado mis recursos económicos para ayudar a los que no tienen? (Ef. 4:28) _____

¿He sabido dominar la ira? _____

¿He logrado controlar mi vocabulario? _____

¿He dejado de lado el chisme? _____

¿He sido fiel a Dios en la administración de mis recursos? _____

¿He aprendido a ser ejemplo a los miembros de mi familia? _____

¿He desviado mis ojos y mi corazón de todo lo que me desvíe hacia la lujuria? _____

¿Se administrar sabiamente y conforme a la voluntad de Dios el tiempo? _____

¿En comparación de inicios de este año, puedo decir que he crecido espiritualmente? _____

Este es mi compromiso con Dios para este nuevo año:

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Att. ________________

Buenos imitadores

El arte de la imitación

La Pantomima es un estilo de arte que ha existido desde los tiempo de la Grecia clásica. El objetivo de mimo es el de darse a entender si la necesidad de sonidos o palabras. Los gestos y expresiones por medio de los cuales se quiere dar a entender deben ser imitaciones que perciban hasta el más mínimo detalle de la expresión imitada de tal modo que sea inconfundible la idea que se quiere expresar.

La palabra “pantomima”, de igual manera viene del griego “pantomimos” que quiere decir “que todo lo imita”. En la actualidad, este estilo de arte se ha popularizado en las avenidas y plazas de las grandes capitales. Con su singular vestimenta y su maquillaje blanco en todo el rostro, muchos mimos callejeros se instalan en alguna intersección para imitar espontáneamente a los transeúntes.

De todos modos, los grandes mimos como Marcel Marceau siguen siendo el referente obligado de la pantomima y del mimo corporal en tanto arte escénico.

Es imposible lograr una buena imitación, y con ello, la risa del público, si no se tiene la capacidad de advertir todos los detalles del caminar, del vestir, del modo de mirar, etc., de la persona imitada. El mimo que logra descubrir esos detalles y enfatizarlos adecuadamente logra que los espectadores pongan su atención no sólo en su imitación sino en la persona imitada para descubrir en ella las facciones que, cotidianamente, pasan inadvertidas.

Así, el mimo debe combinar en sí la habilidad de observar detenidamente así como la de copiar creativamente los rasgos observados. Falencias en cualquiera de estas dos características pueden hacer fracasar una imitación.

Algo más que es importante advertir. El mimo es consciente de que su obra magna es la imitación de otro. Sabe que su éxito consiste en su capacidad de imitar. No se engaña creyendo que son suyas aquellas expresiones que ha tomado de otros. Mientras mayor es su capacidad para imitar creativamente, mayor es su éxito.

El arte de la imitación en la Biblia (?)

Si bien es cierto, la imitación es algo propio del arte, al parecer, en algunas ocasiones, esta parece introducirse en el texto bíblico como una de las piedras fundamentales de la ética cristiana. En varios textos (1 Corintios 4:16; 1Corintios 11:1; Efesios 5:1; 1 Tesalonicenses 1:6; 1 Tesalonicenses 2:14) el apóstol Pablo nos anima a ser imitadores suyos, como él lo es de Cristo; ser imitadores de Dios, como hijos amados; o ser imitadores de Cristo directamente. En otra ocasión, se nos pide que seamos imitadores de aquellos creyentes ejemplares de otras épocas que han sabido vivir en obediencia a Cristo (Hebreos 6:12). En otro pasaje, finalmente nos dice, según una versión “¿Quién les hará daño si ustedes llegan a ser imitadores de Aquel que es Bueno?” (1 Pedro 3:13). En todos estos casos, el énfasis está en saber imitar y además, en saber a quién imitar.

En lo referente a saber a quién imitar, el centro se halla finalmente en Dios Padre y en Aquel que nos lo revela: el Hijo. Todos se vuelven dignos de imitar sólo en la medida en que nos llevan a Cristo.

En lo referente a saberlo imitar, debemos señalar una diferencia con el arte de la pantomima. Aquí el objetivo final no está en la jocosidad de los aspectos imitados cuanto en la posibilidad de resaltar los aspectos más importantes del personaje imitado, es decir Dios. En todo lo demás podemos seguir sus reglas.

  1. Conocer los rasgos característicos que hemos de imitar del Padre. Debemos descubrir, qué es lo que se nos invita a imitar. Debemos identificar adecuadamente los elementos imitables del Padre por el ser humano. Debemos precavernos de reconocer bien dichos elementos de modo que no seamos una burda copia del original sino una elegante imitación que resalta siempre la dignidad del original.
  2. Aprender a imitarlos de tal modo que reflejemos esos rasgos característicos de Dios. Si somos capaces de imitar a Dios adecuadamente seremos capaces de mostrar al mundo lo a que Dios es según su Palabra, llegando nosotros mismos a ser Biblias humanas que manifiestas la Palabra de Dios en sus vidas. Debemos recordar que algo importante de la pantomima es la creatividad en el imitación. Esto es importante por cuanto no somos iguales los unos a los otros y nuestra manera de expresar nuestra imitación de Cristo será muy diferente en unos y en otros. Seamos creativos al imitar a Dios, pero no olvidemos que somos imitadores de Dios.
  3. Recordar que sólo somos imitadores del Maestro. La obra maestra de nuestra vida es, a decir verdad, una imitación de lo que es Dios en sí mismo. No somos originales en esto. Sólo seguimos las pisadas de Jesús. Seremos grandes en el reino en la medida en que seamos capaces de seguir las pisadas del maestro a la perfección.

El arte de la imitación es difícil. Más cuando el personaje al que debemos imitar es Dios mismo. Sin embargo, nada nos pide el Padre que no seamos capaces de cumplir. Seamos imitadores del Maestro y seámoslo con excelencia. Es es ser un verdadero cristiano, es decir, un verdadero seguidor de Cristo.

Este día domingo (04/12/2011) estaremos meditando en nuestros dos cultos acerca de ser buenos imitadores del Padre, como nos lo pide nuestro texto de Efesios 5:1

Bendiciones