La meta de todo creyente es ser maestro

«Acerca de esto tenemos mucho que decir, pero es difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oir. Debiendo ser ya maestros después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales, que tenéis […]

a través de Una progresión natural — Lumbrera

Estudio de Primera de Corintios. Cap. 1-3

Compartimos aquí una síntesis de los estudios que hemos venido realizando de la Carta de Pablo a los Corintios.Esperamos que sea de mucha bendición para uds.

Pablo ha tratado de resolver el problema referente a las divisiones existentes en la iglesia de Corinto. Para ello Pablo ha empezado por realizar un diagnóstico de la situación y ha llegado a la conclusión de que las divisiones no son más que un síntoma del problema. El verdadero mal que está padeciendo la iglesia de Corinto es la jactancia. Es este mal el que el apóstol se propone atacar a lo largo de la carta.

En la primera parte del capítulo primero, Pablo ha demostrado a los Corintios la verdadera evidencia de la madurez espiritual, esta es el amor y su efecto más práctico, el perdón. Pablo no guarda rencores contra los miembros de la iglesia sino que por el contrario ora incesantemente por ellos dando gracias a Dios por ellos.

Luego de esto Pablo se enfoca en el síntoma y de manera muy somera les expone lo inconveniente de las divisiones entre ellos. A continuación Pablo les demuestra que el orgullo que ellos muestran por la elocuencia, las ideas y las discusiones filosóficas no tienen sentido pues aquellos no son más que locura ante la obra de Cristo en la cruz. Aquella sabiduría de la que tanto presumen los corintios no es capaz de guiarnos a Cristo y por ello, no tiene sentido su jactancia.

En el capítulo segundo Pablo les recuerda que su predicación misma evitó el uso de las herramientas de la filosofía griega con el firme propósito de que la fe de ellos no se basara en las palabras sino en el poder de Dios manifestado en la vida de ellos.

Pablo continúa su argumentación exponiendo lo limitado de la sabiduría humana que se queda al nivel meramente humano, a diferencia de la sabiduría que ellos han recibido por la misericordia de Dios a través de la comunión del Espíritu Santo. La verdadera sabiduría, es decir el verdadero conocimiento del propósito de la humanidad, nos ha sido otorgado a los creyentes por medio del Espíritu de Dios en nosotros. Ahora, más que a la profundización del conocimiento de las cosas de este mundo y la consiguiente arrogancia por su descubrimiento, Pablo nos invita a disfrutar del conocimiento de la sabiduría de Dios por medio de la comunión con su Espíritu. Es esta la sabiduría que deberíamos anhelar.

En el siguiente capítulo Pablo hace evidentes las consecuencias de la sabiduría que han decidido adoptar. Aquella les ha llevado a divisiones absurdas y, contrario a lo que ellos creían, les ha hundido en la inmadurez.

Por el contrario, la sabiduría divina nos demuestra que todos somos parte de la obra de Dios y todos útiles para el fin que se propone. Sin embargo, el proyecto sigue siendo de Él y no de Apolos o de Pablo. El crecimiento lo da Dios y el cimiento sigue siendo Cristo. Puede ser que unos decidan andar el camino de Cristo de manera más austera mientras otros deciden añadirle algunos elementos decorativos -como en el caso de los Corintios, la sabiduría y la elocuencia- pero eso no da derecho ni a unos ni a otros a juzgar a los demás. Cada uno debe llevar delante de Dios la obra de sus manos para que él juzgue nuestro obrar en tanto que juez justo.

El mayor riesgo al que se someten quienes por detalles pretenden romper la unidad de la iglesia es al juicio de Dios. Así se puede entender la mención del templo de Dios y la idea de destruir aquel templo. Un comentarista bíblico dice:

Se trata de una grave advertencia a los fautores de los partidos, como diciéndoles: No destruyáis la unidad de esa ‘edificación’, que es la iglesia de Corinto, pues es ‘templo’ de Dios, algo que es ‘santo’, y Dios castigará severamente a los culpables”.

Es por esto que debemos cuidarnos de la sabiduría del este mundo que divide a la iglesia y buscar la sabiduría de Dios que trae unidad.

Ahora, Pablo pasa a tratar acerca de su ministerio, y hace una advertencia para aquellos que se sienten seguros de poder juzgar bajo criterios humanos a los líderes de la comunidad.

Escudriñar las Escrituras

Es muy común entre muchos creyentes el acercarse a la Biblia a seleccionar alguno que otro texto para el día a día. Es menos común el acercarnos a escudriñar las Escrituras. Para muchos la palabra escudriñar en sí mismo no es muy conocida. No es usada con frecuencia en nuestras conversaciones diarias y aún en la Biblia aparece contadas ocasiones. En toda la Biblia (RV1960) aparece apenas en 23 ocasiones. De estas, en la mayoría de las veces se trata del escudriñar de Dios en los corazones de los hombres.

De todos modos, en las veces en que aparece dicha palabra, trae luz a nuestra manera de leer la Biblia, y aún, de adquirir sabiduría. Veamos algunos ejemplos.

Escudriñar es el primer paso para la sabiduría

En Proverbios 2:4 se habla de la necesidad buscar (escudriñar) la sabiduría como quien busca y rebusca un tesoro. En Proverbios 25:2 se menciona que la excelencia de los reyes es inquirir, investigar, tratar de descubrir (escudriñar) el designio oculto de Dios. Proverbios 28:11 habla de la posibilidad que tienen los pobres de aventajar a los ricos por medio de la investigación que produce sabiduría. Eclesiastés 12:9 nos habla de la riqueza de saber investigar, buscar o escudriñar con el ánimo de alcanzar sabiduría. Es común atribuir este libro a Salomón, el hombre más sabio de la tierra. Lo interesante es ver que, según este versículo, dicha sabiduría le fue dada, no por vivir distraídamente sino por ser atento y estudioso (escudriñador). Al parecer, el regalo de Dios de la sabiduría de Salomón fue de hecho, el regalo de una mente despierta y dispuesta a investigar.

Escudriñar es la base de una correcta confesión de pecados

Lamentaciones 3:4 advierte sobre la importancia de saber reflexionar, examinar las propias faltas como paso previo para volverse a Dios. La confesión de pecados, carece de fuerza si no hemos examinado nuestra vida en busca del pecado que anida en nuestro corazón, oculto a la mirada distraída.

Escudriñar las Escrituras es la manera más apropiada de conocer a Cristo

A los dirigentes judíos que ponían pero a todas las cosas que Jesús hacía les dice en Juan 5:39 que investiguen, indaguen, escudriñen las Escrituras pues ellas son la principal fuente de información acerca de la venida, el propósito y la misión de Jesucristo. Nosotros, no podemos darnos el lujo de dejar de lado el testimonio de Cristo que se manifiesta en todas las Escrituras. Al contrario, si realmente queremos conocerlo a Él, es menester que nos adentremos en las Escrituras, que las estudiemos pacientemente como quien anhela descubrir un tesoro. Es allí donde se halla expuesta la manera de seguir a Cristo y la razón por la cual debemos hacerlo. En definitiva, no se puede ser cristiano completamente mientras no se conozca de Cristo y de él sólo podemos saber indagando, investigando y escudriñando en las Escrituras.

Escudriñar las Escrituras nos cuida de las herejías y falsas doctrinas

Escudriñar las Escrituras es lo que hacen los discípulos de Berea después de escuchar el mensaje de Pablo (Hechos 17:11). Es una lección que nos da la Biblia a todos los creyentes. La falta de cuidado en el estudio profundo de las Escrituras es lo que ha permitido que muchos predicadores inescrupulosos hagan de las suyas fundando iglesias, sectas y movimientos religiosos a partir de mal-interpretaciones de la Palabra de Dios. Los creyentes que los siguen, no han tenido el cuidado de examinar por sí mismos lo que dicen las Escrituras y se han dejado llevar por las palabras lisonjeras de aquellos maestros que predican a la gente conforme a sus propias pasiones (2 Timoteo 4:3).

Es sólo en la medida en que empecemos a escudriñar las Escrituras que podremos profundizar nuestra fe, adquirir sabiduría, conocer más acerca de Cristo y librarnos de las falsas doctrinas. No sólo leamos la Biblia, investiguemos, indaguemos, preguntemos, escudriñemos las Escrituras.

Nuestra espiritualidad

Quedan pocos días para el inicio de nuestro taller de estudio bíblico sobre primera de Corintios. Los invitamos a inscribirse en cualquiera de los horarios.

Jueves: 19h00-20h00

Sábado: 18h00-19h00

Domingo: 09h45-10h45

El costo es de $10

Las inscripciones son en las oficinas de nuestra iglesia (Carcelén: Jaime Roldós y Liborio Madera, esquina) O llamando al 3441649

Apasionados por Dios y su obra

La pasión que pongamos en las actividades que realicemos es muy importante para lograr con éxito su cumplimiento. La pasión es como un motor que nos da nuevas fuerzas cuando ya no las tenemos. Una persona apasionada por su trabajo puede hacer más de lo que se le pide sólo por el hecho de que disfruta del mismo.

La pasión de Moisés por llevar al pueblo hasta la tierra prometida fue el aliciente que le hizo falta para soportar los desánimos, las críticas y los problemas del camino. La pasión de David por Dios le hizo capaz de dirigir el reino y fortalecerlo aún en medio de las adversidades que suponían pueblos enemigos con los filisteos.La pasión de Jesús por nosotros lo hizo llegar hasta la cruz por amor. Pero más aún esa pasión de Dios por nosotros lo hizo salvarnos cuando bien podía dejarnos dejar que su justo juicio nos fulmine.

La pasión que pongas en tu trabajo es de vital importancia. Pero más aún cuando se trata de la obra que Dios ha puesto en tus manos. Si haciendo lo meramente humano recibes retribución de tu esfuerzo cuánto  más si pones pasión a la obra de Dios. Empiezas a obrar no sólo en las fuerzas humanas sino que Dios añade a tu pasión su amor apasionado por nosotros para multiplicar los resultados de tu labor.

Este día domingo en nuestros dos culto estaremos meditando acerca de esa pasión por Dios y su obra. Nuestro pastor invitado es Luis Solís, miembro del equipo pastoral de la Iglesia Alianza Encuentro Cumbayá

Texto bíblico: Hageo 1:1-13

Horarios:

Primer culto: 08h00

Segundo culto: 11h00

EL DESAFÍO DE CRECER

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.

Dice un experto en viñedos:

La vid es una planta domesticada que difícilmente se adaptaría a la vida salvaje. Son frecuentes los casos en que viñas sin cuidados enferman, se secan y mueren cuando parecería natural que sin poda ni cultivo la viña se convirtiera en una frondosa maraña de hojas y sarmientos. Por esta razón, una viña abandonada es una viña muerta a pesar de disponer de suelo y sol.

El trabajo empieza ya con la preparación del suelo. Se lo prepara arándolo para que se airee. La planta en invierno ha perdido todas sus flores y frutos. Se aprecia solamente el tronco árido. Se cortan los sarmientos que quedaron de la cosecha anterior. Se deja tan solo el tronco principal y unos cuantos sarmientos. Durante la primavera empiezan a brotar las primeras hojas y flores. Se procede a realizar entonces la espergura. Esto es, se eliminan casi todos los brotes que van surgiendo alrededor del tronco viejo y que solamente absorben alimento sin producir ninguno o casi ningún fruto. Esto se realiza con el fin de permitir que todo el alimento de la planta se dirija a aquellas ramas que en el futuro darán fruto.

En la casa de mis suegros pude ver este proceso hace varios meses. Un familiar de Australia que había trabajado en estas labores se dio al trabajo de espergurar la vid que tiene ellos. Luego de este trabajo, la planta quedó sin una sola hoja. Mis suegros se inquietaron pensando que habían matado a la planta.

Varias semanas más tarde empezaron a brotar nuevas hojas, tres y cuatro veces más grandes que las anteriores y lo que es más importante, los nuevos retoños llevaban fruto. Me causó admiración ver cómo ese trabajo que parecía de muerte resultó dar nueva vida a aquella planta.

De todos modos, el trabajo con la planta no termina allí. Un poco más tarde, cuando las hojas y los frutos se hallan un poco más grandes se realiza lo que se llama el desniete, es decir, se eliminan todas aquellas hojas que se hallan más cerca de los frutos para evitar que lo sofoquen impidiendo que la luz del sol y el aire llegue hasta ellos. Además se busca de esta manera que los nutrientes del suelo sean plenamente aprovechados por los frutos.

De igual manera se vigila el desarrollo de las ramas. En caso de que una rama que no produce mucho fruto o no produce ninguno en absoluto, se hallase obstaculizando el crecimiento de otra que sí está dándolo, se procede a cortarla. Todo este proceso lo realiza el labrador antes de que llegue el tiempo de la cosecha.

Es interesante acercarnos al texto bíblico de Juan 15:1ss con esto en mente. Jesucristo se considera a sí mismo como la vid, la cepa o el tronco del cual brotan los sarmientos que somos nosotros. Hay brotes que se apresuran a salir. Les agrada la idea de unirse a un grupo cristiano. Sin embargo, no llevan fruto alguno. Su vida no evidencia un cambio de vida. Es entonces que viene Dios como labrador y empieza a quitar aquellas hojas y sarmientos que parecían muy dinámicos pero que no evidencian ningún fruto. Luego, a medida que avanza el desarrollo de la iglesia, surgen nuevos sarmientos. Estos si llevan frutos. No obstante, es necesario limpiarlos. Impedir que su fruto muera asfixiado. Esto obliga al labrador a cortar ciertas hojas de los sarmientos. No siempre esto es fácil para nosotros. A veces, son cosas que nos gustan. Son personas que apreciábamos. Son proyectos que atesorábamos. El labrador ve que aquellos pueden impedir el buen desarrollo del fruto que estamos madurando y decide cortarlos de nosotros.

Aun puede suceder que algunos sarmientos se conformen con algunos pocos frutos y decidan, por vergüenza de su pobre desarrollo, impedir el mismo en los demás. El labrador entonces, debe cortar dichas ramas que no crecen ni desean dejar crecer a los demás.

Jesucristo nos dio este ejemplo de la vid pensando muy cuidadosamente en las relaciones. No es la única vez en que la iglesia es comparada con un organismo vivo. Pablo dice que es el cuerpo de Cristo y que debe crecer hasta llegar a la altura de la plenitud de Cristo. De igual manera en otra ocasión dice que la iglesia es un edificio, sin embargo, por ilógico que suene, Pablo vuelve a referir que dicho edificio debe crecer.

El crecimiento no es una opción de los creyentes: es su esencia. Así como cualquier organismo vivo se desarrolla, los creyentes debemos desarrollarnos y crecer. Cuando no lo hacemos estancamos el crecimiento de los demás y nos vemos enfrentados a la posibilidad -según Juan 15:1- se ser desechados.

De todos modos, nuestro crecimiento va íntimamente vinculado a nuestro cimiento que es Cristo. No podemos crecer ni dar fruto lejos de Él. Quien nos nutre y fortalece es Cristo por medio de su Espíritu. Esta idea vuelve a repetirse en Efesios 2:19-21 donde dice:

Por eso, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo. En él todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; (Efe 2:19-21)

Podemos pretender crecer alejados de Cristo, cuando buscamos ser alimentados por otra vid que no sea la vid verdadera. Esto sucede cuando nuestro cimiento deja de ser Cristo para volverse nuestra ambición, una pareja, un trabajo, etc. Cuando lo que define nuestras metas y proyectos para el futuro no es Dios ni la gratitud a él, ni la obediencia a su Palabra, sino otra razón mucho más egoísta estamos buscando otra cepa sobre la cual crecer. Es por ello que Pablo recalca que Cristo es la cepa en la cual hemos sido injertados para dar frutos.

Ahora, los sarmientos deben ser alimentados por la vid y ese alimento es, según el apóstol Pedro, la Palabra de Dios.

Desechad, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias y toda maledicencia, y desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación (1 Pedro 2:1-2)

La Biblia de las Américas traduce este texto así: desead como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra. Es la Palabra de Dios aquella leche espiritual que nos ayuda a crecer. Al venir a los pies de Cristo, somos como niños. Debemos aprender todo lo concerniente al modo de vida que agrada a Dios. Es por esto que debemos empezar a aprender cuál es ese modo de vida que le agrada. Pero si no nos alimentamos podemos morir espiritualmente.

Nuestro crecimiento debe ser en lo concerniente al conocimiento de Dios y de la obra que ha hecho por nosotros. Y ese crecimiento sólo puede darse cuando nos nutrimos adecuadamente.

De cómo la limpieza de ciertas vasijas puede producir un gozo eterno

Una parábola

Empecemos con una parábola. Un copero se hallaba al servicio del rey. Su labor era muy codiciada por muchos pues se hallaba cerca del rey y lo tenía todo. Cada día debía inspeccionar que la vasija de vino que había en el palacio estuviese muy bien resguardada. Que su contenido estuviese muy bien protegido y que el vino fuese de la mejor calidad.

Por hacer ello, tenía el privilegio de vivir en el palacio del rey y disfrutar de los grandes festines que se daba allí.

Cuando empezó a trabajar como copero fue muy meticuloso. No sólo que revisaba el vino y la vasija sino que además inspeccionaba y enviaba a asear la bodega donde se hallaban las vasijas de vino.

No obstante, conforme pasó el tiempo, el copero empezó a volverse más y más descuidado. Ya no enviaba a limpiar la bodega. La vasija era revisada sólo un par de minutos antes de las comidas y la copa, a veces quedaba sucia desde la comida anterior.

Con el paso del tiempo, el desaseo de la bodega llegó a ser tal, que tan solo al caminar se levantaba el polvo. Cuando se quitaba la tapa de la vasija, las manos se tornaban negras. De todos modos, el vino parecía bueno pues permanecía tapado.

Un día el copero se hallaba llevando la copa delante del rey y de pronto se dio cuenta de que una mancha grande de grasa se hallaba en el fondo de ella. El día anterior había hecho una pequeña fiesta con sus amigos y habían usado la copa del rey. En medio de aquella algarabía había colocado una porción grasosa de carne dentro de la copa entre las carcajadas de sus amigos.

Al notar el inconveniente se agachó como si tuviese un dolor muy fuerte en el estómago y, arrumado en el suelo, limpió lo mejor que pudo la copa con su ropa. El rey no lo notó. El copero dio un gran suspiro.

Un amigo que lo apreciaba mucho y que sabía de sus descuidos, le advirtió que si seguía así sería apartado del palacio y ya nunca volvería a disfrutar de la bendición del rey y de su presencia.

El copero no hizo caso de la advertencia y dejó que las cosas siguieran su rumbo.

Un día, la suciedad de la bodega atrajo a una rata que hizo su nido en aquel lugar. En otra ocasión, en medio de su habitual descuido, el copero olvidó tapar la vasija del vino. La rata curiosa se acercó para mirar dentro con tal mala suerte que resbaló al interior y murió ahogada en el vino. Al siguiente día, nuevamente, el copero sin cuidado alguno tomó la copa sin lavar, tomó un poco del vino de la jarra sin revisarla, la llevó al rey y puso la copa a lado de la comida del rey.

Este estuvo a punto de beber cuando observo algunas pelusas en la superficie de la copa. Reclamó entonces al copero su descuido y mandó a revisar la vasija hallándose con la sorpresa. Al siguiente día el copero fue decapitado como ejemplo para todo el pueblo para que sepan ser diligentes con sus labores.

Esta breve historia ha querido ser una parábola de lo que dice esta frase de Jesús. Nosotros somos aquel copero y nuestros corazones son aquella copa. Dios nos ha dado la responsabilidad de mantener limpia nuestra copa para su servicio, sin embargo en muchas ocasiones descuidamos esta responsabilidad y queremos servir a Dios con nuestros corazones aún sin limpiar.

¿Qué es el corazón?

Quizá sea necesario que tengamos más claro lo que era el corazón para los israelitas para que entendamos nuestra responsabilidad.

El corazón era según el pensamiento antiguo, como una vasija en la cual uno podía poner sentimientos, pensamientos o decisiones.

Ensuciando el corazón

El corazón podía llenarse con la palabra de Dios, pero también podía llenarse con homicidios, amarguras, mentiras o adulterios.

Lo que entra

En Mateo 5:28 vemos que en nuestro corazón puede albergarse el adulterio. De igual manera, en Mateo 6:21 vemos que la codicia arrastra al hombre como si fuera un títere y se halla también en el corazón. Estos dos son como aquella rata de la parábola que ha hecho un nido dentro de la vasija.

Aún, la pereza espiritual, cuando no limpiamos nuestro corazón constantemente, ingresa y nos domina. Esto lo hallamos en Lucas 12:45 donde el mayordomo deja que sea vertida en su corazón la idea de acomodarse pues lo más seguro era que el amo se demore en su regreso.

Es muy habitual que nos permitamos un par de excusas para dejar de servir al Señor creyendo que tarda. Algún momento llegará Jesús y hallará que en nuestra copa hay suciedades que le impiden tomarnos como copas de honra.

De igual manera dice Jesús que en el corazón, si nosotros lo permitimos, puede introducirse la glotonería, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida (Lucas 21:34). Pero no solo esto, sino que además pueden anidar en el corazón los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lujuria, la envidia, la calumnia, el orgullo y la insensatez, etc., etc., etc. (Marcos 7:20-21)

Lo que sale

Si no sabemos hacer una limpieza diaria de nuestro corazón, al cabo de algún tiempo, no sólo que nuestro corazón tendrá algunas suciedades sino que será un verdadero basurero. Y ese basurero se hace evidente en nuestras actitudes. No importa cuánto intentemos esconderlos, es como tener basura en la casa pudriéndose por años, el olor es demasiado evidente. En palabras de Jesús diríamos “¿Cómo podéis hablar lo bueno siendo malos?, porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34)

Hay muchos que vienen a Cristo con un basurero en su corazón y no piensan en limpiar su corazón para dejar entrar a Cristo, sino que exigen que Cristo se acomode y empiece a vivir en aquel basurero.

De hecho, la suciedad de nuestro corazón puede endurecernos negándonos a reconocer nuestro pecado y nuestra necesidad de Dios. Romanos 2:5 dice que “por la dureza y la impenitencia de tu corazón vas atesorando contra ti cólera para el día de la cólera y de la revelación del justo juicio de Dios

El Diablo

Quién más interesado se halla en nuestro corazón, después de Dios, es Satanás. El es el que siempre se halla vertiendo su veneno en nuestros corazones. En Juan 13:2 vemos que el Diablo “vierte” una idea en el corazón de Judas. Dice el texto: Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle. Si nuestro corazón se halla vacío de la Palabra de Dios, o quizás lleno sólo hasta la mitad, él buscará llenar lo que falte con su veneno.

De igual manera, Ananías y Safira dejan que Satanás llene hasta el borde su corazón con malos pensamientos. En Hechos 5:3 Pedro dice: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieras al Espíritu Santo y sustrajeras del producto de la venta de la heredad?

Ahora, hay que tener cuidado con pensar que el Diablo tiene la culpa de lo que hacemos. Aquel vertió la idea, pero nosotros la aceptamos y dimos la orden de “ejecútese”. Inmediatamente después de lo que hemos leído vemos en el verso 4 que el apóstol dice a Ananías: ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? La responsabilidad es de Ananías. De hecho la palabra que usa Pedro podría traducirse mejor como “acomodar”. Ananías recibió la idea del Diablo y se encargó de acomodarla en su corazón y de ponerla en práctica a su debido tiempo.

Disimulando el contenido del corazón

Puede darse también que ante la situación tan deplorable en la que se halla nuestro corazón pensemos en ocultar lo que en él se halla. Puede ser que seamos tan buenos para actuar que logremos que nadie o casi nadie noten la impureza en nuestro corazón. Puede ser incluso que logre ser un cristiano ejemplar en la iglesia a base de mis simulaciones. Es inútil tratar de ocultar la impureza de nuestro corazón pues Dios no mira nuestro obrar ejemplar sino las motivaciones del corazón.

En el Antiguo Testamento ya advertía Dios que Él no se fija en lo exterior. En 1ra Samuel 16:7 le dice a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón

Y en el Nuevo Testamento se vuelve a repetir que Dios mira el corazón y no las obras de los hombres. En Lucas 16:15 Jesús dice: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones, pues lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.

Aquellos hombres creían que con recibir las alabanzas de sus hermanos en la fe bastaba. Jesús les dice lo que para ustedes es sublime, para Dios es abominación. Sus actos ejemplares no eran fruto de un corazón limpio sino fruto de celos envidias y rivalidades. Esto no lo podemos esconder de Dios quien el día del juicio -dice Pablo- “manifestará las intenciones de los corazones”.

Pablo decía que “con el corazón se cree para justicia y con la boca se confiesa para salvación”. Es decir, si no hay en primer lugar una limpieza del corazón, no puede haber una verdadera conversión. Una oración de fe que no nazca de un deseo de limpiar el corazón no sirve de nada.

Cómo limpiar verdaderamente el corazón

La Palabra de Dios nos presenta la manera en la que podemos limpiar diariamente nuestro corazón del pecado y los malos deseos.

La fe limpia nuestros corazones

Dice Hechos 15:9 que Dios “purificó sus corazones con la fe”. El primer paso para empezar a limpiar nuestro corazón es por medio de la fe en Cristo Jesús. Cuando realmente le abrimos el corazón a Jesús por medio de la fe, Él empieza a obrar y a limpiar en nuestro interior. Cuando en fe dejamos cosas que nos eran preciosas pero que Jesucristo por medio de su Palabra nos dice que son nocivas para nosotros, logramos que Jesucristo limpie profundamente nuestro corazón.

La Palabra de Dios

Dice Lucas 24:32: Se dijeron uno a otro: « ¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras? ». El segundo paso para empezar a limpiar nuestro corazón es alimentarse por medio de la Palabra de Dios. La predicación, la meditación bíblica, etc., son formas de hacer que habite en abundancia en nosotros la Palabra de Dios de modo que vaya desalojando poco a poco aquello que ensucia nuestros corazones.

Sin embargo, lo primero es la fe. De otro modo, al leer el texto bíblico, un velo cubrirá nuestros corazones por no querer volvernos a Jesucristo. Esto lo podemos encontrar en 2da Corintios 3:15

Meditar en las obras de Dios

Lo tercero es meditar y guardar en el corazón el obrar de Dios de tal modo que cuando tengamos inquietudes sobre las circunstancias que estemos pasando podamos recordar cómo actuó Dios en otras ocasiones. María es ejemplo de esto pues dice Lucas 2: 51 que ella “conservaba cuidadosamente todas las cosas [referentes a Jesús] en su corazón” y en el verso 19 dice: “María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón”.

Contentamiento

Vimos que, entre las ideas que el enemigo pone en nuestro corazón se hallan los hurtos, las envidias y las avaricias. La mejor manera de de combatir esto es por medio del contentamiento. Pablo nos recuerda en 1ra Timoteo 6:7 que nada hemos traído a este mundo y, sin duda, nada podremos sacar. Por lo tanto sentencia: teniendo sustento y abrigo, estemos ya satisfechos.

Debemos aclarar, con todo, que tener contentamiento no es lo mismo que ser conformistas. Trabajando duro, como para el Señor, haciendo nuestras actividades con honradez y sabiendo ser buenos administradores de los dones y riquezas que el Señor nos da, cumpliremos con la palabra y además seremos prosperados.

Perdón

Otros venenos que suelen acostumbrar hacer nido en nuestros corazones son el rencor, el resentimiento y la amargura. La mejor manera de echarlos del corazón es aprendiendo a perdonar.

Llenar el corazón de todo lo puro

Pablo les recomienda a los Filipenses en el capítulo 4, verso 8 de su carta lo siguiente: “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Desechemos todo pensamiento impuro; quitemos de nuestra mente y corazón todo chiste de mal sentido; desarraiguemos de nuestra boca todo vocabulario obsceno; quitemos de nuestra mente todo aquello que daña nuestro corazón. Por el contrario acostumbremos a nuestro corazón a pensar en lo bueno, en lo puro, en lo que es de buen nombre. Es de esta manera cómo podemos lograr que nuestro corazón sea limpio y permanezca limpio.

Los frutos de un corazón limpio

Es conforme al corazón de Dios

No hay interferencias. Hace la voluntad del Padre.

Es generoso

Sabe que todo lo que tiene se lo debe a Dios. No es mezquino. Sabe dar con alegría siendo consciente de lo que Dios ha hecho por él. (2da Corintios 9:7)

Es agradecido

Reconoce que todo don perfecto viene de Dios y por ellos vive en gratitud por lo recibido. (2da Corintios 9:7)

Verán a Dios

La promesa que hace el texto bíblico es que quienes conservan su corazón puro podrán ver a Dios. Esto se entiende de dos maneras:

Ser librado de la aflicción

En el salmo 31:16 vemos que existe una analogía entre ver la faz de Dios y ser salvado por Él. Dice el texto: “Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; ¡sálvame por tu misericordia!”. De igual manera, en el Salmo 13:1 vemos que el salmista se halla pasando por una gran aflicción y la expresa diciendo que Dios ha escondido su rostro de él. Finalmente en el Salmo 11:6-7 se puede apreciar que los malos recibirán castigo mientras los rectos verán el rostro del Señor, es decir recibirán misericordia.

Esto no sólo es recibir una que otra petición de parte de Dios. De hecho es vivir cada día en la presencia de Dios. Este privilegio es más grande de lo que a veces nos lo imaginamos. Tomás de Aquino lo notó y dijo: “así como en la corte de un rey están más elevados los que le ven la cara que aquellos que sólo comen de sus tesoros”, así son más elevados los limpios de corazón.

Estarán en presencia de Dios al final de los tiempos.

Al final de los tiempos cuando Dios lleve a su presencia a todos sus santos, quienes han permanecido buscando mantener limpio su corazón verán a Dios. Aquel día ya “no habrá más maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en [en medo de ellos], sus siervos lo servirán, verán su rostro y su nombre estará en sus frentes”.