Veo dos caminos

Veo dos flechas. Dos líneas. Dos caminos. Y van en direcciones muy opuestas. No soy profeta ni hijo de profeta; pero dos tipos de fe cristiana se están dando a conocer en nuestros días.

EL PRIMER CAMINO

Por un lado, está la primera flecha, la primera línea y el primer camino. Dentro de este primer grupo veo antes que nada humidad y sobriedad. Veo hermanos y hermanas caracterizados por los valores de las bienaventuranzas: “los pobres en espíritu”, “los que lloran”, “los mansos”, “los que tiene hambre y sed de justicia”, “los misericordiosos”, “los de limpio corazón”, “los pacificadores” y “los que padecen persecución por causa de la justicia”.

a los pies de jesus foto

Son creyentes auténticamente enamorados del Señor Jesús por su grandiosa obra de salvación efectuada en ellos mediante la cruz y la resurrección. No se glorían en nada sino en el bendito Salvador. Dios es su todo. Están satisfechos en Él y por lo tanto guardan su tiempo a solas con Él celosamente. Dada su gran pasión por las cosas divinas, se regocijan en la predicación de la Palabra tal cual está escrita. Se gozan en orar y en congregarse. Se deleitan en la santidad.

En sus rostros veo cicatrices profundas, arrugas y gravedad por todas las aflicciones que han tenido que enfrentar debido a su fidelidad al Dios del Evangelio. Pero luego contemplo su corazón, y bien adentro veo perlas y joyas de inestimable valor. Veo “tesoro en vasos de barro”. Tal tesoro es el Evangelio acompañado de la presencia y el poder del Espíritu del Señor de los ejércitos. Es ese poder inconquistable el que les sostiene en cada momento de dificultad y pelea.

Éstos irán de fe en fe, sometiendo todos sus pensamientos a la voluntad de Cristo. Creen en el Dios de la Biblia; el Jesús de la Biblia; el pecado según está definido en la Biblia; la necesidad de fe y arrepentimiento; y el gran peligro de la perdición eterna. Se ven a sí mismos como simples herramientas de Dios para que Él haga su misteriosa obra a través de ellos. Son el pueblo de Dios. Tienen su contentamiento en el Señor.

Esta primera flecha, esta primera línea y este primer camino es el campo de Dios.

EL SEGUNDO CAMINO

Por el otro lado, está la segunda flecha, la segunda línea y el segundo camino.

Dentro de este segundo grupo veo antes que nada liviandad y ligereza. Veo personas caracterizadas por los valores del ‘camino ancho’: agradan a todos, son afables, graciosos, atractivos y carismáticos, no creen en el tropiezo de la cruz ni en nada que ofenda al hombre natural.

De hecho, son tan majos que hasta parecen ser creyentes verdaderos. Dicen “paz, paz” cuando no hay paz. Sólo hacen mención de un Dios de amor; no toman en serio la doctrina cristiana; y por lo tanto, ningún incrédulo jamás pensaría en oponerse a ellos.

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No obstante, en vez de amar al Jesús bíblico, han creado a otro tipo de Jesús conforme a su imagen y semejanza. Su gloria está en sí mismos. Se postran ante el gran altar del ego e incluso han moldeado al Salvador conforme a este patrón pecaminoso. Sólo toman en serio las palabras de Jesús que sirven para afirmar sus vidas materialistas y ociosas.

Por consiguiente, desechan una gran parte de la Palabra de Dios y se enfocan en las cosas positivas, bonitas, emocionantes y agradables que allí encuentran, torciendo el texto que sea con el fin de salirse con la suya.

En sus rostros veo grandes sonrisas, ropa de última moda y dientes emblanquecidos. Agradan al paladar popular. Nunca se les ocurriría sufrir por el Dios de la Biblia ya que –según ellos- el Señor no les pediría que hagan nada que les perjudiquen en los más mínimo.

Dios sólo quiere que bailen, se rían y se diviertan. Al contemplar su corazón, veo “los deseos de la carne”, “los deseos de los ojos” y “la vanagloria de la vida”. Son nubes sin agua, árboles sin raíces, anclas hechas de lana. ¡Forma sin contenido! ¡Apariencia sin profundidad! ¡Relevancia sin sustancia!

Estos irán de engaño en engaño, deificando sus propios proyectos, planes, ministerios y estrategias dando por sentado que Dios aprueba todo lo que desempeñan, aunque sea según la carne. No creen en el Dios verdadero ni en el Jesús verdadero. La única vez que creen en el pecado es cuando alguien les ofende o refuta sus creencias humanistas. El juicio, el infierno y el castigo son términos que les son desconocidos. De nuevo, no se ven como herramientas de Dios sino que han convertido a Dios en su herramienta y en su títere personal.

Esta segunda flecha, segunda línea y segundo camino es el campo del camino ancho.

CONCLUSIÓN

Veo dos flechas. Dos líneas. Dos caminos. Y van en direcciones muy opuestas. Ahora, la pregunta más importante de todas: ¿en cuál campo estás tú?

Autor: Will Graham

Tomado de: http://protestantedigital.com/magacin/39071/Veo_dos_caminos

 

Deseos y decisiones para el nuevo año

propositosEl final del año generalmente es el espacio que dedicamos a realizar una serie de promesas y establecer algunos proyectos que anhelamos cumplir el siguiente año. Muchos de aquellos planes que nos habíamos propuesto el año anterior se quedaron en el camino no llegando a ser más que anhelos bondadosos o deseos piadosos que duraron muy poco.

Para muchos la frustración por los planes propuestos y la facilidad con que los mismos se deshacen, los lleva a cierto cinismo o incredulidad antes la propuesta de nuevos planes para el año que empieza. Hay quienes suponen que el próximo año será igual y que nosotros no cambiaremos en nada, por lo cual afanarnos en hacer una lista de promesas y deseos para el próximo año parece hasta un poco tonto.

Otros cuantos, no obstante no pierden las esperanzas y deciden volver a realizar su serie de promesas y proyectos para el año nuevo. Son muchas las cosas negativas que se quiere dejar del año que acaba y son muchas las metas que se pretende alcanzar en el año que empieza. Sin embargo, hay algo que es importante advertir si realmente queremos que nuestros proyectos para el nuevo año se cumplan. Es sobre aquello que necesitamos para cumplir con nuestros proyectos del nuevo año sobre lo que queremos reflexionar en este momento.

Lo cierto es que las lecciones que saquemos del texto bíblico respecto de la implementación de nuestros proyectos para el nuevo año, sirven, como podremos ir viendo paulatinamente, para cualquier proyecto que nos propongamos.

Para poder reflexionar sobre la manera de poner en marchas nuestros planes y propósitos podemos dar una breve lectura del texto de Daniel 1:1-21. En dicho texto encontramos la puesta marcha de un plan que el personaje principal junto con sus tres amigos.

Se trata de cuatro jóvenes israelitas que van a parar, luego de la destrucción de su ciudad, a la corte del reino enemigo. Allí, se les ubica con otros tantos cautivos y se les dispone a realizar una especie de inducción, es decir, un proceso de asimilación de la cultura y costumbres del pueblo conquistador. Es justamente en este proceso que surge el propósito que tienen los jóvenes, Daniel 1:8 dice: Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey…

Frente a las circunstancias que se hallan afrontando los cuatro jóvenes, Daniel como líder toma la decisión y marca el objetivo del grupo: Mantenerse apartados de las comilonas del rey y sus súbditos. Es allí donde ya Daniel nos da una lección: marcar el objetivo.

Primer paso: Marcar el objetivo

?????????????????La razón por la cual muchos de nuestros planes fracasan es porque primeramente no tenemos claro el objetivo que nos proponemos realizar. Hay quienes se casan y como pareja no tienen claro el objetivo de su matrimonio. Hay quienes ingresan a la universidad sin saber exactamente por qué o para qué. Otro error que podemos cometer es no mantener en nuestra mente y en nuestro corazón el propósito que nos habíamos planteado. Al cabo de uno o dos meses de encontrarnos realizando una determinada actividad, olvidamos el porqué de tal tarea. Nos entretenemos en otras labores o responsabilidad que medianamente se relacionan con lo que nos habíamos propuestos, pero que poco a poco nos van alejando de nuestro objetivo. Necesitamos tener claro nuestro objetivo, y recordarlo constantemente para que nuestro proyecto se llegue a realizar.

Segundo paso: Honrar con nuestros propósitos a Dios

Una segunda cosa que podemos apreciar en este versículo y que es de mucho valor para nosotros es que el objetivo que se plantea Daniel tiene como propósito honrar a Dios. Muchos son los planes que nos proyectamos realizar y que terminan en fracaso simplemente porque los mismos no buscaban honrar a Dios sino traer fama sobre nuestras capacidades, acumular riquezas, quedar bien con los demás o cualquier otra razón menos la gloria de Dios. Antes de poner en marcha cualquier proyecto, hagámonos la pregunta de si lo que nos estamos proponiendo honra efectivamente a Dios. De no ser así, busquemos poner en marcho algún otro proyecto que tenga a nuestro Padre celestial como el centro del mismo. Si nuestros planes nos desvían de Dios, no podemos esperar de Él ayuda para su realización. Por el contrario, Dios velará por el fracaso de nuestros planes pues estos nos alejan de su misericordia.

En varias partes del texto bíblico vemos lo importante que es dar prioridad a Dios en nuestros planes y proyectos, sin embargo, quizás el más importante de ellos sea 1 Corintios 10:31 donde dice que si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.

Antes de ilusionarnos con uno u otro plan pongamos en oración nuestros planes y propósitos y digamos: si Tú así lo quieres Señor, que así sea.

Evidentemente, esperar en la voluntad de Dios no significa atarse de pies y manos y permanecer sin hacer nada hasta que creamos haber visto en algún lado una señal de que avancemos. Debemos poner en manos de Dios nuestros planes y proyectos, y eso significa que hemos estado trabajando arduo en la preparación de aquello que traemos delante de Dios. Con ideas clara y el corazón volcado hacia Dios esperamos su aprobación.

Tercer paso: No decidir en base a nuestras emociones

Lo tercero que podemos apreciar es que el propósito de Daniel no es fruto de la emoción. Daniel ha meditado muy bien en las consecuencias así como en sus propias responsabilidades como parte del pueblo de Dios. En función de todo ello toma una determinación y la pone en marcha. En muchas ocasiones cuando nos proponemos una u otra cosa en nuestra vida, no lo hacemos meditadamente sino que muy a menudo dejamos que las emociones determinen nuestros propósitos. Ya sea la algarabía de un nuevo año, el júbilo del sueldo adquirido o incluso el temor ante lo que pudiera ser. Sea una u otra, las consecuencias de decisiones tomadas sólo en función de nuestras emociones suele ser muy comúnmente catastrófica.

Dice la Palabra de Dios que no debemos apresurarnos a hacer promesas a Dios, no sea que no podamos cumplirlas (Eclesiastes 5:4-5). El texto no tiene la intención de que nosotros, como creyentes, no hagamos promesas a Dios sino que busca que seamos sabios el momento de hacer estas promesas. Que midamos nuestras posibilidades antes de hacer nuestra promesa. De hecho, el texto no puede oponerse al compromiso pues sabemos que Dios honra a aquellos que cumplen con sus compromisos con Él. Sólo es cuestión de saber hasta qué punto debe llegar nuestro compromiso y esto lo hacemos, no con nuestras emociones sino con nuestra razón cuando es guiada por el Espíritu Santo.

Cuarto paso: Elaborar un plan

planificacionLo cuarto que vemos en Daniel es que él no simplemente ha tomado una decisión y ha esperado a ver qué sucede, Daniel ha elaborado un plan, una estrategia. Su plan consta de dos partes. La primera es persuadir al eunuco de que le permita hacer algo diferente de lo que está establecido. Sabe Daniel que esto no es tarea fácil así que le propone un tiempo de prueba para que él mismo se persuada.

La segunda parte del plan tiene que ver con la aplicación de su propósito a lo largo de los tres años que el rey a determinado para Daniel y sus amigos.

Cuando nos proponemos un propósito o cuando hacemos una promesa ante Dios, debemos analizar cuál es la manera en la que nos proponemos poner en práctica dicho proyecto. Las cosas no suceden por arte de magia. Necesitamos avanzar paulatinamente dando pasos pequeños para hacer nuestros logros grandes. Lo más seguro es que si tan sólo nos fijamos una meta a largo plazo y luego esperamos que esta se dé, con el tiempo nuestro entusiasmo se irá agotando y con él nuestros propósitos.

Cuando nuestro proyecto es establecido de tal modo que podamos cumplir con pequeñas tareas a corto plazo, como hizo Daniel quien puso su primer objetivo a 10 días, será para nosotros más fácil cumplir con dichos proyectos.

Quinto paso: Buscar apoyo

Lo quinto que vemos en Daniel es que él sostiene su plan en el apoyo de personas estratégicas que pueden ayudarlo. En este caso es el eunuco a quien Daniel hace “complice”, por decirlo de algún modo, de su plan. El eunuco ni siquiera cree en Dios, sin embargo, se halla en una posición que es muy útil para el propósito de Daniel y por ello, busca la manera de incorporarlo a su plan. Ahora, evidentemente el eunuco, por su propia vida, se opone a la realización del plan, sin embargo, Daniel busca una manera de persuadirlo de unirse a su propósito. Le ofrece algo en lo cual él no puede perder. Diez días, comparados con los tres años al cabo de los cuales el rey hará la evaluación, no son nada. De este modo, el eunuco se convence de apoyar a Daniel.

Hay muchas ocasiones en las cuales necesitaremos del apoyo de otras personas para poder poner en marcha un proyecto, y en esas circunstancias debemos buscar la manera de persuadir a cuantos sea necesario para poner en marcha nuestro proyecto.

Para poder incluir a otros en el cumplimiento de nuestros objetivos debemos buscar la manera de que ellos también ganen o, por lo menos, no pierdan. Evidentemente si conseguimos que aquellos a quienes incluimos ganen con el apoyo que nos brindan, se sentirán mucho más motivados de darnos su ayuda. En el caso del eunuco, ganaba al final al poder presentar a un grupo de siervos diez veces mejores que todos los sabios del reino. El eunuco ganaba en simpatía ante el rey.

Sexto paso: Ser perseverantes.

perseveranciaDaniel fue perseverante. Aún cuando sólo fueron diez días, es muy probable que aquellos diez primeros días estuvieron llenos de tentaciones para los cuatro del equipo, sin embargo, ellos fueron constantes y llegaron a los diez días manteniéndose en su propósito. Esto les dio la primera victoria. De todos modos, esta perseverancia tenía que darse por los próximos tres años para lograr su acometido. Así también, en nuestro caso, es muy probable que nuestros propósitos requieren de persistencia a largo plazo y por ello debemos buscar la manera de mantener el ritmo sin desfallecer.

La mejor manera para poder lograrlo, se ha podido ver en la práctica, es centrar nuestra atención en el día a día y no tanto en las dimensiones del proyecto entero. Es más fácil cumplir un día con nuestro propósito que un mes o un año. Así pues, enfoquémonos en que en el día a día cumplamos con la pequeña porción que nos hemos planteado para el cumplimiento de nuestro proyecto.

Finalmente: Dios honra a los que le honran.

Dios bendice a los que lo honran con sus planes y propósitos y así lo hizo con los cuatro muchachos que lo honraron con su decisión de abstenerse de toda comida contaminada. Los cuatro muchachos obtuvieron inteligencia, fortaleza, y buenos puestos en el Estado, sin embargo, esto no era lo que ellos se proponían, esto sólo fue la manera en que Dios decidió honrar a aquellos que lo honraron con sus propósitos.

Conclusión

No importa si los planes que tenemos en mente son para un año o para más. Pongamos en práctica estos seis pasos y podremos ver cómo el fin al que llegamos es tan honroso como lo fue para Daniel y sus compañeros.

Bendiciones.

EL DESAFÍO DE CRECER

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.

Dice un experto en viñedos:

La vid es una planta domesticada que difícilmente se adaptaría a la vida salvaje. Son frecuentes los casos en que viñas sin cuidados enferman, se secan y mueren cuando parecería natural que sin poda ni cultivo la viña se convirtiera en una frondosa maraña de hojas y sarmientos. Por esta razón, una viña abandonada es una viña muerta a pesar de disponer de suelo y sol.

El trabajo empieza ya con la preparación del suelo. Se lo prepara arándolo para que se airee. La planta en invierno ha perdido todas sus flores y frutos. Se aprecia solamente el tronco árido. Se cortan los sarmientos que quedaron de la cosecha anterior. Se deja tan solo el tronco principal y unos cuantos sarmientos. Durante la primavera empiezan a brotar las primeras hojas y flores. Se procede a realizar entonces la espergura. Esto es, se eliminan casi todos los brotes que van surgiendo alrededor del tronco viejo y que solamente absorben alimento sin producir ninguno o casi ningún fruto. Esto se realiza con el fin de permitir que todo el alimento de la planta se dirija a aquellas ramas que en el futuro darán fruto.

En la casa de mis suegros pude ver este proceso hace varios meses. Un familiar de Australia que había trabajado en estas labores se dio al trabajo de espergurar la vid que tiene ellos. Luego de este trabajo, la planta quedó sin una sola hoja. Mis suegros se inquietaron pensando que habían matado a la planta.

Varias semanas más tarde empezaron a brotar nuevas hojas, tres y cuatro veces más grandes que las anteriores y lo que es más importante, los nuevos retoños llevaban fruto. Me causó admiración ver cómo ese trabajo que parecía de muerte resultó dar nueva vida a aquella planta.

De todos modos, el trabajo con la planta no termina allí. Un poco más tarde, cuando las hojas y los frutos se hallan un poco más grandes se realiza lo que se llama el desniete, es decir, se eliminan todas aquellas hojas que se hallan más cerca de los frutos para evitar que lo sofoquen impidiendo que la luz del sol y el aire llegue hasta ellos. Además se busca de esta manera que los nutrientes del suelo sean plenamente aprovechados por los frutos.

De igual manera se vigila el desarrollo de las ramas. En caso de que una rama que no produce mucho fruto o no produce ninguno en absoluto, se hallase obstaculizando el crecimiento de otra que sí está dándolo, se procede a cortarla. Todo este proceso lo realiza el labrador antes de que llegue el tiempo de la cosecha.

Es interesante acercarnos al texto bíblico de Juan 15:1ss con esto en mente. Jesucristo se considera a sí mismo como la vid, la cepa o el tronco del cual brotan los sarmientos que somos nosotros. Hay brotes que se apresuran a salir. Les agrada la idea de unirse a un grupo cristiano. Sin embargo, no llevan fruto alguno. Su vida no evidencia un cambio de vida. Es entonces que viene Dios como labrador y empieza a quitar aquellas hojas y sarmientos que parecían muy dinámicos pero que no evidencian ningún fruto. Luego, a medida que avanza el desarrollo de la iglesia, surgen nuevos sarmientos. Estos si llevan frutos. No obstante, es necesario limpiarlos. Impedir que su fruto muera asfixiado. Esto obliga al labrador a cortar ciertas hojas de los sarmientos. No siempre esto es fácil para nosotros. A veces, son cosas que nos gustan. Son personas que apreciábamos. Son proyectos que atesorábamos. El labrador ve que aquellos pueden impedir el buen desarrollo del fruto que estamos madurando y decide cortarlos de nosotros.

Aun puede suceder que algunos sarmientos se conformen con algunos pocos frutos y decidan, por vergüenza de su pobre desarrollo, impedir el mismo en los demás. El labrador entonces, debe cortar dichas ramas que no crecen ni desean dejar crecer a los demás.

Jesucristo nos dio este ejemplo de la vid pensando muy cuidadosamente en las relaciones. No es la única vez en que la iglesia es comparada con un organismo vivo. Pablo dice que es el cuerpo de Cristo y que debe crecer hasta llegar a la altura de la plenitud de Cristo. De igual manera en otra ocasión dice que la iglesia es un edificio, sin embargo, por ilógico que suene, Pablo vuelve a referir que dicho edificio debe crecer.

El crecimiento no es una opción de los creyentes: es su esencia. Así como cualquier organismo vivo se desarrolla, los creyentes debemos desarrollarnos y crecer. Cuando no lo hacemos estancamos el crecimiento de los demás y nos vemos enfrentados a la posibilidad -según Juan 15:1- se ser desechados.

De todos modos, nuestro crecimiento va íntimamente vinculado a nuestro cimiento que es Cristo. No podemos crecer ni dar fruto lejos de Él. Quien nos nutre y fortalece es Cristo por medio de su Espíritu. Esta idea vuelve a repetirse en Efesios 2:19-21 donde dice:

Por eso, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo. En él todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; (Efe 2:19-21)

Podemos pretender crecer alejados de Cristo, cuando buscamos ser alimentados por otra vid que no sea la vid verdadera. Esto sucede cuando nuestro cimiento deja de ser Cristo para volverse nuestra ambición, una pareja, un trabajo, etc. Cuando lo que define nuestras metas y proyectos para el futuro no es Dios ni la gratitud a él, ni la obediencia a su Palabra, sino otra razón mucho más egoísta estamos buscando otra cepa sobre la cual crecer. Es por ello que Pablo recalca que Cristo es la cepa en la cual hemos sido injertados para dar frutos.

Ahora, los sarmientos deben ser alimentados por la vid y ese alimento es, según el apóstol Pedro, la Palabra de Dios.

Desechad, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias y toda maledicencia, y desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación (1 Pedro 2:1-2)

La Biblia de las Américas traduce este texto así: desead como niños recién nacidos, la leche pura de la palabra. Es la Palabra de Dios aquella leche espiritual que nos ayuda a crecer. Al venir a los pies de Cristo, somos como niños. Debemos aprender todo lo concerniente al modo de vida que agrada a Dios. Es por esto que debemos empezar a aprender cuál es ese modo de vida que le agrada. Pero si no nos alimentamos podemos morir espiritualmente.

Nuestro crecimiento debe ser en lo concerniente al conocimiento de Dios y de la obra que ha hecho por nosotros. Y ese crecimiento sólo puede darse cuando nos nutrimos adecuadamente.

MADURAR ES…

En algún libro que no recuerdo encontré alguna vez esta descripción de la madurez.

Madurez es la habilidad para llevar a cabo una labor, esté o no supervisado; terminar un trabajo una vez comenzado; llevar dinero sin gastarlo y ser capaz de afrontar una injusticia sin querer desquitarse.

Madurez es la habilidad de controlar la ira y arreglar las diferencias sin violencia.

Madurez es paciencia. Es estar dispuesto a posponer la gratificación inmediata a favor de una ganancia a largo plazo.

Madurez es perseverancia, la habilidad para sobrellevar un proyecto o situación, a pesar de fuertes oposiciones y obstáculos desalentadores.

Madurez es la capacidad de afrontar lo desagradable y las frustraciones, las aflicciones y el fracaso, sin quejarse ni desmoralizarse.

Madurez es humildad. Es ser suficientemente grande para decir: “Me equivoque”’

Y cuando tiene razón, la persona madura no necesita experimentar la satisfacción de decir: “Te lo había dicho”

Madurez es la habilidad de tomar una decisión y mantenerse firme en ella. Los inmaduros se pasan la vida explorando innumerables posibilidades para luego no hacer nada.

Madurez, significa responsabilidad, sostener la palabra dada, responder durante una crisis. Los inmaduros son maestros de las excusas. Son confusos y desorganizados, sus vidas son un laberinto de promesas no cumplidas, antiguos amigos, negociados inconclusos y buenas intenciones que de alguna manera nunca se materializan.

Madurez es el arte de vivir en paz con aquello que podemos, cambiar aquello que puede ser alterado y tener la sabiduría para apreciar la diferencia.