Cómo decidir sabiamente en momentos críticos

Decisiones

Hay decisiones que nos pueden costar la vida. Cuando se trata de decisiones en las cuales era imposible prever el resultado no podemos hacer nada. No obstante, hay decisiones que, si supiéramos evaluar de mejor manera las consecuencias, podríamos evitar amargos finales en nuestro futuro.

Debemos primeramente distinguir entre dos tipos de decisiones: aquellas que debemos tomarlas en un momento crítico y aquellas que pueden tomarse con calma.

Una decisión crítica es aquella en la cual debo decidir lo que hacer durante un incendio. Una decisión que se puede tomar con calma es la que debo tomar sobre qué estudiar en la universidad. Es evidente que más podemos hacer sobre aquellas decisiones en las cuales contamos más tiempo para decidir, sin embargo, existen maneras de dar tiempo a las decisiones críticas.

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Durante la emergencia no podemos alargar la decisión, pero lo que sí podemos hacer es adelantarnos al momento de la emergencia. Prever la emergencia y decidir antes de aquella situación es una manera de darnos el tiempo adecuado para decidir con cabeza fría.

Decisiones como por ejemplo entrar en un negocio ilícito que requiere una decisión inmediata pueden ser tomadas en un momento de sosiego, reflexionando sobre todas las implicaciones de aceptar dicho tipo de negocios. Decisiones sobre nuestra pureza sexual pueden ser previstas y no dejadas al momento en el que la seducción puede nublar nuestra comprensión de las consecuencias.

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Las decisiones que anticipan el momento crítico siguen un principio muy provechoso que hallamos en el libro de los proverbios: “diríjanse tus párpados hacia lo que tienes delante”. Hay ciertos temas sobre los cuales no cabe duda que tendremos que decidir algún momento y, el mejor favor que podemos hacernos es dirigir nuestros párpados hacia ese momento y reflexionar sobre la mejor decisión que podríamos tomar.

Aquí algunos pasos que podrías tomar para tomar decisiones respecto del futuro:

  1. Evalúa las opciones que tienes ante una circunstancia específica. No siempre son dos. Por ejemplo, pienso que los encuentros sexuales fuera del matrimonio están fuera de discusión en mi vida, por lo tanto, lo más adecuado sería decir “no” en un encuentro casual que paulatinamente me ha llevado a un escenario crítico en el que debo decidir entre la negativa o la caída. Así pues, las opciones que tengo son dos, aparentemente, ceder a la tentación o rechazar a la persona. No obstante, hay otra posibilidad. Evitar todo encuentro que pueda terminar en un acto que personalmente considero inmoral. No puedo dejar de relacionarme socialmente con las personas, pero si puede prever cuando una relación está encaminándose hacia algo cada vez más íntimo. Es allí donde debo optar por parar antes de tiempo aquella posibilidad tomando una adecuada distancia.
  2. Evalúa las consecuencias que podrían tener las distintas decisiones que pudieses tomar. Cuando tenemos la mente despejada es más fácil mirar las consecuencias que pueden darse como resultado de una decisión específica. En ocasiones, posiblemente no tengamos claras todas las consecuencias, no obstante, el hecho de que evaluemos estas decisiones con tiempo, nos permite incluso buscar orientación, evaluar casos similares y ampliar nuestro panorama para comprender cuales serían a la larga los efectos de nuestras decisiones.
  3. Toma una decisión específica. En ese momento, y en base a las consecuencias que has podido determinar, toma una decisión que tomarás cuando te enfrentes a esos momentos críticos. Puedes haber hecho la evaluación de una situación en la cual se te ofrece un negocio ilícito. Tú has evaluado las circunstancias, así como las consecuencias de aceptar dicho negocio y has decido no hacerlo. Si en algún momento, en el futuro se presentan con dicha propuesta y el monto económico de la misma es tentador, en tu mente aflorarán las razones por las cuales aceptar dicho ilícito no era conveniente y te ayudarán a rechazar una propuesta, por lo demás, tentadora.

Cerciórate siempre de darle tiempo a tu mente y a tu corazón para tomar decisiones de las cuales pueda depender tu vida, todo tu negocio o incluso tu familia. Y finalmente, no olvides orar mientras tomas estas decisiones para que puedas ser guiado por la sabiduría del Espíritu Santo

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El matrimonio en nuestros tiempos modernos

Los tiempos han cambiado pero en ocasiones pareciera que los matrimonios no nos preparamos para los nuevos tiempos que nos toca enfrentar. No me refiero a que desarrollemos habilidades para utilizar las nuevas tecnologías. Tarde o temprano todos terminamos accediendo a ellas y adaptándonos a su uso. Sin embargo, poco analizamos las consecuencias que dichas “novedades” de la sociedad actual pueden traer sobre nosotros, nuestras relaciones y familias. Saber manejar el computador, el celular o la Tablet es relativamente fácil. A decir verdad, a veces sólo hace falta un par de horas para saberlos usar de manera básica.

Con todo, las tecnologías no es lo único que paulatinamente va cambiando en nuestras sociedades. Los hábitos, las costumbres y las tradiciones también se van transformando. Evidentemente, no podemos volver al pasado y vivir en los tiempos previos al teléfono en los que la vida parecía menos acelerada. Es este siglo XXI el que nos ha tocado vivir y al cual debemos hacer frente. Lo primordial es que sepamos hacerle frente y asumir aquello que es bueno y rechazar aquello que no podemos compartir.

Los hábitos, costumbres y tradiciones que paulatinamente van cambiando son justamente, en muchos de los casos, los que sirven luego de base para nuestra forma de entender la moral. Es así como, poco a poco, aquello que antaño era pecado ahora se ha vuelto normal. Aquello ante lo cual anteriormente nos indignábamos ahora lo vivimos con indiferencia. No solamente que en la actualidad mucho de lo que solía ser visto como pecaminoso hoy no lo es sino que además, el hecho de que alguien lo considere pecado hace que los demás lo discriminen como un retrógrado y fanático religioso.

No podemos suponer que todo era perfección hace unas generaciones. De hecho, podemos ver que había ciertos problemas y pecados de los cuales hoy nos indignamos. La intolerancia, por ejemplo, la violencia intrafamiliar si queremos ir más allá. Sin embargo, hemos pretendido eliminar el problema eliminando también la fortaleza. Así, a la intolerancia la eliminamos borrando de un soplo con ella a las convicciones firmes. A la violencia intrafamiliar la hemos tratado de destruir haciendo del matrimonio un contrato poco duradero y que exige poco sacrificio de ambas partes.

Ser familias cristianas en la sociedad contemporánea, a veces pareciera significar simplemente asistir a las iglesias pero sin que el contacto con la Palabra de Dios afecte y transforme nuestra manera de ver la vida.

Evidentemente, si la iglesia no marca la manera en que actuamos alguien más lo hace y ese alguien más resulta ser esa sociedad no cristiana que paulatinamente se va quitando de encima toda la ética bíblica con la que pretendió vivir durante los últimos siglos. Vivir en un mundo en proceso de descristianización implica vivir fuertemente afincados a la Palabra de Dios pues de no hacerlo pronto veremos cómo vamos dejando los preceptos bíblicos por aferrarnos a aquellos que nos marca la sociedad sin Dios en la que vivimos.

No son solamente nuestros hijos los que se ven seriamente presionados a abandonar la fe y la moral bíblicas, sino que cada creyente vive, a diario, una batalla librada por el mundo para arrebatarlo de sus convicciones cristianas y hacerlo vivir con una fe nominal, es decir, vacía.

Si Pablo les advirtió a los Corintios del primer siglo de nuestra era que tuvieran cuidado a pesar de que se hallasen firmemente aferrados a la fe, con cuánta mayor razón nosotros deberíamos ser cautelosos de observar que no caigamos de nuestra posición en Cristo.

El objetivo detrás de cada desliz que hace la sociedad en contra de la moral es un premeditado esfuerzo por hacernos ampliar las posibilidades de nuestro obrar en el ámbito del pecado. Si antes para los matrimonios dormir en camas separadas era algo escandaloso, en la actualidad ser sexualmente promiscuo es tolerable siempre que ambos estén de acuerdo. ¿Cómo llegamos a esto? No de golpe. Poco a poco, tratando de ser permisivos y aceptando como normal lo que la sociedad nos va planteando como tal.

No permitamos que nuestros matrimonios se basen sobre la endeble base de unos criterios morales que ven bien la infidelidad, aceptable el egoísmo y totalmente plausible el divorcio ante el menor inconveniente.

Sometamos nuestros criterios a la Palabra de Dios y dejemos que ella determine lo que es más adecuado para nuestra vida y la de nuestro matrimonio.