No todo predicador que cita la Biblia es bíblico

“Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.” ( CORINTIOS 1 02 : 1 )

Las redes sociales nos han abierto a un mundo de predicadores así como de ideas que a nivel mundial se promocionan a diario. A menudo empezamos a ha escoger a nuestros favoritos en base a su elocuencia al hablar. Así, pues, cada creyente tiene sus predicadores favoritos o sus orientadores espirituales predilectos basados qué tan entretenidos o atractivos suenan.

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El texto de que mencionamos al inicio nos muestra una actitud en los tiempos del origen de la iglesia. Los creyentes de la ciudad de Corinto empezaron a seguir a uno y otro predicador en base a la elocuencia de los predicadores o a las sutilezas de sus maneras de predicar.

El apostol Pablo les muestra -y a nosotros también- que nos es la elocuencia lo que nos debe motivar a escuchar a un predicador sino su fidelidad al mensaje de Jesucristo.

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Cualquiera sea el canal por medio del cual estamos recibiendo algún mensaje de Dios, debemos evaluarlo en base a qué tanto nos aproxima a Jesucristo y no en base a que tan elocuente, carismatico, chistoso o convincente es.

En el Antiguo Testamento vemos que los israelitas muchas veces escucharon el mensaje de los falsos profetas porque era de acuerdo a sus deseos. Ananias le predica a Jerusalén bendición, abundancia y la destrucción de sus enemigos y fue querido mientras que Jeremías predicó de parte de Dios juicio por los constantes pecados de Jerusalé. Nadie quiso oírlo pero al final sus palabras se cumplieron.

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Escucha la Palabra de Dios, por dura e impopular que sea. Sera vida a ru espíritu.

Bendiciones

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Veo dos caminos

Veo dos flechas. Dos líneas. Dos caminos. Y van en direcciones muy opuestas. No soy profeta ni hijo de profeta; pero dos tipos de fe cristiana se están dando a conocer en nuestros días.

EL PRIMER CAMINO

Por un lado, está la primera flecha, la primera línea y el primer camino. Dentro de este primer grupo veo antes que nada humidad y sobriedad. Veo hermanos y hermanas caracterizados por los valores de las bienaventuranzas: “los pobres en espíritu”, “los que lloran”, “los mansos”, “los que tiene hambre y sed de justicia”, “los misericordiosos”, “los de limpio corazón”, “los pacificadores” y “los que padecen persecución por causa de la justicia”.

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Son creyentes auténticamente enamorados del Señor Jesús por su grandiosa obra de salvación efectuada en ellos mediante la cruz y la resurrección. No se glorían en nada sino en el bendito Salvador. Dios es su todo. Están satisfechos en Él y por lo tanto guardan su tiempo a solas con Él celosamente. Dada su gran pasión por las cosas divinas, se regocijan en la predicación de la Palabra tal cual está escrita. Se gozan en orar y en congregarse. Se deleitan en la santidad.

En sus rostros veo cicatrices profundas, arrugas y gravedad por todas las aflicciones que han tenido que enfrentar debido a su fidelidad al Dios del Evangelio. Pero luego contemplo su corazón, y bien adentro veo perlas y joyas de inestimable valor. Veo “tesoro en vasos de barro”. Tal tesoro es el Evangelio acompañado de la presencia y el poder del Espíritu del Señor de los ejércitos. Es ese poder inconquistable el que les sostiene en cada momento de dificultad y pelea.

Éstos irán de fe en fe, sometiendo todos sus pensamientos a la voluntad de Cristo. Creen en el Dios de la Biblia; el Jesús de la Biblia; el pecado según está definido en la Biblia; la necesidad de fe y arrepentimiento; y el gran peligro de la perdición eterna. Se ven a sí mismos como simples herramientas de Dios para que Él haga su misteriosa obra a través de ellos. Son el pueblo de Dios. Tienen su contentamiento en el Señor.

Esta primera flecha, esta primera línea y este primer camino es el campo de Dios.

EL SEGUNDO CAMINO

Por el otro lado, está la segunda flecha, la segunda línea y el segundo camino.

Dentro de este segundo grupo veo antes que nada liviandad y ligereza. Veo personas caracterizadas por los valores del ‘camino ancho’: agradan a todos, son afables, graciosos, atractivos y carismáticos, no creen en el tropiezo de la cruz ni en nada que ofenda al hombre natural.

De hecho, son tan majos que hasta parecen ser creyentes verdaderos. Dicen “paz, paz” cuando no hay paz. Sólo hacen mención de un Dios de amor; no toman en serio la doctrina cristiana; y por lo tanto, ningún incrédulo jamás pensaría en oponerse a ellos.

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No obstante, en vez de amar al Jesús bíblico, han creado a otro tipo de Jesús conforme a su imagen y semejanza. Su gloria está en sí mismos. Se postran ante el gran altar del ego e incluso han moldeado al Salvador conforme a este patrón pecaminoso. Sólo toman en serio las palabras de Jesús que sirven para afirmar sus vidas materialistas y ociosas.

Por consiguiente, desechan una gran parte de la Palabra de Dios y se enfocan en las cosas positivas, bonitas, emocionantes y agradables que allí encuentran, torciendo el texto que sea con el fin de salirse con la suya.

En sus rostros veo grandes sonrisas, ropa de última moda y dientes emblanquecidos. Agradan al paladar popular. Nunca se les ocurriría sufrir por el Dios de la Biblia ya que –según ellos- el Señor no les pediría que hagan nada que les perjudiquen en los más mínimo.

Dios sólo quiere que bailen, se rían y se diviertan. Al contemplar su corazón, veo “los deseos de la carne”, “los deseos de los ojos” y “la vanagloria de la vida”. Son nubes sin agua, árboles sin raíces, anclas hechas de lana. ¡Forma sin contenido! ¡Apariencia sin profundidad! ¡Relevancia sin sustancia!

Estos irán de engaño en engaño, deificando sus propios proyectos, planes, ministerios y estrategias dando por sentado que Dios aprueba todo lo que desempeñan, aunque sea según la carne. No creen en el Dios verdadero ni en el Jesús verdadero. La única vez que creen en el pecado es cuando alguien les ofende o refuta sus creencias humanistas. El juicio, el infierno y el castigo son términos que les son desconocidos. De nuevo, no se ven como herramientas de Dios sino que han convertido a Dios en su herramienta y en su títere personal.

Esta segunda flecha, segunda línea y segundo camino es el campo del camino ancho.

CONCLUSIÓN

Veo dos flechas. Dos líneas. Dos caminos. Y van en direcciones muy opuestas. Ahora, la pregunta más importante de todas: ¿en cuál campo estás tú?

Autor: Will Graham

Tomado de: http://protestantedigital.com/magacin/39071/Veo_dos_caminos

 

La manipulación de los falsos apóstoles

false_teacher3El apóstol Pablo en 2 de Corintios 10-12 habla de manera muy enfática sobre la desviación que la iglesia parece pasar en ese momento gracias a una serie de predicadores que se encuentran hospedándose en la iglesia y cuya predicación anuncia un Jesús diferente, un Espíritu diferente y un Evangelio diferente. Lo doctrinal, para Pablo no es secundario o accesorio como hoy algunos pretenden hacerlo ver. Lo doctrinal es la base sobre la cual acentuar nuestro accionar en fe.

Los predicadores que empiezan a seducir a los creyentes tienen una habilidad especial: su calidad oratoria. Por las veces que debe enfatizar, podemos notar que la iglesia relaciona buen discurso con buen mensaje. Pablo les advierte que la calidad de la exposición no vale de nada si lo que se dice no tiene nada que ver con el evangelio de Jesucristo.

Así pues, en el verso 20 del capítulo 11 nos da Pablo una especie de escalera de descenso hacia la manipulación religiosa por parte de estos pseudo-apóstoles. Son cinco pasos los que se dan y que amenazan llevar a la iglesia de la libertad en Cristo a la opresión de dichos líderes.

Predicadores legalistas (Si alguno os esclaviza)

Pablo da como primer paso hacia la opresión espiritual el estar dispuestos a aceptar predicadores que enfatizan el sometimiento a su autoridad por encima de cualquier cosa. Predicadores cuya exposición se enfoca casi exclusivamente en amenazas contra aquellos que se revelen contra su autoridad. Cada predicación guarda relación con la advertencia de que sólo a través de dicho predicador se puede encontrar la verdadera y pura revelación de Dios. Podemos hablar de dos tipos de amenaza:

  1. Lo que pasaría si los creyentes contradicen al líder

  2. Lo que pasaría si los creyentes se alejan del líder.

En el un caso, la amenaza es para obedecer todo lo que el pastor, profeta o apóstol determine que es lo cierto. El mero cuestionamiento recibe la condenación del mismo y la amenaza incluso del fuego eterno por su osadía.

wolf-in-sheeps-clothingEn el segundo caso, la amenaza va en el sentido del abandono de la iglesia. El creyente es forzado al convencimiento de que sólo en ese lugar puede hallar la verdad. La amenaza de maldiciones a quienes salen de la congregación hace más difícil dejar al grupo.

Frente a esto, no podemos dejar de recordar que Jesús mismo enfatizó: conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. Además, el apóstol Pablo en la carta a los Gálatas advierte: a libertad habéis sido llamados, sólo que no uséis la libertad como ocasión para el pecado. En ambos casos, y en la práctica del mismo apóstol Pablo, vemos que la libertad del creyente es valiosa. Pablo al hablar a los corintios, no se impone sino que poco a poco va dando más libertad a las iglesias para que se autogobiernen, cosa que los pseudoapóstoles no querían permitir.

Predicadores ambiciosos (si alguno os devora)

El segundo paso que se da en el descenso hacia la esclavitud lo caracteriza Pablo con la palabra katedsio que es precisamente la misma que usan los evangelios cuando Jesús habla de los escribas que devoran las casas de las viudas (Marcos 12:40). Estos falsos apóstoles buscaban obtener la mayor cantidad posible de dinero de sus feligreses. Su objetivo no es espiritual. Se valen de lo espiritual para extraer a los creyentes sus casas y todas sus pertenencias. Los creyentes que ya han considerado más relevante la palabra del falso apóstol de Cristo que la misma palabra de Cristo, se dejan convencer por sus timos. Creen en sus engaños y entregan sus posesiones a los astutos predicadores fraudulentos. Es muy fácil usar la Biblia y recortar trozos de la misma como argumento para persuadir a los creyentes de la necesidad de despojarse de sus bienes materiales para dejarlos al predicador que en ese momento, gracias a su crecimiento espiritual, está en capacidad de ejercer una sabia mayordomía de todo lo que los creyentes entregan. Con esta y muchas otras sutilezas engañan a los creyentes para devorar sus bienes. Si ya estamos en este escalón, es mejor salir huyendo antes que terminemos completamente timados por los ministros de Satanás que se han disfrazado de ministros de justicia (2 Cor 11:15).

EvangelioProsperidad

Predicadores manipuladores (si alguno se aprovecha de ustedes)

El tercer paso lo relaciona Pablo con la simple generalidad de ocasiones que toman los falsos apóstoles para aprovecharse de los creyentes. Desde trabajos mal remunerados, favores forzosos, ofrendas exageradas e incluso favores sexuales pueden llegar a incluirse en este ámbito. Pablo habla de aprovecharse de la docilidad de los discípulos que están dispuestos a obedecer por temor a represalias. En la medida en que los creyentes han ido descendiendo por esta escalera de sometimiento, cada vez más su voluntad se ido desintegrando hasta quedar a merced del falso maestro. El límite del abuso, no es ya marcado por el creyente sino por los apetitos del falso maestro. Es necesario caer en la cuenta de que todo esto nada tiene que ver con Jesucristo. Se trata simplemente de servidores del pecado que buscan personas oprimidas por su culpa o incapaces indagar en la Palabra de Dios para irlos ‘domesticando’ paulatinamente.

Predicadores con contacto directo con Dios (Si alguno se enaltece)

Los falsos predicadores tienden a considerarse exclusivos en su trato con Dios. Desde su manera de hablar (el Señor me dijo…, estaba hablando el otro día con Dios…, muchas de las cosas que Dios me ha dicho no están escritas en la Biblia) hasta la manera de actuar, los falsos apóstoles pretenden ser superiores a todos los demás creyentes y líderes eclesiales. En el caso de Corinto, los falsos apóstoles que se encuentran engañando a la iglesia se presentan como superiores al apóstol Pablo. La iglesia les debe un respeto mayor por tratarse de iluminados de orden superior en la escala apostólica.

El único objetivo de esta estrategia es eliminar a los rivales. Los falsos apóstoles, al presentarse como superiores a los demás logran que los creyentes consideren que nada de lo que otros ministros del Señor puedan decir sea aceptado pues el superapóstol que los dirige es muy superior a los demás. Así el lazo está casi completamente cerrado. Los creyentes no pueden dudar del falso maestro porque este es único y lo que otros digan por los mismos creyentes será rechazado. Es así como llegan a volverse esclavos de la herejía.

Contrario a esto, nuevamente, Jesús, nos llama a la libertad y no a la esclavitud. Pablo, al ver que hay disputas entre los cristianos gentiles y los cristianos judíos, no toma una decisión arbitraria, negando autoridad a los doce (que están a favor de los cristianos judíos) sino que realiza una reunión con ellos para llegar a acuerdos. Esto diferencia a los verdaderos apóstoles de los falsos. Los primeros buscan consensos y se disponen a servir mientras los segundos oprimen a los creyentes y sólo buscan ser servidos.

Predicadores que hacen uso de la violencia (si alguno os da de bofetadas)

El último paso que menciona Pablo es el de la violencia física y verbal. Los creyentes, incapaces ya de cuestionar a sus líderes, aceptan que los falsos apóstoles actúen con violencia contra ellos, tanto de manera física como verbal. La prepotencia y arrogancia de los falsos apóstoles se muestra en todo su esplendor mientras humillan y denigran a sus seguidores. Desde el desprecio de sus ofrendas, los gritos y los golpes pueden ser vistos entre quienes han llegado a este límite de opresión espiritual.

A lo largo de toda esta escalera es posible salir de esta falsa religiosidad que, de hecho, se convierte en idolatría del falso maestro. En todo momento podemos liberarnos de estas ataduras. Todas aquella maldiciones con que los creyentes son amenazados son meros ardides puestos para manipular. No permitamos que los ministros de Satanás tomen el lugar de Jesucristo y nos terminen llevando hacia un camino de dolor y falsedad. Salgamos en cuanto podamos y volvamos nuestros ojos al Dios único y verdadero, el Dios de amor y de libertad.