Ujier y Diácono, ¿son lo mismo?

Muy a menudo se ha dado en pensar que las personas que se encuentran en la puerta dando la bienvenida a los asistentes al culto son los diáconos de la iglesia. Esta manera de pensar surge de ciertas lecturas alrededor del relato de Hechos 6 donde los apóstoles invitan a los creyentes a realizar una elección de siete personas para que se dediquen a “servir las mesas”.

Existen dos problemas con este modo de entender este texto bíblico.

Por un lado, la palabra “diácono” como tal no aparece en el relato si bien aparece el verbo “diakoneo” que quiere decir “servir”. Muchos estudiosos de la Palabra han determinado, de todos modos, que el texto está haciendo referencia a la inauguración del ministerio de los diáconos. Es muy probable que esto sea así, sin embargo, debemos reconocer que la labor que se les está asignando no es sólo la de “meseros”. La labor que se les asigna es la de “servicio” en un sentido especial y litúrgico que ya explicaremos más adelante.

Por otro lado, el término diácono es usado en otras oportunidades en el texto bíblico en un contexto de liderazgo de la iglesia como un todo. Así, por ejemplo, la carta del apóstol Pablo da inicio con una salutación a la iglesia junto con sus obispos y diáconos (Fil 1:1). En la lista de personajes importantes que se menciona en Romanos 16, vemos que esta es encabezada por Febe quien es presentada como “diacono” (no existe el femenino en griego) de la iglesia de Cencrea para luego hablar de otros líderes como Priscila y Aquila, Andrónico y Junías, etc. De igual manera, en las cartas pastorales aparecen los diáconos presentados en función de los requisitos que se debe presentar para su asignación. Estos requisitos son muy similares a los que presentan los obispos y ancianos, salvo por el hecho de que no se solicita a los diáconos la capacidad de enseñar.

Familia-iglesia

Quienes ejerzan bien el diaconado, dice 1 Timoteo 3:13 obtienen una posición de alto honor en la iglesia. Estas palabras, así como los requisitos tan minuciosos (casi del mismo talante que un obispo) no pueden ser para alguien que tiene como propósito “servir las mesas”.

Por otro lado, podemos apreciar que en algunos casos la palabra griega “diakonos” es traducida por “ministro”. Así, por ejemplo

Para que también vosotros sepáis mis asuntos, y lo que hago, todo os lo hará saber Tíquico, hermano amado y fiel ministro (diácono) en el Señor… (Efesios 6:21)

como lo habéis aprendido de Epafras, nuestro consiervo amado, que es un fiel ministro (diácono) de Cristo para vosotros… (Colosenses 1:7)

Todo lo que a mí se refiere, os lo hará saber Tíquico, amado hermano y fiel ministro (diácono) y consiervo en el Señor… (Colosenses 4:7)

el cual asimismo nos hizo ministros (diáconos) competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica (2 Corintios 3:6). 

En Efesios 3:7, Colosenses 1:23 y 25 Pablo se denomina a sí mismo “diácono” de Jesucristo. Por otro lado, la palabra diácono es usado en muchas otras ocasiones para referirse al “servicio” como tal. Como por ejemplo cuando en Romanos 13:4 habla acerca del autoridades civiles, las designa como “servidoras” de Dios usando la palabra “diácono”.

Así pues, la palabra “diácono” podía ser usada en la antigüedad tanto para referirse al servicio de un mesero como a autoridades civiles y eclesiásticas. Los diccionarios de griego antiguo indican que esta palabra podía implicar a un esclavo haciendo su trabajo como a una persona libre que voluntariamente se dedicaba al servicio del gobierno o de los templos.

Por su parte el posterior desarrollo de esta palabra en la iglesia cristiana nos da algunas pistas de su significado. En las cartas de Ignacio de Antioquía, un creyente del siglo II que fue obispo de la ciudad de Antioquía de Siria, es decir, de la iglesia que envió a Pablo y Bernabé como misioneros, escribe en una carta lo siguiente:

Que vuestra diligencia sea, pues, confirmada en las ordenanzas del Señor y de los apóstoles, para que podáis prosperar en todas las cosas que hagáis en la carne y en el espíritu, por la fe y por el amor, en el Hijo y Padre en el Espíritu, en el comienzo y en el fin, con vuestro reverenciado obispo y con la guirnalda espiritual bien trenzada de vuestro presbiterio, y con los diáconos que andan según Dios.

ignacio_de_antioquia

Lo interesante en esta porción de su carta es el nivel de liderazgo que se les atribuye a los diáconos. Estos no son simplemente “los que sirven las mesas” se trata de personas con un cierto grado de liderazgo dentro de la congregación, solo por debajo del obispo (que siempre era uno) y del presbiterio (que era un consejo de ancianos presidido por el obispo).

Así pues, las labores de los diáconos implican un alto grado de liderazgo dentro de la congregación a diferencia del ministerio de ujieres que, como hemos escrito en otra ocasión, se asemeja al servicio de la puerta que se menciona en los textos del Antiguo Testamento en referencia al Templo de Jerusalén.