El Espíritu Santo: Cómo pecamos contra Él

El Pastor Charles Stanley nos invita a reflexionar acerca del poder del Espíritu Santo en nuestras vidas. Escúchalo dando clik sobre la frase debajo de la foto. Encontrarás más de sus reflexiones en http://encontacto.org/

El pecado contra el Espíritu Santo I 

¿Qué es un Ujier?

En esta primera parte analizaremos tanto la historia del término como las palabras bíblicas relacionadas con sus funciones tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Revisaremos, finalmente dos modelos bíblicos de servicio, uno del Antiguo y otro del Nuevo Testamentos

Historia del término “Ujier”.

Durante la edad media, la palabra Ujier hacía referencia a la persona encargada de guardar las puertas en los palacios. Cuidaban de que solamente pasaran al interior aquellas personas que tuvieran motivos serios para reunirse con el rey.

En aquellos tiempos uno de los personajes más importantes del gobierno era justamente la persona encargada de guardar las puertas del palacio. En sus manos se hallaba la llave del mismo. Por ende, debía ser alguien que gozara de toda la confianza del rey. Si el ujier traicionaba al rey, las llaves del palacio y con ellas el rey mismo podían caer en manos enemigas. El ujier era el que concedía o negaba acceso al rey.

En la actualidad es usada con poca frecuencia. No obstante, “en algunos tribunales y cuerpos del Estado [el Ujier] tiene a su cargo la práctica de ciertas diligencias en la tramitación de los asuntos, y algunas veces cuida del orden y mantenimiento de los estrados.”

Podemos decir en síntesis que la labor del ujier está relacionada con 1) la recepción de las personas a la entrada del edificio; 2) la custodia de las puertas, así como el cuidado de que las diferentes actividades que se realizan al interior sean hechas sin ningún contratiempo; finalmente, 3) velar por la adecuada presentación de las instalaciones, en la medida de sus posibilidades.

En la Biblia

Aunque la Palabra “Ujier” no se encuentra en la Biblia, las principales responsabilidades del mismo pueden ser percibidas a lo largo de sus páginas. Veamos algunos ejemplos.

En el Antiguo Testamento

En la Biblia no se halla la palabra Ujier, pero sí encontramos en el Antiguo Testamento una muy parecida y de igual importancia: shoér que quiere decir: custodio de la puerta o portero. En 2da Crónicas 8: 14 se nombran los siguientes cargos como los más importantes de la labor del templo:

  1. Los Sacerdotes: Encargados de los sacrificios y de interceder por el pueblo
  2. Los levitas: encargados de cantar y ayudar a los sacerdotes
  3. Los porteros: encargados de guardar las puertas del templo

En 1ra Crónicas 23: 5 se hace un censo de los levitas que da los siguientes resultados:

  1. 38000                   levitas
  2. 24000                   encargados de organizar las actividades del templo
  3. 6000                      encargados de las actividades de secretaría y legislación
  4. 4000                      encargados de custodiar las puertas
  5. 4000                      encargados de las alabanzas.

Es decir, los ujieres o encargados de las puertas eran también levitas y se hallaban en igual prominencia que los cantores.

2da Crónicas 23:19 dice que los porteros habían sido colocados para que no entrase absolutamente nada impuro (Biblia del Peregrino).

Según 2da Crónicas 31:14, el levita Coré, guarda de la puerta oriental, estaba encargado de

  1. Recibir las ofrendas voluntarias
  2. Administrar las ofrendas voluntarias del Señor
  3. Administrar los dones consagrados.

Al finalizar su labor de reconstrucción de la muralla, Nehemías asigno (7:1):

  1. Porteros
  2. Cantores
  3. Levitas

En el Nuevo Testamento

En el Nuevo Testamento también hallamos las funciones relativas al ujier. Quizás la más importante sea la referente a la multiplicación de los panes y los peces en Juan 6:1-15. El relato nos permite ver claramente que los apóstoles debieron fungir como ujieres en ciertas ocasiones. Su labor era muy importante para que el ministerio de Jesucristo pudiese seguir adelante. De no haber tenido a sus discípulos cerca estas hubiesen sido las funciones que Jesús habría tenido que realizar por su propia cuenta:

  1. Buscar entre la multitud a quien tuviese algo de comer. (Captación de recursos)
  2. Organizar a las cinco mil personas. (Administración de Recursos Humanos)
  3. Sentarlas en la hierba de aquel lugar. (Organización de eventos)
  4. Orar por lo alimentos que Dios estaba proveyendo. (Ministerio Sacerdotal)
  5. Repartir entre los cinco mil presentes lo que Dios dio. (Administrador/Contador)
  6. Recoger lo restante.
  7. Contabilizar, almacenar y transportar el sobrante.

A lo mejor le hubiese tomado todo el día tan sólo realizar todas estas actividades. Sin embargo, los doce discípulos están allí para hacer muchas de estas labores de modo que se puedan agilizar los procesos y la gente pueda ser confrontada con el mensaje de Jesucristo sin interrupciones.

De igual manera vemos que cuando la iglesia empieza a surgir, los apóstoles sienten el mismo apremio frente a las responsabilidades administrativas. Si bien sabían que la labor de ayuda al necesitado era importante, esta los estaba absorbiendo de tal manera que no podían dedicarse a lo que era su verdadera función. Los doce entonces se dirigen a la congregación y dicen: –No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios para servir a las mesas. La preocupación de los apóstoles no tiene que ver con la indignidad del servicio sino con la prioridad de su llamado. Es por esto que, a quienes comisionan para los asuntos administrativos, son personas seleccionadas en base a ciertos criterios básicos como son:

  1. Buen testimonio
  2. Llenos del Espíritu Santo
  3. Llenos de sabiduría

Si hubiese sido una función sin mayor importancia, los doce no hubiesen planteado prerrequisitos tan fuertes. Las funciones relacionadas con la administración y el orden de la casa del Señor son muy importantes.

Ahora bien, lo que hemos venido diciendo se aplica tanto para los diáconos como para los ujieres. Los primeros serán los encargados de administrar los recursos destinados a los necesitados y de dar a los que menos tienen en la iglesia. Los segundos se encargan de recibir a los creyentes y de velar por que el culto se desarrolle sin contratiempos.

Tanto los unos como los otros deben ser de buen testimonio y llenos del Espíritu Santo y de sabiduría. Tanto los unos como los otros son responsables delante de Dios de su función. Tanto los unos como los otros sirven a Dios por medio de lo que están haciendo.