Los peligros de las religiones tóxicas

El caso de desaparición, extorsión y asesinato que se encuentra en estos momentos dirigiendo todos los ojos de la sociedad ecuatoriana hacia las iglesias evangélicas saca a relucir uno de los mayores problemas que se expande entre los evangélicos en la actualidad: el abuso de poder.

Es doloroso ver todo lo que ha tenido que pasar la familia Campoverde para acercarse al desenlace de su viacrucis. Y esto, no es sólo un llamado de atención a las autoridades que permanecieron inclementes durante seis años, sino, principalmente a las iglesias evangélicas para corregir lo que son terribles errores en su estructuración y manejo de la fe, los mismos que, de nos ser reparados, producirán más gente herida y hogares destrozados.

ojo-con-las-personas-toxicas

Lo que artículos como el de Lisette Arévalo, “Me llamarán, y no responderé” de la revista digital “GK” sacan a relucir en el ámbito de la iglesia evangélica a la que asistían Juliana y su familia es el abuso de poder de la familia que dirigía dicha iglesia. Comentarios como este: “Juliana comenzó a sentirse incómoda cuando los pastores quisieron usar su autoridad para decirle quién debía ser su pareja”, demuestren el grado de abuso al que se podía llegar. De igual manera estas palabras dicen mucho al respecto:

Los pastores tenían control sobre sus feligreses. Elizabeth recuerda que antes de tomar cualquier decisión —sea un proyecto, emprendimiento o viaje— siempre debían ir donde el pastor Patricio, padre de Jonathan, para pedirle autorización. Cuando no entregaban el diezmo, los pastores llamaban a presionar, o los visitaban en su trabajo diciéndoles que si no lo hacían las bendiciones no llegarían. Cuando se enteraban de algo —un viaje o un nuevo empleo— los llamaban a preguntar por qué no se lo habían contado.

Las cosas, poco a poco se van esclareciendo en ese caso, pero a su vez señalan con más fuerza a ciertos modelos de liderazgo que han sido desarrollados en las iglesias evangélicas de América Latina y que hacen temer sobre el futuro de la fe en nuestras tierras.

La coacción en nombre de Dios no es moneda nueva, ha existido desde siempre y ha generado grandes males a la humanidad desde la inquisición hasta la persecución en nombre de la moral y las buenas costumbres. No es la religión en sí la que genera estos abusos, pero en manos de la gente incorrecta produce estos resultados.

La búsqueda de Dios no dejará de darse por este acto vergonzoso. De todos modos, nos vemos impulsados a advertir a quienes buscan de Dios acerca del mal empleo que se da de la fe. Nos vemos obligados a recomendar ciertos filtros cuando se busca de Dios en algunos espacios supuestamente espirituales donde lo que en realidad hay es manipulación espiritual antes que piedad popular.

Así como existen relaciones tóxicas, existen formas de espiritualidad que son nocivas, tóxicas y, por esto mismo, peligrosas y debemos saberlas reconocer.

  1. Autoritarismo. – El texto bíblico nos habla acerca de la autoridad, pero así también nos habla acerca de la libertad que tenemos en Cristo. Cuando en un espacio, supuestamente espiritual, la autoridad del pastor o líder se impone de manera tajante, de tal modo que las personas no pueden opinar o cuestionar su autoridad, so pena del infierno, nos encontramos con una espiritualidad tóxica. No importa si se basa en la Biblia, en una revelación personal u otra cosa para argumentar su poder. Si algo nos enseña la historia es que cuando una autoridad espiritual ha exigido obediencia ciega a sus seguidores, tarde o temprano las catástrofes se hacen presentes. Exigir a sus feligreses cuentas de sus viajes, de sus gastos o de sus decisiones personales es abuso de autoridad. Si bien es cierto que el pastor está para guiar a los creyentes en los caminos de Dios, esto no le da derecho a decidir por ellos. De hecho, en los grupos donde el líder desarrolla este grado de autoritarismo, se da un efecto multiplicador. Es decir, toda la iglesia comienza a desarrollar ese modelo de liderazgo prepotente, absorbente y manipulador. Los que llevan más años en la iglesia se sienten obligados a “ningunear” a los recién llegados y estos con el tiempo sentirán que tienen derecho a hacer con los que siguen llegando.
  2. Manipulación. – Muy relacionado con el autoritarismo se encuentra la manipulación. Cuando la persona considera que la manera cómo se están llevando las cosas no está bien, que debería hacerse un cambio y los argumentos de parte de las autoridades no bastan para convencer al feligrés de que las cosas en realidad están bien, empiezan las manipulaciones. La advertencia acerca del rol divino que tiene el pastor, la amenaza del castigo de Dios, por no someterse, las consecuencias nefastas que le esperan por no obedecer, etc. A menudo, a las amenazas personales se añaden las amenazas familiares: “Si no te sometes toda tu familia sufrirá por tú desobediencia”. Son simplemente formas de manipulación de parte de quienes se encuentran en el liderazgo y que no soportan la desobediencia.
  3. Aislamiento. Otro aspecto de la espiritualidad tóxica es que desarrollan procesos de aislamiento para aquellos que no se someten. Cuando la manipulación directa no ha funcionado, se empieza a apartar a la persona de sus amistades y conocidos de la iglesia. Se prohíbe a los creyentes reunirse o socializar con las personas que están “en pecado”. Incluso se exige a la familia apartarse del pecador si no quieren que la ira de Dios caiga sobre todos ellos. En algunos casos, esto está tan enraizado, que no hace falta que el pastor diga nada, el grupo se encarga de aislar al pecador y hacerle sentir culpable por su mal comportamiento.
  4. Culpabilización. – Otro aspecto de la espiritualidad tóxica es culpabilizar a los creyentes para mantenerlos atados a la iglesia. Cualquier cosa que haya pasado de manera negativa en la vida del creyente se la relaciona inmediatamente con alguna cosa vista como pecado por el pastor y se le acusa: “No has estado entregando tus diezmos a la iglesia y por eso te ha venido esa enfermedad, es tu culpa”; “No has obedecido lo que te dije y por eso perdiste tu empleo, empieza a obedecerme y vas a ver las bendiciones”; “No te sanas por que te falta fe, se fiel a nuestra iglesia y verás como en poco tiempo Dios te da lo que te hace le estás pidiendo”, etc.
  5. Abusos financieros. – Uno de los modelos más populares en la actualidad de manipulación espiritual es el dinero. Si bien es cierto que las iglesias evangélicas se sostienen exclusivamente en base a las donaciones de los creyentes pues no recibe ningún apoyo económico de parte del gobierno, en algunos casos, el pedir dinero se ha vuelto casi el tema exclusivo de algunas iglesias. Desde la entrada hasta la bendición final, los predicadores y líderes piden dinero a los asistentes. Con la promesa de bienes materiales de parte de Dios y la amenaza de maldiciones generacionales se manipula a la gente para que dé a la iglesia. Si bien el texto bíblico habla de bendiciones de parte de Dios a la generosidad y que es mejor dar que recibir, enfocarse sólo en lo económico demuestra más acerca del corazón del líder que de la naturaleza de gracia de la vida cristiana. Hacer promesas de fe con el fin de recibir un trabajo o sanidad, son formas de ver a la fe como un negocio. Confiar en Dios para la provisión diaria y ser agradecidos es el modelo bíblico y no la manipulación de estos grupos tóxicos.

iglesias-que-abusan

Son sólo cinco muestras de falsas enseñanzas que intoxican en lugar de dar vida. Cabe advertir que estas actitudes no se encuentran sólo en la religión, sino que las encontramos en otros espacios como el político, el motivacional, o el relacional. Reconociendo sus rostros podremos resguardarnos de ellos.

Finalmente, sabemos que nada devolverá a la familia la hija que ha perdido y sólo podemos orar por ellos, pidiendo justicia para los culpables y fortaleza para los padres. Pero del lado de la iglesia necesitamos corregir los errores que se vienen cometiendo desde hace tiempo para que no se repitan estos hechos.

 

Pablo Morales Arias

 

Abuso Espiritual

Al finalizar clases en un Seminario de mi país sobre el tema de liderazgo, noté que muchos de los estudiantes terminaron muy desconcertados. La confusión se debía al hecho de que lo que les había estado enseñando acerca de los excesos en el liderazgo y el abuso espiritual eran lo que en muchos de sus casos estaban viviendo en sus iglesias.

La imposición de normas que nada tenían que ver con la Biblia, el uso de textos descontextualizados por parte de las autoridades para hacer valer su liderazgo y la amenaza de castigos terrenales y eternos si contrariaban al pastor eran cosas comunes en las iglesias en las cuales servían.

Abuso espiritual

Este tipo de cosas, que podrían parecer propias de un grupo de radicales de algún movimiento en realidad son más comunes de lo que quisiéramos reconocer. Muchas iglesias han cedido paulatinamente a la tentación de reducir la voluntad divina a la voz de sus pastores y han cerrado filas a cualquier amenaza contra la autoridad de los mismos.

A menudo el temor que tienen muchos de los creyentes ante la posibilidad de hacer frente a ciertos fallos, ya no sólo administrativos sino también éticos y morales es debido a que se ha revestido a las autoridades eclesiales de cierto hálito de superioridad espiritual que los hace intocables. “Irse contra el pastor es irse contra Dios”, repiten muchos creyentes como si de un versículo bíblico se tratara.

Este modelo de liderazgo y de espiritualidad que nada tiene que ver con aquellos que vemos en el ministerio de Jesús o en la enseñanza del apóstol Pablo deben ser debidamente corregidos antes de que tengamos nuevos actos vergonzosos dentro de las filas del cristianismo fruto de una fe ciega en las palabras de sus líderes.

El abuso espiritual generalmente se relaciona con líderes carismáticos –en el sentido de poseer la capacidad de atraer y fascinar a las personas- que saben hacer uso de palabras y gestos para persuadir a los demás. Si se consigue vincular la persona del líder con determinados milagros y señales prodigiosas, tendremos a un pueblo que lo seguirá sin considerar si sus mensajes o ideas se vinculan de algún modo con el mensaje bíblico.

La tiranía espiritual empieza entonces a brotar en el líder y en sus seguidores. A menudo se forman pirámides de autoridad en las cuales mientras más cerca se encuentran los seguidores de su líder mayor autoridad poseen. A menudo se desarrolla un doble cariz en la persona: hacia el líder o cualquier superior demuestran una absoluta sumisión mientras que hacia los inferiores una actitud despótica que atribuyen al “espíritu profético” que poseen.

abuso-espiritual_1

Así pues, subyugados al sistema jerárquico en el que se encuentran, los mismos creyentes se vuelven reproductores de la tiranía espiritual. La misma visión de Dios se ve distorsionada por este modo de asumir el liderazgo. Si nuestro líder es un tirano que se compadece eventualmente, así mismo debe ser Dios. Aquellos modelos de liderazgo abusivos terminan siendo los principales representantes de ciertos modelos de cristianismo que sobrevaloran la ley, la norma, el modo de vestirse y el desprecio de aquellos que son ajenos a su jerarquía.

El modelo bíblico, lejos de enfatizar la autoridad por sobre la persona, revaloriza a la persona y la inserta en una comunidad de amor y no en un pelotón sumiso a determinadas normas estipuladas por el líder.

La comunidad que percibimos en el libro de los Hechos es armónica y aun teniendo determinadas autoridades, estas no asumen el control absoluto de la comunidad. Así por ejemplo frente a la necesidad de nuevas personas en el ministerio de la diaconía (una labor de autoridad), estas no son impuestas por los apóstoles, al contrario, estos encomiendan a la misma comunidad la selección de estas personas.

De igual manera vemos en el concilio de Jerusalén que la toma de decisiones de parte de la iglesia lejos de ser una responsabilidad exclusiva de los apóstoles es presentada a la congregación para su conocimiento, oración y decisión.

jefe

Debemos decir para finalizar que el mismo modelo democrático del que goza occidente en la actualidad es fruto del cristianismo primitivo. Muy a menudo se piensa en Grecia como la fuente de la democracia, sin embargo, en dichas tierras el “pueblo” que gobernaba sólo incluía a los hombres libres de las polis griegas. Por el contrario, en el naciente cristianismo “no había judío ni griego, esclavo ni libre, varón ni mujer pues todos eran uno en Cristo Jesús”. Todos poseían el Espíritu y por ello todos y todas estaban en la capacidad y en la responsabilidad de asumir el bienestar de la comunidad de creyentes como propio. Aún los mismos profetas podían y debían ser juzgados por todos los miembros de la comunidad de fe para determinar si el mensaje transmitido era concorde con el anuncio del evangelio.

La democracia pneumática –por llamarla de algún modo- debería ser el modo de determinar el proceso de crecimiento del cuerpo de Cristo. Si bien en determinados momentos es útil la asignación de una persona al liderazgo de la iglesia para coordinar el interés de todos, este no debe asumir su posición como hegemónica, está para el servicio de los demás y se debe a los demás.

Autor: Pablo Morales

Publicado originalmente en locademiadeteologia.org

Ujier y Diácono, ¿son lo mismo?

Muy a menudo se ha dado en pensar que las personas que se encuentran en la puerta dando la bienvenida a los asistentes al culto son los diáconos de la iglesia. Esta manera de pensar surge de ciertas lecturas alrededor del relato de Hechos 6 donde los apóstoles invitan a los creyentes a realizar una elección de siete personas para que se dediquen a “servir las mesas”.

Existen dos problemas con este modo de entender este texto bíblico.

Por un lado, la palabra “diácono” como tal no aparece en el relato si bien aparece el verbo “diakoneo” que quiere decir “servir”. Muchos estudiosos de la Palabra han determinado, de todos modos, que el texto está haciendo referencia a la inauguración del ministerio de los diáconos. Es muy probable que esto sea así, sin embargo, debemos reconocer que la labor que se les está asignando no es sólo la de “meseros”. La labor que se les asigna es la de “servicio” en un sentido especial y litúrgico que ya explicaremos más adelante.

Por otro lado, el término diácono es usado en otras oportunidades en el texto bíblico en un contexto de liderazgo de la iglesia como un todo. Así, por ejemplo, la carta del apóstol Pablo da inicio con una salutación a la iglesia junto con sus obispos y diáconos (Fil 1:1). En la lista de personajes importantes que se menciona en Romanos 16, vemos que esta es encabezada por Febe quien es presentada como “diacono” (no existe el femenino en griego) de la iglesia de Cencrea para luego hablar de otros líderes como Priscila y Aquila, Andrónico y Junías, etc. De igual manera, en las cartas pastorales aparecen los diáconos presentados en función de los requisitos que se debe presentar para su asignación. Estos requisitos son muy similares a los que presentan los obispos y ancianos, salvo por el hecho de que no se solicita a los diáconos la capacidad de enseñar.

Familia-iglesia

Quienes ejerzan bien el diaconado, dice 1 Timoteo 3:13 obtienen una posición de alto honor en la iglesia. Estas palabras, así como los requisitos tan minuciosos (casi del mismo talante que un obispo) no pueden ser para alguien que tiene como propósito “servir las mesas”.

Por otro lado, podemos apreciar que en algunos casos la palabra griega “diakonos” es traducida por “ministro”. Así, por ejemplo

Para que también vosotros sepáis mis asuntos, y lo que hago, todo os lo hará saber Tíquico, hermano amado y fiel ministro (diácono) en el Señor… (Efesios 6:21)

como lo habéis aprendido de Epafras, nuestro consiervo amado, que es un fiel ministro (diácono) de Cristo para vosotros… (Colosenses 1:7)

Todo lo que a mí se refiere, os lo hará saber Tíquico, amado hermano y fiel ministro (diácono) y consiervo en el Señor… (Colosenses 4:7)

el cual asimismo nos hizo ministros (diáconos) competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica (2 Corintios 3:6). 

En Efesios 3:7, Colosenses 1:23 y 25 Pablo se denomina a sí mismo “diácono” de Jesucristo. Por otro lado, la palabra diácono es usado en muchas otras ocasiones para referirse al “servicio” como tal. Como por ejemplo cuando en Romanos 13:4 habla acerca del autoridades civiles, las designa como “servidoras” de Dios usando la palabra “diácono”.

Así pues, la palabra “diácono” podía ser usada en la antigüedad tanto para referirse al servicio de un mesero como a autoridades civiles y eclesiásticas. Los diccionarios de griego antiguo indican que esta palabra podía implicar a un esclavo haciendo su trabajo como a una persona libre que voluntariamente se dedicaba al servicio del gobierno o de los templos.

Por su parte el posterior desarrollo de esta palabra en la iglesia cristiana nos da algunas pistas de su significado. En las cartas de Ignacio de Antioquía, un creyente del siglo II que fue obispo de la ciudad de Antioquía de Siria, es decir, de la iglesia que envió a Pablo y Bernabé como misioneros, escribe en una carta lo siguiente:

Que vuestra diligencia sea, pues, confirmada en las ordenanzas del Señor y de los apóstoles, para que podáis prosperar en todas las cosas que hagáis en la carne y en el espíritu, por la fe y por el amor, en el Hijo y Padre en el Espíritu, en el comienzo y en el fin, con vuestro reverenciado obispo y con la guirnalda espiritual bien trenzada de vuestro presbiterio, y con los diáconos que andan según Dios.

ignacio_de_antioquia

Lo interesante en esta porción de su carta es el nivel de liderazgo que se les atribuye a los diáconos. Estos no son simplemente “los que sirven las mesas” se trata de personas con un cierto grado de liderazgo dentro de la congregación, solo por debajo del obispo (que siempre era uno) y del presbiterio (que era un consejo de ancianos presidido por el obispo).

Así pues, las labores de los diáconos implican un alto grado de liderazgo dentro de la congregación a diferencia del ministerio de ujieres que, como hemos escrito en otra ocasión, se asemeja al servicio de la puerta que se menciona en los textos del Antiguo Testamento en referencia al Templo de Jerusalén.  

LO GRANDIOSO DE LO PEQUEÑO

Así es que Jesús les dijo:

-¿A qué se parece el Reino de Dios, y con qué lo compararía Yo? Es como una semillita de mostaza, que uno coge y la siembra en su huerto, y se pone a crecer y a crecer hasta que se hace tan grande como un árbol, y los pájaros vienen a hacer el nido en sus ramas.

Jesús les dijo otra vez:

-¿Con qué compararía Yo el Reino de Dios? Es algo así como la levadura, que coge una mujer y la mete bien dentro entre tres medidas de harina hasta que toda la masa queda fermentada. Lucas 13:18-21

Pequeñas acciones que producen efectos gigantes. Estas cortas parábolas encierran una gran verdad acerca del Reino de Dios. Contrario a los valores actuales de este mundo basados en la idea de grandeza como éxito, fama, poder y dinero, el Reino de Dios puede ser de apariencia insignificante y silencioso, pero sus resultados son de una trascendencia cósmica, incluso inimaginables a nuestra mente.

Estas dos parábolas nos muestran un inicio casi insignificante, un crecimiento silencioso que en secreto va transformándose internamente hasta llegar a transformar todo su entorno.

Semilla de mostaza

El Reino de Dios es similar, su accionar en cada vida puede parecer imperceptible a nuestros sentidos, más como la levadura leuda toda la masa y la semilla de mostaza crece silenciosa y constante hasta ser capaz de dar fruto y albergar vida. El accionar del Reino de Dios en nosotros tiene alcances ilimitados.

Podemos pues, en estas parábolas rescatar al menos tres principios para la vida cristiana.

  1. Dios obra de manera silenciosa, pero con resultados admirables y extraordinarios en nuestra vida.
  2. Si queremos entender el obrar de Dios en nosotros, debemos prestar atención a los detalles en cada momento de nuestra vida.
  3. Cuando el Reino de Dios llega a nuestra vida, no mejora nuestra apariencia, transforma nuestra esencia.

Dios obra de manera silenciosa, pero con resultados admirables y extraordinarios en nuestra vida.

Jesús inicia su ministerio con pocos hombres. Tres años duró su ministerio público. No invirtió grandes recursos económicos. Sin embargo, su impacto fue tan grande que cambió la historia de la humanidad dando inicio a una nueva era.

La venida de Cristo es el Reino de Dios, el Rey Jesús nace en un pesebre, humilde sin pomposidad, sin comodidad alguna, en su ministerio predica el evangelio a los pobres, en cada encuentro con la gente los transforma, sana, libera, da vida, pero no busca el éxito, antes camina hacia la cruz, buscando la voluntad del Padre.

silencio-y-oracion

Que el Reino de los cielos venga a nuestra vida involucra rendir nuestra voluntad al Rey de Reyes, al Señor de Señores. Es aquí donde ser cristiano no es fácil, es luchar contra nuestro orgullo, contra nuestro deseo de hacer nuestra voluntad, contra nuestra autosuficiencia y egoísmo para reconocer el obrar de Dios en todo cuanto tenemos, hacemos y somos.

Jesús dice antes de ir a la cruz este es mi deseo, mas, “hágase Tu voluntad, no la mía”. Ser capaces de actuar de esta forma, esto es encontrar nuestra seguridad en Dios y no en nosotros mismos, no en nuestro trabajo, no en nuestro conocimiento, no en nuestros bienes materiales, etc.

Cada decisión de la vida cotidiana debe ser sometida a la voluntad de Dios, nuestro carácter, temores, trabajo, relaciones familiares, etc., todo lo que puede parecer pequeño e insignificante a ser topado por Dios tendrá resultados trascendentales que cambien tu vida, tu familia y hasta tu entorno social.

Antes de tomar una decisión, pongámosla en manos de Dios, antes de empezar a resolver un conflicto, oremos y pidamos sabiduría a Dios, antes de angustiarnos por un problema, llevemos nuestra carga ante nuestro Padre Celestial, pues como Padre amoroso nos sostendrá.

Si queremos entender el obrar de Dios en nosotros, debemos prestar atención a los detalles en cada momento de nuestra vida.

¡Qué rápido crecen los hijos!, una frase muy escuchada, pues en lo cotidiano de la vida no percibimos a cantidad de cambios que a nivel fisiológico, mental y emocional se produce a cada segundo en un niño, pero de repente caemos en la cuenta de cuánto han cambiado, de cuánto han avanzado. Prestar atención a esto nos mueve a disfrutar más el tiempo con ellos.

Detalles

Algo similar pasa en la vida cristiana. Son procesos constantes y silenciosos, que pasan casi desapercibidos como la levadura en la masa, si no hacemos un alto y prestamos atención a los detalles, no entenderemos lo que está pasando. Dios está actuando en nuestra vida a cada instante, pero estamos muy ocupados para notarlo.

Si estamos atentos al obrar de Dios en nuestra vida percibiremos en los pequeños detalles como Dios está haciendo una obra de arte encada uno de nosotros. Para percibirlos debemos agradecer cada día lo que tenemos, leer la Palabra, recordar cuantas veces Dios nos ha guardado e incluso pensar cómo estuvo actuando Dios en nuestro carácter en medio de una situación desagradable a nosotros.

Recuerda que “las cosas más grandes de la vida crecen en silencio y despacio”

Cuando el Reino de Dios llega a nuestra vida, no mejora nuestra apariencia, transforma nuestra esencia.

Lo que vale es la esencia mas no las apariencias. Vivimos en un mundo que vive de apariencias, la imagen que damos es importante a la hora de buscar trabajo, vender un producto o establecer relaciones laborales o personales. Al contrario, el Reino de Dios no es apariencia, es esencia.

Podemos alardear de espiritualidad, siempre decir “Dios te Bendiga”, llevar una gran Biblia, o incluso hacer buenas obras, pero si nuestra esencia no ha sido tocada por el Espíritu de Dios en vano es todo este esfuerzo. Para Dios cuenta lo que somos, no que hacemos.

Los fariseos se jactaban de espiritualidad, orando en las plazas, dando limosna a los pobres, y con muchas tantas leyes y tradiciones, sin embargo, su corazón estaba lejos de Dios. Jesús los pone en evidencia con su enseñanza. Sobre la limosna dice “Hazlo en secreto, y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará tu recompensa.” Mateo 6:4; sobre la oración igualmente: “Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora en secreto a tu Padre. Y tu Padre, que ve lo que haces en secreto, te dará tu recompensa.” Mateo 6:6.

Al igual que la higuera infértil, la religiosidad farisaica que se había vuelto estricta y legalista, olvidó el amor al prójimo, la misericordia y la justicia. Al contrario que los reinos de este mundo, el Reino de Dios no busca seducirnos o conquistarnos, no ofrece comodidad, dinero o éxito; pero su llegada, transforma nuestra vida, nos libera, nos da vida en abundancia.

No existe la posibilidad de estar en “unión libre” con Cristo, o crecemos y damos fruto o no lo tenemos. Ser parte del Reino de Dios es una vida de compromiso con Cristo, no apariencia, sino entrega total y completa de nuestra vida en Cristo.

Reflexión realizada por: Nelly Ávila

 

Nuestra relación con Dios es personal, no dogmática

Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle.

Si hay algo que resulta paradójico en estas palabras del Apóstol Pablo es la afirmación de que los judíos en Jerusalén habían estado leyendo por generaciones las Escrituras, las mismas que señalaban el nacimiento de Jesucristo y que, sin darse cuenta, al llevarlo a la muerte cumplían con las profecías que con ahínco leían.

apostol-pablo-predicando

La Palabra de Dios no puede dejar de cumplirse, pero nosotros podemos volvernos ciegos a su cumplimiento aun cuando la leamos todos los días. Esto es lo que le había pasado al pueblo de Israel y esto es lo que nos puede pasar a nosotros.

La espiritualidad bíblica se enfoca en una comunión con Dios que debe ser avivada constantemente. No hacerlo trae consigo el legalismo, el dogmatismo y el racionalismo. Es decir, a medida que vamos descuidando la relación con Dios, esta empieza a convertirse en una serie de doctrinas muertas y normas sin sentido que aprietan y asfixian cada vez más nuestra comunión con Dios. Hay muchos que han dejado de buscar a Dios y afirman su fe en el cumplimiento de una serie de ritos y tradiciones específicas. Hay quienes han dejado de lado su relación personal con Dios y la han cambiado por una serie de definiciones y teorías acerca de Dios que, lejos de hacerlos descansar en la gracia de Dios, los vuelve tan fundamentalistas como aquellos que exigen a las mujeres vestir falda en las iglesias.

Hay quienes han levantado nuevos fariseísmos en la Iglesia contemporánea que lo único que buscan es cumplir con normas que suplantan la relación íntima con Dios. Hay quienes en la actualidad han fortalecido los saduceísmos en la Iglesia al redefinir su relación con Dios en términos de una simple tradición de fin de semana sin mayor relevancia para el resto de nuestras vidas.

Tanto uno como otro extremo caen en el error de los judíos de los que habla Pablo: una religiosidad que se contenta con las normas o con los dogmas pero que deja de lado la relación íntima, personal, emocional con Dios.

Decía alguien que el dogma es la petrificación de la experiencia con Dios. Si Dios se manifestó a cierto lugar, no buscamos al Dios que se hizo presente en ese lugar, sino que nos instalamos en aquel lugar en la expectativa de que vuelva a aparecer.

Si pudimos experimentar la presencia de Dios levantando nuestras manos, hacemos dogma del levantar las manos como único modo de encontrar a Dios. Si nos arrodillamos y en esa posición Dios se nos hizo real en nuestras vidas, hacemos norma para todos el arrodillarse como forma de descubrir a Dios. No digo que esté mal levantar las manos o ponernos de rodillas, no obstante, lo más importante no es el lugar, la posición de nuestras manos o nuestras piernas, lo más importante es el encuentro personal con Dios.

legalista

El espíritu sopla donde quiere, decía Jesucristo y nosotros no podemos encasillar el modo en el que Dios desee manifestarse en nuestras vidas. No son las normas y los dogmas lo más importante de la fe cristiana sino el hecho de que podamos tener un encuentro personal con el creador y que este encuentro no depende de determinadas disciplinas o de determinados esquemas religiosos, depende de la libre y graciosa voluntad de Dios.

Quienes más obstinados estuvieron en su oposición a la posibilidad de que Dios se haya hecho presente en la persona del carpintero de Nazaret fueron los que más aferrados estuvieron a los dogmas, normas y estatutos de la religión judía. Quienes más abiertos estuvieron a la posibilidad de que Dios se haga presente en una aldea de la periferia palestina fueron quienes anhelaban un encuentro personal con Dios y no esquemas doctrinales, dogmas y normas que establezcan un recuerdo de cómo Dios pudo haberse hecho presente en alguna época lejana.

Encuentro con Dios

Quizás nosotros necesitamos hoy en día un poco más dejar a Dios ser libre de presentarse como él quiera y donde él quiera y nosotros mismos dejar de aferrarnos a lo que pudo haber sido el obrar libre de Dios en el pasado y esperar que en su misericordia se nos haga presente en el hoy, como Él quiere y donde Él quiera.

Autor: Pablo Morales Arias

PEQUEÑA GRAN VIDA

Una pequeña sinopsis con amenaza de spoilers

En algún momento de esta película nos sentimos conectados. Es un proceso paulatino de crecimiento y madurez que llevan al personaje a través de múltiples descubrimientos a reconocerse a sí mismo a quienes lo rodean como su hábitat, no sólo biofísico sino vital en el más amplio sentido de la expresión.

Lo primero que nos muestra es a un Matt Damon que ya lo conocíamos por “Good Will Hunting” como alguien en busca de su propio destino. Con ideales, sueños y deudas este personaje aspira a algo más que lo que tiene en aquel momento y busca con su esposa ese nuevo espacio que le garantice la felicidad.

Lo segundo que encontramos es una vida llena de traspiés y sueños rotos que podrían parecer el final del arco narrativo de la vida de este personaje. De todos modos, las posibilidades de crecer, de descubrirse a sí mismo y sus propias posibilidades van más allá de aquellos avatares trágicos que nos presenta la vida.

El tercer paso en la vida de Paul está cargado de reflexión, descubrimiento del mundo más allá de sus depresiones y problemas personales. Un mundo en crisis, con problemas medioambientales, sociales y económico-políticos. Comienza una etapa de descubrimiento del quehacer político de este personaje, del anhelo de aportar algo a la humanidad de ser alguien más allá de sus problemas pasados.

La última etapa nos muestra a un Paul intimista, más sobrio, más maduro, más realista y determinado a hacer la vida diferente, no para la humanidad, sino para sus seres queridos.

Un llamado de atención a todos nosotros

Un llamado de atención para cristianos y también para quienes no lo son. Un llamado de atención que nos invita a descubrir nuestras posibilidades de crecimiento, nuestras limitaciones y lo valioso que es tener a lado gente con la cual vivir y por la cual morir. Un llamado de atención para dejar de lado nuestros estereotipos de la familia perfecta y la vida perfecta en el barrio perfecto. Un llamado a considerar que las personas más valiosas en nuestra vida no necesariamente resaltarían por su belleza y su correcta moral. Personas que tienen fallos como nosotros pero que saben considerar al amigo y luchar por él.

Un llamado que puede escuchar también la iglesia

Me llama la atención esta película, ya desde el ámbito pastoral, al sentido de iglesia que tenemos y que podemos proyectar. A medida que nos vamos desarrollando en la iglesia comenzamos a hacernos una idea de lo que debemos ser para los demás hermanos y lo que podríamos esperar de cada uno de ellos. No obstante, no siempre se cumplen estos estereotipos y allí es donde surgen las grandes desilusiones dentro de la iglesia. Con pastores que nos defraudan porque no eran el gran modelo de espiritualidad que aspirábamos o con hermanos que nos decepcionan porque eran una cosa en la iglesia y otra fuera de ella. Grandes decepciones sufrimos en la iglesia porque pensamos que debemos ser y debemos esperar que los demás sean ideales de perfección ética y espiritual cuando en realidad son seres humanos caídos como nosotros, llenos de imperfecciones y con anhelos de crecer y mejorar.

No reconocernos como imperfectos y necesitados de corrección nos hace rechazar a los que no “parecen tan perfectos” cuando en realidad, puede ser que ellos tengan algo valioso que enseñarnos y es: que son reales.

La iglesia no es un llamado a desarrollar nuestras mejores dotes actorales en el modelo de buen cristiano. La iglesia debe ser un llamado a reconocer nuestras faltas y esforzarnos por trabajar en ellas, pero sabiendo que contamos con nuestros hermanos para poder salir adelante, para poder superar nuestras dificultades.

El apóstol Pablo cuando les habla a los corintios diciendo que “no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es” (1 Corintios 26-28)

Esta selección realizada por el apóstol Pablo de personas que no tenían grandes atributos se repite en cada iglesia. Pero el apóstol Pablo les recuerda esto de manera particular a los miembros de esta iglesia debido a que ellos se consideraban superiores a los demás, casi ángeles que no requerían el consejo y cuidado de un apóstol como Pablo.

Cuando la iglesia comienza a sentirse superior a los demás, superior al mundo de pecadores que lo rodea, la verdad es que está comenzando a “sectarizarse”, es decir, a volver un grupo selecto que se aísla para salvarse en exclusiva e indiferencia de los demás.

Somos especiales porque Dios a puesto una gracia especial en nosotros, no porque seamos mejores que los demás. Y estamos aún luchando con nuestros pecados y aflicciones. Es por ello, que debemos ser para los demás un apoyo, en cierto modo, esa pata de palo que le falta al hermano para que pueda seguir avanzando o ese empleado que sirve la mesa a los que lo necesitan, aunque tengamos cualidades para cosas mucho mayores.

Un llamado a ser auténticos, a ser solidarios y a saber reconocer nuestro hábitat, imperfecto pero hermoso, eso es lo que puede encontrar en esta película.

cross-3080144_960_720

El Croissant

Hace varios años, cuando estuve estudiando francés, recuerdo que nos enseñaron que la palabra croissant venía de esa lengua y que significaba “creciente”. La forma particular que tiene aquel tipo de pan como de una luna creciente es lo que hacia que se lo denominará de esa manera.

Emocionado con mi recién aprendida palabra fui a una cafetería cercana y pedí un café americano y un croissant – y me esforcé por pronunciar la palabra como me habían enseñado-.

El mesero me quedó mirando y me dijo: qué? A lo cual volví a insistirle: un croissant pero por segunda vez ñ entendió mi pedido. Así que señale al en dirección al pan que podía verse en una vitrina. El lo miro y con una sonrisa me dijo: Ah! Un ‘cachito’

Le dije: Sí.

Curiosa situación la que pase y en la cual me sentí avergonzado por tratar de darme de muy entendido en temas particulares. La verdad es que regreso a ver ese momento y pienso en las ocasiones en que, como creyentes también, hablamos de maneras muy particulares, decimos cosas muy rebuscadas que solo quienes viven con una Biblia bajo el brazo pueden entender.

Veo a Jesús compartiendo el mensaje del Reino de Dios en términos tan sencillos que hasta el más iletrado de su tiempo podía entenderlo y podía gozarse con él por su pronta venida. Veo a los profetas usando su vida misma para manifestar el mensaje que les había sido compartido para el pueblo. Veo a Dios mismo haciéndose metáfora en Jesucristo para explicarnos quién es él y como es su amor. Veo todas estas manifestaciones de su gracia y luego veo nuestras actitudes como creyentes y me siento un poco avergonzado. El mensaje por el cual Jesús se desvivía por hacerlo comprensible nosotros parecemos esforzarnos en hacerlo complicado. La buena nueva la llenamos de trabas de tal manera que la alegría que debería transmitir se ve trucada por un gesto amargo en la exposición.

Nos hace falta volver a los campos de Galilea, escuchar a Jesús hablándoles a los campesinos y enseñándoles la bienaventurada vida que nos ha sido ofrecida en el Reino de Dios.