Tómate un tiempo

Empieza una semana de labores. Muchas actividades por realizar. Problemas aún por resolver. Nuevas retos y desafíos que se nos presentan al momento. Tómate un tiempo. No te angusties, pues, aunque la cantidad de actividades que se nos presentan es enorme, nada sacamos angustiándonos. Tómate un tiempo. Revisa todas las actividades por hacer. Ve apuntándolas en una libreta. Organízalas. Mira las más importantes, aquellas que sabes que rendirán un mejor fruto en tu trabajo y en tu vida. A estas últimas dales prioridad. Tómate un tiempo. Escucha a tu corazón mientras todavía te susurra, no esperes a que grite por medio de las enfermedades y el stress. Es mejor sosegar al corazón que acallarlo hasta que explote. Tómate un tiempo y dàselo  a Dios. El tiene una óptica más amplia acerca de las prioridades en tu vida. No es un jefe quisquilloso que quiere todo el tiempo para Él. Anhela que le des un tiempo para llenarte de energías y fortalecer tu espíritu. Anhela advertirte sobre la manera adecuada de llevar tu vida. Anhela ser tu compañero y confidente, tu amigo y tu guía. Dale un tiempo. Verás que una vez que has puesto en oración tus preocupaciones, de una en una te va guiando a la solución. Dale un tiempo pues las cosas que tanto nos ofuscan el día de hoy son pasajeras, mientras que para las que Él quiere prepararte son eternas. Tómate un tiempo… dáselo a Dios.

La pasión por estudiar la Biblia

Estudiar el texto bíblico a profundidad a muchos les puede parecer aburrido e infructuoso. La verdad es que muchos acercamientos al texto lo son. Cuando nos proponemos adentrarnos al texto por seguir una disciplina determinada a veces dejamos de lado aquel motor que nos impulsa a seguir adelante hasta las últimas consecuencias.

No es lo mismo estudiar un libro, seguir un curso o una carrera sintiendo a cada paso que es un deber que hay que cumplir en lugar de sentirlo como una pasión que nos come por dentro. No es lo mismo adentrarnos al texto bíblico llevados por calmar la conciencia que estudiarlo llevados por una pasión que nos come por dentro, que no nos deja dormir o pensar en otra cosas sino en tratar de ir más allá en la comprensión de un capítulo, de un verso o de una sola palabra.

Estudiar la Biblia es como estudiar cualquier otro libro, quizás hay momentos en los cuales estamos preparados para leer tal o cual parte del texto mientras que no lo estamos para leer otra más. Nos adentramos al texto como Sherlock Holmes en la escena del crimen, buscamos huellas, indagamos con los involucrados, dejamos a nuestra mente enlazar las evidencias que tenemos a mano para poder, al final de nuestro proceso, llegar a una conclusión.

Estudiar la Biblia es ir a un mundo desconocido, explorar una cultura extraña, desvelar misterios encubiertos y sacar a la luz un tesoro espiritual oculto en las profundidades del terreno cultural de la palestina antigua.

Estudiar la Biblia nos permite comprender no sólo las Palabras de Dios, sino aún las inquietudes que han afligido a los hombres a lo largo de miles de años. Quizás, una de las partes más apasionantes del estudio de la Biblia sea el poder identificarnos con las preguntas desafiantes de Job, con la indignación perturbadora de Habacuc o con la tristeza agónica de Jeremías. Cada uno de ellos trae a colación una pregunta, un interrogante que quiere plantearlo delante de Dios: Porqué el sufrimiento del justo, en quien confiar cuando todas las certezas se han ido o cómo escapar de la seducción que provoca sobre el ser humano la pregunta por lo trascendente (me sedujiste, Señor y me dejé seducir).

Estudiar la Biblia nos permite adentrarnos, no sólo en el plan de Dios sino en la mente y el corazón humanos, nos permiten conocer nuestra propia angustia, nuestro propio dolor y, más aún, la esperanza que yace dormida en el corazón de todos los hombres que, como semilla de Cristo, se halla presente en todos esperando a poder germinar.

Estudiar la Biblia es un hermoso cuando va de la mano la pasión por el texto, el desafiante deseo de llegar hasta las entrañas de nuestra propia existencia de nuestro sentido vida.

Estudia la Biblia pues en ella hay palabras de vida eterna…