Algunos consejos para cada día

Algunos consejos que hemos podido encontrar en el texto bíblico y que nos parecen un verdadero manantial de sabiduría para el día a día. Esperamos los puedan aprovechar.

 

Sabiduría

Lo primero y más importante de todo, busca la sabiduría. No deseches ninguna oportunidad para aprender, ya de los errores como de los aciertos. Cada circunstancia que debas afrontar es un cúmulo de lecciones por aprender. No las desaproveches y podrás ver como tu caminar se fortalece cada día. Dice Proverbios 3:13 que la felicidad consiste precisamente en buscar sabiduría e inteligencia. Aprende a ser dichoso aferrándote a la sabiduría.

Hay muchas personas que dejan de lado la sabiduría y piensan que pasar de largo por la vida entre bromas, chistes e ironías es lo mejor. El texto bíblico advierte que esta es la forma de gastar el tiempo del necio. El sabio adquiere sabiduría mientras el necio se deleita en bromas y mofas cada día (Cf. Proverbios 10:23).

La diligencia

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Si hay algo que nos enseña la sabiduría antes que nada es la diligencia. Se trata de esa presteza, esa vivacidad para hacer las cosas. El hombre diligente no espera una orden, no espera ser observado para trabajar con tesón. Lo hace siempre porque ese es su estilo de vida. Mientras otros se dedican a reclamar, a protestar, a encontrar excusas para no trabajar, el hombre sabio, con diligencia edifica su futuro. Seamos diligentes en todo lo que emprendamos para que de esta manera podamos ser bendecidos por nuestro Dios. Recuerda que si bien la Biblia habla de prosperidad, cuando estas promesas aparecen, lo hacen a lado de advertencias contra la pereza y a favor de la diligencia.

De hecho, dice Proverbios 22:29 que los hombres diligentes por su calidad de trabajo consiguen buenos puestos mientras que los negligentes por su ociosidad poco a poco van perdiendo puestos hasta quedarse sin nada. Proverbios 22:29

Proverbios 10:5 nos habla de aquel que no sabe mirar los tiempos, de aquel a quien le da igual el tiempo del trabajo como el de descanso pues siempre se la pasa en el ocio.

El que es precavido
guarda comida durante el verano;
el que duerme durante la cosecha
termina en la vergüenza.

El ocioso termina siempre mal, mientras que el diligente consigue lo que quiere y mucho más.

El ocioso y el despilfarrador

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También nos advierte la Palabra de Dios que ser ocioso es tan vergonzoso como ser despilfarrador. El último pierde el dinero por que lo gasta sin freno mientras que el segundo pierde el dinero porque pierde el tiempo que podría dedicar al trabajo. (Cf. Proverbios 18:9) Consideremos el trabajo, no como un castigo sino como una bendición de Dios.

También nos advierte la Palabra de Dios respecto de la necedad de ser despilfarradores. A la larga, quienes no saben administrar sus recursos, no importa cuánto ganen, quedarán en la miseria. Por su parte el que sabe administrar sus recursos, no importa cuánto gane, paulatinamente irá acumulando riquezas. (Cf. Proverbios 21:20)

El deshonesto.

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Cuando de adquirir recursos se trata, hay quienes piensan que la mejor manera de obtenerlos es por medio pequeñas jugarretas o trampillas. Vendiendo a costos altos productos de mala calidad, aceptando sobornos, etc. Lo cierto es que el pan obtenido de esa manera sabe bien en el paladar, pero es como una piedra en el vientre (Proverbios 20:17). Tarde o temprano, las trampas hechas vuelven a reclamarnos. Tarde o temprano lo hecho sale a la luz y entonces no hay cómo evadirnos de las consecuencias. Es mejor aceptar el pan honestamente adquirido y sabiamente administrado.

El que no controla su carácter.

La peor decisión que uno puede tomar es aquella que se la toma con las iras. Siempre uno termina decidiendo mal cuando a dejado que la rabia decida por nosotros. Debemos aprender a controlar nuestro carácter y no ser dominados por él. Debemos ser sabios y optar por no tomar decisiones mientras estamos aún con iras. Preferible es esperar a que se nos pase el malestar para entonces tomar las decisiones correctas. Proverbios 14:17 nos dice que el que se enoja hace tonterías y Proverbios 29:22 nos dice que el que fácil se enoja comete muchos errores. Dos ocasiones repite casi lo mismo. La razón es que es muy común cometer este error. Mejor dominar nuestro carácter que ser dominados por nuestras iras. El que no sabe dominar su carácter, dice Proverbios 25:28 es como una ciudad que no tiene ninguna defensa. Queda a merced de todos pues no sabe actuar de manera razonada. Cualquier cosa que en aquel momento le propongan para satisfacer su sed de venganza será bienvenida aunque luego vengan los arrepentimientos.

 

Esperamos sean de bendición estas recomendaciones bíblicas y las podamos poner en práctica cada día.

Saludos.

 

MANSEDUMBRE

Una de las virtudes que se menciona en Gálatas 5:22-23 es la mansedumbre. El hecho de que el Espíritu Santo se halle morando en nosotros debe manifestarse, dice este texto, en el hecho de que seamos mansos. Sin embargo, en muchas ocasiones, confundimos la mansedumbre con la pasividad y la apatía. Vemos en el Antiguo Testamento que Moisés es catalogado como el hombre más manso de la tierra (Número 12:3). En el Nuevo Testamento Jesús se toma a sí mismo como ejemplo de mansedumbre al decir en Mateo 11:29 Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón.

No obstante sigue siendo para nosotros un concepto un tanto confuso este de la mansedumbre pues, de hecho, vemos que Jesús, al igual que Moisés, se airaron en varias ocasiones y reclamaron en muchas más. Si la mansedumbre es callar frente a la injusticia y no protestar frente a la ofensa, entonces tanto Jesús como Moisés fallaron en este aspecto.

Hay tres textos bíblicos que nos pueden dar un poco más de luz sobre este aspecto:

  • Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.Gálatas 6:1
  • Debes corregir con mansedumbre a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él. 2 Timoteo 2:25
  • ¿Qué queréis? ¿Iré a vosotros con vara, o con amor y espíritu de mansedumbre? 1ra Corintios 4:21

En los tres casos vemos que se trata el tema de la reprensión y en los tres casos se manifiesta que la actitud de quien reprende puede ser de mansedumbre. Entonces, la mansedumbre y la reprensión no se hallan divorciados. En el último caso (1 Cor 4:21) Pablo advierte que su reprensión será o con vara o con mansedumbre, pero no se niega la reprensión que debe ser dada a los creyentes de la iglesia.

Así pues, debemos admitir que la idea que muchas veces nos hacemos de la mansedumbre no es del todo correcta. Aristóteles había indagado varios siglos antes acerca de las virtudes en una de sus obras y conviene en que la mansedumbre es el justo medio entre la irascibilidad y la indiferencia. La persona que sabe dominar su ira pero no de tal modo que cae en la pasividad absoluta es aquella que ha manifestado mansedumbre.

La mansedumbre se manifiesta, pues, como el dominio de la persona sobre la ira. La persona mansa controla su enojo de tal manera que sabe apropiadamente cuándo airarse, contra quién airarse y hasta qué punto airarse. Una persona que no sabe dominar su cólera simplemente se enoja por las razones menos adecuadas, se desquita contra las personas menos apropiadas y guarda un resentimiento permanente que estalla ante cualquier detonante emocional.

La persona pasiva, por el contrario, le da igual lo justo que lo injusto así como lo verdadero o lo falso. Le tiene sin cuidado el pecado y la maldad que a su alrededor puedan estar suscitándose. Simplemente ha optado por no sentir, o aparentar que no siente. Esto es tan peligroso como el dejar a nuestra rabia suelta.

La ira debe ser controlada, ese es el mensaje de la Biblia, no eliminada. De hecho, podemos recordar que Pablo también dice: airaos pero no pequéis (Ef. 4:26). Si meditamos un poco más en la vida de Jesús, vemos que, si bien se enojó, supo controlar su ira. Su reprensión era dura en ocasiones, pero su espíritu jamás perdió el control de la ira que sentía.

Es posible que algunos piensen que la pasividad está justificada por Mateo 5:38-39.

  • Oísteis que fue dicho: “Ojo por ojo y diente por diente.” Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra…

Sin embargo, debemos notar que este texto no habla de la ira sino de la venganza. Toma Jesús, como base para su proposición la antigua ley del talión que servía como un medio para frenar la venganza excesiva que se solía dar en los pueblo antiguos. En lugar de permitir que una persona, llevada por la venganza, acabase con la familia de su enemigo, se le limitaba a exigir sólo aquello que había perdido: ojo por ojo, diente por diente.

Ahora Jesús manifiesta que nosotros como creyentes no debemos exigir la otra mejilla por la mejilla que nos ha sido abofeteada -como sería lo lógico según la ley del Talión- sino que por el contrario, deberíamos estar dispuestos a darla nosotros en lugar de exigirla del prójimo. Lo que pretende Jesús con este juego de palabras es advertirnos de que, como creyentes, no podemos ni debemos exigir venganza o desquite por algún mal que hemos recibido. De hecho la traducción lenguaje actual ya nos da más pistas cuando traduce, en lugar de “no resistáis al que es malo” por “no traten de vengarse”.

La actitud que quiere corregir Jesús en el texto es la venganza más que el reclamo o la molestia por el ultraje recibido y por ello les pide a sus discípulos que estén más dispuestos a dar su otra mejilla antes que a reclamar la del prójimo como venganza.

De hecho, en Juan 18:22-23 vemos que la reacción de Jesús ante una bofetada fue muy distinta de la de ofrecer la otra. Dice el texto:

  • Cuando Jesús dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada, diciendo: —¿Así respondes al sumo sacerdote? Jesús le respondió: —Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; pero si bien, ¿por qué me golpeas?

Jesús no calla ante el ultraje, exige una justificación por el mismo, más no venganza o desquite por lo que le han hecho. Jesús controla su ira aunque no por ello deja de exponer su reclamo. Muchos creyentes fallan en esta área de su vida. En lugar de controlar su ira, dejan que esta sea la que rija sus destinos. El futuro que nos espera cuando no somos dueños de nuestras pasiones es el fracaso.

Algunos grandes pensadores de la historia han visto lo nocivo que puede ser la ira descontrolada. Veamos algunos ejemplos:

  • La cólera es una ráfaga de viento que apaga la lámpara de la inteligencia. Robert Green Ingersoll
  • La ira altera la visión, envenena la sangre: es la causa de enfermedades y de decisiones que conducen al desastre. Florence Scovel
  • La ira, si no es refrenada, es frecuentemente más dañina para nosotros que el daño que nos han provocado. Séneca

En muchos casos la razón por la que no somos capaces de controlar nuestra ira es porque esta ya está desbocada. Le hemos permitido hacer y deshacer en nuestra vida como ella ha querido y ahora no sabemos cómo tomar decisiones sin ella. Es por esto que Dios nos ofrece su Espíritu para que podamos, por medio de él controlar nuestros impulsos negativos. Seamos mansos, dominemos nuestra ira y recordemos que quienes saben hacerlo recibirán la tierra por heredad (Mateo 5:5).

Bendiciones