¿Leer o ver televisión?

Hace varios meses la revista Vistazo publicó un artículo donde mostraba la pobre cultura literaria de nuestro país (Ecuador). “El ecuatoriano -decía-, en promedio, lee tres horas a la semana. Muy poco si se toma en cuenta que ve televisión 10 horas y escucha radio seis horas, en el mismo tiempo”. Es una triste realidad que cobra factura cuando vemos los niveles de desarrollo de nuestro país.

México tiene una media de lectura de 1,2 libros por año y es común encontrar en la web, estudios y páginas que llaman la atención sobre este hecho “vergonzoso”[1]. Pero si consideramos la situación de nuestro país, vemos que “el promedio de lectura de los ecuatorianos es apenas de medio libro al año, según datos actuales de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco)”[2]. La misma organización (Unesco) “recomienda la lectura de por lo menos cuatro [libros] para garantizar cierto desarrollo de la sociedad en la cultura”[3]. Así pues, si bien no es la única razón, es una de las más importantes del lento desarrollo de nuestra nación.

El mínimo interés en la lectura enfocada en temas científicos o culturales disminuye drásticamente el nivel cultural e intelectual de nuestro país[4]. Esto, a su vez limita las posibilidades del desarrollo económico. Salvando las obligaciones académicas, muchos ecuatorianos simplemente no leen.

Según una encuesta realizada por el CONSEP en el 2005 acerca del uso del tiempo libre entre jóvenes de 12 a 17 años, casi la mitad (47,7%) dedica su tiempo libre a mirar televisión. Mientras tanto, sólo un 7,5% dedica su tiempo libre a la lectura o a la escritura[5].

Se ha hablado de que nuestro sistema educativo no propicia el amor a la lectura y quizás sea importante recordarlo. De hecho, si quienes instruyen no leen, en poco o nada pueden promover la lectura entre los alumnos. Pero además, el alto costo de los libros aminora ese “amor” en muchos de los casos. Finalmente, las limitaciones en lo referente a la presencia de bibliotecas en los barrios hacen aun mayor dicho problema.

De todos modos, las anteriores pueden no ser si no excusas personales para no dedicar nuestro tiempo a la lectura. Si bien la falta de preocupación por la lectura es un mal nacional, esto no implica que con ello podamos calmar nuestras conciencias. El hábito de leer buena literatura es algo que poco a poco se puede ir ejercitando y que en definitiva terminará beneficiándonos particularmente.

Caso contrario y según los datos mencionados (según la revista Vistazo y según la encuesta del CONSEP) quienes nos están formando son los canales de televisión. En el primer caso, nuestro razonamiento se ve modelado en periodo de tiempo casi tres veces mayor por la televisión que por la lectura. Es más, de acuerdo a diversos estudios, la exposición continua a la televisión reduce la capacidad de interacción social, disminuye la agilidad mental así como la memoria y la atención[6].

Es mejor invertir esas diez horas semanales de televisión en la lectura pues entrega mejores beneficios a largo plazo.

A continuación tienen un video muy adecuado respecto al tema de la televisión. Verán algunas frases subidas de tono, pero en general, me ha parecido muy adecuado.


[3] Raymundo León: op. cit.

[4] Evidentemente, existen grupos sociales con mayor preocupación por la cultura y las ciencias, pero a nivel general, la pobreza en estos ámbitos es clara.

[5] SIISE 2010

Cómo desarrollar una mente Cristiana

El día de hoy, 27 de Julio de 2011, ha fallecido en Inglaterra uno de los más importantes pensadores cristianos de la actualidad: John Stott. Con 90 años de de edad y una basta producción bibliográfica, este hombre supo orientar adecuadamente a la iglesia de Cristo en tiempos de crisis como lo fueron los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI. Como un homenaje a este siervo de Dios, presentamos a continuación una reflexión que apareció en la revista ANDAMIO, Volumen III, en 1996.

«No seáis como el caballo, ni como el mulo, sin entendimiento» (Sal 32.9); en otras palabras: «No esperen que yo los guíe en la forma en que ustedes guían a los caballos o a las mulas, porque ustedes no son ni lo uno ni lo otro. Tienen entendimiento». Estaban dos mujeres conversando en el supermercado y una le dijo a la otra: «¿Qué es lo que te pasa? Pareces muy preocupada». «Lo estoy, me preocupa la situación en el mundo», contestó su amiga. «Tienes que tomar las cosas más filosóficamente y dejar de pensar», respondió la primera mujer. Curiosa idea esta de que para ser más filosóficos hay que dejar de pensar. Sin embargo, estas dos mujeres estaban reflejando la forma de pensar del mundo actual. El mundo moderno ha dado a luz a dos gemelos terribles: uno se llama falta de inteligencia y el otro carencia de sentido. En contraste con esta tendencia vemos lo que dice la Escritura: «Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar» (1 Co. 14:20). Notemos que Pablo por un lado les prohibe que sean niños, y por otro les manda que lo sean, pero en diferentes esferas. En lo que se refiere a la malicia, les dice que deben ser tan inocentes como niños pequeños, pero en su manera de pensar tienen que ser personas maduras. La importancia de la mente El uso correcto de nuestra mente produce tres beneficios. En primer lugar, glorificar a nuestro Creador. Siendo nuestro Creador un Dios racional que nos hizo seres racionales a su imagen y semejanza, y habiéndonos dado en la naturaleza y en las Escrituras una revelación racional, espera que usemos nuestra mente para estudiar su revelación. Al estudiar el universo y leer las Escrituras estamos pensando los pensamientos de Dios como él quiere. Por esto, un uso correcto de nuestra mente glorifica a nuestro Creador. En segundo lugar, enriquece nuestra vida cristiana. No estoy hablando de la educación, la cultura y el arte, que enriquecen la calidad de nuestra vida humana; estoy hablando de nuestro discipulado cristiano. Ningún área del discipulado es posible sin el uso de nuestra mente. Alabar es amar a Dios con todo nuestro ser, incluso con nuestra mente. La fe es una confianza razonable y otro ejemplo de la manera en que Dios nos guía. En tercer lugar, fortalece nuestro testimonio evangelizador. Con frecuencia nos preguntamos: ¿Por qué unos no aceptan a Jesucristo? Podríamos dar muchas razones, pero hay una acerca de la cual no pensamos lo suficiente: ellos perciben que nuestro evangelio es trivial, no les parece suficientemente amplio como para relacionarse con la vida real. Tenemos que recordar cómo evangelizaban los apóstoles, de qué forma razonaban con la gente, y que basándose en las Escrituras muchos fueron persuadidos. De hecho, Pablo define su ministerio diciendo: «Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres» (2 Co 5.11). Utilizar argumentos en nuestra evangelización no es incompatible con la fe en la obra del Espíritu. El Espíritu Santo no hace que la gente llegue a Jesucristo a pesar de las evidencias, sino que atrae a las personas a Cristo por medio de éstas, cuando Él abre sus mentes para que las tengan en cuenta. Pablo puso su confianza en el poder del Espíritu Santo, pero no por eso dejó de pensar y argumentar. El antiintelectualismo es algo negativo y destructivo, insulta a nuestro Creador, empobrece nuestra vida cristiana y debilita nuestro testimonio; el uso adecuado de la mente glorifica a Dios, nos enriquece y fortalece nuestro testimonio en el mundo. La mente cristiana Empezaremos por definir el término. En primer lugar, se trata de la mente de un cristiano. Nuestra mente ha sido manchada por la caída, también nuestras emociones, nuestra voluntad, nuestra sexualidad. Pero cuando vamos a Jesucristo nuestra mente comienza a ser renovada. El Espíritu Santo nos abre la mente para que veamos cosas que nunca antes habíamos visto. Por lo tanto, la mente cristiana no es una mente que está pensando sólo en asuntos religiosos, sino que es una mente que está pensando aun hasta en las cosas más seculares ¡pero desde una perspectiva cristiana! La mente cristiana busca la voluntad de Dios en el hogar y en el trabajo, en nuestra comunidad, en cuestiones de ética social y de política. Una mente cristiana es una forma de pensar, es una manera cristiana de mirar todas las cosas, su perspectiva cristiana ha sido renovada por el Espíritu Santo. Es una mente bíblica, porque está moldeada por presuposiciones bíblicas. Los fundamentos del pensar cristiano 1) La realidad de Dios La mente cristiana reconoce a Dios como la realidad suprema dentro y más allá de todo fenómeno. La realidad del Dios viviente y el hecho de que la Biblia se centre en Dios son indispensables para la mente humana. La Biblia es un libro hecho por Dios acerca de Él mismo. Hasta se podría decir que es la autobiografía de Dios. Dios se revela a sí mismo a través de las Escrituras. Se describe como Creador y Señor, como Redentor, Padre y Juez. Por lo tanto, la mente cristiana es una mente centrada en Dios. Permítanme ahora pensar en dos implicaciones de esta verdad. En primer lugar el significado de la sabiduría. La sabiduría es un tema prominente en la Biblia. Creo que todos quisiéramos tener la reputación de ser sabios. El Antiguo Testamento contiene, además de la Ley y los profetas, una tercera sección llamada de literatura sapiencial que consta de cinco libros: Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantares. El rey David y el rey Salomón vivieron muchos, muchos años, con muchas, muchas concubinas y muchas, muchas esposas; pero cuando llegaron a la vejez, con muchos remordimientos, el rey Salomón escribió los Proverbios y el rey David los Salmos. Estos cinco libros de sabiduría tratan los siguientes temas: ¿Qué significa ser un ser humano? ¿Cómo es que el sufrimiento, el mal y el amor forman parte de nuestra humanidad? Eclesiastés, por ejemplo, es muy conocido por su estribillo pesimista: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad» (1:2), o «sin sentido, sin sentido, todo es sin sentido». Este libro demuestra lo absurda que es una vida sin Dios. Es la falta de sentido de la vida humana que, por lo tanto, ignora la realidad de Dios. Si la vida se reduce al pequeño período de 70 años, con todo el sufrimiento y la injusticia que se obtiene, y si para todos termina de la misma manera, entonces «sin sentido, sin sentido, todo es sin sentido». Sólo Dios le puede dar sentido a la vida. Puede convertir la locura humana en sabiduría. Sin Dios, no hay más que locura y futilidad. Ésta es la tragedia del vacío espiritual del mundo hoy en día, y de ahí viene el rechazo del secularismo por parte de la mente cristiana. El secularismo niega la realidad de Dios y, por lo tanto, destruye la auténtica humanidad. No solamente destrona a Dios, sino que también reduce el potencial del ser humano a menos de lo que es su potencial. El ser humano sin Dios ya no es humano. La segunda implicación de la realidad de Dios es la preeminencia de la humanidad. La mente cristiana es una mente centrada en Dios y, por lo tanto, también una mente humilde, debido al carácter teocéntrico de la Biblia. De acuerdo a la Biblia, nada es tan vulgar como el orgullo y nada tan atractivo y hermoso como la humildad que nos hace inclinarnos ante el Dios viviente y recordar que Dios es Dios. La historia de Nabucodonosor (Daniel 3–5) es una gran advertencia para nosotros. Paseaba por el palacio real en Babilonia y hablaba consigo mismo: «¿No es esta la gran Babilonia que yo he construido con mi poder y para la gloria de mi majestad?» Notemos que él pedía para sí mismo el poder, el reino y la gloria, exactamente la antítesis de la doxología; y no debe sorprendernos que mientras estas palabras salían de sus labios, el juicio de Dios cayó sobre él. Fue privado de su reino y echado del palacio. Vivió con los animales y comió con ellos. Su cabello creció como las plumas de las águilas y sus uñas como garras de aves. En otras palabras, enloqueció; y solamente cuando reconoció que el Dios altísimo reinaba sobre los reinos de los seres humanos, y elevó su mirada en adoración humilde frente a Dios, se le restituyeron su razón y su reino. La moraleja es: a aquellos que andan con orgullo, Dios los humilla. El orgullo y la locura van de la mano, y asimismo la humildad y la razón. En ningún punto choca tan fuerte la mente cristiana con la mente secular como en esta insistencia en la humildad. La mente secular desprecia la humildad, las grandes religiones tampoco la recomiendan, y nuestra cultura está dominada más de lo que pensamos por la filosofía del poder de Nietzsche, quien escribió acerca del surgimiento de lo que él consideraba una raza que tuviese el coraje de dominar, que fuese ruda, brava. De manera que su ideal era el superhombre, mientras que el ideal de Jesús es el niño, y no hay posibilidad de compromiso entre esos dos ideales. Tenemos que escoger. La realidad de Dios le da a la mente cristiana su perspectiva primera y esencial. La mente cristiana rehusa honrar cualquier cosa que deshonre a Dios. Aprendamos a evaluarlo todo basándonos en este criterio: da gloria a Dios, o toma de la gloria de Dios. Esta es la elección, y explica por qué la sabiduría es el temor de Dios y por qué la humildad es la virtud más grande. 2) La paradoja del ser humano ¿Cómo responde la Biblia a su propia pregunta? ¿Qué es el hombre? ¿Qué significa ser hombre? Enseña por un lado que el ser humano tiene una dignidad única como criatura hecha a la imagen de Dios, pero por otro lado enseña que el ser humano también tiene una depravación única como pecador que está bajo el juicio de Dios. Su dignidad nos da esperanza, pero su depravación pone límites a nuestras expectativas. Así que tenemos que mantener ambas juntas, y es aquí donde encontramos la crítica cristiana a mucha de la filosofía política moderna. O son demasiado ingenuas en su optimismo acerca del ser humano, o demasiado negativas en su pesimismo. Solo la Biblia mantiene el equilibrio. En primer lugar vamos a referirnos al optimismo de los humanistas. Es verdad que se refieren al hombre como nada más que el resultado de un ciego proceso de evolución pero, sin embargo, tienen una tremenda confianza en el potencial de evolución que tiene el ser humano. Creen que el ser humano va a poder tomar su historia en sus manos y hacer él mismo, y aun su propia evolución. Esto es muy optimista y no toma en consideración el egoísmo torcido de éste. En segundo lugar, los existencialistas —que tienden a ir al extremo opuesto— son gente llena de pesimismo y aun de desesperación, porque dicen que no hay Dios, que no hay valores. Nada tiene sentido. Todo es absurdo. Esa conclusión es lógica si niegan la existencia de Dios. El escritor norteamericano Mark Twain, que era un humorista pesimista, dijo: «Si pudieras hacer un cruce entre un gato y un hombre, mejorarías al hombre y empeorarías al gato». Este pesimismo no toma en cuenta el amor, la belleza, la hermosura, el heroísmo y el sacrificio propio que han adornado la historia humana. Tenemos que evitar ambos extremos: el optimista y el pesimista. La tercera opción es el realismo bíblico. De acuerdo a la Biblia el ser humano es una extraña y sorprendente paradoja: es capaz de la más alta nobleza, pero también de las crueldades más bajas. Puede comportarse como Dios, a cuya imagen fue hecho, pero también puede comportarse como las bestias de las cuales tenía que ser diferente. El hombre puede pensar, escoger, crear, amar, adorar; pero también puede codiciar, pelear, odiar y matar. El ser humano es el que ha inventado los hospitales donde se cuida a los enfermos, las universidades donde se adquiere sabiduría y los templos donde se alaba a Dios; pero también ha inventado cámaras de tortura, campos de concentración y bombas de hidrógeno. La mente cristiana recuerda la paradoja del ser humano. Somos nobles pero innobles, sabios pero tontos, racionales e irracionales, morales y al mismo tiempo inmorales, y esto cada uno de nosotros los sabemos. Vamos a aplicar esta paradoja del ser humano a una serie de situaciones. En primer lugar veremos la cuestión de la autoestima. Todos conocemos la gran importancia de la salud mental, de saber quiénes somos. Algunas personas tienen un punto de vista muy exagerado con respecto a su importancia, son gente orgullosa. Pero otros tienen una autoimagen muy baja, creen que no sirven para nada, tienen paralizantes complejos de inferioridad que se acentúan muchas veces debido a ciertas enseñanzas cristianas, y nunca ven la dignidad de ser un ser humano creado a la imagen de Dios. La imagen de nosotros mismos tiene su origen en el hecho de que hemos sido creados a imagen de Dios. Sin embargo, el ser humano también es producto de la caída, y es por eso que Jesús nos llama tanto a la negación como a la afirmación de nosotros mismos. Lo que somos se debe en parte a la creación y en parte a la caída. Hay cosas que debo negar y repudiar, pero todo lo que soy por la creación y aun por la redención en Cristo no lo niego, sino lo afirmo. Eso presupone la comprensión de la doctrina bíblica del hombre. Ahora pasemos a los procesos democráticos. Todos sabemos que la democracia tiene como meta ser un gobierno del pueblo y para el pueblo; y cualquiera que sea nuestro color político, la mayor parte de los cristianos la aprecian, quieren estar al lado de la democracia, porque es la forma más segura de gobierno jamás inventada y refleja la paradoja del ser humano. Toma seriamente la creación, la dignidad de los seres humanos, ya que se rehusa gobernarlos sin su consentimiento. Les da a los seres humanos participación en la toma de decisiones. Trata a los seres humanos como adultos responsables. Por otra parte, la democracia también toma en cuenta la caída, porque rehusa concentrar el poder en las manos de unos pocos. La democracia reparte el poder y así protege a los seres humanos de ellos mismos y de su locura. Esta es la forma en que Reinhold Niebuhr lo resumió: «La capacidad del hombre para la justicia hace que la democracia sea posible, pero la tendencia del hombre hacia la injusticia hace que sea necesaria». Concluyo refiriéndome al progreso social. ¿Es posible que haya progreso social en el mundo de hoy? ¿Puede el mundo ser un lugar mejor? Algunas personas tienen una tremenda confianza en la acción social. Sueñan con crear una utopía y se olvidan del incorregible egoísmo del ser humano. Otras van al extremo opuesto, son tan pesimistas que dicen que es imposible cambiar la sociedad y que no vale la pena intentarlo, pero se olvidan de que los seres humanos aún conservan algo de la imagen de Dios y que aun aquellos que no son regenerados pueden tener una visión de una sociedad justa, pacífica. Casi todo ser humano, regenerado o no regenerado, prefiere la paz a la guerra, la justicia a la opresión y el orden al caos. Así que en cierta medida es posible el progreso social. Creo que tiene un cierto grado de equilibrio afirmar lo siguiente: «Es imposible perfeccionar la sociedad, pero es perfectamente posible mejorarla». Veamos cómo Pablo nos recuerda la paradoja del ser humano: «Porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera» (1 Ts. 1:9-10). Por un lado, el ser humano debería convertirse a Dios y ponerse a su servicio y al del prójimo; en consecuencia contará con la ayuda de la presencia y el poder de Dios para cambiar y mejorar su mundo. Pero por otro lado, no logrará perfeccionar su mundo, porque la maldad humana seguirá operando y será juzgada y eliminada por el Señor Jesucristo en su venida. Así que, servimos al Dios viviente haciendo buenas obras y procurando cambiar y mejorar la sociedad, mientras esperamos la perfección y el juicio final que traerá Jesucristo en su venida. En resumen, debemos recordar nuestro llamado como cristianos al «doble-escuchar». Es decir, la mente cristiana estará atenta a la revelación de Dios para tener una perspectiva realista y teocéntrica de la vida, y estará atenta al mundo para poder actuar concretamente en la historia, haciendo el bien y combatiendo el mal. Una mente cristiana no se ocupa solamente de Dios sin reconocer e involucrarse en la realidad humana, no es escapista. Una mente cristiana tampoco se fija solamente en el mundo de los seres humanos, ni trata de interpretarlos y cambiarlos a partir de una perspectiva y recursos netamente humanos. No es ni optimista sin fundamento, ni pesimista sin esperanza. La mente cristiana tiene que escuchar a Dios y al mundo que la rodea. Esta tarea de formar una mente cristiana que escucha a Dios y al mundo no es tarea de cristianos solitarios. Es más bien una tarea que requiere de una comunidad cristiana en conjunto. La Iglesia ha de ser, en la práctica, una «comunidad hermenéutica». Parte de la tarea de la Iglesia es escuchar la Palabra de Dios juntos para descubrir la mente de Dios, y la realidad actual para entender lo que está sucediendo. Es en este «doble-escuchar» a la Palabra y al mundo, y en compañía e interacción con otros miembros de la Iglesia de Dios, que se va desarrollando una mente cristiana. Que Dios nos conceda gracia para esforzarnos en pensar como cristianos.

Tomado de: http://www.iglesiareformada.com/Stott_Desarrollar_Mente.html

Un libro que cambió el rumbo de la historia

Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (II Timoteo 3:14-17)

Introducción

En una Biblia que siempre andaba a llevar, Gabriela Mistral escribió las siguientes líneas:

Libro mío, libro en cualquier tiempo y en cualquier hora, bueno y amigo para mi corazón, fuerte, poderoso compañero. Tú me has enseñado la fuerte belleza y el sencillo candor, la verdad sencilla y terrible en breves cantos. Mis mejores compañeros no han sido gentes de mi tiempo, han sido los que tú me diste: David, Ruth, Job, Raquel, y María. Con los míos éstos son toda mi gente, los que rondan en mi corazón y en mis oraciones, los que me ayudan a amar y a bien padecer. Aventando los tiempos entre vosotros, soy vuestra como uno de los que labraron, padecieron y vivieron vuestro tiempo y vuestra luz.

Te amo todo, desde el nardo de la parábola hasta el adjetivo crudo de Los Números

En frases que nacen del corazón de una poetisa, surge el testimonio sincero de una mujer que halló confort y sosiego en las páginas de la Biblia.

De igual manera hallamos confianza y seguridad en el Libro de Dios en un escritor como Walter Scott. De él se cuenta que cuando estaba para morir, pidió “El Libro”. Uno de los miembros de la familia, pensando que el moribundo se refería a alguno de los muchos volúmenes que había escrito y que guardaba en su biblioteca, preguntó: –¿Cuál libro? Entonces Sir Walter Scott dijo: No hay sino un Libro para un momento como este: Ese libro es la BIBLIA.

Qué hay en este libro que lo hace tan atractivo para estos dos escritores tan aclamados. Qué hizo que éste último lo anhelara con tanto fervor en momentos en que la muerte se acercaba.

De igual manera el apóstol Pablo, cuando ve que su muerte es inminente escribe a Timoteo pidiéndole que por favor le traiga un capote, que seguramente le serviría para el frío invierno en prisión y unos libros y pergaminos, que no son sino algunos fragmentos de la Biblia.  Nada quiere sino la Biblia para sus últimos momentos.

Martín Lutero, confrontado contra el poder del Emperador Carlos V y con una sentencia de muerte sobre él, reta al Imperio diciendo: “Mi conciencia es prisionera de la Palabra de Dios…” Qué halló Lutero en aquel libro para que pusiera en juego su vida para defenderla.

Qué hace que la Biblia sea el libro más vendido de la historia con más de 6 mil millones de ejemplares.

Quizás algunos hayan descubierto lo que Charles Dickens sobre el Nuevo Testamento es decir, que era el mejor libro que el mundo ha conocido o conocerá. Quizás algún otro esté de acuerdo con la capacidad que tiene este libro de transformar las vidas de las personas que lo han leído. William Gladstone, primer ministro de Inglaterra en cuatro ocasiones dijo en este sentido: He conocido noventa y cinco grandes hombres en mi vida, y de ellos, ochenta y siete eran seguidores de la Biblia. O como Thomas Jefferson, pensarán muchos que “el estudio de la Biblia hará mejores ciudadanos, mejores padres y mejores esposos.” Y estos mismos asentirán a las palabras de George Washington quien dijo: “Es imposible gobernar rectamente al mundo sin Dios y sin la Biblia

Es imposible gobernar rectamente al mundo sin Dios y sin la Biblia

Sin embargo, sigue latente la pregunta: ¿qué hay en ella que la hace tan grandiosa para nosotros? ¿Qué tiene la Biblia que es capaz de formar hombres y mujeres con las virtudes que conocieron Thomas Jefferson o William Gladstone?

El texto bíblico de II Timoteo 3:15-17 nos da una luz respecto a este contenido tan especial de aquel libro. Es necesario pues que indaguemos sobre su propósito y tema central.

I.              Tiempos de Crisis

Antes de tratar de lleno respecto de la importancia de las Sagradas Escrituras, Pablo nos advierte sobre la realidad del mundo en que estamos viviendo. Nuestros tiempos son peligrosos, nos dice el apóstol.  Son peligrosos cuando se trata de mantener en firme nuestra fe. Los postreros días a los que hace referencia Pablo son los que nos hallamos viviendo desde la venida de Cristo. Hay tiempos en los cuales ser creyente es difícil debido a la persecución, sin embargo, hay momentos en los cuales ser creyentes es aún más duro debido a que el mundo, de manera sutil, intenta entrar en la iglesia y guiar a los creyentes hacia sus propios objetivos. Hoy en día nos hallamos ante esos peligros. Hoy en día hallamos cierta libertad para profesar nuestra fe en Cristo, sin embargo, vemos que muchos son creyentes nominales. Se deja de lado la fidelidad a Dios y se busca simplemente la mejor relación costo-beneficio entre la iglesia y el creyente. Lo que alaba el mundo, como por ejemplo la avaricia es vista con buenos ojos entre ciertos creyentes que santifican su pecado diciendo que se trata de la aceptación de las promesas de Dios. La preocupación más fuerte no es el seguimiento al señorío de Cristo sino la búsqueda de ciertas comodidades para alabar a Dios. Ser cristianos sin compromiso alguno con el Señor es no ser cristianos.

Este egoísmo se halla en todas las esferas de la sociedad. Desde los hogares en los cuales cada uno jala para su lado hasta la asistencia a las iglesias ya que lo que determina en muchos casos la elección de una congregación en la cual quedarse no se encuentra mediado por el interés en alimentarse de la sana doctrina sino por: a) un buen grupo de alabanza, b) un predicador ameno, c) una serie de comodidades para mí y mi familia, d) un grupo social con el cual me pueda identificar. Ninguna de estas consideraciones nos abre la posibilidad de establecer una verdadera comunión con Dios. No importa cuán sincera sea nuestra fe, si no se halla adecuadamente cimentada en Cristo, no servirá de nada.

  1. Egoísmo
  2. Religiosidades vacías
  3. Culto al escepticismo

II.            Es inspirada por Dios

Frente a un mundo que corre frenéticamente sin saber su fin, Pablo recuerda el origen divino de la Biblia. Las enseñanza que hallamos en este libro son un soplo de Dios para nuestras vidas. Son una luz en medio de la oscuridad. Son una dirección, un consejo y un aliento para el camino.

III.           Útil para enseñar

Pablo dice en dos ocasiones sucesivas que el objetivo de las Escrituras es el de enseñar. En el verso 16 nos dice que las Escrituras son útiles para enseñar. Sin embargo, el verso 15 es más concreto al explicarnos aquello que las escrituras quieren enseñarnos. Ellas nos hacen sabios para la salvación. Timoteo era pastor, llevaba años siguiendo a Cristo y predicando el evangelio, sin embargo Pablo le insta a seguir meditando en las Sagradas Escrituras debido a que estas lo pueden hacer aún más sabio en cuanto a la salvación. Debemos recordar que nuestra relación personal con Jesucristo inició el momento que lo recibimos en nuestro corazón, sin embargo, el verdadero sello de nuestra salvación es la perseverancia en nuestro andar con Cristo. En el día a día, mientras andamos con Cristo y nos volvemos imitadores suyos, vamos revistiéndonos de aquella salvación que nos ofrece nuestro salvador. La Palabra nos dice que el nos perfeccionará hasta el día de su venida. Si somos discípulos de Cristo, es menester que procuremos ser perfeccionados por aquella palabra que nos ha dejado con este fin.

De hecho, la Palabra no tiene otro fin que el perfeccionamiento de los santos. No busca descubrirnos misterios ocultos sobre el verdadero paradero de Osama Bin Laden ni está puesta para que juguemos a poner fechas al fin del mundo. Se halla allí para enseñarnos aquello que nos sirve para la Salvación, en definitiva nos muestra a Cristo y nos invita a ser imitadores suyos.

IV.           Útil para poner al descubierto nuestro pecado.

Nos permite darnos cuenta de la maldición que pesa sobre cada uno de nosotros. Literalmente, la frase dice para poner al descubierto… Sólo hay una forma de ser verdaderamente libres de las ataduras de nuestros pecados y de la opresión del diablo y esta es descubrir aquellos pecados que se hallan en lo íntimo de nuestro corazón, reconocerlos como ofensa a Dios y confesarlos con un espíritu de arrepentimiento.

Nuestro adversario conoce que la manera más eficaz de mantenernos lejos de Dios es ocultando nuestro pecado. Unos lo hacen porque piensan que es demasiado hermoso para abandonarlo. Vivimos así atados a nuestro pecado y tenemos temor de dejarlo. Somos como Gollum, uno de los personajes del Señor de los Anillos quien se halla atado al anillo que lo oprime, lo desfigura y lo mata, sin embargo, teme deshacerse de él porque cree que lo perderá todo si lo deja.

La Biblia tiene ese poder para descubrir nuestro pecado y de ese modo permitirnos presentar delante de Dios aquella transgresión y de este modo poder ser verdaderamente libres.

V.            Útil para mostrarnos el camino correcto.

La Biblia no solamente nos muestra el error en el que vivíamos sino que además nos muestra cuál es el camino recto por el que debemos seguir. “Una noche oscura en un bosque de Sicilia un bandolero detuvo a un colportor a punta de revólver. Le ordenó que encendiera una hoguera y quemara sus libros. Encendió el fuego y entonces preguntó si podía leer un poco de cada libro antes de arrojarlo a las llamas. Leyó el Salmo 23 para empezar; luego, de otro libro, la parábola del Buen Samaritano; de otro, el Sermón del Monte; de otro, 1 Corintios 13. Al final de cada lectura, el bandolero decía: «Ése es un buen libro; no lo quemaremos; dámelo.» Por último, no se quemó ni un sólo libro; el bandolero dejó al colportor y se internó en la oscuridad con los libros. Años más tarde apareció otra vez en escena aquel mismo bandolero, pero ya no era el mismo. Esta vez era un pastor cristiano, y era a aquella lectura de los libros a lo que atribuía su cambio.”

VI.           Es útil para instruirnos disciplinariamente en la justicia.

La Biblia no está de acuerdo en lo más mínimo con la idea de que la salvación sea un ticket entregado a los creyentes para que lo guarden hasta su muerte y lo presenten al encargado del cielo. Dios nos muestra en su Palabra que su anhelo es que vayamos santificándonos paulatinamente durante nuestra vida. No hacerlo es negar la gracia que nos salvó. Por ello, Dios nos da en la Biblia todo lo necesario para obrar el bien en todo lo que hagamos. Si hacemos lo malo, pecamos dos veces delante de Dios. Primero por haber hecho lo malo y segundo por no haber meditado en la Palabra la cual nos da dirección para no caer.

La Biblia nos enseña que “renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, mientras aguardamos la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo.” Nos permite descubrir el pecado oculto en nuestro corazón, nos muestra el camino correcto a seguir y nos enseña todo lo necesario para vivir en santidad.

Juan Wesley dijo que Juan Fletcher era el hombre más santo que había conocido en Europa y en América; y que lo era porque diariamente se examinaba para saber si su proceder estaba de acuerdo  con los planes de Dios, para lo cual se hacía las siguientes preguntas:

  • ¿Desperté espiritualmente y tuve cuidado de guardar mi mente de pensamientos errantes, cuando me levanté esta mañana?
  • ¿Me he acercado a Dios en oración o he dado lugar a la pereza y a la desidia espiritual?
  • ¿Se ha debilitado mi fe por no haber velado, o ha sido avivada por haberla puesto en actividad hoy?
  • ¿He andado hoy por fe, y he procurado ver a Dios en todas las cosas?
  • ¿Me he negado a mí mismo al usar palabras y al expresar pensamientos poco bondadosos? ¿Me he debilitado espiritualmente al ver que prefieren a otros en mi lugar?
  • ¿He aprovechado mi tiempo precioso, mis fuerzas y mis oportunidades según la luz que Dios me ha dado?
  • ¿He guardado mi corazón en un ambiente de gracia, de modo que haya sacado provecho?
  • ¿Qué he hecho hoy por los cuerpos y por las almas de los santos?
  • ¿He derrochado cualquier cosa por agradarme a mí mismo, cuando podía hacer guardado el dinero para la casa de Dios?
  • ¿He gobernado bien mi lengua, recordando que en la multitud de palabras no falta pecado?
  • ¿En cuántas ocasiones me he negado a mí mismo hoy?
  • ¿Mi vida y mis palabras han honrado el evangelio de Cristo?

Cuáles serían tus respuestas a estas preguntas…

ESCUELA BÍBLICA DE VACACIONES

El día de mañana damos inicio a la escuela bíblica de vacaciones. Hemos bajado el costo a $1 -gracias a las ayudas voluntarias de los hermanos de la iglesia-. Te invitamos a participar.

Horario: De 14h30 a 17h00.

Edades: de 4 a 12 años

 

El dragón del Apocalipsis no es más que un tigre de papel

Aquí les presentamos el estudio realizado en nuestra iglesia esta semana acerca de Apocalipsis 13:11-18, es decir la bestia que surge de la tierra.

La segunda bestia: la que sale de la tierra.

Tanto el relato de la bestia que surge del mar como de aquella que surge de la tierra se hallan literariamente insertas en entre dos textos muy importantes. Por un lado tenemos la visión de la “mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies y sobre su cabeza una corona de doce estrellas” (Ap.12:1), es decir la visión gloriosa de la iglesia exaltada y por el otro, la visón del Cordero exaltado sobre el monte de Sión con los 144.000 que lo alaban (Ap. 14:1ss).

El paréntesis que se abre entre la iglesia que gesta al Mesías –en la figura de José y María- y la victoria que conquistan los santos, es el período de tiempo que comprende el accionar del dragón -en el cielo- y las dos bestias -en el mar y en la tierra-.

La primera pudimos era una imagen simbólica del Imperio romano en representación de todos aquellos imperios y reinos que reciben poder y autoridad de Dios pero con el único propósito de usarlo para hacer injusticias y para perseguir al Pueblo santo. El poder que le fue otorgado al Dragón por parte de Dios, es conferido a su vez a la bestia, la misma que persigue a la iglesia y busca a toda costa impedir que el mensaje de redención sea proclamado.

Ahora, nos enfrentamos con la segunda bestia, la misma que tiene como objetivo exaltar a la primera bestia e impulsar a todos los moradores de la tierra a adorarla.

Es muy probable que esta segunda bestia tenga que ver con una representación de los sacerdotes del imperio romano que se dedicaban en aquellos tiempos a motivar a todos los hombres a adorar al emperador y a ofrecerle sacrificios sólo a él.

De todos modos, aquella segunda bestia, que de aquí en adelante será llamada el falso profeta (16:13; 19:20; 20:10), no tiene sólo como propósito advertir a los creyentes del Asia menor del siglo I d.C. sino también advertirnos a nosotros a ser prudentes pues, aunque hoy en día, no podamos descubrir un imperio romano poderoso que busca eliminar a los cristianos, ni veamos sacerdotes aupándonos a adorar a su emperador, vemos, de todas formas, la manera cómo nuestra sociedad contemporánea hace promoción de estilos de vida – o quizás deberíamos decir “estilos de muerte”- contrarios al plan de Dios. Día y noche recibimos la propaganda del mundo que siempre esta animándonos a adorar a la Bestia (Satanás) y a olvidarnos del seguimiento de Cristo.

Una vez que pasamos a observar la descripción que se hace de la bestia, vemos que el autor hace lo mismo que con la imagen de la primera bestia. Es decir, nos muestra que el poder del enemigo es prestado y que lo mejor que puede hacer es imitar a Dios. En el caso de la primera bestia habíamos visto que la imagen que se presentaba era un burdo remedo de la figura de Cristo en su muerte y resurrección, ahora, la imagen de la segunda bestia es un monstruoso remedo de la figura de Cristo en tanto Cordero de Dios. De este modo podemos constatar que Satanás busca insistentemente remedar e imitar a Cristo y a Dios, sin dejar de lado nunca su ambición y su maldad. Aparenta ser como Dios, pero no lo es.

Un comentarista dice: “En todo lo que hace, es engañoso, igual que la antigua serpiente. La retórica de su propaganda, el sensacionalismo de sus milagros, y la voz que sale de la boca de la imagen para incentivar al pueblo a matar a los fieles –todo es obra de este príncipe de la mentira” (Juan Stam)

Las características de la bestia son seis:

  • Grandes Señales como las de los profetas del Antiguo Testamento.
  • Engaña a los moradores de la tierra para que adoren a la Bestia.
  • Se le concede dar vida a la imagen de la Bestia.
  • Se le concede dar muerte a los que no adoren a la imagen de la Bestia
  • Marca a los moradores de la tierra con el sello de la Bestia
  • Impide el comercio a los que no poseen el número de la Bestia

Grandes señales

La primera de las características de la bestia es que puede imitar el poder de Dios manifestado en los profetas del Antiguo Testamento. La señal por excelencia era el hacer descender fuego del cielo como lo había hecho Elías. En los tiempos de Moisés también se puede observar cómo los magos del faraón pueden imitar el poder de Dios. Además, la advertencia de Jesús era justamente que los falsos maestros y los falsos cristos harían señales poderosas (Mateo 24:24; 2da Tesalonicenses 2:9). La imitación no es realidad, es sólo ficción realizada para convencer a los hombres.

Engaña a los moradores de la tierra

La labor fundamental que ejerce el falso profeta es la de engañar a las personas para que se inclinen ante la primera bestia y ante el dragón. La advertencia para la iglesia del primer siglo sigue siendo válida para nuestros tiempos: tengan cuidado con aquellos que aparentan hacer milagros pero que en realidad los llevan a la idolatría o a la codicia que es su hermana (Colocenses 3:5). Las posibilidades de la ciencia para el mayor bienestar de la humanidad son innegables, sin embargo, es muy común escuchar a muchos que en base a estos avances empiezan a cuestionar el valor de la fe y de la obra de Dios. La ciencia empieza a ser idolatrada en la actualidad como el emperador lo fue en los tiempos de Juan.

Se le concede dar vida a la imagen de la bestia.

Dice un comentarista respecto de este elemento: “Infundir aliento a la imagen de la bestia implica animación por medio de magia. De nuevo, infundir aliento a una imagen es una parodia de Dios que infundió el aliento de vida a Adán (Génesis 2:7; y véase Apocalipsis. 11:11). Los magos en el mundo antiguo se jactaban de que podían hacer que las estatuas hablaran y se movieran; así, se alega que Simón el mago dijo: ‘Hago que las estatuas se muevan; doy vida a objetos inanimados’”.

Se le concede dar muerte a los que no adoren la imagen de la bestia.

En los tiempos de Juan se había erigido en la ciudad de Éfeso un templo al emperador. Adorar al emperador era entendido como muestra de lealtad mientras que no hacerlo se consideraba alta traición al Imperio y se mandaba a ejecutar a quien no lo adoraba. De todos modos, Juan enfatiza algo, la bestia no tendría poder para matar a los santos si Dios no se lo hubiese dado. Dios, al igual que en muchos otros relatos del Apocalipsis le da a Satanás un límite para su obrar.

Marca a los moradores de la tierra.

Como en tantos otros aspectos, aquí también Satanás es un mero imitador. Dios había marcado a sus hijos para protegerlos de la tribulación. Ahora Satanás manda a marcar a su pueblo como una amenaza al pueblo de Dios. La marca que les es puesta es otro estilo de imitación. Igual que los israelitas que llevaban unas cajitas denominadas filacterias (Mateo 23:5) en el brazo derecho y en la frente, ahora Satanás ordena poner sus señales en la diestra y en la frente. Aquellas cajitas llevaban algún párrafo de la ley de Moisés y eran un símbolo de devoción a Dios (Deuteronomio 6:8). La marca es puesta a seis tipos de personas: (1) pequeños, (2) grandes, (3) ricos (4) pobres, (5) libres y (6) esclavos. Así como el número siete de perfección es el número de la divinidad, el número 6 de la imperfección es asignado a Satanás y su reino.

Impide el comercio a los que no poseen el número de la Bestia

El comercio que se halla en poder de Satanás le queda prohibido al pueblo santo. De todos modos, así como los moradores de la tierra poseen su falso sello que los hace hallar gracia ante la bestia, el pueblo santo posee un sello verdadero que le recuerda siempre que Dios es quien cuida de ellos.

El número de la bestia.

Si bien muchas veces se le ha dado mucha importancia a este número. Lo cierto es que en la Biblia este número no posee tanta importancia. Sólo aparece una vez y en un texto en el cual no se tiene mucha certeza de su significado. En la Biblia, las ideas más importantes son repetidas una y otra vez a lo largo de diversos libros. En el caso del número 666 no aparece más que en este texto lo cual nos advierte sobre el peligro de sobrevalorar un número que Dios mismo no quiso darle tanta importancia como a otros temas: la salvación, el cuidado de Dios, etc.

El número, en el contexto que hemos estado analizando es una repetición recurrente de la imperfección: 6. El número 6 repetido recurrentemente es un ejemplo de la imperfección absoluta del mal. El número seis repetido siempre trata de alcanzar el siete pero nunca lo logra: 6.666666…

El número 666 parece ser una ironía de Juan o de Dios mismo respecto del poder del mal y de quienes obran en maldad esperando ser recompensados por el dragón, Este número parece ser una alusión a la impotencia del Diablo, demostrándonos que “el famoso dragón no es sino un tigre de papel”. (P. Richard)

Parábola del zapatero y el mendigo

Dios tomó forma de mendigo y bajó al pueblo, buscó la casa del zapatero y le dijo: Hermano, soy muy pobre, no tengo una sola moneda en la bolsa y éstas son mis únicas sandalias, están rotas, si tu me haces el favor. El zapatero le dijo, estoy cansado de que todos vengan a pedir y nadie a dar. El Señor le dijo, yo puedo darte lo que tú necesitas. El zapatero desconfiado viendo un mendigo le preguntó. ¿Tú podrías darme el millón de dólares que necesito para ser feliz? El Señor le dijo: yo puedo darte diez veces más que eso, pero a cambio de algo. El zapatero preguntó ¿ a cambió de qué? A cambio de tus piernas. El zapatero respondió para qué quiero diez millones de dólares si no puedo caminar. Entonces el Señor le dijo, bueno, puedo darte cien millones de dólares a cambio de tus brazos. El zapatero respondió ¿para qué quiero yo cien millones de dólares si ni siquiera puedo comer solo? Entonces el Señor le dijo, bueno, puedo darte mil millones de dólares a cambio de tus ojos. El zapatero pensó poco ¿para qué quiero mil millones de dólares si no voy a poder ver a mi mujer, a mis hijos, a mis amigos? Entonces el Señor le dijo: ¡ Ah, hermano! Qué fortuna tienes y no te das cuenta.

(Atribuida a Facundo Cabral)


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