No todo predicador que cita la Biblia es bíblico

“Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.” ( CORINTIOS 1 02 : 1 )

Las redes sociales nos han abierto a un mundo de predicadores así como de ideas que a nivel mundial se promocionan a diario. A menudo empezamos a ha escoger a nuestros favoritos en base a su elocuencia al hablar. Así, pues, cada creyente tiene sus predicadores favoritos o sus orientadores espirituales predilectos basados qué tan entretenidos o atractivos suenan.

oratoria

El texto de que mencionamos al inicio nos muestra una actitud en los tiempos del origen de la iglesia. Los creyentes de la ciudad de Corinto empezaron a seguir a uno y otro predicador en base a la elocuencia de los predicadores o a las sutilezas de sus maneras de predicar.

El apostol Pablo les muestra -y a nosotros también- que nos es la elocuencia lo que nos debe motivar a escuchar a un predicador sino su fidelidad al mensaje de Jesucristo.

Buen-Pastor

Cualquiera sea el canal por medio del cual estamos recibiendo algún mensaje de Dios, debemos evaluarlo en base a qué tanto nos aproxima a Jesucristo y no en base a que tan elocuente, carismatico, chistoso o convincente es.

En el Antiguo Testamento vemos que los israelitas muchas veces escucharon el mensaje de los falsos profetas porque era de acuerdo a sus deseos. Ananias le predica a Jerusalén bendición, abundancia y la destrucción de sus enemigos y fue querido mientras que Jeremías predicó de parte de Dios juicio por los constantes pecados de Jerusalé. Nadie quiso oírlo pero al final sus palabras se cumplieron.

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Escucha la Palabra de Dios, por dura e impopular que sea. Sera vida a ru espíritu.

Bendiciones

TIPS PARA LA ORACIÓN

Se trata de pequeñas recomendaciones que puedes tomar en cuenta al momento que te propongas fortalecer tus tiempos de oración. Esperamos sean de bendición

  • Recuerda que la oración tiene el propósito de acercarte más a Dios y depender más de Él
  • Establece un tiempo específico para tus oraciones de modo que ésta se vuelva un hábito
  • No entres directamente a orar. Date un tiempo para dejar de lado las preocupaciones cotidianas.
  • Antes de empezar tu tiempo de oración lee y medita brevemente en un salmo o alabanza al Señor

Oración matutina

  • Recuerda que la oración tiene el propósito de acercarte más a Dios y depender más de Él
  • Establece un tiempo específico para tus oraciones de modo que esta se vuelva un hábito.
  • Antes de empezar tu tiempo de oración lee y medita brevemente en un salmo o alabanza al Señor.
  • Lleva un diario de oración en el que puedas registrar las peticiones hechas y respuestas recibidas. Te animará a seguir
  • Toma peticiones de amigos y hermanos en Cristo y ora por ellas. Haz de tu oración cotidiana un ministerio de intercesión
  • Lo primero en la oración no son las peticiones sino el reconocimiento de la soberanía de Dios.
  • La oración, cuando empieza reconociendo la grandeza de Dios llena de mayor fortaleza tu espíritu.
  • La oración debe considerar la voluntad de Dios por encima de cualquier deseo personal

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  • La oración debe llevarnos a reconocer nuestras faltas y pecados delante de Dios.
  • Sin un adecuado reconocimiento de nuestros pecados, la oración se vuelve mecánica y no logra la purificación que debería
  • La confesión dentro de la oración es uno de los elementos más renovadores si lo hacemos de corazón
  • La correcta confesión nace del reconocimiento de nuestras faltas como muestra de rebelión contra Dios.
  • La correcta confesión debe realizarse reconociendo los pecados que hemos cometido y nuestra responsabilidad en ellos
  • Un frío “si he pecado te pido me perdones” no llega a ser una verdadera confesión de pecados.
  • Nuestras peticiones deben ser el resultado de una adecuada reflexión de nuestras verdaderas necesidades.
  • No esperemos que Dios responda positivamente a nuestras peticiones si estas alientan el egoísmo o la vanidad.

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  • A nuestras peticiones deben anteponerse las peticiones de nuestros hermanos, es decir el ministerio de la intercesión.
  • Las peticiones deben considerar en orden, la intercesión, nuestro crecimiento espiritual y nuestras necesidades físicas
  • Más importante que nuestros deseos son nuestras necesidades y son estas últimas las que reciben respuesta divina
  • La oración no puede finalizar sin un tiempo de gratitud por las oraciones respondidas así como por la gracia manifiesta.
  • La gratitud en la oración nos ayuda a fortalecer aún más nuestra dependencia de Dios Padre.
  • La gratitud no sólo se da por los dones materiales sino por las abundantes riquezas espirituales que nos han sido dadas

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  • La oración debe dar lugar también a la alabanza.
  • Nuestra oración debe ser realizada al Padre, como nos lo enseñó Jesucristo
  • Nuestra oración debe ser hecha en el nombre de Jesucristo, pues él es nuestro mediador.
  • Nuestra oración debe ser realizada con la dirección del Espíritu Santo pues en ocasiones pedimos lo que no debemos.
  • Para recibir la dirección del Espíritu Santo debemos pedirlo: Padre que tu Espíritu Santo guíe esta oración.
  • Es apropiado distribuir nuestras oraciones en forma temática de acuerdo al día de la semana.
  • Una distribución temática de nuestras oraciones puede ser:
    • Lunes: Familia,
    • Martes: Iglesia,
    • Miércoles: Autoridades,
    • Jueves: Misiones,
    • Viernes: Amigos
  • La perseverancia en la oración es lo que la hace valiosa.
  • La humildad, la piedad y la generosidad acrecientan el valor de nuestras oraciones

La manipulación de los falsos apóstoles

false_teacher3El apóstol Pablo en 2 de Corintios 10-12 habla de manera muy enfática sobre la desviación que la iglesia parece pasar en ese momento gracias a una serie de predicadores que se encuentran hospedándose en la iglesia y cuya predicación anuncia un Jesús diferente, un Espíritu diferente y un Evangelio diferente. Lo doctrinal, para Pablo no es secundario o accesorio como hoy algunos pretenden hacerlo ver. Lo doctrinal es la base sobre la cual acentuar nuestro accionar en fe.

Los predicadores que empiezan a seducir a los creyentes tienen una habilidad especial: su calidad oratoria. Por las veces que debe enfatizar, podemos notar que la iglesia relaciona buen discurso con buen mensaje. Pablo les advierte que la calidad de la exposición no vale de nada si lo que se dice no tiene nada que ver con el evangelio de Jesucristo.

Así pues, en el verso 20 del capítulo 11 nos da Pablo una especie de escalera de descenso hacia la manipulación religiosa por parte de estos pseudo-apóstoles. Son cinco pasos los que se dan y que amenazan llevar a la iglesia de la libertad en Cristo a la opresión de dichos líderes.

Predicadores legalistas (Si alguno os esclaviza)

Pablo da como primer paso hacia la opresión espiritual el estar dispuestos a aceptar predicadores que enfatizan el sometimiento a su autoridad por encima de cualquier cosa. Predicadores cuya exposición se enfoca casi exclusivamente en amenazas contra aquellos que se revelen contra su autoridad. Cada predicación guarda relación con la advertencia de que sólo a través de dicho predicador se puede encontrar la verdadera y pura revelación de Dios. Podemos hablar de dos tipos de amenaza:

  1. Lo que pasaría si los creyentes contradicen al líder

  2. Lo que pasaría si los creyentes se alejan del líder.

En el un caso, la amenaza es para obedecer todo lo que el pastor, profeta o apóstol determine que es lo cierto. El mero cuestionamiento recibe la condenación del mismo y la amenaza incluso del fuego eterno por su osadía.

wolf-in-sheeps-clothingEn el segundo caso, la amenaza va en el sentido del abandono de la iglesia. El creyente es forzado al convencimiento de que sólo en ese lugar puede hallar la verdad. La amenaza de maldiciones a quienes salen de la congregación hace más difícil dejar al grupo.

Frente a esto, no podemos dejar de recordar que Jesús mismo enfatizó: conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. Además, el apóstol Pablo en la carta a los Gálatas advierte: a libertad habéis sido llamados, sólo que no uséis la libertad como ocasión para el pecado. En ambos casos, y en la práctica del mismo apóstol Pablo, vemos que la libertad del creyente es valiosa. Pablo al hablar a los corintios, no se impone sino que poco a poco va dando más libertad a las iglesias para que se autogobiernen, cosa que los pseudoapóstoles no querían permitir.

Predicadores ambiciosos (si alguno os devora)

El segundo paso que se da en el descenso hacia la esclavitud lo caracteriza Pablo con la palabra katedsio que es precisamente la misma que usan los evangelios cuando Jesús habla de los escribas que devoran las casas de las viudas (Marcos 12:40). Estos falsos apóstoles buscaban obtener la mayor cantidad posible de dinero de sus feligreses. Su objetivo no es espiritual. Se valen de lo espiritual para extraer a los creyentes sus casas y todas sus pertenencias. Los creyentes que ya han considerado más relevante la palabra del falso apóstol de Cristo que la misma palabra de Cristo, se dejan convencer por sus timos. Creen en sus engaños y entregan sus posesiones a los astutos predicadores fraudulentos. Es muy fácil usar la Biblia y recortar trozos de la misma como argumento para persuadir a los creyentes de la necesidad de despojarse de sus bienes materiales para dejarlos al predicador que en ese momento, gracias a su crecimiento espiritual, está en capacidad de ejercer una sabia mayordomía de todo lo que los creyentes entregan. Con esta y muchas otras sutilezas engañan a los creyentes para devorar sus bienes. Si ya estamos en este escalón, es mejor salir huyendo antes que terminemos completamente timados por los ministros de Satanás que se han disfrazado de ministros de justicia (2 Cor 11:15).

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Predicadores manipuladores (si alguno se aprovecha de ustedes)

El tercer paso lo relaciona Pablo con la simple generalidad de ocasiones que toman los falsos apóstoles para aprovecharse de los creyentes. Desde trabajos mal remunerados, favores forzosos, ofrendas exageradas e incluso favores sexuales pueden llegar a incluirse en este ámbito. Pablo habla de aprovecharse de la docilidad de los discípulos que están dispuestos a obedecer por temor a represalias. En la medida en que los creyentes han ido descendiendo por esta escalera de sometimiento, cada vez más su voluntad se ido desintegrando hasta quedar a merced del falso maestro. El límite del abuso, no es ya marcado por el creyente sino por los apetitos del falso maestro. Es necesario caer en la cuenta de que todo esto nada tiene que ver con Jesucristo. Se trata simplemente de servidores del pecado que buscan personas oprimidas por su culpa o incapaces indagar en la Palabra de Dios para irlos ‘domesticando’ paulatinamente.

Predicadores con contacto directo con Dios (Si alguno se enaltece)

Los falsos predicadores tienden a considerarse exclusivos en su trato con Dios. Desde su manera de hablar (el Señor me dijo…, estaba hablando el otro día con Dios…, muchas de las cosas que Dios me ha dicho no están escritas en la Biblia) hasta la manera de actuar, los falsos apóstoles pretenden ser superiores a todos los demás creyentes y líderes eclesiales. En el caso de Corinto, los falsos apóstoles que se encuentran engañando a la iglesia se presentan como superiores al apóstol Pablo. La iglesia les debe un respeto mayor por tratarse de iluminados de orden superior en la escala apostólica.

El único objetivo de esta estrategia es eliminar a los rivales. Los falsos apóstoles, al presentarse como superiores a los demás logran que los creyentes consideren que nada de lo que otros ministros del Señor puedan decir sea aceptado pues el superapóstol que los dirige es muy superior a los demás. Así el lazo está casi completamente cerrado. Los creyentes no pueden dudar del falso maestro porque este es único y lo que otros digan por los mismos creyentes será rechazado. Es así como llegan a volverse esclavos de la herejía.

Contrario a esto, nuevamente, Jesús, nos llama a la libertad y no a la esclavitud. Pablo, al ver que hay disputas entre los cristianos gentiles y los cristianos judíos, no toma una decisión arbitraria, negando autoridad a los doce (que están a favor de los cristianos judíos) sino que realiza una reunión con ellos para llegar a acuerdos. Esto diferencia a los verdaderos apóstoles de los falsos. Los primeros buscan consensos y se disponen a servir mientras los segundos oprimen a los creyentes y sólo buscan ser servidos.

Predicadores que hacen uso de la violencia (si alguno os da de bofetadas)

El último paso que menciona Pablo es el de la violencia física y verbal. Los creyentes, incapaces ya de cuestionar a sus líderes, aceptan que los falsos apóstoles actúen con violencia contra ellos, tanto de manera física como verbal. La prepotencia y arrogancia de los falsos apóstoles se muestra en todo su esplendor mientras humillan y denigran a sus seguidores. Desde el desprecio de sus ofrendas, los gritos y los golpes pueden ser vistos entre quienes han llegado a este límite de opresión espiritual.

A lo largo de toda esta escalera es posible salir de esta falsa religiosidad que, de hecho, se convierte en idolatría del falso maestro. En todo momento podemos liberarnos de estas ataduras. Todas aquella maldiciones con que los creyentes son amenazados son meros ardides puestos para manipular. No permitamos que los ministros de Satanás tomen el lugar de Jesucristo y nos terminen llevando hacia un camino de dolor y falsedad. Salgamos en cuanto podamos y volvamos nuestros ojos al Dios único y verdadero, el Dios de amor y de libertad.   

La oración que honra a Dios

La oración que nos enseñó Jesús es un modelo que debe ser aplicado no sólo a nuestras oraciones cotidianas sino que además debe ser meditado y vivido cada día de nuestras vidas. Jesús en esta oración compendia, de hecho, el mensaje del Reino de Dios. El nos muestro que desear, a qué aspirar y sobre qué cimentar nuestro crecimiento espiritual. La oración del Padre Nuestro no sólo nos invita a la repetición sin reflexión sino a la meditación profunda de cada una de las ideas allí presentes.

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Podemos ver que la introducción tiene ya algunas ideas relevantes acerca de cómo debemos orar. Así por ejemplo, nos plantea la necesidad de despojarnos de todo tipo de egoísmo al momento de acercarnos a Dios en oración. Es, de hecho, una contradicción de términos pretender humillarnos a Dios como nuestro Señor y dador de todo y a la vez centrar la oración en nosotros mismos. Hacemos de Dios un mero instrumento para la satisfacción de nuestros deseos.

La oración tiene como objetivo primordial ayudarnos a recordar nuestra dependencia de Dios. Más importante que la consecución de aquello que pidamos, es que aprendamos a vivir en dependencia de Dios y que por medio de ello reconozcamos nuestra debilidad y su amor.

La oración centrada en pedir, o peor aún, en declarar, reclamar o exigir a Dios algo, adolece de arrogancia y prepotencia ante Dios. No logra lo más valioso de la oración, de hecho, usa un instrumento de Dios para llevarnos al pecado. Como en su tiempo la ley fue usada por el pecado para llevarnos a pecar aún más, en el caso de la oración, si esta es controlada por el egoísmo y la ambición, es hacer uso de la bendición y la gracia para el pecado.

El fariseo al que menciona Jesús en su ejemplificación, no le importa tanto fortalecer su relación con Dios como el recibir la alabanza de sus hermanos. Cuando la oración se la vincula con las “bendiciones” materiales, conseguimos caer en el juego del fariseo. Anhelamos orar y deseamos perseverar en la oración, no tanto por establecer nuestra comunión con Dios tanto como por el deseo de conseguir bienes o bendiciones con los cuales alardear ante nuestros hermanos.

La misma preocupación muestra la segunda parte de la introducción al Padre Nuestro. Jesús habla de aquellos que hacen vanas repeticiones pensando que así conseguirán el favor de Dios. Hoy en día se ve personas que, quizás no hagan repeticiones, pero que lloran, gritan u ofrendan con el objetivo de persuadir a Dios de que ellos son más merecedores de la “bendición”. Jesús es drástico en este aspecto: así oran los idólatras. Lastimosamente, la iglesia de Cristo, cuando en sus oraciones añade elementos que tienen como único objetivo “torcer el brazo” a Dios, están cayendo en la misma idolatría que Jesús condenaba.

Clamor

La oración no es tanto para pedir, pues, Dios ya sabe de qué tenemos necesidad antes de que se lo pidamos. La oración tiene por propósito acercarnos más a Dios y desprendernos del egoísmo y la ambición. La oración efectiva no es tanto aquella que consigue algo de Dios como aquella que me une más a Él. Oremos sin cesar a Dios y, en nuestras oraciones, busquemos que nuestro corazón se rinda cada vez más a Dios.

El Sembrador y la semilla

–Oíd: El sembrador salió a sembrar; y, al sembrar, aconteció que una parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo y se la comieron. Otra parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra, y brotó pronto, porque la tierra no era profunda; pero cuando salió el sol se quemó, y como no tenía raíz, se secó. Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto. Pero otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, pues brotó, creció y produjo a treinta, a sesenta y a ciento por uno. Entonces añadió: –El que tiene oídos para oir, oiga.

Lo que más nos llama la atención de la parábola es la manera tan desmedida en que el sembrador deja caer la semilla. No pareciera importarle el desperdicio que pueda suponer que su semilla caiga entre espinos, sobre la piedra o en el camino. Lo que habitualmente puede ser entendido como una falta de optimización de los recursos, tratándose de la semilla del Reino de Dios, es en realidad su más valioso aprovechamiento. El interés del sembrador, que en este caso es Jesucristo mismo, no es que la semilla caiga únicamente en la tierra buena. Es consciente de que su labor es lograr que la semilla del Reino de Dios llegue a todos los campos y sea regada en todos los suelos posibles. No está en ese momento tan interesado en ver qué terreno es bueno y cual no lo es. Sólo está interesado en que la semilla llegue a todos los que se pueda.

De hecho en su mismo ministerio Jesús nos muestra esta actitud pues no le importó visitar a publicanos, predicar a leprosos (que eran considerados inmundos y pecadores) ni ser considerado amigo de publicanos y pecadores con tal de sembrar la semilla. Cuando tuvo oportunidad sembró también la semilla entre escribas y fariseos.

Sembrador y la semilla

Al discípulo de Cristo le queda la misma responsabilidad. No escatimar la semilla a los que suponemos indignos de ella o a incapaces de aceptarla. Simplemente debemos seguir compartiéndola como hizo el maestro a todos cuantos podamos darla.

Paulatinamente vamos viendo que el centro de la parábola se halla justamente en la semilla más que en los terrenos. Si bien es cierto que un terreno preparado para la semilla es valioso para que la semilla pueda crecer, si nos enfocamos en aquellos campos que suponemos más dispuestos a la escucha de la Palabra lo más probable es que desaprovechemos muchas oportunidades de llegar a terrenos fértiles para la Palabra que en apariencia no lo estaban.

La semilla es justamente el anuncio del Reino de Dios. Es aquella semilla que es tan pequeña pero que una vez se siembra llega a ser uno de los árboles más grandes, capaz de dar sombra a muchos. Esa semilla por ser tal no sólo que es capaz de dar dicho fruto, sino que incluso es capaz de transformar los terrenos áridos u agrestes en terrenos fértiles. De hecho la iglesia primitiva lo entendía así. Juan Crisóstomo un predicador del siglo tercero lo dice de este modo:

Pero no se pierde la mayor parte de la semilla por causa del que siembra, sino de la tierra que la recibe, esto es, del hombre que la oye. Ciertamente que sería culpable el labrador que procediera así, no ignorando lo que es piedra, camino, espinas y tierra fértil; pero no es lo mismo en lo tocante al espíritu, porque de la piedra puede hacerse tierra fértil, y puede conservarse el camino y destruirse las espinas. Si así no fuera, no hubiera sembrado allí, y haciéndolo nos da la esperanza del arrepentimiento.”Y decíales: Quien tiene oídos para oír escuche”. (Juan Crisóstomo)

De hecho, es algo que nos lleva a reflexionar sobre la necesidad de insistir en sembrar la semilla en esos terrenos aparentemente baldíos y que recurrentemente han demostrado ser inútiles para permitir que el fruto del evangelio germine. Que no haya dado fruto no significa que deba dejar de sembrar la semilla del evangelio. Nuestra labor, como sembradores, es seguir sembrándola aún cuando dicha semilla no dé insistentemente frutos visibles. No sabemos si a lo mejor en lo oculto, la semilla está perforando la piedra y preparando el terreno para crecer.

A parte de esto, Jesús nos hace ver con su parábola la serie de dificultades que debe soportar la semilla antes de germinar. Tanto las aves que se la llevan como el pedregal y los espinos son esos múltiples obstáculos que debe afrontar la semilla antes de encontrar el terreno propicio para la siembra. De hecho, las tres cuartas partes de la semilla han sido “aparentemente” desperdiciadas antes de llegar al terreno fértil. No obstante, no supone el texto que sea una pérdida pues cuando por fin alcanza un terreno fértil, su fruto compensa abundantemente la pérdida anterior. Si por cada semilla que dio fruto hemos desperdiciado otras tres en malos terrenos, la semilla que dio con buen terreno ha dado, no sólo el triple de fruto sino treinta veces más, sesenta veces más y aún cien veces más. La pequeña semilla del Reino produce en tan grande abundancia que amerita probarla en todos los suelos posibles.

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Lo siguiente que vemos es que el sembrador ninguna angustia manifiesta por la semilla que no ha dado fruto. Reconoce que su labor es la de esparcir la semilla, no la de hacerla crecer ¿Esto significa que no debo discipular sino sólo evangelizar? No, significa que debo compartir el evangelio más no afanarme porque la semilla crezca en el terreno de mi elección. A su tiempo y conforme a la fuerza misma de la semilla, esta dará fruto. Cuando lo haga, deberé volver empezar a cuidar de aquel fruto.

De hecho, sólo un par de versículos más adelante Jesús hace otra comparación entre el Reino de Dios y la semilla (Mar 4: 26-29). Cuando se la echa, dice Jesús, no importa si el sembrador está atento o no, si duerme o hace vigilia por ella, la semilla de sí mismo crece y se fortalece. Cuando es el tiempo, el sembrador sólo tiene que recoger el fruto de la siembra. Es por ello que Pablo podrá decir luego que no depende del que siembra ni del que riega sino de Dios que da el crecimiento.

Así pues, la labor a la que nos encontramos comprometidos con nuestro maestro, no es la de persuadir a la gente para que ingrese a la iglesia, sino la de compartir de Cristo a todos los más que podamos. Dar nuestro testimonio de vida o anunciar directamente el mensaje de salvación a todos cuantos podamos. Ante la pregunta y ¿qué si ya he compartido y no la han recibido? No importa. Debo seguir sembrando. Es curioso ver que el relato alude que el sembrador vez tras vez hace lo mismo. Sale a sembrar y esparce la semilla por donde va. Nos hace incluso atrevernos a suponer que el sembrador está convencido que algún momento la piedra puede volverse tierra fértil, el camino hacerse campo de arado y los espinos secarse para dar lugar a la semilla. No importa cuántas veces hayamos compartido ya la Palabra. Debo seguir compartiéndola.

Evidentemente, no es lo mismo lanzar la semilla que intentar picar la piedra para tratar de incrustarla. No podemos ni debemos forzar a las personas hasta el punto de hastiarlos ante la Palabra. Pero sí podemos y debemos seguir dando testimonio, compartiendo lo que Dios sigue haciendo en nosotros y de ser posible, compartiendo un estudio bíblico con quienes se muestran abiertos.

La semilla, esa Palabra de Dios que no vuelve vacía, aún cuando no lo veamos, sigue haciendo su trabajo en el corazón de los hombres. Algún día, cuando menos lo esperemos, veremos el fruto de esa semilla germinar para sorpresa nuestra y para regocijo del cielo.

Breve estudio de Primera de Corintios

Presentamos una breve síntesis de lo que fue el curso de Primera de Corintios que realizamos durante el 2012 en nuestra Iglesia.

Bendiciones

Datos generales.

  1. Autor de la Carta: Pablo
  2. Fecha aproximada de la redacción: 56 d.C.
  3. Lugar de redacción: Éfeso.

Corinto

Apóstol PabloLa ciudad de Corinto era una colonia romana dedicada al comercio debido a su presencia en un lugar estratégico y con dos puertos a su haber. La ciudad de Roma tenía por costumbre enviar a algunos de sus reos, así como a esclavos liberados a la ciudad de Corinto. Estos dos elementos hicieron de la ciudad un conflictivo paraje de dinero, lujuria y violencia. La ciudad de Corinto gozaba de cierta fama como ciudad dedicada a la prostitución. Tal es así que “corintiar” fue el término que se acuñó como sinónimo de fornicar, “mujer corintia” era un sinónimo de prostituta y “corintiaco” significaba busca-prostitutas.

La iglesia que se encuentra en esta ciudad es fruto de la labor misionera realizada por Pablo luego de haber visitado la ciudad de Atenas que se halla a cerca de 80 kilómetros de Corinto.

Capítulo Uno

En el primer capítulo encontramos una breve salutación (1-3) que llama la atención principalmente por la manera de definir a los miembros de la iglesia de Corinto: (1) Santificados en Cristo Jesús y (2) Llamados a ser santos. Frente a la serie de problemas y pecados que se pueden percibir en esta iglesia, el modo en que los describe nos muestra dos facetas de todo creyentes:

1)      Nuestra condición de santidad, es decir, el hecho de que hemos sido tomados y apartados por Dios para Él

2)      Nuestro llamado a la continua santificación de la vida. Nuestra responsabilidad ante Dios no termina en el momento en que hemos decidido seguir a Cristo. De hecho, allí empieza nuestra responsabilidad de continua santificación.

En la segunda parte de este primer capítulo podemos ver la importancia de la gratitud en la vida de todo creyente. Aún cuando la iglesia de Corinto ha causado múltiples aflicciones en el apóstol, este no deja de agradecer por ellos y por el llamado de Dios que han recibido.

Canal de CorintoEn la tercera parte Pablo entra en materia. Expone la razón de la carta en términos de preocupación por las divisiones que se han empezado a dar en la iglesia y de las cuales es conocedor debido al testimonio de algunos parientes de Cloe. En el último versículo de esta sección (17) el apóstol pone sobre el tapete lo que a lo largo de los primeros capítulos será su tema de discusión: La sabiduría.

La cuarta y última parte de este capítulo le sirve a Pablo para exponer lo que, a su parecer, es la piedra de toque de toda la sabiduría humana: la cruz. Es evidente, argumenta Pablo, que aquella sabiduría que no viene de Dios termina por chocar con el mensaje de la cruz. Es una locura y una piedra en el camino el mensaje de salvación como fruto de la muerte del salvador en la cruz. Por ello Pablo les advierte que aquella sabiduría que empieza a deleitar a los corintios no viene de Dios. De hecho, aquella sabiduría, en lugar de producir arrepentimiento, produce jactancia entre los creyentes. Las divisiones no parecen ser el problema principal sino la arrogancia por la sabiduría humana. Los dos textos claves de esta sección son el 29 y el 31.

Capítulo Dos

En el segundo capítulo en dos partes habla acerca del tema de la sabiduría. En la primera parte expone como ejemplo el hecho de que su predicación no se haya basado en sabiduría humana sino en el obrar de Dios entre ellos. La evidencia de que estas palabras suyas venían de Dios se encontraba en la transformación de vidas que se había dado entre los corintios. El tema que Pablo expuso no fue otro sino el de la cruz y el significado que la misma tiene para nosotros. Es este mensaje y no otro el que ha permitido que la iglesia reciba el obrar de Dios.

En la segunda parte Pablo hace referencia a la sabiduría que viene de Dios. Está es un privilegio que nos ha sido entregado por medio del Espíritu Santo. No se trata de una nueva revelación que haya de venir en lo posterior sino de lo que nos ha sido ya revelado: que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras.

La comprensión de este mensaje es algo reservado a quienes han recibido el Espíritu Santo y viven conforme al poder del Espíritu. De otro modo, su obrar se nos vuelve inútil. El poder pensar conforme a la voluntad de Dios.

Capítulo Tres

El capítulo tercero le sirve a Pablo a modo de ejemplo exponiendo en su propio ministerio así como en el de los demás el trabajo en equipo que se encuentran realizando. La verdadera sabiduría, aquella que viene de Dios, lejos de producir divisiones o pleitos entre los creyentes nos motiva al trabajo conjunto.

Pablo ha puesto el cimiento y otros han edificado sobre dicho cimiento de tal manera que el edificio espiritual sigue elevándose. Cada uno debe ver la manera en que continúa edificando, si con heno, hojarasca y madera o con oro, plata y piedras preciosas. Este modo de edificar no es lo más importante sino el hecho de que el cimiento sea la cruz de Cristo y que la labor se realice en unidad unos con otros.

En esta primera ocasión en que Pablo hace referencia al templo de Dios, se está refiriendo a la iglesia o cuerpo de creyentes como tal. Es evidente que la advertencia va contra quienes, de uno u otro modo, por celos o por rivalidades, se encontraban dividiendo el templo de Dios que es la comunidad de los santos.

Pablo finaliza retomando el tema de la sabiduría de los hombres que genera divisiones y que se halla contrapuesta a la sabiduría de Dios que procura la unidad. En lo referente a los apóstoles que sirven de pretexto para las rivalidades, Pablo se propone a sí mismo y a lo9s demás apóstoles como regalos de Dios para su iglesia.

Capítulo Cuatro

canal_de_corintoEl capítulo cuarto de la carta es una descripción del ministerio y los sufrimientos del apóstol como un ejemplo de lo que es verdaderamente el crecimiento espiritual. A diferencia del crecimiento intelectual de los corintios que tan sólo estaba sirviendo para hacerlos orgullosos, el verdadero crecimiento en Cristo nos recuerda que nuestra labor, como libertos del pecado, es la de esclavos de Jesucristo. El apóstol es ejemplo en tanto en cuanto ha sufrido por Cristo aflicción y corrección de parte de Dios y en cuanto su propio ministerio ha sido agotador por causa del crecimiento de los demás.

Es este ejemplo el que Pablo pretende que quede cimentado en el pensamiento de los corintios. El servir a los demás y el sufrir por causa de los demás, esa es la sabiduría que viene de Dios.

La palabra que usa Pablo al inicio de este capítulo “juperetes” es la que da dirección a todo el capítulo. Esta palabra se usaba para designar a los esclavos de segunda clase o remeros, cuya vida no valía nada. Pablo considera que esa es la posición que debemos asumir delante de Dios. En lo sucesivo, Pablo describe su vida como si fuese la de dicho tipo de esclavos en contraposición a los cómodos corintios que van en la parte superior del barco disfrutando del viaje.

Capítulo Cinco

Los capítulos cinco y seis de la carta dan muestra de la manera cómo la supuesta sabiduría de los corintios estaba generando problemas y desviando a los creyentes en lugar de hacerlos crecer. Son tres los problemas que se presentan:

1.       La inmoralidad consentida por los corintios. (Cap. 5)

2.       Los litigios presentados ante los paganos (Cap. 6: 1-11)

3.       La promiscuidad sexual (Cap. 6:12-20)

En lo referente al tema de la inmoralidad Pablo quiere zanjar dos problemas a la vez. Por un lado pretende aclarar a los corintios cuál debería ser la actitud que ellos han de presentar ante este tipo de pecados en la congregación. Por otro lado, el apóstol anhela mostrar cómo su supuesta sabiduría los estaba cegando ante el pecado.

Del creyente que se encuentra en un tipo de adulterio que era condenado por la ley y aún repudiado por los paganos, Pablo les dice que el tal debe ser entregado a Satanás. Esto debe ser entendido en su debido contexto. Para la iglesia primitiva, entrar en la comunidad de fe era entrar en el reino del Hijo de Dios. Afuera, se hallaba el reino de Satanás. Así pues, Pablo está solicitando la expulsión de la persona que se mantiene en este pecado de adulterio. De esta manera, pretende Pablo que la persona, expuesta al dominio de Satanás, luego de haber conocido la misericordia de Dios, reconsidere su situación y se arrepienta de su pecado.

Finaliza advirtiendo a los corintios que deben alejarse de aquellas personas que aún siendo llamados cristianos practican los pecados que se mencionan en la lista del verso 11. La ligereza en la vida cristiana es el peligro que corren quienes se vinculan a creyentes de este tipo.

Capítulo Seis

En el capítulo seis se tratan los otros dos ejemplos de Pablo respecto de la manera cómo la sabiduría humana corroe los cimientos de la fe. En primer lugar se menciona el hecho de que los corintios decidan zanjar sus diferencias acudiendo a los incrédulos. Para Pablo el hecho de que haya diferencias irreconciliables entre los creyentes y que sea necesario el uso de abogados es ya una muestra del poco crecimiento espiritual de la iglesia. Pero a más de esto, el hecho de que ventilen sus deferencias en la plaza pública deshonrando de este modo al mensaje del evangelio es el colmo de la inmadurez.

Es de notar que este capítulo se hace alusión a la labor de jueces que habremos de tener respecto de los ángeles al final de los tiempos. Razón demás, al parecer de Pablo, para empezar a juzgar nuestras propias diferencias. De manera irónica el apóstol hace una pregunta a los corintios que se creían un dechado de sabiduría: no hay entre vosotros ni uno solo que sea sabio.

En la segunda parte de este capítulo el autor de la carta se enfoca en el problema de la promiscuidad sexual. La forma de entender las cosas por parte de los corintios los había llevado a suponer que ningún problema podía haber en la promiscuidad sexual. De hecho, siendo el cuerpo materia, y siendo desechable delante de Dios, daba igual usarlo para el pecado. Pablo rechaza este razonamiento recordándoles que sus cuerpos son templos del Espíritu Santo. Evidentemente, un templo no puede ser usado para una juerga. Es separado para el uso exclusivo del Señor. Así pues, el cuerpo de los creyentes debe ser santificado y usado sólo para honrar al Señor.

Es importante notar que el capítulo finaliza advirtiendo que tanto el espíritu (alma) como el cuerpo deben honrar al Señor.

Capítulo Siete

1corintiosEn esta sección Pablo pasa a responder una pregunta que le ha sido planteada por los creyentes de Corinto. El tema en cuestión es la validez o no del matrimonio. Para algunos de los cristianos de la iglesia corintia el contacto sexual era pecaminoso en cualquier etapa de la vida. Por ello, pensaban que era mejor mantenerse solteros y sin contacto sexual alguno. Quienes eran casados suponían que lo más adecuado era mantener la abstinencia con su pareja hasta la llegada del Señor.

Frente a esto Pablo les muestra que si bien sería algo muy bueno el permanecer solteros, esto puede irse en contra de los mismos creyentes debido a que el deseo sexual es propio de los seres humanos. Por ellos les dice que es mejor que sólo permanezcan en tal condición sólo aquellos que han recibido la abstinencia como un don.

Por otro lado, les muestra que en el matrimonio no debe haber una negación a la intimidad sexual, a no ser por un tiempo determinado, de mutuo acuerdo y para dedicarse a la oración. Con respecto a los solteros Pablo les muestra que ni se es mejor por mantenerse solteros ni se es menos por casarse. De todos modos, tanto los solteros como los casados, los solteros como los libres deben vivir siempre sin aferrarse a las cosas de este mundo. Con esta recomendación cierra este capítulo.

Capítulo Ocho

La siguiente pregunta que le hacen a Pablo es en relación a la ingesta de alimentos sacrificados a los ídolos. Acá Pablo vuelve a advertir que el problema de fondo es más que el alimento como tal. Se trataba de la vanidad de los corintios que creían que por su conocimiento y por su condición actual en Cristo, ellos no tenían porque limitarse en nada. Pablo primeramente les da la razón diciendo que los ídolos no son nada. Sin embargo luego les advierte que deben abstenerse de esas comidas, no porque el demonio pueda hacer algo contra ellos por medio de esas viandas, sino porque el hermano en Cristo que no tiene un adecuado conocimiento y crecimiento espiritual puede tergiversar lo que observa en los “maduros en la fe” y por ello descarriarse del camino del Señor.

Capítulo Nueve

En este capítulo Pablo les da un ejemplo muy personal de cómo se debe abstenerse de algo a lo cual se tiene cierto derecho por amor a los hermanos. El ejemplo que Pablo da es en lo referente a los derechos que él como apóstol y fundador de la iglesia tiene. Entre otros, tiene derecho a tener esposa, a ser alimentado por la iglesia y a recibir un salario de la iglesia. De estos tres, Pablo se centra en el último y enfatiza su derecho a recibir esta aportación. Sin embargo, dice Pablo, por amor a los hermanos, él ha decidido abstenerse de exigir este derecho. No sea que por reclamar este pago, algunos de los débiles en la fe se echen para atrás en su llamado de Cristo.

Finaliza el capítulo exponiendo la razón que tiene para predicar el evangelio de Cristo de manera gratuita: En primer lugar el peso de haber sido un perseguidor de la iglesia de Cristo y aún así haber sido llamado a la salvación. En segundo lugar la necesidad de correr de tal modo que no se quede rezagado después de haber anunciado el evangelio a tantos. El ser apóstol, no es para Pablo garantía de salvación, lo es el estar en permanente crecimiento día a día.

Capítulo Diez.

En este capítulo Pablo finaliza su disertación sobre el tema de lo sacrificado a los ídolos mostrándolos primeramente el ejemplo del pueblo de Israel, el cual habiendo pasado por un bautismo (el mar Rojo) y habiendo pasado por una Cena del Señor (el mana del cielo y la roca de la que brotaba agua en el desierto), no terminó disfrutando de la tierra prometida. El ser parte de la iglesia por medio del bautismo y la cena no fueron suficientes para los judíos no lo son para nosotros. Sólo llegaron a la tierra prometida los que perseveraron hasta el final. De igual manera, debe ser para nosotros ejemplo esto que sucedió con los judíos para que no tomemos a la ligera el caminar en Cristo pues podemos caer aún cuando creamos que por nuestra posición en la iglesia o por nuestro tiempo de creyentes ya estamos del otro lado.

Finaliza advirtiendo a los corintios que, si por un lado es adecuado que se abstengan de lo sacrificado a los ídolos por amor a los hermanos más débiles, deben también hacerlo por guardar su propio crecimiento pues el mucho conocimiento no es garantía de salvación sino el seguimiento de Cristo.

Capítulo Once

Este capítulo empieza a tratar los problemas que la iglesia tenía en lo referente a los cultos. En este primer capítulo al respecto, Pablo habla sobre dos problemas en particular: El velo en las mujeres y la Mesa del Señor.

Sobre el primero Pablo advierte a los corintios sobre los problemas que conlleva el no utilizar velo por parte de las mujeres. Da tres argumentos, algunos buenos y otros no tantos, pero lo que realmente nos interesa es la importancia puesta por Pablo en esto del velo. La razón por la cual es tan importante el uso del velo era porque para los judíos una mujer sin velo era sinónimo de mujer bajo maldición y para los griegos era sinónimo de mujer buscando esposo además de que en los cultos paganos las profetizas de dichos cultos profetizaban de idéntica manera. Por tal motivo Pablo opta por pedirles a las mujeres que no busquen su propia comodidad sino el bien de los demás. Algo que es importante advertir es que en este texto no se menosprecia a la mujer. Por el contrario se le da libertad para profetizar en el culto.

Corinto_bema_y_Acrocorinto_thumb1El segundo tema que trata Pablo es el relacionado con la Mesa del Señor. Esta celebración, a diferencia de cómo la celebramos hoy, en aquel tiempo era celebrada con mucha comida y como parte de un festejo de confraternidad llamado “éranos”. Cada uno llevaba algo para compartir y entre todos disfrutaban de lo que había sido traído. El problema radicaba en que los más ricos de la iglesia llegaban temprano trayendo lo mejor y disfrutando de ello. Los pobres de la comunidad llegaban cuando ya la comida se había acabado y sólo participaban de los restos. De hecho, Pablo reclama indignado a la iglesia puesto que unos se van con hambre mientras que otros se embriagan. Para Pablo, pues, el problema no es otro sino el que la iglesia no es capaz de compartir con los que no tienen. Por ello les da el ejemplo de la cena del Señor en la cual Jesús comparte el pan, la copa y se comparte a sí mismo. Esta debería ser la actitud de los corintios. Finaliza advirtiéndoles que debido a esa falta de generosidad sus cenas no son Mesa del Señor y ellos están haciendo indigna al tiempo de la Santa Cena. Algo que hay que aclarar en esta porción es que lo que dice el texto sobre participar de la Cena del Señor de manera indigna no significa que las personas que participan de ella sin ser bautizados serán condenados al infierno, como algunos creen. Participar de la cena del Señor de manera indigna es hacerlo sin la debida consideración por nuestros hermanos, sin haber perdonado a quienes nos han ofendido o sin compartir con los que más necesitan.

Capítulo Doce.

Los dones espirituales eran otro motivo de desorden en la iglesia de Corinto. Los dones más espectaculares eran los más apreciados y no interesaba tanto la edificación espiritual como el poder lucirse como “los más espirituales” delante de la iglesia. Pablo les advierte en este sentido que los dones son regalos dados por Dios. De estos, el regalo más valioso y que todo creyente tiene es el de la salvación al poder confesar Cristo como Señor. Luego, todos y cada uno de los dones tienen un propósito en el plan de Dios. No evidencian mayor espiritualidad de uno u otro creyente y deben servir para la edificación de todos y cada uno de los miembros de la iglesia.

Pablo les pide que busquen los dones más importantes (los que traen crecimiento espiritual a la congregación). Pero finaliza advirtiéndoles que el camino más excelente no es el de los dones sino el del amor.

Capítulo Trece

En este capítulo Pablo diferencia los dones del amor. Los primeros sin el segundo no valen nada. Es el amor al prójimo lo verdaderamente valioso delante de Dios. En la segunda parte de este capítulo Pablo da una breve descripción de las características del amor. Estas características se dividen en positivas y negativas. Las dos positivas son la paciencia, y la bondad. Las negativas son ocho: No tiene envidia ni hace las cosas para ser admirado por los demás, no se vanagloria de cosas que no ha hecho ni hace aquello que los demás hace sentir mal. No tiene desates de ira con el propósito de hacer sentir mal a los demás, pero tampoco guarda un inventario de lo malo que han hecho contra él. Finalmente no siente placer de ver una injusticia.

El amor tiene su sustento en Dios. Por medio de él puede ser paciente en todo momento, puede guardar la fe bajo cualquier circunstancia, puede mantener la esperanza a pesar de todas las adversidades y puede seguir resistiendo cualquiera sea la tribulación.

Los tres elementos o virtudes más importantes de todo creyente son para Pablo: La fe, la esperanza y el amor. Algún día los dones se acabarán, la fe ya no será necesaria y la esperanza se habrá cumplido. Pero aquello que no cesará ni aún en la eternidad es el amor.

La imagen del niño y del espejo es para Pablo una manera de mostrar a los corintios cómo sus actitudes muestran el poco conocimiento que tienen. Como niños entretenidos con un juguete nuevo, se pelean por los dones. Cuando llegue el Señor, veremos que eran nimiedades aquellas por las que nos peleábamos. En aquel día descubriremos cómo fuimos conocidos, es decir, cuánto amor derramó el Padre sobre nosotros a lo largo de toda nuestra vida.

Capítulo Catorce

Pablo concluye en este capítulo la discusión referente a los dones y también aquella referente al orden en el culto. Pablo se enfoca en dos dones en particular: las lenguas y la profecía. La primera era la predilecta de los corintios. Para Pablo la más valiosa es la profecía.

Las lenguas no edifican a nadie a menos que haya interpretación. Por ello Pablo les dice que prefiere hablar cinco palabras que le entiendan a miles en lenguas que nadie entienda. Pablo sentencia que es mejor que se callen en la iglesia y que hablen en lenguas para sí y en sus casas si es que no hay interpretación.

Por otro lado, la profecía, entendida bíblicamente, es de mucha edificación, no sólo para los creyentes sino aún para los paganos. Pablo entiende por profecía la denuncia del pecado, la proclamación de la Palabra de Dios (La Biblia) de modo que edifique, consuele y exhorte. No se trata de adivinación o predicción del futuro sino de anuncio de lo que dice Dios por su Palabra. Así pues, la predicación es parte de la profecía y ésta es, para Pablo más valiosa que las lenguas.

Capítulo Quince

En el capítulo 15 Pablo pasa a tratar un tema que para él es de suma importancia. Por la manera como empieza esta sección podemos decir que no era algo que le hubiese preguntado como sí había sucedido con otros temas de la carta. Para Pablo, es de tal trascendencia este tema que no siente temor de ser redundante sobre algo que ya les había explicado con anterioridad. Se trata del tema de la esperanza cristiana. Empieza Pablo haciendo referencia al credo de fe que compartían las primeras iglesias cristianas. De este credo, el apóstol pone más relevancia en lo último: que resucitó de los muertos y que se le apareció a algunos discípulos. Pablo amplía esto ha varios cientos de personas que vieron a Jesucristo resucitado. La razón de ello es para enfatizar aún más la importancia de la esperanza cristiana en la resurrección de la muerte. Para nosotros, los cristianos las cosas no se acaban en esta vida. Para nosotros, esta vida es como la estancia de los bebes en el vientre por nueve meses: es tan sólo una preparación para lo que vendrá.

Pero si sólo para esta vida vale la fe en Cristo, esta no sirve para nada: seguimos en condenación, y es mejor que disfrutemos del corto tiempo que tenemos en esta vida. Pero si Cristo ha resucitado tenemos esperanza de vida eterna.

Pablo explica cómo piensa que será la resurrección, sin embargo, lo más importante es guardar con el apóstol la esperanza de la inmortalidad que nos ha sido dada en Cristo.

Pablo dice al final que esta es la razón por la cual podemos esforzarnos en la obra de Cristo, porque más allá de esta vida recibiremos recompensa cuando inicia para nosotros la inmortalidad.

Capítulo Dieciséis

Finalmente el apóstol da unas breves instrucciones sobre la ofrenda. Muestra el adecuado trato que los fondos de la iglesia deben siempre tener. Habla un poco de los planes que tiene para visitarlos y se despide animando a la iglesia velar, estar firmes en la fe, portarse con valor, esforzarse en crecimiento espiritual y hacer todas las cosas con amor.

Las últimas palabras del apóstol apuntan al centro de la carta y apuntan al centro de la espiritualidad cristiana:

Mi amor en Cristo Jesús esté con todos vosotros. Amén

 

 

Los indignos entran al Reino

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¿Y si la iglesia fuera la que se excusa de participar en el banquete del Reino de Dios? Sabemos que la parábola que Jesús narra con motivo de un banquete tiene como trasfondo el rechazo del pueblo de Israel la llamado de Jesús a volverse a Dios ahora que el Reino se ha acercado. De todos modos, parece como si la historia se volviese a repetir con la Iglesia.

Jesús inicia su alegato luego de que uno de los convidados manifiesta su regocijo diciendo que realmente debe sentirse gozoso el que vaya a estar en el banquete del Reino de Dios. La idea que aquel hombre tiene en mente era una que compartían todos los judíos. Aquel día de la victoria del Señor, un gran banquete sería celebrado y estarían listos para el festejo aquellos que formaban parte del pueblo santo.

Jesús toma la palabra y menciona a tres individuos a los cuales les ha sido dada una invitación a un banquete. Los tres se excusan luego de haber dado su palabra de estar allí, en aquel banquete. La idea que plantea Jesús es la de un pueblo convocado a participar de la victoria de Dios y la manera cómo este decide rechazarlo.

La similitud la encontramos con el presente en aquellas circunstancias en las que los creyentes son convocados a participar de la vida en plenitud que implica servir a Dios y ser transformados por su Espíritu. La victoria ha sido dada por medio de Jesucristo, y nosotros hemos sido invitados a formar para de ese pueblo victorioso que es la iglesia, sin embargo, al igual que aquello tres que menciona el texto bíblico, muchos de nosotros optamos por excusarnos. Hay cosas que preferimos no dejar en este mundo y por las cuales estamos dispuestos a sacrificar la promesa de la vida eterna.

El primero en excusarse es el que ha comprado una finca y quiere ir a verla. Son los negocios los que retienen a este hombre al punto de preferirlos antes que a Dios. Hasta el día de hoy, los negocios siguen siendo un gran obstáculo para que muchos hombres y mujeres se comprometan con el Señor. Desde un negocio pequeño hasta un trabajo o una empresa, poco a poco nos dejamos absorber por las preocupaciones de dichas actividades y terminamos por despreocuparnos por nuestro crecimiento espiritual, por nuestro servicio al Señor, por nuestro seguimiento de Cristo. Estoy dispuesto a seguirte Señor, parece ser nuestro pensamiento, pero por el momento tengo otros asuntos que atender. Señor. Que otro te sirva. Para eso está el pastor. Que se vea a alguien que sirva, yo pago para que lo contraten. Todas estas no son sino evasiones para no querer reconocer que los negocios nos tienen atrapados y que no estamos dispuestos a ponerlos a una lado para seguir al Señor.

El segundo en excusarse es el que le dice que tiene cinco yuntas de bueyes que acaba de comprar y que desea ir a probarlas. En este caso, el aspecto en que se asemeja a nuestros tiempos es en la manera cómo las novelerías pueden distraernos del seguimiento de Cristo. En aquel tiempo era una nueva yunta de bueyes, hoy en día podría ser un carro, una casa, un partido de fútbol u otra cosa que nos distraen de nuestra necesidad de crecer espiritualmente. Nuestra sociedad actual se ha especializado en explotar la novelería de las personas, y muchos de nosotros caemos sin darnos cuenta de que esa novelería nos está apartando del Señor. Más importante que la adquisición de un nuevo vehículo, que un partido de fútbol o que cualquier otra novelería, es nuestro Señor y a Él debemos darle nuestro tiempo. No estamos planteando que pasemos todo el día en la iglesia. Sin embargo, si tan solo estamos acercándonos a la iglesia los domingos para el culto general, hay muchos que debemos empezar a corregir.

El tercero en excusarse es el que plantea que se acaba de casar. Este último justifica su inasistencia por medio de una ley que le permitía quedar exento de toda reunión durante el primer año de matrimonio. Este es el caso de aquellos que incluso buscan citas bíblicas que los excuse de servir al Señor. Que encontremos algún texto que nos justifique en nuestro descuido en el servicio, no significa que estamos exentos ante Dios. De hecho, cuánto no será la indignación de Dios al ver que alguien utiliza su palabra para justificar la pereza espiritual. Aún algo pequeño, o de algún modo, pero debemos velar porque nuestro espíritu siga creciendo por medio de servicio. Recordemos que sólo poniendo en práctica lo que aprendemos es que crecemos, no oyendo y oyendo y nada haciendo.

Frente a la actitud indignante de estos tres el dueño de la casa decide invitar a pobres, cojos, mancos y ciegos. La invitación que se hace a este grupo de personas no es en vano. Son aquellos de los qe se decía que no eran dignos del reino de Dios. Los judíos tenían una manera equivocada de entender la relación entre el pecado y la calamidad. Ellos daban por sentado que si una persona se encuentra enferma o en pobreza se debe a su pecado. En el relato de Juan 9:1ss vemos que Jesús rechaza esta manera de pensar. Mientras que los discípulos preguntan “quién pecó este o sus padres para que naciera así (ciego)”, Jesús les responde “ni este ni sus padres sino para que la gloria de Dios se manifieste en él”. No siempre se da una relación tan simple entre el pecado y la enfermedad. Y eso es algo que debemos recordar siempre.

De todos modos, para los convidados que habían rechazado la invitación al banquete, el grupo que se menciona era justamente el grupo menos digno de ser aceptado en el banquete. Y es justamente a ellos a quienes el amo de la casa decide invitar. Ya empieza a notarse aquí que lo importante, para Dios, no es que tengan su carnet de membresía sino que estén prestos para el Señor.

Que el mundo consideren que son indignos del Reino de Dios, le tiene sin cuidado. Es de mayor importancia ser siervos dispuestos para el cumplimiento de la justicia del reino que invitados de honor.

Una vez que han sido invitados estos primeros, el sirvo advierte que el lugar todavía no se ha llenado así que el Señor lo envía de regresos por más individuos que puedan ingresar al banquete.

Con todo, en esta segunda ocasión, el siervo debe ir a los campos a buscar personas que duerman a la intemperie. El siervo debe buscar vagabundos, ladrones, leprosos, etc. Personas que no entrarían a la ciudad y que deben resignarse a vivir como fugitivos. Ellos son llamados en lugar de los invitados del principio. Y al parecer, ellos están más dispuestos a volverse al Señor.

De cuál grupo somos, de los acomodados cristianos, que piensan que por asistir a la iglesia ya no es necesario obedecer al Señor o de aquellos indignos que sienten cómo la gracia de Dios se derrama sobre ellos y deciden ser obedientes en todo.

Ojalá y seamos indignos según el mundo pero acogidos por el Padre.