Orientaciones prácticas para interpretar el Apocalipsis

Luego de una vida dedicada al estudio del Apocalipsis, Juan Stam es uno de los más importantes pensadores cristianos en relación con el mensaje de este enigmático libro. En una entrevista realizada en Paraguay, expone de manera breve lo que para él son las claves que nos permiten interpretar el Apocalipsis de manera adecuada.

ENTREVISTA AL TEÓLOGO JUAN STAM La Fuente (Paraguay)

3:31 marzo 2008

“Quién entra al mundo del Apocalipsis tiene que estar preparado para muchas sorpresas”

Juan Stam (78), oriundo de Paterson, Nueva Jersey, es uno de los teólogos evangélicos «latinoamericanos» más pertinentes de la actualidad. Aunque es estadounidense de nacimiento, se nacionalizó costarricense como parte de un proceso de identificación con América Latina que lleva más de cincuenta años. Está casado con Doris y tienen 3 hijos y 5 nietos. Juan es Dr. en teología, por la Universidad de Basilea, Suiza. Es docente y escritor de libros, artículos y del Comentario Biblico Iberoamericano de Apocalipsis.

¿Cómo se inició su ministerio en Latinoamérica?

Luego de estudiar en Wheaton y Fuller estudiamos castellano, y aunque hacían falta profesores en el Seminario Bíblico de San José, nuestra misión muy sabiamente decidió enviarnos a realizar

un pastorado rural en el noroeste de Costa Rica, en el pueblo de Santa Cruz, esto ya hace más de 50 años. Esta experiencia fue extraordinariamente formativa para nosotros. En realidad, lo fue

mucho más que los años de estudio en el aula. Allí aprendimos los dichos, disfrutamos los chistes y escuchamos las historias de los campesinos, nos enamoramos de la gente y de todo lo latinoamericano, y con eso también más de Jesucristo y de su evangelio. Desde entonces siento que llevo adentro un pastor campesino, mucho más que sólo un profesor académico.

¿Qué métodos de estudio de la Biblia Ud. recomienda a los pastores Latinoamericanos?

Me gusta recomendar tres herramientas para el estudio bíblico, porque he visto a través de muchos años lo valiosas que son. La primera de mis herramientas para estudiar bien la Biblia es una lupa. La lupa nos servirá para examinar cada pasaje con el debido cuidado, o sea, “escudriñar las escrituras” como lo hacían los Bereanos. Eso nos ayudará a ver mucho mejor lo que realmente está en el texto que el Espíritu Santo inspiró y lo que no está, porque no aparece bajo la lupa. Y sin duda, habrá sorpresas. Una segunda herramienta indispensable para el bueno estudio bíblico es un borrador (de pizarra y lo más grande posible). Un problema mayor en el estudio bíblico es que no queremos que la Biblia cambie nuestras ideas y nuestra vida. Es demasiado incómodo, y nos pone nerviosos. Claro, esos cambios tienen que estar sujetos a la Palabra; la lupa tiene que ir antes del borrador.

Finalmente, la tercera herramienta es un par de audífonos, para sintonizar la voz de Dios. No estudiamos las escrituras sólo para ser expertos en conocimiento bíblico, sino para escuchar al Señor, ser discípulos fieles y obedecer su voluntad. No bastan la lupa y el borrador; necesitamos también audífonos espirituales.

¿Cómo debería ser estudiado el libro de Apocalipsis?

¡Quién entra al mundo del Apocalipsis tiene que estar preparado para muchas sorpresas! El Apocalipsis es un libro realmente único dentro del canon bíblico y aún en la literatura universal. En primer lugar los lectores modernos del Apocalipsis deben tratar de comprender el mensaje que el libro tenía para los creyentes del Asia Menor, en tiempos de Juan. Estudiar el trasfondo histórico, las claves hermenéuticas y el mensaje del Apocalipsis es un trabajo de toda una vida.

A pesar de la dificultad del paso de casi dos milenios desde que el libro salió a la luz, abundan los datos que ayudan a entender el mensaje central de todos los pasajes e incluso la inmensa mayoría de los detalles. A veces, sin embargo, es necesario simplemente confesar nuestra actual ignorancia ante ciertas frases del texto. Para otros detalles hay una o más interpretaciones posibles pero ninguna segura.

A menudo el trabajo de averiguar las diversas alternativas de interpretación, los pro y los contra de cada una, es arduo y lento. El Apocalipsis es para los valientes que se animan a buscar en el texto con la lupa; pero también es para humildes, para los que desean escuchar con suficiente respeto lo que realmente dice el texto inspirado.

Muchos creen entender este libro y tienen sensacionales explicaciones para casi todos sus detalles. Eso puede impresionarnos y hasta deslumbrarnos, pero surge un pequeño problema; cuando examinamos cuidadosamente el texto del Apocalipsis, muchas veces resulta difícil o imposible corroborar las interpretaciones espectaculares que pretenden dársele al libro. Algunas “profecías” (Hitler como el anticristo, Moscú como Magog, la Naciones Unidas como el caballo blanco) han resultado claramente equivocadas.

¿Cómo inició Ud. sus estudios del Apocalipsis?

El libro del Apocalipsis me ha inspirado durante más de medio siglo. Tanto personalmente como en los cursos del Seminario fui enfocando mi visión en este maravilloso libro. Una congregación rural de Costa Rica, me rogó a fines de la década del sesenta que les diera un mes de estudios del Apocalipsis. Fue el primero de muchos centenares de sermones y clases sobre este libro y sobre escatología, en la mayoría de los países de América Latina.

He aprendido lecciones valiosas de los hermanos, los estudiantes de seminario con los cuales estudiamos este libro, y de mi esposa Doris, compañera fiel en nuestro peregrinaje compartido. Fue una aventura muy desafiante la de preparar el Comentario Bíblico Iberoamericano, editado por ediciones Kairos.

¿Es posible entender hoy en día el Apocalipsis, Dr. Stam?

En contraste con el libro de Daniel, Apocalipsis es un libro abierto. El Cordero desató los sellos. Los creyentes que tienen sabiduría pueden entender el mensaje de esta profecía. Pero en este libro no debemos buscar sentidos futuros que el mismo Juan no hubiera entendido. Es bastante distinto de la impresión que muchos tienen hoy en día, y de la forma en que muchos suelen leerlo, como si el libro fuera un rompecabezas esotérico y como si la bendición prometida se dirigiera a los que fuesen capaces de resolver el crucigrama futurista, y poner en orden cronológico todos los eventos venideros para hacer un cuadro gráfico de todo el porvenir.

Lamentablemente la mayoría de los lectores modernos se acercan al Apocalipsis con muchos presupuestos equivocados que obstaculizan el entendimiento fiel de su mensaje. Muchas veces le hacemos al libro preguntas que el autor y los lectores no planteaban.

A menudo insistimos en ver cosas que no están en el texto y, por concentrarnos en esas cosas que creemos ver pero no están, no percibimos las enseñanzas que sí están escritas. El Apocalipsis fue escrito para ser entendido precisamente por los fieles comunes y corrientes de Asia Menor. No fue escrito para especialistas ni eruditos, quienes tendrían que explicárselo a la iglesia. Su sitio original no era el escritorio del experto sino la congregación en su lectura comunitaria. Muchos ven en el Apocalipsis solo catástrofes.

¿Cuál es el verdadero mensaje presentado por Juan?

Algo raro ha pasado con este libro. Fue escrito para quitarles el miedo a los cristianos de Asia Menor del siglo I, pero ahora tiene el efecto opuesto: llena de miedo a muchos lectores. Ellos, que vivían amenazados, lo recibían como esperanza; nosotros que vivimos tranquilos, lo recibimos a menudo como amenazante. Algunos hasta sufren pesadillas con las dantescas imágenes de Juan, y predicadores oportunistas las explotan para ejercitar un terrorismo apocalíptico. ¡Al contrario: el Apocalipsis es un mensaje de esperanza en Cristo que debe llenarnos de gozo!

Pero, ¿Tiene el Apocalipsis algo que decirnos referente al futuro?

Es cierto que el Apocalipsis anuncia muchas cosas venideras que se extienden hasta el mismo fin del mundo. Habla de algunas cosas futuras que Juan no parece concebir como de su propia época, como por ejemplo una confrontación final que se llama Armagedón, la venida del Hijo del hombre, el juicio final y la nueva creación. Negar todos estos elementos de escatología futura sería negar el claro mensaje bíblico del libro.

Pero también es cierto que esas enseñanzas futuras, por muy importantes que sean, no agotan el mensaje del Apocalipsis. De hecho, ni siquiera constituyen el mensaje central del libro. Si analizamos el Apocalipsis cuidadosamente, sin presupuestos que no surgen del texto mismo, descubriremos que la principal concentración del libro se enfoca sobre la situación inmediata en que las congregaciones del Asia Menor se hallan inmersas. En ningún momento deja atrás la realidad sociohistorica de su época.

Todo el libro de Apocalipsis es un mensaje directo para sus primeros lectores. Juan describe acontecimientos futuros, pero en términos comprensibles para los lectores de su época. Nunca les hace entender que está vaticinando cosas que ellos no podrían comprender, tales como aviones, bombas, cohetes, petróleo, explosiones atómicas, computadoras, códigos de barras o microchips.

Les habla claramente de temas y objetos que entienden, aun cuando describe realidades venideras.

Por lo tanto interpretar el Apocalipsis en términos de cosas que ni Juan ni sus lectores hubieran entendido, y que tampoco señalan las palabras del texto, es caer en un error grave.

Algunas recomendaciones para interpretar el Apocalipsis:

-Interpretar el Apocalipsis exegéticamente: Ser fiel al texto, y a lo que está escrito. No quitar, ni añadir.

-Interpretar el Apocalipsis históricamente: Conocer el contexto histórico de lo que ocurría en la época de Juan.

-Interpretar el Apocalipsis Cristocéntricamente: El tema central de todo el Apocalipsis es Cristo, el Señor. No las bestias ni el anticristo.

-Interpretar el Apocalipsis imaginativamente: Utilizar los ojos de la imaginación y todos los sentidos físicos para entender la riqueza de su simbología.

-Interpretar el Apocalipsis pastoralmente: El mensaje debe ser para orientar y fortalecer a la congregación, especialmente para infundir gozo, y esperanza en medio de crisis.

-Interpretar el Apocalipsis prácticamente: Para orientar la conducta ética de la vida de la iglesia. El mensaje tiene mucho que decir también a la comunidad a través de la voz profética de la iglesia sobre la justicia social y económica.

El dragón del Apocalipsis no es más que un tigre de papel

Aquí les presentamos el estudio realizado en nuestra iglesia esta semana acerca de Apocalipsis 13:11-18, es decir la bestia que surge de la tierra.

La segunda bestia: la que sale de la tierra.

Tanto el relato de la bestia que surge del mar como de aquella que surge de la tierra se hallan literariamente insertas en entre dos textos muy importantes. Por un lado tenemos la visión de la “mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies y sobre su cabeza una corona de doce estrellas” (Ap.12:1), es decir la visión gloriosa de la iglesia exaltada y por el otro, la visón del Cordero exaltado sobre el monte de Sión con los 144.000 que lo alaban (Ap. 14:1ss).

El paréntesis que se abre entre la iglesia que gesta al Mesías –en la figura de José y María- y la victoria que conquistan los santos, es el período de tiempo que comprende el accionar del dragón -en el cielo- y las dos bestias -en el mar y en la tierra-.

La primera pudimos era una imagen simbólica del Imperio romano en representación de todos aquellos imperios y reinos que reciben poder y autoridad de Dios pero con el único propósito de usarlo para hacer injusticias y para perseguir al Pueblo santo. El poder que le fue otorgado al Dragón por parte de Dios, es conferido a su vez a la bestia, la misma que persigue a la iglesia y busca a toda costa impedir que el mensaje de redención sea proclamado.

Ahora, nos enfrentamos con la segunda bestia, la misma que tiene como objetivo exaltar a la primera bestia e impulsar a todos los moradores de la tierra a adorarla.

Es muy probable que esta segunda bestia tenga que ver con una representación de los sacerdotes del imperio romano que se dedicaban en aquellos tiempos a motivar a todos los hombres a adorar al emperador y a ofrecerle sacrificios sólo a él.

De todos modos, aquella segunda bestia, que de aquí en adelante será llamada el falso profeta (16:13; 19:20; 20:10), no tiene sólo como propósito advertir a los creyentes del Asia menor del siglo I d.C. sino también advertirnos a nosotros a ser prudentes pues, aunque hoy en día, no podamos descubrir un imperio romano poderoso que busca eliminar a los cristianos, ni veamos sacerdotes aupándonos a adorar a su emperador, vemos, de todas formas, la manera cómo nuestra sociedad contemporánea hace promoción de estilos de vida – o quizás deberíamos decir “estilos de muerte”- contrarios al plan de Dios. Día y noche recibimos la propaganda del mundo que siempre esta animándonos a adorar a la Bestia (Satanás) y a olvidarnos del seguimiento de Cristo.

Una vez que pasamos a observar la descripción que se hace de la bestia, vemos que el autor hace lo mismo que con la imagen de la primera bestia. Es decir, nos muestra que el poder del enemigo es prestado y que lo mejor que puede hacer es imitar a Dios. En el caso de la primera bestia habíamos visto que la imagen que se presentaba era un burdo remedo de la figura de Cristo en su muerte y resurrección, ahora, la imagen de la segunda bestia es un monstruoso remedo de la figura de Cristo en tanto Cordero de Dios. De este modo podemos constatar que Satanás busca insistentemente remedar e imitar a Cristo y a Dios, sin dejar de lado nunca su ambición y su maldad. Aparenta ser como Dios, pero no lo es.

Un comentarista dice: “En todo lo que hace, es engañoso, igual que la antigua serpiente. La retórica de su propaganda, el sensacionalismo de sus milagros, y la voz que sale de la boca de la imagen para incentivar al pueblo a matar a los fieles –todo es obra de este príncipe de la mentira” (Juan Stam)

Las características de la bestia son seis:

  • Grandes Señales como las de los profetas del Antiguo Testamento.
  • Engaña a los moradores de la tierra para que adoren a la Bestia.
  • Se le concede dar vida a la imagen de la Bestia.
  • Se le concede dar muerte a los que no adoren a la imagen de la Bestia
  • Marca a los moradores de la tierra con el sello de la Bestia
  • Impide el comercio a los que no poseen el número de la Bestia

Grandes señales

La primera de las características de la bestia es que puede imitar el poder de Dios manifestado en los profetas del Antiguo Testamento. La señal por excelencia era el hacer descender fuego del cielo como lo había hecho Elías. En los tiempos de Moisés también se puede observar cómo los magos del faraón pueden imitar el poder de Dios. Además, la advertencia de Jesús era justamente que los falsos maestros y los falsos cristos harían señales poderosas (Mateo 24:24; 2da Tesalonicenses 2:9). La imitación no es realidad, es sólo ficción realizada para convencer a los hombres.

Engaña a los moradores de la tierra

La labor fundamental que ejerce el falso profeta es la de engañar a las personas para que se inclinen ante la primera bestia y ante el dragón. La advertencia para la iglesia del primer siglo sigue siendo válida para nuestros tiempos: tengan cuidado con aquellos que aparentan hacer milagros pero que en realidad los llevan a la idolatría o a la codicia que es su hermana (Colocenses 3:5). Las posibilidades de la ciencia para el mayor bienestar de la humanidad son innegables, sin embargo, es muy común escuchar a muchos que en base a estos avances empiezan a cuestionar el valor de la fe y de la obra de Dios. La ciencia empieza a ser idolatrada en la actualidad como el emperador lo fue en los tiempos de Juan.

Se le concede dar vida a la imagen de la bestia.

Dice un comentarista respecto de este elemento: “Infundir aliento a la imagen de la bestia implica animación por medio de magia. De nuevo, infundir aliento a una imagen es una parodia de Dios que infundió el aliento de vida a Adán (Génesis 2:7; y véase Apocalipsis. 11:11). Los magos en el mundo antiguo se jactaban de que podían hacer que las estatuas hablaran y se movieran; así, se alega que Simón el mago dijo: ‘Hago que las estatuas se muevan; doy vida a objetos inanimados’”.

Se le concede dar muerte a los que no adoren la imagen de la bestia.

En los tiempos de Juan se había erigido en la ciudad de Éfeso un templo al emperador. Adorar al emperador era entendido como muestra de lealtad mientras que no hacerlo se consideraba alta traición al Imperio y se mandaba a ejecutar a quien no lo adoraba. De todos modos, Juan enfatiza algo, la bestia no tendría poder para matar a los santos si Dios no se lo hubiese dado. Dios, al igual que en muchos otros relatos del Apocalipsis le da a Satanás un límite para su obrar.

Marca a los moradores de la tierra.

Como en tantos otros aspectos, aquí también Satanás es un mero imitador. Dios había marcado a sus hijos para protegerlos de la tribulación. Ahora Satanás manda a marcar a su pueblo como una amenaza al pueblo de Dios. La marca que les es puesta es otro estilo de imitación. Igual que los israelitas que llevaban unas cajitas denominadas filacterias (Mateo 23:5) en el brazo derecho y en la frente, ahora Satanás ordena poner sus señales en la diestra y en la frente. Aquellas cajitas llevaban algún párrafo de la ley de Moisés y eran un símbolo de devoción a Dios (Deuteronomio 6:8). La marca es puesta a seis tipos de personas: (1) pequeños, (2) grandes, (3) ricos (4) pobres, (5) libres y (6) esclavos. Así como el número siete de perfección es el número de la divinidad, el número 6 de la imperfección es asignado a Satanás y su reino.

Impide el comercio a los que no poseen el número de la Bestia

El comercio que se halla en poder de Satanás le queda prohibido al pueblo santo. De todos modos, así como los moradores de la tierra poseen su falso sello que los hace hallar gracia ante la bestia, el pueblo santo posee un sello verdadero que le recuerda siempre que Dios es quien cuida de ellos.

El número de la bestia.

Si bien muchas veces se le ha dado mucha importancia a este número. Lo cierto es que en la Biblia este número no posee tanta importancia. Sólo aparece una vez y en un texto en el cual no se tiene mucha certeza de su significado. En la Biblia, las ideas más importantes son repetidas una y otra vez a lo largo de diversos libros. En el caso del número 666 no aparece más que en este texto lo cual nos advierte sobre el peligro de sobrevalorar un número que Dios mismo no quiso darle tanta importancia como a otros temas: la salvación, el cuidado de Dios, etc.

El número, en el contexto que hemos estado analizando es una repetición recurrente de la imperfección: 6. El número 6 repetido recurrentemente es un ejemplo de la imperfección absoluta del mal. El número seis repetido siempre trata de alcanzar el siete pero nunca lo logra: 6.666666…

El número 666 parece ser una ironía de Juan o de Dios mismo respecto del poder del mal y de quienes obran en maldad esperando ser recompensados por el dragón, Este número parece ser una alusión a la impotencia del Diablo, demostrándonos que “el famoso dragón no es sino un tigre de papel”. (P. Richard)

Estudio del Apocalipsis: Las Siete trompetas

El capítulo seis nos muestra los sucesos que se van desarrollando en el mundo de los hombres a medida que, en el mundo de Dios se van desatando los sellos del rollo en la mano del Cordero (Jesucristo). El capítulo finalizaba con el sexto sello y una muestra del juicio contra la soberbia de los poderosos que, a pesar de la paciencia de Dios, no se habían arrepentido.

El capítulo siete nos da una muestra de la manera cómo Dios protege a su pueblo santo. Los sella para que el juicio previsto para los que confían en este mundo no toque a los escogidos.

Dicho capítulo finaliza con la adoración realizada por los santos en el cielo.

El Silencio en el cielo

En el capítulo 8 vemos por fin abrirse el séptimo sello y lo que sucede es contrario a lo que quizás podríamos habernos imaginado.

Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora. Luego vi los siete ángeles que estaban de pie ante Dios, y se les dieron siete trompetas. Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono. El humo del incienso con las oraciones de los santos subió de la mano del ángel a la presencia de Dios. Y el ángel tomó el incensario, lo llenó del fuego del altar y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, voces, relámpagos y un terremoto.

Sabiendo que se trata del último de los sellos, esperaríamos que sucediese algo grandioso, sin embargo, el texto nos dice que todo el cielo calló por media hora.

El centro del relato se halla ahora en el ángel que viene con un incensario y se para frente al altar de los sacrificios.

El incienso vuelve a ser relacionado con las oraciones. Este ángel se halla encargado de traer las oraciones de los santos en la tierra delante de Dios.

Esta es la razón por la cual el cielo guarda silencio: Dios acalla a su ejército de ángeles para escuchar nuestras oraciones.

A estas oraciones que trae el ángel se le añaden otras más. Se trata del clamor de los mártires que se hallan al pie del altar de los sacrificios.

En el templo de Jerusalén, el altar se hallaba justo frente al lugar santísimo. Es decir, cuando el sacerdote traía el incienso, este atravesaba la cortina y llegaba directamente a la presencia de Dios.

El comentarista William Barclay da la siguiente interpretación del texto que hemos visto:

Las oraciones de los santos están a punto de elevarse a Dios; y puede ser que la idea sea que todo en el Cielo se detiene para que se puedan oír las oraciones de los santos. Como lo expresa R. H. Charles: «Las necesidades de los santos son más importantes para Dios que todas las Salmodias del Cielo.» Hasta la música del Cielo y hasta el trueno de la Revelación callan para que el oído de Dios pueda captar la oración susurrada de los más humildes de los que confían en Él.

Es así como Dios toma nuestras oraciones. Una vez que nuestras oraciones han sido presentadas delante de Dios por el ángel, dice el relato que fue tomado fuego del altar para llenar el incensario y luego arrojarlo sobre la tierra. De este modo, se quiere expresar el cumplimiento de las oraciones de los creyentes. Aquellas oraciones que han subido como olor fragante delante de Dios, ahora vuelven a la tierra para cumplir su cometido.

Las trompetas que a continuación van a ser tocadas son, en parte resultado del clamor del pueblo de Dios. Como pasó en el capítulo 6:9-11, donde el clamor de los mártires puso en marcha el sexto sello, ahora, el clamor del pueblo de Dios en la tierra pone en marcha las siete trompetas…

Harold Camping, el juicio final y las malas interpretaciones del Apocalipsis

Harold Camping ha vuelto a aparecer en la escena pública luego de permanecer oculto por varios días en un motel junto con su esposo. Muchos líderes cristianos exigieron de numerólogo un pedido de disculpas por la alarma que ocasionó entre muchos creyentes, por el daño que provocó entre quienes renunciaron a sus trabajos en consonancia con su anuncio y por el descrédito que ha hecho caer sobre el cristianismo.

Lejos de excusarse, Camping advirtió que el fin del mundo llegaría el 21 de octubre de este año. El 21 de mayo habría sido el comienzo de un juicio espiritual que se completaría el día antes mencionado. Se vuelve a repetir la historia de tantos agoreros que buscaron notoriedad por medio de falsas predicciones y enrevesadas investigaciones bíblicas.

Montano en la antigüedad atrajo para sí un sinnúmero de fieles luego de haber profetizado el inminente fin del mundo. Luego siguieron varios a lo largo de la edad media, agudizándose este hecho en los momentos de mayor crisis social.

Para finales del siglo XIX y principios del XX este hecho se vuelve aún más fuerte en el hervidero religioso que constituyen Los Estados Unidos. Joseph Smith consideraba el final cerca y a sí mismo se veía como el rey enviado a instaurar un gobierno teocrático.

Otro caso similar es el de William Miller, un granjero de New Hampton venido a predicador que empezó a predecir la inminente llegada de Cristo para el 21 de marzo, el 18 de abril y 22 de octubre de 1844. Fallando en todas estas ocasiones. Al final se habló de que en una de esas fechas se había producido algún incidente espiritual en el cielo que nosotros no hemos podido ver.

Al igual que Miller, Taze Russell, fundador de los Testigos de de Jehová, profetizó el rapto de los fieles para 1878 y para 1881 y el fin del mundo para 1914. En estas tres ocasiones igualmente, el mundo pasó sin ninguna señal de cambio. Nuevamente, se espiritualizó el hecho y sus seguidores permanecieron -y permanecen en el movimiento sin inmutarse-.

Ahora, Harold Camping ha vuelto ha predecir el fin del mundo. De hecho, ya lo ha hecho en anteriores ocasiones. En 1992 publicó un libro en el que aseguraba que el 6 de septiembre de 1994 Cristo volvería a la tierra. Luego aseguró que el rapto de la iglesia se daría el 21 de mayo de 2011 y el fin del mundo el 21 de octubre del mismo año.

Una vez tras otra han surgido en la historia estos pseudo investigadores que pretenden desvelar secretos y misterios de la fe a partir de pésimas interpretaciones de los textos bíblicos. Una vez y otra se han usado los números de Daniel o del Apocalipsis para hacer cálculos acerca del final de los tiempos. Lo cierto es que en todas estas ocasiones se ha pasado por alto, entre otras cosas, el hecho de que los números bíblicos no pretenden dar en muchas ocasiones fechas exactas de determinados acontecimientos.

Se puede constar que la estadía de Israel en Babilonia no fue de 70 años como predice Jeremías (29:10) sino de 47 años, en el peor de los casos (hasta la caída de Babilonia) y de 61 años, en el mejor de los casos, hasta la finalización del nuevo templo de Jerusalén, con los judíos ya asentados en la ciudad. Jeremías no usa el número 70 como cifra exacta del número de años que el pueblo pasará en Babilonia sino como símbolo que quiere significar una realidad más trascendente. El siete, que siempre se halla relacionado con Dios en el texto bíblico, es aquí presentado como símbolo del tiempo perfecto de Dios dado a los israelitas para su disciplina.

Este hecho es mucho más evidente en el caso de los dos libros apocalípticos de la Biblia: Apocalipsis y Daniel, en los cuales el simbolismo es sumamente importante. Cada número, cada color, cada imagen tienen un simbolismo específico. Sin embargo, Miller, Russell o Camping desde el principio de sus análisis dan por sentado que dichos números son históricos, exactos y que codifican una fecha en la cual el mundo va a terminar.

Por otro lado es evidente que la Biblia se guarda siempre de dar fechas específicas respecto del final de los tiempos. Y aún cuando trata del final de los tiempos, este no es visto como la destrucción de la creación sino como su renovación -salvo tal vez en 2da de Pedro-. Los cielos nuevos y la tierra nueva no plantean, por ejemplo en el Apocalipsis, la destrucción de los actuales sino su renovación y en un sentido muy colorido. Dice el autor: “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos”. Como si fueran dos chiquillos que han sido descubiertos en la travesura, la tierra y el cielo salen corriendo. Es evidente que no podemos tomar como literal dicho relato. Como este, hay muchos relatos que han llevado a falsas expectativas a quienes han esperado una interpretación demasiado literal de los relatos bíblicos.

Camping no ha perdido la esperanza en su numerología. Ha planteado como nueva fecha el 21 de octubre. Muchos volverán a confiar en él y volverán a ser defraudados.

El texto bíblico, por el contrario, me invita a centrarme en la misión y el propósito que he recibido de parte de Dios. En el gran juicio a las naciones no se plantea como requisito el haber conocido la Biblia, el haber descubierto la fecha del fin del mundo u otra cosa. El planteamiento del gran juicio de las naciones es: ¿Diste de comer al que tenía hambre? ¿Diste de beber al que tenían sed? ¿Al desnudo lo vestiste? ¿al enfermo visitaste? ¿Y al encarcelado lo fuiste a ver? Así pues, en lugar de elucubrar acerca de la fecha del fin del mundo, mejor haríamos en comprender más adecuadamente la Palabra y en vivirla amando al prójimo como a nosotros mismos.

Los ángeles que se acercan a los discípulos que se hallan mirando cómo se va Jesús les dicen: ¿Qué hacen mirando al cielo? Así nosotros dejemos de mirar al cielo y a las especulaciones de los agoreros de turno y centremos nuestra atención en hacer lo que Dios nos mandó a hacer.

Apocalipsis: Cristo como el fin de la historia

El Apocalipsis nos invita a la esperanza, a la confianza y a la fascinación ante el amor de Dios. Sin embargo, las malas interpretaciones desvían la atención de los creyentes de las figuras centrales del Apocalipsis hacia aquellas que seducen a la imaginación. No se conforman con aquel mensaje de amor y prefieren lanzarse a grandes especulaciones que les permitan descubrir en aquel libro personajes actuales, historias del futuro en clave, fantasiosas descripciones de sucesos a suceder en un futuro, unas veces indefinible, otras veces exactamente especificado.

El texto del Apocalipsis no se propone tales historias futuristas ni dejarnos una especie de guía turística de la “segunda venida” de Cristo. El pretender este tipo de historias imposibles acerca del futuro sólo logra desviarnos del sentido original del libro para complacer cierto morbo humano por la destrucción, la muerte y la violencia.

En contraposición a estas visiones construidas sobre los textos del Apocalipsis, su autor se propone revelarnos algo más sencillo y a su vez más glorioso. Juan tiene en mente darnos a conocer a Cristo y su obra por nosotros. De hecho en la medida en que vamos avanzando por el último libro de la Biblia vamos descubriendo paulatinamente cómo Juan nos muestra desde diversas perspectivas el mismo mensaje: Jesucristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Basta leer la primera linea del Apocalipsis para darnos cuenta de la importancia que tiene este mensaje en la mente de su autor:

Apocalipsis, es decir, revelación de Jesucristo…

La primera palabra del libro habla justamente acerca de la revelación, del desvelamiento… Lastimosamente muchos estudios de este libro lo que han hecho es ocultar a Cristo tras una serie de velos llamados anticristos, Armagedón, raptos, etc.

Si avanzamos y vemos lo que dice el texto desde el verso 12 hasta el 20, volvemos a descubrir una visión gloriosa de Jesucristo. Si seguimos avanzando y analizamos los capítulos 2 y 3, nos hallamos con siete mensajes dirigidos a la iglesia de parte de su Señor: Cristo. Luego los capítulos 4 y 5 van centrando su atención sobre aquel que se halla sentado en el trono (Dios) y sobre el Cordero como inmolado que se acerca a recibir el rollo de la mano de Dios, es decir Jesucristo.

Vez tras vez podemos ver que el centro del Apocalipsis sigue siendo el Resucitado. No obstante, vez tras vez vemos estudios bíblicos que centran su atención en el Anticristo, en el número de la bestia o en algún otra imagen del libro desviando completamente su atención del verdadero eje de todo el libro: Cristo es el Señor y nos ha redimido por medio de su obra.

Un verdadero acercamiento al libro del Apocalipsis debe pasar por Jesucristo si verdaderamente desea ser honesto con la integridad del libro. Debemos recordar que para la Iglesia primitiva, Jesucristo es el centro y fin de la revelación de Dios (Hebreos 1:1). Esto mismo se evidencia en el libro de Apocalipsis. Hasta cierto punto, el resto es accesorio, decorativo o quizás mejor, ilustrativo. A Cristo desea llevarnos su autor y todas las imágenes se proponen precisamente esto.

Cuidémonos siempre de toda interpretación del Apocalipsis que pone más énfasis en la bestia, en el número 666, en el anticristo o en algún otro personaje que no sea Jesucristo.

El último libro de la Biblia trata de mirar toda la historia desde el acontecimiento de Jesús de Nazareth y desde ese acontecimiento la interpreta. El Apocalipsis ve el fin, el propósito, el sentido último de la historia en la persona y obra del nazareno: Hacia él se dirige toda la historia del hombre…

Estudio introductorio del Apocalipsis

Este día sábado 21 de mayo continuaremos con nuestro estudio del libro del Apocalipsis en la iglesia Refugio Cristiano en horario de 09h00 a 13h00. A todos los interesados los esperamos.

ESTUDIO DEL APOCALIPSIS

Esta semana tuvimos un intensivo de cuatro horas para estudiar el libro del Apocalipsis. Aquí un pequeño extracto de lo dicho:

El libro del Apocalipsis cierra la colección de textos que la Iglesia de Cristo considera revelados. Quizás se trate de uno de los libros que más emociones encontradas suscite entre los creyentes de nuestros tiempos. Unos ven en él la predicción del surgimiento de Hitler, de Rusia, de la ONU, etc. Se busca en este libro pistas para saber de dónde surgirá el Anticristo. Lo último que se ha dicho es que este personaje será fruto de la Comunidad europea.

No obstante, vemos que cada nueva generación va hallando en el Apocalipsis nuevos representantes a ser identificados con los personajes que dicho libro menciona. Si en tiempos de la revolución francesa, se identificó la batalla de Waterloo con el Armagedón, en los tiempos de la segunda guerra mundial se hizo lo mismo con el día D del desembarque de las fuerzas aliadas en las costas europeas. Más tarde se vio a la URSS como la Gran Ramera y a Stalin como el Anticristo.

Hoy en día se ve a la Comunidad Europea como Babilonia y se cree que de allí surgirá el temible Anticristo.

Tantas contradicciones nos deberían llevar a meditar bien sobre la forma como leemos el Apocalipsis. Por lo general, se da por sentado que todo cuanto se halla en el último libro de la Biblia tiene que ver con el final de los tiempos. Es más, se da por sentado que el mensaje central del Apocalipsis es el fin del mundo. Es por ello que se ignora cualquier referencia a los tiempos antiguos y se busca interpretarlo en términos futuristas.

Si nos detenemos a meditar un poco, podemos llegar a una conclusión. Cualquier revelación que el Espíritu Santo hubiese querido dar a la Iglesia, debía exponerlo en términos que lo entendiese tanto un creyente del siglo primero como uno del siglo XX. Ahora, si empezamos a decir que el 666 tiene que ver con el código de barras, deberíamos preguntarnos si los cristianos del primer siglo, y Juan a la cabeza, podían entender algo de electricidad, circuitos integrados o computadoras.

Es evidente, en base a lo anterior, que estas interpretaciones contemporáneas dan por sentado que nadie, antes de nosotros, entendió nada del Apocalipsis, y que somos nosotros los únicos capaces de entenderlo. De ser así, el mensaje del Apocalipsis que fue escrito en primer lugar para las siete iglesias del Asia Menor, nunca fue entendido por sus primeros destinatarios. En definitiva, el Espíritu Santo se habría estado burlando de los primeros cristianos si hubiese enviado una revelación que nadie sino los ilustres cristianos del siglo XX serían los únicos en entender.

Es por ello que nuestra primera premisa para entender el Apocalipsis debe ser: Qué entendieron los primeros destinatarios de esta revelación de Jesucristo. Sólo en base a esta premisa, podemos preguntarnos qué es lo que el Apocalipsis quiere decirnos a nosotros.

El lenguaje apocalíptico

El libro del Apocalipsis está escrito en un estilo que floreció unos 2 siglos antes de Jesucristo entre los judíos. Entre los libros que surgieron con este estilo se hallan:

1ra Enoc Testamento de los doce patriarcas Ascensión de Isaías
Jubileos Salmos de Salomón 2da de Enoc
Oráculos Sibilinos Asunción de Moisés Apocalipsis de Baruc

Todos estos libros eran muy conocidos por los judíos del primero y segundo siglo, es decir, los tiempos del surgimiento del cristianismo. Lo habituados que se hallaban los cristianos de aquellos tiempos a estos libros podemos constatarlo en Judas 1:9 donde se menciona algo que venía del libro de la Asunción de Moisés diciendo: “El arcángel Miguel, cuando pleiteaba con el diablo disputándose el cuerpo de Moisés, no se atrevió a pronunciar contra él ninguna palabra de insulto, sino que sencillamente dijo: ‘¡Que el Señor te reprenda!’”.

Lo importante de esta cita, para Judas, no era si las cosas habían sucedido de dicha manera, sino el hecho de que todo el mundo –aún los escritores de dicho libro- era consciente de que aún ante los ángeles caídos había que guardar cierto respeto y dejar en manos de Dios su reprensión.

Los libros apocalípticos tenían por costumbre usar una serie de símbolos para exponer su pensamiento: Números, colores, animales, elementos del santuario, etc. Todo este simbolismo era muy bien comprendido por los primeros lectores del Apocalipsis y por ello, el autor utiliza estos elementos para explicarles lo que quería decir.

La literatura apocalíptica se destacaba también por el carácter de confrontación entre el bien y el mal que se hallaba en él. Generalmente se veía en esos libros al pueblo de Dios siendo amenazado por los poderes del mal. De todos modos, al final los que permanecían fieles vencían por medio de la intervención de Dios en la historia.

En el taller alcanzamos a revisar hasta el capítulo 5. El próximo mes, el día 21 de mayo de 2011 seguiremos estudiando los capítulos 6-8, es decir, lo referente a los siete sellos y las siete trompetas del Apocalipsis. Los interesados pueden escribirnos a esta dirección: pammarcl@yahoo.com

Estudio introductorio al Apocalipsis

Hablar del Apocalipsis, para muchos, es simplemente hablar del fin del mundo. Estudiar el Apocalipsis es para muchos sinónimo de descubrir personajes del presente profetizados en aquel libro y que apuntan hacia la gran destrucción total.

El problema radica en la manera cómo estudiamos aquel libro. Un repaso somero del último libro de la Biblia sólo puede producir confusión y equívocos. Leer sin las herramientas adecuadas un libro tan lleno de símbolos y referencias al Antiguo Testamento sólo puede llevarnos a terribles confusiones.

De hecho, se podría decir que quizás el libro de la Biblia en el cual más herejías han sido cimentadas es el del Apocalipsis.

Hay diferencias de comprensión de este libro entre católicos y protestantes. Tal vez para algunos esto no sea extraño. Pero hay tanta variedad de interpretaciones dentro de las iglesias protestantes, que fácilmente podríamos decir lo que dijo Jerónimo en su tiempo: hay tantas interpretaciones del Apocalipsis como palabras tiene ese libro. Sólo tomando en consideración el tema del mileno, tenemos los milenaristas, los premilenaristas y los posmilenaristas. Dentro de los premilenaristas tenemos los pretribulacionistas, los tribulacionistas y los postribulacionistas. Una variedad de premilenaristas serían los dispensacionalistas. La listas de diferencias podría ampliarse largamente. Todo esto, dentro de la iglesias evangélicas.

Si nos adentramos a estudiar este libro sin entender adecuadamente la intensión del autor, el estilo literario que utilizó y la importancia del lenguaje simbólico en la literatura apocalíptica, lo más probable es que terminemos malentendiendo uno de los libros más cristocentricos del Nuevo Testamento. Lo más probable es que terminemos centrando nuestra atención, no en el Cordero inmolado, sino en el anticristo, en el 666, en la gran ramera, en el falso profeta, etc.

El libro del Apocalipsis se plantea como un libro cargado de esperanza para el pueblo de Dios, pero cuando nuestro interés se desvía de ello empezamos a atemorizarnos por las espeluznantes profecías que empezamos a conjeturar a nuestro gusto a partir del libro del Apocalipsis.

Empecemos a estudiar este libro con las herramientas que nos dan las ciencias bíblicas para que de este modo podamos enriquecernos con las esperanza que brota de este último de la Biblia.

El día sábado 23 de Abril estaremos impartiendo un taller acera del Apocalipsis en la Iglesia Refugio Cristiano.

El costo es de cinco dólares que incluye el material y un refrigerio.

Horario: 09h00 – 13h00