Nuestra espiritualidad

Quedan pocos días para el inicio de nuestro taller de estudio bíblico sobre primera de Corintios. Los invitamos a inscribirse en cualquiera de los horarios.

Jueves: 19h00-20h00

Sábado: 18h00-19h00

Domingo: 09h45-10h45

El costo es de $10

Las inscripciones son en las oficinas de nuestra iglesia (Carcelén: Jaime Roldós y Liborio Madera, esquina) O llamando al 3441649

EN LA PRESENCIA DE DIOS

Estando allí, el ángel del Señor se le apareció entre las llamas de una zarza ardiente. Moisés notó que la zarza estaba envuelta en llamas, pero que no se consumía. Éxodo 3:2

Moisés lleva una vida relativamente tranquila en el desierto cuando Dios se le presenta para enviarlo como guía de Israel. Al enfrentarse con la zarza que arde y no se quema, Moisés se halla delante de Dios y recibe de él una comisión específica: sacar a su pueblo de Egipto. Un comentarista dice en relación con este evento: El llamamiento de Moisés es un llamamiento profético. En adelante, ya no toma la iniciativa, no se declara libertador, porque él lo recibe todo del Señor y tiene que estar enteramente a su disposición. Esta es la vocación y la misión de Moisés.

En ese momento, en ese mismo instante que Moisés se halla delante de la zarza ardiente, está justamente delante de la presencia del Señor. Como diríamos hoy está sintiendo la presencia de Dios en aquel monte. No hay música, no hay gente llorando -ni siquiera él lo hace- sino que se halla ante la presencia del Santo y siente temor por su vida.

Aquel momento es para Moisés el más importante de su vida. Y esto es lo que distingue el momento en que realmente se hace presente Dios en nuestras vidas de cualquier otro momento. Toda nuestra existencia tendrá un nuevo significado desde aquel momento. Siempre que Dios se manifiesta, toda nuestra vida cambia irrevocablemente. Fue el caso de Moisés, fue el caso de Isaías, fue el caso de Pablo y de Juan en Patmos.

Debemos aclara esto pues hoy en día cada semana Dios “se hace presente en nuestros cultos” sin embargo, cada semana los cristianos siguen siendo los mismos. Nada ha cambiado. Hemos llorado, hemos sentido algo especial durante la alabanza, pero no ha habido un cambio real en nuestras vidas.

La presencia de Dios puede ser un momento muy calmo y apacible como el de Elías, o muy estremecedor como el de Ezequiel, pero cuando Dios se manifiesta, las consecuencias hablan por sí mismas: hay un cambio radical en nuestras vidas.

Otra cosa que distingue al momento en que Moisés se halla delante de Dios es que aquel ya no vuelve semana tras semana al mismo monte esperando sentir lo mismo que aquella vez. Aquel llamado es más que suficiente para él. De aquí en adelante cumplirá con la misión que recibido. El llamado de Dios no siempre nos hace sentir bien, pero nos transforma por completo. En el caso de Ezequiel, el llamado de Dios es a comer el rollo de pergamino que se le presenta el cual tenía lamentaciones, gemidos y ayes. El llamado de Isaías al cual él responde heme aquí, envíame a mí, y que nosotros cantamos muy a menudo, es a fracasar en su misión. Dice Dios: Haz insensible el corazón de este pueblo; embota sus oídos y cierra sus ojos, no sea que vea con sus ojos, oiga con sus oídos, y entienda con su corazón, y se convierta y sea sanado. (Is. 6:9b-10). Lo cierto es que aquel encuentro con Dios transformó la vida el profeta.

Estar en la presencia de Dios no siempre es agradable pero siembre es transformador. Obedecer la voluntad de Dios no siempre será de nuestro agrado pero siempre será un paso más en el camino de nuestro crecimiento.

Este día domingo estaremos meditando sobre el llamado de Dios para todo creyente a ser transformado por su presencia. No te pierdas.

Primer culto: 08h00 – 09h30

Segundo culto: 11h00 – 12h30

Apasionados por Dios y su obra

La pasión que pongamos en las actividades que realicemos es muy importante para lograr con éxito su cumplimiento. La pasión es como un motor que nos da nuevas fuerzas cuando ya no las tenemos. Una persona apasionada por su trabajo puede hacer más de lo que se le pide sólo por el hecho de que disfruta del mismo.

La pasión de Moisés por llevar al pueblo hasta la tierra prometida fue el aliciente que le hizo falta para soportar los desánimos, las críticas y los problemas del camino. La pasión de David por Dios le hizo capaz de dirigir el reino y fortalecerlo aún en medio de las adversidades que suponían pueblos enemigos con los filisteos.La pasión de Jesús por nosotros lo hizo llegar hasta la cruz por amor. Pero más aún esa pasión de Dios por nosotros lo hizo salvarnos cuando bien podía dejarnos dejar que su justo juicio nos fulmine.

La pasión que pongas en tu trabajo es de vital importancia. Pero más aún cuando se trata de la obra que Dios ha puesto en tus manos. Si haciendo lo meramente humano recibes retribución de tu esfuerzo cuánto  más si pones pasión a la obra de Dios. Empiezas a obrar no sólo en las fuerzas humanas sino que Dios añade a tu pasión su amor apasionado por nosotros para multiplicar los resultados de tu labor.

Este día domingo en nuestros dos culto estaremos meditando acerca de esa pasión por Dios y su obra. Nuestro pastor invitado es Luis Solís, miembro del equipo pastoral de la Iglesia Alianza Encuentro Cumbayá

Texto bíblico: Hageo 1:1-13

Horarios:

Primer culto: 08h00

Segundo culto: 11h00

Nuestra espiritualidad puesta a prueba

Invitamos a todos los interesados a participar de nuestros cursos bíblicos trimestrales. Este año empezaremos con una serie de reflexiones acerca de 1ra de Corintios. El tema de fondo es “Nuestra Espiritualidad puesta a prueba”.

Quienes deseen participar de los talleres y deseen más información pueden comunicarse con nosotros por medio del teléfono de la iglesia o por el correo electrónico.

Buenos imitadores

El arte de la imitación

La Pantomima es un estilo de arte que ha existido desde los tiempo de la Grecia clásica. El objetivo de mimo es el de darse a entender si la necesidad de sonidos o palabras. Los gestos y expresiones por medio de los cuales se quiere dar a entender deben ser imitaciones que perciban hasta el más mínimo detalle de la expresión imitada de tal modo que sea inconfundible la idea que se quiere expresar.

La palabra “pantomima”, de igual manera viene del griego “pantomimos” que quiere decir “que todo lo imita”. En la actualidad, este estilo de arte se ha popularizado en las avenidas y plazas de las grandes capitales. Con su singular vestimenta y su maquillaje blanco en todo el rostro, muchos mimos callejeros se instalan en alguna intersección para imitar espontáneamente a los transeúntes.

De todos modos, los grandes mimos como Marcel Marceau siguen siendo el referente obligado de la pantomima y del mimo corporal en tanto arte escénico.

Es imposible lograr una buena imitación, y con ello, la risa del público, si no se tiene la capacidad de advertir todos los detalles del caminar, del vestir, del modo de mirar, etc., de la persona imitada. El mimo que logra descubrir esos detalles y enfatizarlos adecuadamente logra que los espectadores pongan su atención no sólo en su imitación sino en la persona imitada para descubrir en ella las facciones que, cotidianamente, pasan inadvertidas.

Así, el mimo debe combinar en sí la habilidad de observar detenidamente así como la de copiar creativamente los rasgos observados. Falencias en cualquiera de estas dos características pueden hacer fracasar una imitación.

Algo más que es importante advertir. El mimo es consciente de que su obra magna es la imitación de otro. Sabe que su éxito consiste en su capacidad de imitar. No se engaña creyendo que son suyas aquellas expresiones que ha tomado de otros. Mientras mayor es su capacidad para imitar creativamente, mayor es su éxito.

El arte de la imitación en la Biblia (?)

Si bien es cierto, la imitación es algo propio del arte, al parecer, en algunas ocasiones, esta parece introducirse en el texto bíblico como una de las piedras fundamentales de la ética cristiana. En varios textos (1 Corintios 4:16; 1Corintios 11:1; Efesios 5:1; 1 Tesalonicenses 1:6; 1 Tesalonicenses 2:14) el apóstol Pablo nos anima a ser imitadores suyos, como él lo es de Cristo; ser imitadores de Dios, como hijos amados; o ser imitadores de Cristo directamente. En otra ocasión, se nos pide que seamos imitadores de aquellos creyentes ejemplares de otras épocas que han sabido vivir en obediencia a Cristo (Hebreos 6:12). En otro pasaje, finalmente nos dice, según una versión “¿Quién les hará daño si ustedes llegan a ser imitadores de Aquel que es Bueno?” (1 Pedro 3:13). En todos estos casos, el énfasis está en saber imitar y además, en saber a quién imitar.

En lo referente a saber a quién imitar, el centro se halla finalmente en Dios Padre y en Aquel que nos lo revela: el Hijo. Todos se vuelven dignos de imitar sólo en la medida en que nos llevan a Cristo.

En lo referente a saberlo imitar, debemos señalar una diferencia con el arte de la pantomima. Aquí el objetivo final no está en la jocosidad de los aspectos imitados cuanto en la posibilidad de resaltar los aspectos más importantes del personaje imitado, es decir Dios. En todo lo demás podemos seguir sus reglas.

  1. Conocer los rasgos característicos que hemos de imitar del Padre. Debemos descubrir, qué es lo que se nos invita a imitar. Debemos identificar adecuadamente los elementos imitables del Padre por el ser humano. Debemos precavernos de reconocer bien dichos elementos de modo que no seamos una burda copia del original sino una elegante imitación que resalta siempre la dignidad del original.
  2. Aprender a imitarlos de tal modo que reflejemos esos rasgos característicos de Dios. Si somos capaces de imitar a Dios adecuadamente seremos capaces de mostrar al mundo lo a que Dios es según su Palabra, llegando nosotros mismos a ser Biblias humanas que manifiestas la Palabra de Dios en sus vidas. Debemos recordar que algo importante de la pantomima es la creatividad en el imitación. Esto es importante por cuanto no somos iguales los unos a los otros y nuestra manera de expresar nuestra imitación de Cristo será muy diferente en unos y en otros. Seamos creativos al imitar a Dios, pero no olvidemos que somos imitadores de Dios.
  3. Recordar que sólo somos imitadores del Maestro. La obra maestra de nuestra vida es, a decir verdad, una imitación de lo que es Dios en sí mismo. No somos originales en esto. Sólo seguimos las pisadas de Jesús. Seremos grandes en el reino en la medida en que seamos capaces de seguir las pisadas del maestro a la perfección.

El arte de la imitación es difícil. Más cuando el personaje al que debemos imitar es Dios mismo. Sin embargo, nada nos pide el Padre que no seamos capaces de cumplir. Seamos imitadores del Maestro y seámoslo con excelencia. Es es ser un verdadero cristiano, es decir, un verdadero seguidor de Cristo.

Este día domingo (04/12/2011) estaremos meditando en nuestros dos cultos acerca de ser buenos imitadores del Padre, como nos lo pide nuestro texto de Efesios 5:1

Bendiciones